¿Qué es el “Frente Patriótico Artiguista”?
Venimos leyendo en la “Posta”, desde hace algún tiempo, unos escritos de una ¿organización? Con tal nombre.
Que yo sepa, nunca nadie se ha identificado con nombre y apellido como integrando-dirigiendo dicha “organización”. ¿Será esta clandestina?
Solo digo, al respecto, que todo escrito de este tipo me provoca una especie de sospecha. Sobre todo cuando se plantean cosas como “armar un frente con gente de izquierda dentro y fuera del frente amplio” (la frase no es textual, pretende solo interpretar el sentido).
O sea, se pretende arrimar agua para el molino de aquella organización política que gobierna el país. No nos extenderemos en las razones por las cuales hemos dado en llamarla “Fraude Amplio”. Bastante se ha escrito sobre el tema, incluyéndonos a nosotros.
Aparece ahora el FAP haciendo un “aporte” al movimiento que organiza la marcha del 11 de octubre. Aclarando, y pidiendo disculpas, por no haber concurrido a la reunión de FFOSE. ¿Será que al dar la cara hubiera (n) sido reconocidos y sabríamos quien está realmente detrás de este fantasma?
Yendo al texto del trabajo del FAP, se plantea buscar una reforma constitucional para frenar los proyectos que se define como “neoextractivistas” o “neocolonialistas”. Y, realmente este es el tema que más nos interesa.
No tiene sentido en América Latina referirse al extractivismo como “neo”. Están en la base de la inserción del continente en la economía mundial. Inserción que se produce cuando el capitalismo comienza a extenderse en Europa.
América Latina cumple así dos funciones esenciales: suministrar metales preciosos para permitir la expansión monetaria imprescindible en aquella época en que no existía o recién empezaba a desarrollarse el uso del papel moneda.
La otra: propiciar, vía el comercio triangular de materias primas y esclavos, la acumulación primigenia de capital.
El extractivismo estuvo siempre presente en nuestra historia. Y la reciente alza de los precios de materias primas, fruto, entre otras cosas de la enorme expansión económica china sólo ha acelerado un proceso que nunca amainó ni se detuvo. En cuanto al neocolonialismo, es un fenómeno más complejo. No corresponde discutirlo ahora. Simplemente, queremos aclarar que nada nuevo está sucediendo; sólo se han amplificado viejos problemas.
Nuestro país sufre, sin duda, de aquellos. Que se resumen en una palabra: capitalismo. Que tal ha sido la estructura económica que ha existido desde siempre, o por lo menos, desde la independencia en este país.
Y que tal es la que existe en el resto de América Latina. La proletarización de los habitantes, demostrada por el crecimiento de la población económicamente activa (o sea asalariados y desocupados) que exhiben las cifras del INE en los últimos 20 años nos exime de mayores comentarios.
¿Será por algún prurito bizantino de estudioso de la economía que decimos estas cosas?
No. Se trata de que del diagnóstico se deduce el tratamiento. No tenemos un problema de “neoextractivismo” o de “neocolonialismo”.
Tenemos un problema de CAPITALISMO.
Capitalismo dependiente. Sí. Pero capitalismo al fin.
Entonces, plantear una reforma constitucional (mediante la colección de firmas del 10% del padrón electoral con posterior referéndum en las próximas elecciones) para oponerse a la extracción de materias primas o a la contaminación ambiental (cosa bien compleja dada la enorme variedad de demandas locales) nos parece un despropósito.
Entre otras cosas porque aunque se lograra la tal reforma, el poder encontraría los medios para sortearla. Y, suponiendo lo mejor, que se frenaran toda una serie de cosas más o menos perversas que están pasando, desde la destrucción de suelos por el uso de la agricultura continua, la contaminación de suelos y aguas con agrotóxicos, la depredación de recursos minerales, etc., quedaríamos igual con la injusticia esencial: la explotación capitalista y la entrega del país a los capitales NACIONALES y extranjeros.
Respecto al tema de la tierra: el país padece un crimen económico político y social desde su fundación: EL LATIFUNDIO
Artigas fue derrotado peleando contra él. Y Sendic propuso su erradicación apenas salió de la cárcel (ver “plan de lucha por la tierra y contra la pobreza” en www.resonandoenfenix.com.uy)
Pero hoy, parece que, curiosamente, el tema ha sido olvidado. Se habla de la “concentración y la extranjerización”. Pero la palabra que describe el fenómeno de base no existe.
La reforma agraria (que significa en concreto la eliminación del latifundio y el reparto de tierra tanto a pequeños campesinos individuales u organizados en cooperativas cuanto al Estado que organiza empresas agropecuarias públicas o arrienda la tierra a privados y se queda, por tanto, con la RENTA DE LA TIERRA) es un asunto tan vital para cualquier país que Estados Unidos promovió reformas agrarias después de la 2 guerra mundial en Japón, Corea del Sur y Taiwán. Increíble como pueda sonar esto, tenía entonces una lógica de hierro.
Para parar el socialismo triunfante en la URSS y Europa del Este hacía falta crear un muro de países económicamente sólidos en Asia. Resultado, reformas agrarias en aquellos países, que fueron uno de los aspectos claves, junto a la participación masiva del Estado en sus economías, para que surgieran los famosos “tigres asiáticos”.
Acá en América Latina en general, (salvo, tal vez, Venezuela y por supuesto Cuba) y el Uruguay en particular, el tema de la propiedad de la tierra sigue sin siquiera discutirse en gran parte de la izquierda. Y que conste, en mi opinión ninguna organización que integra el FA forma parte de este concepto.
La estatización del sistema financiero es otro tema clave. No hay siquiera desarrollo económico capitalista por no hablar de socialismo, con bancos en manos de privados. Ni nacionales ni extranjeros.
El control del comercio exterior, de los capitales y los cambios, son otros tantos asuntos absolutamente esenciales para cambiar la situación.
No queda más remedio que ir hacia el socialismo.
Porque no vamos a parar la depredación con movilizaciones populares llevadas adelante sólo por los afectados directamente por los grandes emprendimientos industriales-agrarios extractivos. O sea el fenómeno conocido como NIMBY (No en mi patio trasero, traducido del inglés)
La única fuerza social interesada en cambiar las cosas a fondo es, como siempre, el proletariado.
Entendido en sentido amplio: el reponedor de supermercados (sí, ese que no crea valor pero que mantiene dentro del sistema un papel de venta de fuerza de trabajo al gran capitalista comercial), el auxiliar de enfermería o de limpieza de la mutualista (y también de salud pública), junto al obrero industrial (el viejo proletario de las definiciones clásicas), pero también el empleado del feriante y el peón de estancia.
Por supuesto, nada de esto trasluce en el escrito del FAP. La lucha de clases no existe. Lo que hay es la angurria por sumar… ¿Para quién-quienes?
Pero, tranquilo, esta carencia no es exclusiva del FAP. Campea a todo lo ancho y lo largo del espectro opositor.
Es que cuando aparecen burgueses, pequeños y medianos o aún grandes atrás de alguna movilización, ésta “suena”. Y suena fuerte.
Véase sino el escándalo que arman unas decenas de cirujanos de guardia, la cobertura de medios que engendran y compáresela con la que originaron los 180 trabajadores del cítrico de Paysandú que vinieron a Montevideo a protestar porque una patronal los dejó sin trabajo por reclamar, apenas, el cumplimiento de un convenio salarial de hambre.
Entonces, si alguien sinceramente quiere cambiar algo esencial en el funcionamiento del país, no tiene más remedio, hoy más que nunca, que alinearse con quienes realmente sufren las consecuencias terribles del sistema.
Que son la inmensa mayoría de los trabajadores asalariados, los proletarios, que trabajan por sueldos miserables. Y estamos hablando, groseramente, de un millón de de personas que representan unos dos millones y medio de orientales.
Los demás pueden oponerse a tal o cual fenómeno transitorio agravante de la esencia del sistema. Como algunos pequeños, medianos, o aún grandes terratenientes de las zonas afectadas o a afectar, por la gran minería. O como los cirujanos de guardia.
Para quienes pensamos como hemos escrito más arriba, las reivindicaciones tienen que comprender, al menos, TODAS ellas. Las de los NIMBY, pero también las de los proletarios.
NO A LA MEGAMINERÍA, pero también MUERTE AL LATIFUNDIO y ESTATIZACIÓN DEL SISTEMA FINANCIERO.
En materia de ideología, pero también de táctica y estrategia: nada nuevo bajo el sol.
William Yohai (integrante del Colectivo de Lucha por la Tierra).
20 de septiembre de 2012