Envíopostaporteñ@ nº675

JULIO CASTRO NUNCA FUE UN SOLDADO DE ELITE!!!.

De lo que más me molesta del caso de Julio Castro es la necesidad de explicar una y otra vez a los que saben y a los que no que en este país durante la dictadura que comenzó en 1973 y desde antes también, quizá terminó en 1985 se torturó y se mató, se robó y se violó, se hizo desaparecer y se mintió.

 Que todo eso fue hecho de manera sistemática y oficial  por quienes defienden la explotación y el capital por quienes sacan a pasear la urna con las cenizas de Artigas, que en vida de él lo hubieran hecho jabón.

Ninguno de los torturadores fue otra cosa que agente del capital y ninguno de los que los defiende y protege son otra cosa que capitalistas tan desalmados como los que gobiernan la O.N.U. , matan niños, ancianos, mujeres y gente pacífica que lo que esperan es la muerte.

 Todo asesinato es bueno en este mundo si todo sigue como está.

Toda religión es tan buena como la católica para justificar muerte y genocidio. Recuerdo lo que dijo la iglesia cuando algunos católicos hablaron de la Iglesia de los pobres o del aborto.

A todos estos “ingenuos” hay que explicarles la tortura, la violación y lo poco que importa la vida para los dueños del mundo.

En todas las unidades militares uruguayas se torturó y se apoyó la dictadura, ahora parece que nadie lo sabe.

 Sirve para algo seguir jugando a que somos civilizados  e institucionalistas.

Que seguimos los procedimientos y que estos nos aseguran la justeza del funcionamiento social

Todo una gran mentira para que aceptemos que nos han derrotado y que un mundo mejor es imposible.

Como dijo un conocido traidor, “lo único que es seguro es el capitalismo y los que crean en otra cosa son unos nabos”.

 

No se mató a Rambo!

Se mató a un hombre de 68 años  que no ofreció resistencia , después de torturarlo, como en Irak, le dieron un tiro en la cabeza a los tres días de tenerlo en sus manos. Este maestro enfermo llamado Julio Castro apareció, después que dijeron que lo habían tirado al mar, debajo de dos metros de tierra de cemento y cal en una unidad de paracaidistas demócratas.

Yo me sigo preguntando por Elena Quinteros que también era maestra, chiquita débil y valiente y de quien dijeron lo mismo y les creyeron.

En la televisión he escuchado a un inteligente periodista preguntándole a una representante de familiares de Desaparecidos  cuál sería la forma de terminar con los problemas de los derechos humanos no respetados durante la dictadura.

 Mencionó que las nuevas generaciones no saben nada de eso y si no era hora de un olvido generalizado para asegurar la paz y tranquilidad.

Mi compañera comentó que habría que mandar sobrevivientes a las escuelas para contar lo que ocurrió.

Yo estoy totalmente de acuerdo.

Al periodista no se le ocurrió decir la palabra justicia en ningún momento.