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POSTALINAS

Amodio Pérez conversa con  Sanguinetti

 

En La 30 hablaron del Pacto del Club Naval.

En la audición del programa de Amodio “La otra campana” martes de 11 a 12 Radio Nacional (CX30, 1130 AM) en una extensa charla vía Zoom, Héctor Amodio Pérez desde los estudios de y el ex mandatario Julio María Sanguinetti  (desde su domicilio) expusieron sus puntos de vista sobre la época de la dictadura y la salida de ella tras el pacto del Club Naval.

“Estamos a muchos años de todo aquello y por eso creo que todos tenemos el deber de la perspectiva, el golpe de Estado ocurrió hace 47 años. Hace 35 años que retornó la democracia, muchos de los temas siguen vigentes desgraciadamente por la situación nunca resuelta de los desparecidos que probablemente va a seguir todavía allí como una reminiscencia de aquellos años.
Hoy tenemos que mirar con perspectiva histórica y con espíritu de afirmación, si perdimos la libertad es porque antes habíamos perdido la tolerancia. El enfrentamiento en la sociedad nos fue arrastrando y llevando a aquel final”, reflexionó Sanguinetti.

“Nada excusa la responsabilidad de los líderes militares”, agregó y puntualizó que la causa determinante de la salida militar a la acción dentro de la democracia “fue determinada por la existencia de movimientos guerrilleros, sin ninguna duda”

“Ustedes estaban enfrentados a la policía, el gobierno de Pacheco enfrenta esa acción de violencia guerrillera con la policía, no con el ejército, si miramos en el 71 en la víspera de la elección todos ustedes estaban presos, es decir que la policía no había fracasado desde el punto de vista de la represión. El tema es que luego se produce la famosa fuga que genera en el país una situación de conmoción gigantesca cuando ocurre ese hecho recién se le da intervención al ejército”, rememoró el ex presidente.

“Luego el ejército se embriaga con su éxito, se emborracha con su suerte y los mandos militares de la época llevan al país inexcusablemente al golpe de Estado. Esa salida militar estuvo determinada claramente por esas acciones, hasta el momento había actuado solo la policía y dentro de la ley y con eficacia.

Hasta setiembre del 71 solo era la policía la que estaba en escena y de ningún modo significaba la amenaza de un desplazamiento del gobierno civil y una caída militar”.

Por su parte Amodio Pérez puntualizó que la guerrilla tampoco fue un capricho, “fue consecuencia de una situación internacional que influía en aquellos años poderosamente sobre el panorama político uruguayo. Se ha hablado de la guerra fría, la revolución cubana pero no se habla del desprestigio que había ya en aquellos años del sector político.

Yo que tuve bastante relación con los mandos militares en aquellos años, tengo clarísimo que el desprestigio del factor político fue una de las razones, porque la guerrilla estaba totalmente derrotada ya en el año 1972 y el golpe fue un año después”.

Amodio Pérez puntualizó que con anterioridad a la fuga del penal de Punta Carretas el MLN “ya había realizado una cantidad de acciones –por nombrar una, el asalto al cuartel de la Marina- que debió haber levantado tanta o más preocupación que la fuga de Punta Carretas. Sin embargo, no se hizo, no se le dio intervención a las fuerzas armadas”, se preguntó.

Amodio Pérez subrayó “yo no hablé nunca con los militares para dar el supuesto golpe, el golpe bueno, el golpe a la peruana que acabaría con la corrupción. Fueron otros los que hicieron ese trabajo –destacados líderes de los cuales la historia ha tratado de reivindicar y en algunos casos de ensalzar creo yo exageradamente. Me acusaron a mí de ser quien estaba con las fuerzas armadas para derrocar las instituciones. Hoy se sabe quiénes fueron los responsables y sin embargo nadie ha rectificado. Nadie ha dicho quienes maquinó el posible golpe bueno a la peruana, fue Eleuterio Fernández Huidobro con la colaboración de gente que luego incluso llegó a la presidencia de la República, como es el caso de José Mujica”, dijo Pérez.

El ex mandatario Julio María Sanguinetti dijo que “Esa situación existió, el famoso comunicado 4 y 7, eran el resultado de esa literatura. Fue una especie de retroalimento de la acción golpista. Eso es un hecho. A usted le encajaron el mote de “traidor” y han ocurrido las cosas que pasaron. Hasta el último episodio de prisión que fue parte del microclima creado aún, aún, en democracia en estos últimos años”.

Héctor Amodio Pérez agregó: “Eleuterio Fernández Huidobro salía del cuartel batallón Florida acompañado por mandos militares a entrevistarse con Wilson Ferreira y las fuerzas armadas conocían esas reuniones. Todo eso fue creando el germen del golpe porque se personalizó en Wilson y Erro, la corrupción de todo el sistema político”

Sanguinetti dijo que hay que hacer un pequeño matiz: “las fuerzas armadas no eran monolíticas, había comandos o mandos que fueron superados y había enclaves. En el servicio de inteligencia hubo un enclave tremendo, después fue el que comandó la etapa más dura de la represión en la dictadura y personajes que hoy son tristemente conocidos. Pero no todos los mandos tenían esa idea. Al revés, cuando se les habla de la posibilidad de la tregua, algunos se sintieron sorprendidos (estamos hablando de junio del 72).

Ante la pregunta de Amodio: ¿Ud. no cree que el golpe fue recibido por una amplia mayoría de la población como una solución a la situación política y social?
Julio María Sanguinetti respondió: “Le diría que hubo tres actitudes en la población, un tercio antigolpistas, un tercio golpista y un tercio de gente que miró con cierta indiferencia. Las dictaduras nunca son solución, para eso está la democracia, si no te gusta el gobierno sácalo”.

Sanguinetti citando al filósofo Karl Popper, recordó que es democrático solo el sistema que asegure un modo pacífico de sacarse de encima un gobierno que no nos guste.

“No era la solución ni la guerrilla armada ni las fuerzas armadas. Vamos a lo fundamental de todo esto, el sueño cubano, el sueño de la revolución era un sueño equivocado. Miremos lo que es Cuba, una monarquía dictatorial de la familia Castro. Una monarquía autoritaria, empobrecedora, igualadora para abajo, que ha generado un igualitarismo en el empobrecimiento. Miremos todas las vertientes del socialismo marxismo en la Unión Soviética, miremos Yugoslavia, Rumania, al final en todos lados la idea dio lo mismo. La idea básica era el error, una idea equivocada normalmente puede generar una destrucción fenomenal”.

Sanguinetti en diálogo con Amodio analizó cómo se salió de la dictadura en Uruguay. “De una dictadura se sale con una revolución o pactando con el dictador y ese era nuestro dilema. Ahí hubo dos estrategias la de Wilson que creía que volteando a la dictadura iba a caer por sí misma y aquellos como Seregni que creíamos se podía llegar a una solución honorable para cuanto antes salir. Y que si se lograba un pacto más o menos honorable en virtud del cual se pudiera lograr una democracia efectiva, tenía sentido. Y esto es lo que ocurrió, y ocurrió ¿por qué?

En el 80 se ganó el plebiscito, en el 82 se logró que hubiera elecciones internas por lo menos en los partidos tradicionales y ganamos las corrientes más firmemente opuestas a la dictadura. Eso nos dio una gran fuerza luego para negociar. Y ocurrió también porque adentro de las fuerzas armadas se iba produciendo un movimiento de reversión de mucha gente que decía: nosotros cumplimos nuestro deber –que era impedir que Uruguay cayera y sea una Cuba-, y que se sentían ahora instrumentos de una ambición personal de Álvarez y esa gente había empezado a pensar que había que buscar la salida. Entonces, había una evolución dentro de las fuerzas armadas, había una evolución en la opinión pública. Hasta que llegamos al pacto del Club Naval que fue el que le puso día y hora al fin de la dictadura. Esa fue la salida, y la salida fue impecable porque en el 85 –yo asumí el 1º de marzo del 85- y no me sentí condicionado, porque no lo estaba. Estaba condicionado por la realidad, pero no por las fuerzas armadas. Eso es así, la democracia empezó a funcionar a plenitud”.

Consultado por Amodio Pérez respecto a si la población uruguaya conoce cómo fue el pacto del Club Naval, Sanguinetti subrayó que “los detalles no los conoce nadie, pero la resultancia la conoció el pueblo”. Ante la repregunta de Amodio Pérez sobre cuál fue la resultancia, Sanguinetti respondió: “el voto a favor de los partidos que estuvimos en el Club Naval. Porque en la elección del 71 los partidos que estuvimos en el Club Naval, el partido colorado, el frente amplio y el sector blanco, sacamos el 75% de la votación, eso es objetivo, es un hecho”.

Amodio Pérez le preguntó a Sanguinetti si se le prometió algo a las fuerzas armadas en el pacto del Club Naval.
“Había que negociar y había que dejar cosas no resueltas o cosas para resolver después” dijo Sanguinetti.
“A las fuerzas armadas no se le prometió nada”, dijo Julio María Sanguinetti y agregó “nadie habló de esos temas”.
“Crímenes de Estado cometieron ustedes también antes, había de ambos lados” le dijo Sanguinetti
“si nosotros nos parábamos ahí y les decíamos: señores militares entreguen el poder, a los tupamaros los largamos el 2 de marzo y a ustedes los colgamos el 15 de abril, no había pacto ni salida ni había elección”.

Vencidos

 

“Cuando mis lagrimas te alcancen. La función de mis ojos ya no será llorar, sino ver”  León Felipe

Cierta vez una periodista española, en un reportaje le preguntó a García Márquez,” ¿si  usted si pudiera estuviera muerto y mirar por un agujero la vida que vería? A lo que le contestó,” miraría por el ojo de una cerradura como es la vida del otro lado en comparación con la muerte”

Digo: si así fuere. Como nos estarán mirando del otro lado, nuestros hermanos,  y verían como y de que manera, algunos/as usaron su muerte en bien propio. Y la amargura y tristeza de quienes, y fuimos unos cuantos;  que en época de dictadura nos comprometimos. Como mi madre hasta llegar a arriesgar nuestras vidas, frente a un servicio de inteligencia, que hoy hasta nuestros días sigue funcionando igual con todas las fuerzas y con adoctrinamiento ideológico de ultraderecha antisocial y enemigo de todo aquello que es cultura  y de todo aquel individuo que sepa razonar lógicamente y ver la verdadera realidad. Donde nadie traicionó a nadie, simplemente defendieron y defiende con una mentira su posición de clase social.

El discurso es demagogo  para quienes son ciudadanos de a pie. Y ver la realidad y razonar sin la venda en los ojos de la verdad en las manos de tu tribu  Es allí donde está la astucia del sistema. Si eres crítico te descarto.

Digo: ¿quien le hizo el juego a la derecha?, ¿quien gobernó para el ella y para cubrir y  enriquecerse y cubrir a sus asesinos del aparato armado y de sus clase dominante? ¿Qué cosa no? La verdad se viene a saber por boca de sus propios asesinos. Lo demás fue una obra de teatro con un guionista muy malo ( una representación teatral, que muchos siguen comprando todavía)

¿Y lo más triste, saben que, acá no pasó ni pasara nada?

Cada vez estoy más orgulloso de haber sido combatiente.

Nena, Fredy y Daniel espérenme con el mate, que me voy con el caballero de la mancha a su grupa con Rocinante a volver a pelear contra los molinos de viento. Ya lo hice una vez, y el secreto no es ganarle es tener lo qué hay que tener para luchar contra ellos.

Mi viejo fue casi analfabeto mi hermana le terminó de enseñar a leer y escribir, no nació con ningún clásico bajo su brazo y su ideología no fue la del proletariado.......fue la del hambre.

Por la manchega llanura se vuelve a ver la figura de Don Quijote pasar…

va cargado de amargura…va, vencido, el caballero de retorno a su lugar

León Felipe

Él boca

 

Ameri, chivo expiatorio

 

Cuando las sesiones en la Cámara son presenciales, a veces hay 30 o 40 diputados en el recinto (sobre 257), de los cuales solo un 20 % está escuchando al orador. El otro 80 % revisa el celu, mensajea o lee sus papeles.

¿Y los 210 o 220 restantes?

Bueno, en ninguno de los despachos de los legisladores, sea en el Palacio o en el Anexo, falta un cuartito con una cama. Si ahí duermen, cogen o besan una teta a nadie le importa. O si ven TV, toman whisky o transan con otros legisladores o con lobistas, que estos sí que no duermen.

Digo que lo de Ameri, en ese contexto, es banal. Está usurpando el lugar de los gravísimos problemas de la gente (a los más desprotegidos, me refiero). Y, encima, se alzan con la cucarda de que son rectos e inflexibles con propios o extraños.

Así que ¡ojo!, no le caigamos al facho-evitista-malvinero Ameri (por esto: por otras muchas cosas, sí).

No les hagamos el juego.

Juan del Sur

 

Una visita al hábitat de los empleados públicos uruguayos 

 

Habiéndonos jubilado en Suecia, por algunos años trabajados allí, las autoridades jubilatorias correspondientes exigen una fe de vida anual para seguir pagándonos.

Generalmente, uno concurría con el documento de identidad ante cualquier instancia consular y sin trámite ni pedido de audiencia, uno obtenía dicha certificación, con el documento de identidad y la persona, viva, allí delante.

Pero la pandemia oficial nos  dejó fuera de las rutinas con que habíamos tramitado esto antes.

Este año, tenemos que solicitar la certificación de que estamos vivos, en Uruguay. Ya lo habíamos hecho en años anteriores, ante la Policía.

(Las autoridades jubilatorias suecas señalan que podemos certificar que estamos vivos ante autoridades consulares suecas o civiles o policiales del país en que uno vive)

Pero este año la Policía nos informa que han dejado de hacer tales verificaciones por orden superior.

En Piriápolis, no hay tantas opciones; hay una oficina del Poder Judicial, que encarna funciones judiciales y ejecutivas, lo cual se explica por las magras dimensiones poblacionales, de la localidad y el país.

Pedimos en horario que refrenden que estamos vivos; basta verificar los números de nuestras cédulas de identidad, las fotos y vernos a nosotros, de cuerpo entero.

El empleado que procura atender y entender nos confiesa, luego de mirar el papel, que nunca lo han hecho. Le comento que probablemente la gente iba antes a la policía, como nosotros. Llama a la comisaría que de inmediato reclama un teléfono nuestro, supongo que para saber quiénes somos, aunque dice que para ver si en la tarde nos llama. El policía telefoneado se habrá enterado en el ínterin de lo que ya dijimos nosotros, que ya no lo hacen. Obviamente, no llamará nunca.

Junto con el empleado solícito, pero impotente, curioso pero apurado, se fue desplegando la fauna oficinesca que ha hecho las delicias de  Gasalla, por ejemplo, o Benedetti. La rubia con auténtica rubiez de peluquería repetía  como una letanía que no, que no podían, que no tenían autoridad, que no les correspondía, que nunca lo habían hecho, que no tenían juez −como si tuviera que ser un juez quien firmara la constancia de que estamos vivos−. Era imposible dialogar, porque el no de la modelo Gasalla retumbaba en el recinto, bloqueando al solícito y dificultando otros abordajes de empleados mejor dispuestos. Alguien que como nosotros, estaba del lado ajeno del mostrador nos dijo en voz baja: −ya van a ver que no es tan fácil conseguir… ja! ….

Pese a cierta buena voluntad de una tercera integrante del plantel, que apenas se hacía oír,  la ignorancia, la indiferencia, el miedo a lo desconocido y cierta oclusión espiritual fue más fuerte… Después de casi media hora de explicaciones, llamadas telefónicas, fotocopias, evasivas nos brindaron un último consejo: que fuéramos a obtener dicha constancia de un médico o de un escribano… Les tuvimos que aclarar que el banco de previsión social sueco pedía la fe de vida refrendada por autoridad pública, civil y que pagar a un escribano en el país donde había tantas oficinas públicas, era insensato.

El solícito nos despidió asegurándonos que ellos tenían menos desidia que la que íbamos a encontrar en otras oficinas… premio consuelo, porque nos tuvimos que ir sin lograr verificar que estábamos vivos.

Tanta impotencia, tanto burocratismo vacuo, tanta pérdida de tiempo, tanto recelo, ante formularios impresos con textos claros en castellano, en medio de textos de una sola línea escritos en varias otras lenguas, dan razón a la máxima de Mario Benedetti de que Uruguay es la primera oficina pública elevada al rango de república y a la convicción que José Batlle y Ordóñez se equivocó terriblemente con su voluntad eurocentrista y modernosa para este rincón del planeta, que no era un país europeo y que, por las condiciones coloniales o neocoloniales y periféricas, cultivó, con patéticos resultados, el sueño del hijo empleado público, con su oscura aurea mediocritas. No hay más remedio que darse cuenta que el Uruguay, durante buena parte del siglo XX conformó una cultura del no hacer, del no comprometerse, tener un sueldo seguro; no esforzarse, solo pasarla bien.

Cuando escuchamos a nuestros representantes “cacarear” sobre nuestra modernidad, nuestros adelantos tecnológicos, nuestra cultura de avanzada, nuestra civilidad, en tanto ignoramos la extranjerización de nuestro territorio pese a la invocación recurrente de nuestro acendrado amor a la tierra; el ascenso de lo militar y la impunidad consiguiente en un país que se precia ya no de civil, sino de civilista; de cómo los dirigentes políticos y empresarios están entregando el país entero o a pedazos a transnacionales y a la contaminación, bajo la coartada de modernizarnos y con “grado inversor”,  uno puede empezar a preguntarse qué es lo que huele a podrido y no precisamente en Dinamarca.

La burocracia aquí forjada fue tuerta de nacimiento. No miraba el país, ni lo conocía; miraba a la capital. Esa constitución no será igualitaria, aunque se proclame democrática. Será formal, carente de sentido común (si no está reglamentado), con un miedo cerval a salir de línea, a “meter la pata”: su máxima será el “no te metás”.

Llamativa caparazón de defensa en una burocracia que, a diferencia de lo que siempre se dice de la zarista o la soviética, no sufre represión, ni está bajo el terror (ni siquiera administrativo). Si el empleado público uruguayo tuviera miedo, no se tomaría pausas de descanso de hora y media cuando la reglamentaria es media hora.

En la espera, se han juntado otros ciudadanos. Sus comentarios son reveladores: −hay que esperar, aguantar y poniendo una sonrisa al entrar, para que te atiendan; viven a dos cuadras y tardan hora y media para comer; habría que ponerle pico y pala en la mano para que sepan trabajar…

Para cobrar unas chirolas de una diminuta jubilación conseguida con diez años de trabajo en otro país, el aparato administrativo público uruguayo, con sus BPS, sus oficinas de Registro Civil, y tantas otras estructuras del estado, no puede certificar, estando nosotros de cuerpo presente, con los documentos uruguayos respectivos que lo corroboran, que nosotros estamos vivos.

Una escena formidable para un grotesco rioplatense. Felicitaciones a sus involuntarios autores.

Kiria  20 09 18