Envíopostaporteñ@ 825

CAMPAÑA POR UNA NUEVA CONSTITUCIÓN

 

¿Los ciudadanos queremos seguir viviendo “de resultados”

o queremos “procesar resultados”?

Propuesta ante una “Torre de Babel” que nos preocupa

Ya vimos en nuestras anteriores editoriales que nos hemos referido al marco constitucional de nuestro país y hemos marcado los ejes fundamentales del tema.

a)   Ninguna Constitución tomó en cuenta los principios emanados durante el período de la Banda Oriental gobernada por Artigas entre los años 1811 a 1819 y plasmados en las “Instrucciones del año XIII” como proyecto constitucional de las Provincias Unidas del Río de la Plata, ni tampoco tuvieron en cuenta el “Reglamento para la distribución de tierras” del año 1815. (ver - postaporteñ@ 811 - 2012-07-31)

b)      Todas las Constituciones han sido ideadas con prescindencia del ciudadano, es decir, sólo se le ha llamado para aprobarla o no aprobarla;

c)      Todas las “reformas” han sido verdaderos maquillajes que otorgaron pequeños beneficios a la población, y afirmaron el poder de quienes se atribuyen o dicen ser los representantes del pueblo. El saldo fue siempre positivo para quienes propusieron los maquillajes y no tanto para los ciudadanos.

d)     Democracia es “el pueblo” que interviene en las acciones de gobierno, y no sólo partidos políticos en el poder,  aunque éstos sean necesarios en democracia, pero no como una élite privilegiada, sino como representantes, servidores de la sociedad. (ver - postaporteñ@ 814 - 2012-08-03)

e)      Todos hablamos de democracia, pero al no definirla conceptualmente, queda identificada como democracia en un término abstracto, como un modo ideal que no se lleva a la práctica.

f)     Ciertas explicaciones a nuestras interrogantes sobre la actuación de la justicia, podemos encontrarlas en José Enrique Rodríguez Torres, jurista brasilero y presidente de la Asociación de Jueces para la Democracia, quien señala que “el Poder Judicial en los países latinoamericanos presenta vestigios de las dictaduras militares, que nuestros gobiernos democráticos no lograron aúnsuperar”, y “mientras no se produzca una democratización plena del Poder Judicial, no será posible que exista una verdadera democratización social” (ver postaporteñ@ 817)

g)     Bien comenta, nuestro desaparecido jurista Sarthou: “si bien los jueces actúan con independencia, el régimen de designación conspira contra esa base esencial de imparcialidad y objetividad en el funcionamiento del Poder Judicial.”; es decir es necesario que se asegure la independencia de los jueces del poder político, para que de esa manera se le puedan asegurar garantías, no ya a los jueces, sino al pueblo soberano. Y para que haya una independencia efectiva y real se necesita que exista un control social.

h)     Su origen: Asamblea de Patricios que formaba el Consejo de la antigua Roma. Se trataba de un cuerpo legislativo formado por personas elegidas por sufragio o designadas por razón de su cargo, posición, o título. (ver postaporteñ@ 822 - 2012-08-19)

i)     Como vemos el Senado tiene una vieja historia como organismo de cuño aristocrático y/o oligárquico, que obligaba a pasar las iniciativas resueltas por los diputados del pueblo, a través del control o tamiz del senado, en el cual se operaban las maniobras de incidencia de los intereses creados. Nosotros estamos proponiendo que el cambio a introducir sea la instalación de una Asamblea General de Representantes del Pueblo como Poder Legislativo.

 

Parte 5.Nuestro Parlamento hoy:

 

LA LABOR LEGISLATIVA

No es pretensión nuestra enseñar a diputados y senadores sobre su responsabilidad, pues antes de someterse a una votación ya la deberían conocer. Pero ante los sinnúmeros hechos lamentables que se han dado dentro de las Cámaras hacemos el siguiente comentario que dejamos en sus manos.

Una cosa es el Poder Ejecutivo, otro el Poder Legislativo; es decir, una cosa es la función ejecutiva y otra la labor legislativa. Cada uno con funciones diferentes, pero a su vez complementarias.

En la actualidad ambas funciones aparecen como esenciales para la vida del país en democracia; pero ambas deberían ser independientes y no sujetas a la partidocracia. Como independiente debería ser el Poder Judicial,  (del cual ya hemos escrito en Posta Porteña n° 817) complementando este trípode esencial para la democracia.

Pero constatamos que, en nuestro ordenamiento político, el presidencialismo, es decir la centralidad del poder, recae en la figura de un hombre, el presidente, y esto pone de manifiesto la debilidad y la sumisión del Poder Legislativo en muchas ocasiones.

Como botón de muestra es suficiente recordar la amenaza del veto a la ley del aborto y la ley de impunidad.

Estas situaciones se dan cuando se deja la discusión parlamentaria necesaria para su propia vida y para la vida democrática del país, refrendando las decisiones emanadas o simplemente sugeridas por el Ejecutivo, intríngulis (1) también éstos de la vida política.

Por lo tanto la función del Legislativo no es hacer el chico de los mandados del Ejecutivo en desmedro de su propia función y existencia.

Sus funciones, señor legislador, son otras y más importantes de lo que usted cree, porque las ideas -si es que las tiene- no se imponen con los puños ni con palabras obscenas, sino con la razón. Y usted, señor parlamentario, lo sabe, por lo menos debe presumir que así sea.

Los Parlamentarios están allí en sus bancas porque el pueblo los eligió y a él se deben, no a un partido ni al Ejecutivo.

No lo decimos nosotros, lo exige el pueblo que los votó. Ustedes están en el Parlamento para legislar en bien de su pueblo y no para cajonear los proyectos de ley. Están allí para controlar también al Ejecutivo y a sus Ministros y no para ser aplaudidos por el Ejecutivo, porque la justicia -si es un poder independiente- será quien dirá si se ha actuado como corresponde.

Ahora bien, creemos como ciudadanos, que el Senado no es necesario, porque su origen histórico es un tanto espurio, porque se trata de un tipo de plutocracia (preponderancia de la clase rica en el gobierno de un país), aunque, a decir verdad, a lo largo del tiempo se impuso.

Lo diremos y lo repetiremos aunque no les guste a los 33 senadores de la República. El Senado fue creado históricamente para controlar a los diputados del pueblo, por lo tanto no se justifica  su presencia, es que hoy, ya no son del pueblo, sino de su partido.  No es opinión sólo nuestra, hay juristas que opinan lo mismo.

En lugar de preocuparse tanto por la reforma de la Carta Magna para asegurar la reelección de un presidente y la permanencia en sus cargos, ¿por qué no se piensa en reformarla para eliminar al Senado y para crear la Democracia Directa, que mucho bien le haría a la política y al país?

La Cámara baja entonces tendrá que reencontrarse con sus orígenes y más que entregarse a su partido y a su Ejecutivo, a la hora de legislar, tendrá que deberse a su pueblo.

Ahora bien, nuestros legisladores parecen haber resignado sus funciones, cuando les toca gobernar, sean blancos, colorados, independientes o frenteamplistas, delegando en el Ejecutivo ciertas iniciativas en temas candentes, olvidando que son representantes, es decir mandatados por su pueblo y que a él se deben y no pueden ser “manitos de yeso” a la hora de tener que votar las leyes.

Es hora de que  asuman de lleno las responsabilidades que les son delegadas y no hagan oídos sordos a los mandatos.

Está de más recordarles, señores diputados, que cuando ustedes asumen una banca, no se deben ni a su partido, ni al Ejecutivo, se deben a su pueblo y a su conciencia de cumplir con las promesas hechas al ciudadano.

Nuestros legisladores deberían recordar entonces, que la excepción no debe convertirse en regla. De lo contrario deberíamos preguntarnos ¿para qué están las bancas otorgadas y mantenidas por nuestro pueblo a un costo no despreciable?

Sus funciones están claramente establecidas para cumplir con la Constitución de la República. Les guste o no les guste y aunque algunos ciudadanos las ignoren, ustedes, señores representantes, no tienen que ignorarlas.

Hablamos tanto de Artigas que olvidamos su pensamiento y mandato “Siempre que no se logren estos objetivos el pueblo tiene derecho para alterar el gobierno” (cap. 1° del Proyecto de la Constitución para la Provincia Oriental, 1813) o como se apoya Dante el gringo en su nota (de postaporteñ@ 822 - 2012-08-19) con un discurso de Artigas “Ciudadanos: los pueblos deben ser libres.

Ese carácter de ser su único objeto, y formar el motivo de su celo. (…) Es muy veleidosa la probidad de los hombres, sólo el peso de la constitución puede frenarla. Mientras ella no exista es preciso adoptar las medidas que equivalgan a la garantía preciosa que ella ofrece….”

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1-     Por intríngulis entendemos “causa oculta o intención disimulada que se supone en alguna acción, en nuestro caso en la política”.

En nuestra próxima intervención haremos referencia al “presidencialismo”, sus excesos, sus formas autocráticas de conducción similares a un monarca real, frente a su pueblo,  y la sumisión al poder internacional.

 Un saludo afectuoso a los participantes de Posta Porteña

Rogelio Snaider: Director de la revista Punto a Punto