28.MAY24 | PostaPorteña 2409

El Problema Islamista y el NO Problema Judío (I)

Por Alma Bolón/extramuros

 

“repito
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todo todo este asunto de la laicidad allí en Europa está filtrada por el problema con
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el islam
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Ah sí sí”

(Alberto Spektorowski, “Conversatorio” en Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, mayo de 2023)

Alma Bolón eXtramuros 25/5/24

Me referiré aquí al caso de la contratación por parte de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (Universidad de la República) del señor Alberto Spektorowski, invitado como especialista en “laicidad” a intervenir en un curso obligatorio de la maestría en Educación. Apoyándome en declaraciones en medios de prensa y en sus exposiciones en FHCE, mostraré su condición de propagandista del Estado genocida de Israel, condición reñida con los fines de la Universidad de la República.

1/ Un enemigo a la medida de la fantasía occidental

Yo nunca fui Je suis Charlie, aunque alguna vez haya sido Nous sommes tous des juifs allemands, eslogan escandido en mayo del 68 en París como respuesta a la orden de expulsión del territorio francés de Daniel Cohn-Bendit, entonces portavoz de un movimiento estudiantil que sin saberlo estaba inventando el “mayo francés”. Por esos días, en un semanario de extrema-derecha, Jean-Marie Le Pen escribía: “El Cohn-Bendit ese, porque es judío y alemán se cree un nuevo Karl Marx”. Y seguía: “Al Cohn-Bendit habría que agarrarlo por el cogote y conducirlo a la frontera, sin más vueltas”. Nada sordo, el Estado francés había ordenado la expulsión, y los estudiantes reivindicaban para sí la situación del apátrida Cohn-Bendit, nacido en Francia de padres comunistas alemanes judíos. Esa identificación colectiva –“somos todos”- con una figura de indefensión –“judíos alemanes”- a menudo se me presenta como una forma noble e inteligente de la política. Y, como la trituración que opera la máquina estatal no cesa, la identificación generosa con quienes quedan atrapados continúa ignorando nacionalidades, etnias y religiones, afortunadamente.

En enero de 2015, los parisinos Chérif y Saïd Kouachi, en pocos minutos de una mañana de trabajo en Charlie Hebdo, terminaron con la vida de dibujantes, periodistas, correctores, limpiadores y policías. Los Kouachi, para matar, no distinguieron entre apellidos franceses, occitanos, árabes, italianos o polacos; tanto menos distinguieron entre religiones. Al día siguiente, Amedy Koulibaly, oriundo de la región parisina y amigo de los Kouachi, copó sangrientamente un supermercado kosher y mantuvo secuestrados a quienes había capturado. Dos días más tarde, una multitud encabezada por presidentes y ex presidentes (Hollande, Merkel, Abbas, Netanyahu…) desfiló en París oficializándose el Je suis Charlie. Doble tragedia, por los asesinados y por los asesinos, niños a la deriva que terminaron en Al Qaeda (así lo reivindicaron) de donde recibieron algún sentido para vivir, antes de recibir órdenes de asesinar y morir. “Terroristas islamistas” es la etiqueta que los sobrevive, pegada a los cuerpos y a las palabras de quienes participaron en la “marcha republicana”, como se la llamó. Sobrevive también la convicción de que Al Qaeda, como luego Daesh (Estado Islámico, Califato), fueron (son) instrumentos letales creados por los servicios de inteligencia occidentales para operar encubiertos en países extranjeros, para propiciar la impunidad represiva, el temor permanente, la sensación de inseguridad y de amenaza constantes, para crear la necesidad de control, de vigilancia, de obediencia: para imponer un enemigo ideal, un enemigo a la medida de la fantasía occidental, el terrorista islamista.

En lo que sigue, trataré de mostrar que, en ciertos discursos, la apelación “el terrorista islamista” se desliza fácil hacia “los islamistas”, “los musulmanes”, “los árabes”, “los palestinos”, “los antisemitas”. Por cierto, estos deslices léxicos favorecen políticas estatales de exterminio, de genocidio, de academicidio, de apartheid, de limpieza étnica, de robo y apropiación de tierra y agua ajenas, de supremacismo, de colonialismo. Quien comete tales confusiones de vocabulario en aras de cumplir con su condición de propagandista de un Estado genocida, no cumple con los fines de la Universidad de la República, por lo tanto no puede ser contratado como docente.

2/ El artículo 2 da marco universitario al artículo 3

La Ley Orgánica de la Universidad de la República en su Capítulo I, Art. 1º declara la condición de persona jurídica de la institución y su carácter de ente autónomo; en el Art. 3º, bajo el título “Libertad de opinión”, se consagra “La libertad de cátedra” como “un derecho inherente a los miembros del personal docente de la Universidad”. Y también: “Se reconoce asimismo a los órdenes universitarios, y personalmente a cada uno de sus integrantes, el derecho a la más amplia libertad de opinión y crítica en todos los temas, incluso aquéllos que hayan sido objeto de pronunciamientos expresos por las autoridades universitarias”. Claramente, el artículo 3º consagra la libertad de cátedra para los docentes, y la libertad de opinión para docentes, estudiantes y egresados, incluso cuando se va en contra de las opiniones expresadas por las autoridades. Por esto, una vez difundido el propósito de contratar al señor Alberto Spektorowski, los pedidos de anulación de su intervención en el curso de Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación fueron interpretados como violaciones a la “libertad de cátedra”.

Sin embargo, antes del artículo 3º, la Ley Orgánica consta de un artículo 2º, en el que se formulan los “Fines de la Universidad”. Incumbe a ésta “la enseñanza pública superior” así como le incumbe “a través de todos sus órganos, en sus respectivas competencias, acrecentar, difundir y defender la cultura; impulsar y proteger la investigación científica y las actividades artísticas y contribuir al estudio de los problemas de interés general y propender a su comprensión pública; defender los valores morales y los principios de justicia, libertad, bienestar social, los derechos de la persona humana y la forma democrática-republicana de gobierno”.

Dicho de otro modo, la “libertad de cátedra”, derecho inherente a los miembros del personal docente, queda precedida y enmarcada dentro de los “Fines de la Universidad”, en los que se estipulan las obligaciones a las que está ligada esa libertad de cátedra. El derecho que es la libertad de cátedra está ligado a obligaciones intelectuales (“impulsar y proteger la investigación científica”, “el estudio de los problemas de interés general y propender a su comprensión pública”) y ético-políticas: “defender los valores morales y los principios de justicia, libertad, bienestar social, los derechos de la persona humana y la forma democrática-republicana de gobierno.”

De manera clara, para la Ley Orgánica de la Universidad de la República, la “libertad de cátedra” implica obligaciones ligadas a los conocimientos –“impulsar y proteger la investigación científica”, “el estudio de los problemas de interés general y propender a su comprensión pública”- en su articulación con “los “principios” -“justicia, libertad, bienestar social”- y “los derechos de la persona humana”.

De manera también clara, el señor Spektorowski no cumple con las obligaciones ligadas a la libertad de cátedra, tal como se desprenden del Art. 2º titulado “Fines de la Universidad”.

3/ Genocidas a su pesar

Resulta fácil mostrar la condición de simple propagandista del Estado de Israel que prevalece en las declaraciones mediáticas del señor Alberto Spektorowski.

En el mes de diciembre, cuando las masacres de palestinos llevaban más de dos meses, en una nota de El Confidencial (16/XII/2023), aquí, Spektorowski se expresó con un tono en el que suena su claro sentido de la irresponsabilidad, parafraseable en algo así como “y bueno, decime vos cómo querés que hagamos, para matarlos sin que se note”. Vean si no: “Podemos hacer un genocidio mañana, en dos minutos. El hecho de que no hay genocidio es lo que está pasando. 20.000 muertos es mucho, pero eso no es genocidio. Cómo se puede pelear de otra forma, que me expliquen.”

“Que me expliquen”; ja, ya te quiero ver a vos, teniendo que “pelear de otra forma”.

La irresponsabilidad trasuntada por sus palabras se corresponde con la irresponsabilidad de fondo, a saber, con la que corresponde al Estado de Israel – “podemos hacer un genocidio mañana, en dos minutos”-, Estado genocida por obligación. Spektorowski reanuda así con una tradición sionista que, asumiendo el embuste letal de Golda Meir según el cual Palestina era “una tierra sin gente destinada a una gente sin tierra” (los judíos europeos), cuando encontraban gente en Palestina (los palestinos), y “tenían” que expulsarla o matarla para apoderarse de sus tierras, sucedía esto por exclusiva responsabilidad de esa gente, los palestinos, que permanecía en las aldeas para hacerse matar o que, inclusive, engendraba hijos para que los israelíes los asesinaran, hijos concebidos para arrojarlos a la boca de los fusiles sionistas. Véase si no esta otra patraña macabra de Golda Meir: “Podemos perdonarles a los árabes que hayan matado a nuestros hijos. No podemos perdonarles que nos hayan obligado a matarles a sus hijos”. Como si, desde las fundaciones del Estado, Golda Meir siguiera sosteniendo: “seremos genocidas, pero a nuestro pesar”.

En diciembre de 2023, ya con 20000 gazatíes asesinados, esta es la línea argumentativa de Alberto Spektorowski: Sinwar, el dirigente de Hamás, es tan inteligente que se dio cuenta de que para destruir a Israel, único propósito que lo guía, solo tenía que hacer que Israel matara a muchos palestinos, o a todos, de ser necesario. Porque, claro está, a Sinwar, a Hamás, a los palestinos no les importan los palestinos; en consecuencia, Israel se ve obligado a matarlos, cosa que hace muy a su pesar. Porque: “¿Cómo se puede pelear de otra forma, que me expliquen”?, ruega, o desafía, compungido Spektorowski en diciembre de 2023 a los lectores de El Confidencial.

¿Puede decirse que esta perspectiva sionista supone, como impone el citado art. 2º, “el estudio de los problemas de interés general y propende a su comprensión pública”? ¿Puede decirse que “defiende los valores morales” y “los derechos de la persona humana”? ¿Es admisible que una Facultad, entregada durante decenios al estudio de los mecanismos y los efectos del Terrorismo de Estado, considere que se trata de una perspectiva digna de ser transmitida, sin reparo alguno y en boca de un invitado especial, a los estudiantes uruguayos? Este razonamiento -los palestinos nos obligan a matarlos- ¿es trasladable a los muertos del plan Cóndor, por ejemplo? ¿O solo se trata de una exclusividad para los “radicales musulmanes”? Y en las masacres de poblaciones indígenas centroamericanas cometidas por las dictaduras de los años 70, 80 y 90, documentadamente asesoradas por el Estado de Israel  aquí  ¿fueron las familias campesinas mayas las que obligaron a los genocidas a masacrarlas?

Pero no solo sucede que el Estado de Israel, según Spektorowski y el sionismo, está obligado, por los palestinos, a matar a los palestinos, sino que además ocurre que sus amigos lo abandonan: “Los movimientos de derechos humanos o el feminismo no tuvieron ni el más mínimo sentido de compasión hacia los que fueron asesinados por Hamás. Ahora mismo, el israelí y sionista ya no puede participar en ninguna causa global como el antirracismo”. La victimización, como mecanismo ideológico siempre listo para la desreponsabilización, vuelve a golpear: no solo los palestinos nos obligan a que los matemos, sino que los movimientos de derechos humanos y el feminismo pretenden que no nos consideremos de los suyos: nos excluyen.

Aunque en verdad, la queja mayor del señor Spektorowski consiste en que los palestinos no solo obligan al Estado de Israel a que los mate, sino que arriba de todo no quieren hacer lo que Spektorowski y sus amigos consideran que los palestinos deben querer hacer: “que Gaza fuera como Las Vegas”. O mejor: “Con tres o cuatro años de paz, puedes hacer de eso Punta del Este, un mercado financiero. Eso nos venía bien a todos, nunca se iba a llegar a un acuerdo de paz, pero era asumible”.

¿Puede considerarse intelectualmente valiosa y éticamente defendible la idea de que la guerra -es decir el genocidio de palestinos- continúa porque los palestinos no quieren querer lo que el Estado de Israel –“eso nos venía bien a todos”– quiere que ellos quieran, a saber, convertirse “en Punta del Este, en un mercado financiero”? ¿Una Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación puede considerar legítimo que a sus estudiantes un profesor invitado les enseñe que “el problema de los palestinos” es que no quieren convertirse en un lugar para la especulación inmobiliaria, el lavado de dinero –“un mercado financiero”– y la vida farandulera? ¿Para eso, tanta antropología, tanta politología, tanta ciencias de la educación, tanto “respeto del otro” y tanta “convivencia”? ¿Para enseñar que es lícito bombardear una ciudad hasta que acepte ser Las Vegas?

Como colmo del carácter colonialista de Spektorowski, valga el convencimiento supremacista, colonialista, con que miente y muestra su hilacha: “Los palestinos no quieren un Estado, si lo hubiesen querido lo hubiesen tenido, quieren que no haya Israel. Y si hicieran un Estado palestino, sería radical musulmán. ¿Quién se va a arriesgar a una cosa así?”.

¡Cómo! ¿Y la autodeterminación de los pueblos? ¿Y la soberanía de las naciones? ¿Corresponde al Estado genocida de Israel determinar cuál es el buen gobierno y el buen Estado que debe tener Palestina, y que naturalmente ha de ser el que a Israel le conviene?

Se dirá, bueno, estos extremismos de colono sionista que avanza apoderándose de tierra palestina y victimizándose fueron en diciembre pasado, para El Confidencial, pero ahora, luego de la suspensión del curso de FHCE, Spektorowski experimentó alguna forma de anagnórisis, o por lo menos decidió ser más prudente. Para nada. Por ejemplo:       “No creo en los números”, sostiene Spektorowski refiriéndose al número de muertos y heridos y, como prueba de su ecuánime incredulidad, agrega que no cree ni en los números de Hamás ni en los números de Israel. El problema es que, además de Hamás y de Israel, está la ONU, con sus números que siempre coincidieron con los proporcionados por Hamás, aunque desde mayo, la ONU tome los números proporcionados no por Hamás sino por el ministerio de Salud de Gaza, perteneciente al gobierno de Hamás, y no porque discrepe con los montos totales, sino con su distribución entre hombres, mujeres, niños, etc.

Declarar “No creo en los números” no es prueba de un radical espíritu crítico, bienvenidamente universitario, sino que es escabullirse con una parodia de “duda metódica”. Por cierto, esta parodia de incredulidad concluye rápido. Véase este florilegio de Spektorowski, que reproduzco a poco de haber leído acerca de los francotiradores israelíes que disparan sobre los niños de Gaza, práctica denunciada por Marie-Aure Perreaut, coordinadora de emergencias de Médicos Sin Fronteras (MSF) y por la doctora Fozia Alvi, quien trabajó recientemente en el enclave, en donde vio a un grupo de niños gazatíes alcanzados por francotiradores israelíes. De ese grupo, solo dos llegaron al hospital con el corazón todavía latiendo, pero ya en estado vegetal; tenían unos 11 o 12 años, dijo Fozia Alvi. Aquí

Alega Spektorowski:

“Los muertos son terribles. Pero una cosa es cuando uno va intencionalmente a matar niños y otra cosa es cuando es un daño colateral. Moralmente es diferente”, dijo el profesor Alberto Spektorowski a propósito de la guerra en Gaza”.
“Ahora sí podemos llegar a discutir si la respuesta de Israel fue, como dice Biden, over-the-top, y yo creo que sí, en cierta forma, Biden tiene razón. Es decir, over-the-top, un poco exagerada, puede ser, puede ser, eso sí. Es una materia de discusión, sin ninguna duda.”
“Las armas están en los túneles debajo de las escuelas. ¿Qué hacemos ante eso? ¿No hacemos nada?”

Estas palabras de Spektorowski, que parecen comentarse solas, sin embargo suenan más atroces -el asesinato de niños como daño colateral, el bombardeo de escuelas- cuando quien las profiere es invitado para enseñar en una maestría sobre laicidad, en un Instituto de Ciencias de la Educación, en una Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Como surge de los números, en los que sí creeremos, muchos maestros y profesores de Anep cursan la licenciatura o la maestría de Ciencias de la Educación: ¿estos estudiantes deberán aceptar como lícito que las autoridades de la Facultad y del Instituto y de la maestría sean anfitrionas de un invitado especial que considera el asesinato de niños como “daño colateral” o que concede, magnánimo, que tal vez Biden tenga razón y la respuesta de Israel haya sido “un poco exagerada” y “en cierta forma over-the-top”? ¿En qué situación quedan estos estudiantes? ¿Oír y aprobar al invitado especial especialista en laicidad y, de paso, aprobar la materia obligatoria que debieron cursar? ¿Oír y abandonar asqueado el curso obligatorio? ¿Oír y decir bueno, sí, el profesor especialista en laicidad es un poco exagerado, él también tiene pasiones, claro, hay que pensar en el Holocausto, y en las que ha pasado el pueblo judío a lo largo de la historia? ¿Es “educativo” poner a los estudiantes en situación de aguantar lo abyecto en aras de obtener créditos para sus estudios o de inventar alguna excusa para no cursar el curso obligatorio o de alejarse para siempre de una Universidad tan ciega?

¿Qué significa en una facultad de “Humanidades y Ciencias de la Educación” plantear que “moralmente es diferente” que un Estado asesine niños deliberadamente o asesine niños sin que haya deliberación? ¿Qué significa esta distinción cuando los niños asesinados son miles? ¿Miles de niños asesinados sin querer? Esta postura ¿se condice con el art. 2º del Capítulo I de la Ley Orgánica que claramente considera, entre los “Fines de la Universidad”, la defensa de los “principios” de “justicia, libertad, bienestar social” y “los derechos de la persona humana”?

Por otra parte, desde el punto de vista de la obligación docente de contribuir a la comprensión de asuntos de interés, cuando Spektorowski traslada una justificación de uso corriente –“perdón, lo hice sin querer”, “perdón, no tuve más remedio que hacerlo, pero fue sin mala intención hacia vos”- a un asunto atroz como es la justificación de un genocidio, ¿acaso está ignorando la abundante documentación sobre los calculados costos en vidas humanas que acompañan los bombardeos de Gaza supuestamente destinados a “derrotar a Hamas” y a liberar a los rehenes? aquí.

¿Acaso no corresponde a Spektorowski, por las obligaciones intelectuales y ético-políticas inherentes a un cargo docente, preguntarse si el proyecto del Estado genocida de Israel no es, antes que recuperar a sus rehenes o vencer a Hamas, apoderarse del territorio de Gaza, como sigue apoderándose de Cisjordania y de Jerusalén, aunque ahí no haya Hamas ni rehenes israelíes aunque sí hay miles de presos palestinos encarcelados sin juicio alguno? ¿Acaso a Spektorowski no le llama la atención la expansión de los territorios ocupados por el Estado de Israel, expansión que transcurre desde 1948, en detrimento de las aldeas y ciudades palestinas? ¿No será que se bombardea hasta la muerte total a niños, mujeres y hombres -la muerte total: de manera deliberada- para que solo queden, si alguien queda, los dispuestos a que Gaza sea Punta del Este o Las Vegas? ¿No será que el bombardeo de niños, escuelas, hospitales, mujeres, médicos, enfermeros, periodistas, bibliotecas, iglesias, mezquitas, universidades, es la manera de hacer realidad la vieja mentira de Golda Meir, “tierra sin gente para gente sin tierra”? Al señor Spektorowski, quien gusta de presentarse como muy experiente en negociaciones de paz, no se le ocurren estas preguntas, ya que su respuesta está pronta desde siempre:

“Para Spektorowski, la ocupación a Gaza “podría haber terminado de otra forma”, pero desde el bando palestino “no lo quisieron”. “Admito los errores y las falsas visiones que tuvo Israel en la negociación. (Pero) los palestinos podían tener un estado libre hace mucho tiempo y lo rechazaron”, sentenció el politólogo”.
“Y sobre, obviamente que, esto trae, las consecuencias son bravísimas, porque muchísima gente ha muerto en esto. Pero no es algo que lo empezó Israel, es cierto, podemos analizar las bases del conflicto, y la profundidad, todo eso, todo es un tema que se puede analizar. Pero lo que estamos viendo en estos momentos es lo concreto, lo coyuntural y lo coyuntural acá fue un ataque barbárico de un movimiento peor que fascista como Hamas, porque aparte es teocrático y una respuesta muy violenta de Israel”.

La desresponsabilización histórica vuelve –“no es algo que empezó Israel”– agregando la índole del enemigo: “peor que fascista”. En consecuencia, las más de 36 000 personas asesinadas en Gaza, más los miles de personas sepultadas bajo los escombros, más los miles de personas arrestadas y torturadas, más los cientos de miles atenazados por la sed, el hambre y las enfermedades, más las ocupaciones de tierra y los asesinados en Cisjordania, más las invasiones a la mezquita Al Aqsa en Jerusalén: todo esto “no es algo que empezó Israel”. Es más, ni lo empezó Israel, ni lo quieren terminar “los palestinos”. De esto, claramente se deduce que quienes denuncian el carácter colonialista y genocida del Estado de Israel solo pueden ser movidos por fuerzas espurias:

“El profesor emérito también fue crítico con las manifestaciones pro Palestina que ocurren en distintas partes del mundo. “Son a nivel de absurdo. No les interesan los muertos palestinos. Les interesa la derrota de Israel”, remarcó.
“No les importa la vida de los palestinos. Si alguien le importa es a Israel que trata en lo posible, no digo que sean defensores de derechos humanos, de evitar que haya muertos inocentes, y en Gaza es imposible”, sostuvo el docente”.
“Todas estas manifestaciones al igual que Sinwar, al igual que Hamas, no son de Derechos Humanos, no les interesan los Derechos Humanos.” “En cuanto a los estudiantes es una copia.”

¿No corresponde acaso a una Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, con su Instituto de Historia, reconocer la condición de simple funcionario propagandista del Estado genocida de Israel que tiene el invitado “especialista en laicidad”? ¿No corresponde a la Universidad de la República reivindicar la historia de su solidaridad y su cercanía con el pueblo palestino? ?

4/ No hay dos señor Spektorowski

Se dirá: “bué, esta es la dimensión militante y fogosa del señor Spektorowski, pero él fue invitado para impartir sus conocimientos sobre “laicidad”, sobre algo ajeno a estos debates del momento”.

De hecho, esto es lo que afirma el propio señor Spektorowski: “Tomaron la decisión de posponer el curso, que no era mío, es un curso sobre laicidad, que me propusieron dar una clase. Algo que nada tiene que ver sobre Israel”, explicó el politólogo, quien incluso afirmó que hubiese hecho el curso “voluntariamente” y sin pedir dinero”.

Y también, entre otros, lo dice la organización B’nai B’rith Uruguay, según la cual Spektorowski fue invitado a dar dos clases en un curso “que nada tiene que ver con Israel, ni con el judaísmo, ni con el sionismo, sino con laicidad, principio histórico en nuestro país del que los uruguayos nos enorgullecemos”.

La objeción a esta nueva desresponsabilización es doble. Por un lado, el programa del curso declara de manera explícita el enfoque eminentemente político del curso sobre “laicidad” (¿podría un tema como “laicidad” no tener un enfoque político?). Véase si no, en esta reproducción del programa del curso anfitrión del señor Spektorowski, la recurrencia del término “política”: “su relación con la política”, “laicidad y política”, “…la religión, las culturas, la política, la educación”, “sus componentes histórico-políticos”, “su relación con el liberalismo político”. Aunque en este programa no aparezca nombrada la palabra “Israel”, Israel parece difícil de soslayar, cuando se traten puntos como “La laicidad en (…) Medio Oriente”, o “Judíos y Musulmanes frente a la Laicidad”. Este es el programa completo, tal como fue anunciado en la web:

“Fundamentación: En el Uruguay el concepto de laicidad es un concepto prestigioso, sin embargo, poco estudiado. Analizaremos el concepto de laicidad desde un punto de vista filosófico, histórico y comparativo con otros países. Su relación con la cultura y la política. El vínculo estrecho entre laicidad y cultura, laicidad y política, laicidad y educación. Objetivos: Objetivo general: Analizar el concepto y la historia de laicidad en relación a la religión, las culturas, la política y la educación. Objetivos específicos: ? Analizar el concepto filosófico-educativo de Laicidad según Martha Nussbaum, Micheline Milot, Charles Taylor y Reina Reyes, entre otros. ? Analizar la historia de la laicidad y sus componentes histórico – políticos en relación a la educación. ? Analizar los aspectos pedagógicos relacionados con la laicidad. ? Analizar la laicidad en otros contextos y su relación con las identidades culturales y religiosas. Contenidos Unidad 1: El concepto de laicidad ? La relación de la laicidad con el proceso de secularización. ? La laicidad en su relación con el liberalismo político y la ilustración. ? La laicidad y sus diferentes concepciones. Unidad 2 Laicidad y educación ? Laicidad y su relación con la democracia y la educación. ? La laicidad y la ética en la educación, la “actitud laica”. ? Laicidad y libertad de cátedra y de opinión en la educación en diversos niveles. Unidad 3: La Laicidad en Uruguay: su historia Los debates sobre el concepto de Laicidad en la Historia. De 1930 a 1960 y de 1960 a nuestros días. Unidad 4 La laicidad en el Mundo. Tipos de Laicidad ? Laicidad del Uruguay comparada con otros países latinoamericanos ? La laicidad en Europa y Medio Oriente. Su relación con las identidades. Tipos de Laicidad: La Laicidad de combate o la Laicidad Crítica. Judíos y Musulmanes frente a la Laicidad.”

En resumen, está claro que las clases del señor Spektorowski versarían en este curso, explícitamente, sobre “política”, sobre “judíos” y, casualmente, sobre “musulmanes”.

No obstante, a esta obviedad, que solo el señor Spektorowski, la organización B’nai B’rith Uruguay y sus amigos pueden negar, se suma otra, de peso decisivo. Me refiero al hecho de que no hay dos señores Spektorowski: uno que, militante, en los medios de comunicación defiende a sangre y fuego el derecho de Israel de causar miles de “daños colaterales” (niños asesinados), mientras fuerza un destino de “plaza financiera” para Gaza, dictamina qué gobierno debe haber en ese enclave y defiende la apropiación de Jerusalén y de Cisjordania; otro que, doctamente, expone sobre “laicidad”, para enriquecimiento intelectual y ético-político de los estudiantes de maestría de Ciencias de la Educación, dado que el señor Spektorowski “conoce otra realidad” (sic).

No, no hay dos, hay un solo señor Spektorowski, siempre el mismo propagandista del Estado genocida de Israel, tal como se desprende del “Conversatorio”, charla que impartió el señor Spektorowski el 11 de mayo de 2023, en el mismo Instituto de Ciencias de la Educación.

 continuará 


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