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Gutiérrez y el Mundo Justo

 

Reconocimiento a un peruano universal

La República,el domingo 2 de diciembre de 2012

EDITORIAL

El jurado calificador del Premio Nacional de Cultura, que otorga el Ministerio de Cultura con el auspicio de Petroperú, nombró a cinco ganadores entre organizaciones y personajes luego de recibir 99 propuestas para las tres categorías. Uno de los galardonados, en la categoría Trayectoria, es el sacerdote Gustavo Gutiérrez, destacado filósofo impulsor de la Teología de la Liberación.

El magisterio de Gutiérrez es reconocido mundialmente; de hecho, su palabra constituye la voz resonante de un peruano universal. Nuestro reconocido compatriota fue también ganador del Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades (2003), junto al periodista polaco Ryszard Kapuscinski.

El jurado de dicho premio reconoció en él su preocupación por los sectores más desfavorecidos y su independencia frente a presiones de todo signo que tratan de tergiversar su mensaje. Del mismo modo, la Universidad de Yale lo nombró doctor honoris causa en Teología (2009) por su trabajo social en los barrios de Lima y su estudio avanzado de la medicina y la teología.

Gustavo Gutiérrez es considerado el arquitecto de la construcción doctrinaria denominada Teología de la Liberación, una reflexión vibrante y polémica que ha cautivado a millones de creyentes en el mundo y despertado una repuesta igualmente frenética. De hecho, él utilizó por vez primera la expresión "Teología de la Liberación" en 1968 meses antes de la realización de la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (Medellín, Colombia).

El concepto fue desarrollado extensamente en su célebre libro Teología de la Liberación, perspectivas (1971), traducido a más de 20 idiomas.

El siglo XX le debe a él y a otros teólogos, pero sobre todo a él, esa audaz y profunda reflexión sobre Dios desde los pobres. Ese magisterio cristiano se constituye en un llamado a seguir a Dios y a Jesús desde los abandonados y los pequeños, y desde los débiles e indefensos, reivindicando el mensaje bíblico sobre que ellos, los últimos, serán los primeros.

Su predica, no obstante, no representa exclusivamente una reflexión sobre los hechos de la fe. A lo largo de sus 40 años de vigencia, la Teología de la Liberación que fundara Gutiérrez ha sido principalmente acción y un modo de sentir y practicar la fe, es decir, un instrumento del compromiso de los creyentes con su realidad para descubrir y reconocer a los otros y a su propio país, incluyendo sus expresiones sociales y culturales vastas y diversas.

En el mundo, pero de modo especial en América Latina, este modo de asumir la fe contribuyó a que la Iglesia Católica adquiriera un nuevo rostro, una verdadera fuerza universal e integradora de un continente vivo y heterogéneo en busca de identidad y justicia.

La reflexión de Gutiérrez sobre el Perú actual es, asimismo, vigente. La República fue honrada al publicar un artículo suyo en junio del 2011, a pocos días de la realización de la segunda vuelta electoral, en el que invitaba a considerar el voto consciente con un criterio más profundo y útil ubicando los desafíos del mediano y largo plazos, los valores y el sentido de reconocimiento del otro. Para Gutiérrez sin justicia en el Perú no habrá paz permanente, en tanto que ningún camino político o económico se justifica si elimina la ética de su horizonte.

José Rouillon Delgado