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CAMPAÑA POR UNA NUEVA CONSTITUCIÓN

 

¿Los ciudadanos queremos seguir viviendo “de resultados”

o queremos “procesar resultados”?

 

Propuesta ante una “Torre de Babel” que nos preocupa.-

Parte 6

EL PRESIDENCIALISMO

El origen de nuestro presidencialismo radica en la necesidad de asegurar la desaparición de la rebeldía de los caudillos.

En la Constitución de 1918 se organiza el Poder Ejecutivo, estructurando en dos órganos distintos: el Presidente de la República y el Consejo Nacional de Administración que, en Constituciones posteriores adquiere un poder que inclusive puede vetar las leyes del Parlamento, como poder absolutista.

Ahora bien ¿qué se entiende por Presidencialismo?

Se trata del sistema de organización política en que el presidente es también jefe de gobierno y mandamás de su propio partido, aunque él diga a viva voz que es el presidente de todos los uruguayos.

Se  asemeja a cualquier caudillo de épocas pasadas. Dicho, en pocas palabras, se trata de un poder concentrado en una persona: el presidente que, además goza de inmunidad.

De esta manera el presidencialismo tiene su importancia, en circunstancias varias y fundamentalmente en su mandato, en su propio partido al votar su voluntad, corriendo el riesgo de abusar de su poder desmedidamente con decretos de necesidades y urgencias, y mantiene facultades legislativas, obligando a sus legisladores a votar ciertas leyes aún siendo inconstitucionales, caso del IRPF, Ley de Caducidad, envío de tropas a países intervenidos, o vetar una Ley, caso el Aborto, y otros ejemplos.

Lamentablemente este poder está contemplado en nuestra Constitución, y habrá que terminar con dicho poder, monárquico en los hechos, creando un Primer Ministro.

Quizá sea necesario, para un mejor entendimiento, referirnos a “la monarquía” aunque parezca un absurdo que en el siglo XXI estemos hablando de monarquía.

Nada de absurdo porque todavía hay monarquías en nuestro mundo, con distintas modalidades, caso España, Suecia, que son más bien figuritas, porque en esos países el poder está en manos de los políticos, en otros países vemos la modalidad de los políticos suecos, que saben respetar las decisiones de su pueblo, viviendo como el común de su gente, que paga sus sueldos y exige un tenor de vida acorde al resto de la sociedad. Viven en apartamentos sencillos, se lavan y planchas sus ropas, limpian sus propios departamentos y usan sus propios coches sin choferes. Una vida muy diferente a la de nuestros gobernantes, que se dan todos los lujos.

La monarquía ha tenido formas diferentes a lo largo de la historia.

-       Conocemos la monarquía teocrática, propia de algunas culturas de la antigüedad, como la egipcia donde el Faraón reinante era la encarnación de la divinidad.

-       La feudal, que implicaba una fragmentación del poder, teóricamente detentado por el monarca, que en la práctica no ejercía una verdadera soberanía y no era más que el primero entre los señores feudales.

-       La autoritaria, a partir del siglo XIV, cuando en algunos países del occidente europeo se inició una recuperación del poder por parte de los monarcas.

Se configuraron plenamente como monarquías autoritarias en el siglo XIV con la creación de ejércitos permanentes, funcionarios reales y una administración  hacendística. Los reyes se apoyaron en las ciudades y en la burguesía inicial para enfrentarse a los señores feudales.

-       La absoluta. Se trata de una evolución lógica de la anterior, mediante el aumento del poder de los monarcas, legitimados por los juristas que justificaban el poder en su origen divino.

El rey era el titular del poder soberano y personificaba todos los poderes, sin que existiese límite constitucional alguno, lo que no implicaba confusión, pues los órganos que desempeñaban las diversas funciones estaban separados.

-       La constitucional o parlamentaria: la oposición de la burguesía al absolutismo se plasmó por primera vez en la revolución inglesa de 1688, conociendo su evolución final tras la revolución francesa de 1789, que limitaba el poder del monarca a ser la encarnación del estado del que es jefe y estipulaba su sometimiento a la Constitución: el poder real recae en el pueblo que ejerce la soberanía través de sus representantes en el parlamento del gobierno salido de éste.

Nuestro presidencialismo constitucional hereda no sólo del caudillismo la centralidad del mando dentro de su fuerza política, sino que también hereda de las monarquías, la encarnación del poder estado, del cual es jefe, a pesar que la Constitución ordene que haya tres poderes independientes

. Nuestro presidencialismo ignora, por lo tanto, que el poder real recae en el pueblo que debería ejercer la soberanía de sus representados, hoy sometidos a la voluntad de la partidocracia, cuando no directamente al Presidente, dueño del partido, que ordena qué leyes votar y cuáles cajonear. (1)

Amar el país es proteger la libertad, el libre juego de ideas, el sagrado respeto por las minorías, porque defender la Constitución es una lucha permanente contra la tiranía, el despotismo y la corrupción, que ni el Presidente ni los legisladores están exentos cuando violan la constitución.

  La defensa de la Constitución sólo tiene un  único e insustituible defensor: EL PUEBLO, al cual debe someterse todo gobierno.

La desconstitucionalización -término no contemplado en ningún mataburro, pero inteligible para quienes no somos expertos en leyes y acuñado por nosotros- no contempla la participación ciudadana, porque no se tienen en cuenta los derechos  de la iniciativa y consulta a la ciudadanía.

Es por ello que somos partidarios de un PRIMER MINISTRO CON UN PARLAMENTO UNICAMERAL, que se ajusten a ciertas normas jurídicas y sin inmunidad, porque la Constitución no es un juguete que hoy sirve a unos y a otros no y mañana no sirve a ninguno. Es un mandato al cual todos debemos someternos desde el primero al último ciudadano.

Por tanto el Poder Ejecutivo se integrará con un Primer Ministro (en vez del cargo de Presidente creado para sustituir al caudillismo de la época) y por cuatro titulares de los Ministerios de Hacienda, de Producción y Comercio; de Obras públicas y Defensa y de la Comunidad.

El Ministerio de hacienda sustituirá al hoy llamado de Economía y Finanzas, a la Oficina de Planeamiento y Presupuesto -totalmente dependiente del Ejecutivo-, y al banco Central.

El Ministerio de Producción y Comercio, contendrá lo que hoy son el de Industria y Energía, el de Ganadería Agricultura y Pesca y el Medio Ambiente.

El Ministerio de Obras públicas y Defensa asumirá lo que hoy es el Ministerio y Transporte y Obras Públicas, la Sección de Ordenamiento Territorial y los hoy llamados Defensa y Ministerio del Interior.

El Ministerio de la Comunidad –novedoso en esta propuesta-  se integrará con los ministerios hoy llamados de Salud Pública, de Educación y Cultura, de Trabajo y de Seguridad Social, de Desarrollo Social, de Turismo y Deportes y lo concerniente a Vivienda del actual MVOTMA.

Muchos de estos Ministerios fueron creados en el tiempo, y no se justifican para 3 millones de habitantes, sólo responden, no a necesidades, sino a repartir cargos a políticos frustrados.

Ahora quizás, dicho sea de paso, pueda entender porque se han inventado dos o tres bibliotecas para interpretar nuestra Constitución y nuestros juristas discrepen en sus interpretaciones, cuando el pensamiento de la Constituyente no debe admitir ni dudar sobre el alcance del texto emanado y menos aún debe permitir una doble interpretación de los textos constitucionales, dejados a merced de los políticos.

(1) Cfr. Gran Enciclopedia Universal, Espasa Calpe vol., 1985