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?YIRATO?: a 40 años del hecho que marcó su destino y lo llevó a la muerte por la tortura recibida

 

Transcribo un hecho que aconteció en Mercedes en abril de 1972, donde varias personas, balearon a Gustavo Criado, conocido militar torturador, gran hijo de puta, que en esa instancia se salvó pero fue gravemente herido y estuvo con una pata en el cajón, mientras por debajo de la puerta del sanatorio Mercedes donde agonizaba, le largaron un papelito que decía algo así: "la próxima no te salvas", evadiendo la fuerte custodia militar.
 Entre los que balearon al milico, se dice que estaba el propio Raúl Sendic. Los autores se fueron en bicicletas.
A Yirato lo contrataron para que tocara el timbre en la casa del milico.  Dicen que le pagaron unos pesos y una damajuana de vino. Le dijeron, "queremos darle una sorpresa a un pariente".
Salió la mujer y Yirato le dijo que quería hablar con el dueño de casa.

El milico sospechando que lo podían limpiar (tenia cola de paja) salió a atender con una 45 escondida en la espalda. Ahí se armó una terrible balacera, donde Criado quedó tirado sangrando en la vereda.

Muchas de las balas quedaron incrustadas en las paredes del vecindario. Nadie las ha retirado al día de hoy y se pueden ver fácilmente.

En la otra cuadra, en un edificio de 2 plantas, (sobre la casa de remates de los Gavarone) una persona ajena a todo este tema, se peinaba en el espejo del ropero y una bala que entró por la ventana, le zumbo la cabeza y le agujereo la puerta y varias prendas del ropero. A los 10 minutos Mercedes se llenó de sirenas, jeep, y camionetas veraneio de los milicos.

Daba pavor....yo con 17 años, jugando al casin y mirando tele, en la cantina del Centro Papelero (que estaba y está, a la cuadra de mi casa y a dos cuadras y medias del episodio) me llevé uno de los cagazos mas grandes de mi vida y ninguno de los que estábamos en la cantina, logramos escapar a la prepotencia, cacheo, destrato y sopapeada de los milicos.....sin comerla ni beberla.......

DANI

Extractado del semanario “Entrega 2000” de la ciudad de Mercedes, vienes 13 de abril de 2012.

Yirato”: usado por el guerrilla, destrozado por los militares, a cuarenta años del hecho que marcó su destino

Hoy nos referiremos a la historia de un personaje humilde que para muchos ha sido olvidado, pero para un barrio populoso como el Palo Alto  y a quienes lo conocieron allí, guardan muy frescos sus recuerdos de un hombre que parecía haber sido utilizado por integrantes de la guerrilla en abril de 1972, lo que le costó una durísima represión que poco tiempo después lo llevó a la muerte.

Tomamos como base, la investigación realizada por el Lic. José Olazarri publicada el 4 de abril de 1993 en la serie “Protagonistas y testigos” en el Diario Crónicas de Mercedes y agregamos algunos testimonios nuevos, a 40 años de ocurrido el enfrentamiento entre guerrilleros y militares en un finca céntrica donde residía en aquel momento el Teniente Gustavo Criado.

Tomás Ulises Rodríguez Ocampo, “Yirato” nació en los campos del Tala el 8 de enero de 1926, en su investigación de 1993, el Lic. José Olazarri lo describe: “Bajo y robusto, habitaba un muy humilde  ranchito entre la cancha de Bristol y cañada Roubin, donde toda vivienda ha sido eliminada por la Comisión de Inundaciones.

Salía con las murgas, fue personaje popular y simpático aunque no se le veía como serio. De oficio aguatero, por épocas vendía frutas, verduras, pichones de loros o juntaba botellas.

Tenía un carro chico que tiraba un burrito viejo lleno de mataduras, de pelo tordillo sabino, que primero se llamó Perico y después Chongo, regalado por el desaparecido Pedro Iraola capataz de la estancia “Los Cerrillos” en Bequeló.

En 1963, cuando lo detienen por el hurto de una columna de hierro, presta carro y burro a Juan Albérico  Eizaga. Luego con “papel firmado” a Wilfredo Alí y Julio Fernández quienes salen con un trío carnavalero que se llamó “Un Burro y dos Baturros”.

Liberado sigue con sus tareas hasta que luego de conocer a Pintos Bandera cae otra vez preso. La salud ya resentida se deteriora más, según sus compañeros era “incalculable” como le gustaba el vino.

Con sus 54 años fallece en el Hospital de Mercedes, el 1 de octubre de 1980 como consecuencia de un coma  uricémico, según certificó el Dr. Miguel Lorido. El burrito fue vendido al botellero Andújar, después a un estanciero y aquí las opiniones difieren, dicen que murió en los verde campos de Palmar o en las mandíbulas del león del circo que un día cruzó por Mercedes.

Como referencia del hecho que se involucra a “Yirato” en el apoyo “logístico”, diremos en forma resumida que la noche del 3 de abril de 1972, alrededor de las 22:00 horas en la entonces calle Florida (hoy De Castro y Careaga) a la altura del Nº 820, ocurrió un tiroteo entre el teniente Gustavo Criado y un grupo de guerrilleros liderados por Raúl Sendic, en el que ambos resultaron heridos aunque de diferente entidad, llevando la peor parte el militar, más allá de que le recordado “Bebe” Sendic recibió atención médica en Mercedes, pero ello será motivo de otra nota.

Por qué lo involucran a “Yirato”

El personaje central de esta nota es vinculado al hecho debido a que como lo cuenta Olazarri , fue contactado por Antonio Bandera Lima “Rosendo” en ese entonces “Jefe del sector militar de la columna 23”, cañero fuerte y robusto, fue integrante del grupo que diera muerte a un soldado del destacamento del arroyo Ñaquiná, en Artigas.

Bandera visita a Yirato en los días previos al hecho y esa tardecita – la del día del enfrentamiento- “Bandera llegó al rancho del aguatero Yirato con una damajuana de vino, diciéndole que tenía un viaje apara el cual precisaba de su carro y burrito. Con la aceptación sale para el centro, los dejan en un baldío  a algunas cuadras del lugar, siguen a pie”, reseña Olazarri.

Yirato es detenido después del hecho, “inmediatos allanamientos se realizaron en su ranchito y casas de simpatizantes de izquierda o sospechosos de los barrios Palo Alto y Treinta y Tres. A alguno se le obligó a desagotar el pozo negro a balde, en procura de armas”.

Más adelante expresa: “Con lo presuntamente acontecido se elaboró el informe policial que pasó al Juez Letrado de Primera Instancia de Soriano, Dr. Juan Manuel Almirati Cacheiro, quien instruye el respectivo sumario. Muchas personas declararon ante el recepcionista Walter Marrero, cuatro mencionaron conocimiento del hecho aunque no participación, ya habían admitido lo mismo en el cuartel donde primeramente fueron duramente interrogados”, dice en su informe Olazarri.

Agregando “esos fueron procesados, con vista fiscal del Dr. Juan Carlos Viera. Luego se retractan y quedan en libertad, ningún testigo ni vecino, tampoco Criado a su regreso del Sanatorio, pudo reconocerlos. Poco tiempo después el asunto pasa a la órbita militar, culmina con la prisión de tres de ellos por escasos meses, la de Yirato más de un año. Salió golpeado, resentido en su salud. Meses después un amigo recuerda que al cruzárselo en la calle le dijo  “estoy terminado”, fue así, pronto fallece.

Testimonios sobre Yirato a 40 años del hecho

ENTREGA 2000 visitó al Palo Alto y dialogó con quienes conocieron a Yirato para tratar de conocer, si efectivamente era parte consciente del movimiento Tupamaro o como se piensa, fue utilizado con apoyo de  gente a nivel de izquierda local y luego Bandera, sin tener idea de lo que hacía pero ello finalmente lo llevo a la muerte como consecuencia de las torturas sufridas en el Cuartel “General Luna”.

Conocido como “Mingo”, Ismael González Ocampo” cuenta que “Yirato fue tío carnal mío, vivimos muchos años con Tomás Ulises Rodríguez Ocampo como se llamaba; la madre del él era hermana de mi madre. Siempre fue un changador, acarreando agua, verduras, trabajando afuera, por no saber leer ni escribir no pudo hacer otra cosa”.

Asegura que “nunca estuvo metido en nada, jamás tocó nada, fue una persona muy querida, vinculada a las murgas, al carnaval”. Desde muchacho chico “estuvimos con él, el padre estaba en las estancias, íbamos con él a caballo, siempre trabajando con el padre como peón rural”.

Estando en la ciudad “se defendía con el carrito, con el agua  ya que en aquel tiempo era la forma de poder contar con ella, era muy conocido Yirato”.

Mingo estuvo algunos años en Montevideo, “cuando volví lo veía cuando lo traían los militares, se le veía deshecho, lo traían a la casa para que les dijera dónde estaban las armas, chorreaba sangre por los oídos y por la boca.

En aquel tiempo estaban los eucaliptos de la cancha de Bristol, si estaría mal que cuando le preguntaban por las armas decía “allá arriba, en los nidos de loros”, decía cualquier disparate, yo estaba al lado de él, las palizas se ve que eran grandes, después estuvo internado un tiempo. Al tiempo volví a irme, cuando volví estaba por morirse”. 

Esto que cuenta Mingo, dice que lo conoce “la muchachada del barrio porque veíamos cuando lo bajaban en la casa, cuando hablaba con él, me decía que estaba deshecho, “estoy muerto en vida” me decía.

Para Mingo las cosas son claras, “lo compraron con una damajuana de vino, dicen que fue y golpeó en la casa, esa fue toda su participación, le daban vino, no era una persona con todas sus facultades bien, le decían allá hace esto e inocentemente iba, no sabía lo que hacía, no se daba cuenta, así lo enredaron”.

Asegura que la vida de Yirato “terminó en virtud del maltrato recibido, sin ninguna duda, salió deshecho, se internó, salió del hospital, pero ya nunc volvió a estar bien, quedó reventado de las grandes palizas, yo lo vi por lo menos dos veces cuando lo traían los jeep de los militares.

Hicieron desagotar el pozo negro del baño buscando armas, ¿qué iban a encontrar?.. de ninguna manera… venían 5 o 6 militares, algunos uniformados y otros no”.

Cuando Yirato desvariaba “ante la insistencia de donde estaban las armas, les decía que estaban allí arriba en los nidos de loros en los eucaliptos de la cancha de Bristol, hasta allá subían los militares y no encontraban nada, porque no sabía lo que decía”.

Recuerda cuando gritaba al traerlo a la casa, “no me peguen”, o “Mingo mirá que me van a llevar y me pegan, sálvenme”, daba miedo, no nos podíamos acercar mucho y tampoco podíamos verlo en el cuartel”.

Pidió a quienes trabajaban en esa temática, “queremos que se investigue, que se sepa que pasó con él, como con otros tantos, estoy dispuesto a colaborar en todo lo que se entienda pertinente para investigar lo que ocurrió, inclusive si es necesario realizar pruebas en sus restos.

No tengo ninguna duda que nunca militó en nada, lo usaron y le salió caro el desconocer las cosas, solo fue a golpear la puerta con el negrito Cascarilla, como le decíamos nosotros, pasaron corriendo por acá esa noche, en lo que pueda ayudar estoy a las órdenes, no estoy para inventar, hablo sobre lo que vi, no me lo contaron”.

Por su parte Teodoro Juan Elutchanz cuenta “lo conocí de toda la vida, era muy aficionado al fútbol aunque no jugaba nada, pero por el hecho de jugar, fundó un club de campo y le puso “Gamesán”, son historias verdaderas, en verano jugaba en campeonatos de barrio y también le gustaba el Carnaval pero no tenía condiciones, sin embargo siempre estuvo en las murgas. Era un tipo bonachón, ganándose la vida en forma honrada”.

Sobre lo ocurrido en aquel abril de 1972, Elutchanz recuerda, “me entero al otro día, yo en la tardecita de ese día estaba en la ventana de la sede de Con Los Mismos Colores, habíamos cuatro o cinco, la sede era nueva, pasó Yirato cuesta abajo en bicicleta, a todo lo que daba, me llamó la atención, al otro día estaba la versión de que lo habían baleado a Criado, se ventiló que aparentemente Yirato había hecho de campana, si fue así, lo usaron, no tenía ningún tipo de capacidad Yirato, para integrar un grupo de ese tipo, quizá como campana, si alguien lo vio, lo pudieron haber usado”.

A la semana o diez días “lo llevaron y no lo volvía a ver, ya cuando salió se internó y al poco tiempo murió, era de poco hablar y risueño”.

Para Elutchanz “lo tienen que haber usado, nos quedamos fríos cuando trascendió, sabíamos de los que eran militantes como Nebio (Melo) y otros, convivíamos con ellos, pero de Yirato….lo deben haber usado, si le puedo decir que pasó en bicicleta ese día cuesta abajo a todo lo que da”…..

Lo concreto es que Yirato, usado o parte de la guerrilla y destrozado por los militares, a 40 años del hecho que marcó su destino, está en una tumba sin siquiera identificación, aun hay personas vivías que bien pueden aportar a conocer, lo que efectivamente con este ser humano, que aun, de haber sido parte integrante del movimiento Tupamaros – que no parece lo más sensato- no merecía morir reventado por las golpizas en el Cuartel “Luna”, donde muchos dijeron que no habían ocurrido torturas, más allá de su “uricemia” en el certificado de defunción. Hay responsables que deben asumir ello, incluyendo a los mercedarios que lo utilizaron.