Uno de los peores lastres que arrastra el proletariado y que lo limita en su acción revolucionaria es la ideología burguesa del republicanismo y el antifascismo.
Mientras el republicanismo y en general la democracia han reprimido desde siempre las luchas sociales del proletariado y han instaurado sin escrúpulos el más imponente terrorismo de Estado, el antifascismo aparece históricamente como prolongación del frentismo y el frentepopulismo como forma de someter el proletariado al Estado republicano y usarlo como carne de cañón en la guerra imperialista.
El antifascismo, el frente popular o nacional, es históricamente una política del Estado burgués que busca liquidar la lucha revolucionaria y la autonomía proletaria y que contrariamente al mito, se desarrolla antes que el fascismo a quien va modelando como el “enemigo”, incluso en países en donde el fascismo como tal no existía.
Lo que sí existe es la necesidad del Estado burgués de lavarse la jeta en cuanto a su trabajo sucio (terrorismo de Estado, guerra sucia) y va afirmándose creando ese “enemigo”, como verdadero fantasma o cuco imprescindible para afirmar aquella política.
Piensen en todo el espectro político burgués que en nuestros países se disocia de los milicos fascistas y se abanderan con la democracia aunque como buenos demócratas participaron siempre en el poder del Estado y hasta llegaron a legitimar toda la política del terror de Estado desde el parlamento (cerrando la boca cuando las “medidas de seguridad”, la “suspensión de garantías constitucionales”…, votando sí o no el “estado de guerra” y la “ley de Seguridad del Estado”).
En nuestro medio, es triste constatar, que incluso las mejores denuncias del papel burgués e imperialista del Gobierno actual, por su política nacional e internacional, se mezclan, a lo Cambalache, con una apología del papel de la “república contra el fascismo”, como si esa misma república de la que se hace la apología fuera menos represora de las luchas sociales que el fascismo.
En todos los casos se olvidan las masacres históricas que desde que el antifascismo fuera impuesto por los Estados imperialistas (Británico, Francés, Yanqui, Ruso…) efectuaron dichos Estados.
La incoherencia es fundamental porque no se puede reivindicar la revolución social por un lado y por el otro, la república y el antifascismo, que históricamente han utilizado todo tipo de terrorismo de Estado contra las luchas sociales.
Lo peor, no es que nuestros enemigos sigan buscando someternos al antifascismo (lo que es de sus propio interés), sino que en nuestras propias filas “de intención revolucionaria” se repercuta y se siga propagandeando esa mentira histórica de que la lucha histórica del proletariado coincide con la república y su antifascismo.
Hay tantos ejemplos de esa incoherencia fundamental que nos cansaríamos de reproducirlos. Justamente hay tantos porque esa mentira histórica de que el antifascismo sería menos represivo que el fascismo está totalmente arraigada en la gente.
Tomemos un ejemplo reciente de un escrito compañero:
“Habrá que empezar de nuevo, empezar por unir a las fuerzas y militantes antiimperialistas y recogiendo la históricas tradiciones del pueblo uruguayo marcadas por el apoyo a la República contra el Franquismo, el antifascismo y antinazismo”
Se trata de “Lacayos de cuarta” firmado por los siguientes compañeros y bloques de noticias:
Jorge Zabalza por el Blog Zurdatupa
Alberto Cabrera por el Blog El Muerto
Alberto Vidal por el Blog Noticias Uruguayas
Se trata de compañeros, por los que tenemos un profundo respeto por su lucha contra la burguesía y el imperialismo y que escriben una buena denuncia del repugnante papel del Frente Amplio y su gobierno en la afirmación de la potencia internacional del imperialismo yanqui; y sin embargo se mandan esta incoherente apología del apoyo a la República española y el antifascismo.
Compañeros no se puede “empezar de nuevo” uniendo “a las fuerzas y militantes antimperialistas” con una bandera que fue la clave de todos los imperialismos triunfantes en la Segunda Guerra y del mismo imperialismo yanqui, contra la revolución en todo el mundo.
Los bombardeos yanquis en Europa, las bombas atómicas en Hiroshima, Nagasaki… fueron aplaudidas por masas por decirse antifascistas.
Se matan a centenas de miles de seres humanos basándose en la doctrina del Departamento de Estado de que son peligrosas las situaciones urbanas de derrota imperialista en la guerra...: hay que matar mucho para que no pueda haber insurrección en las zonas “derrotadas” (¡el ejemplo de la Revolución Rusa hacía temblar las potencias imperialistas antifascistas!)…y luego con esa mismísima bandera antifascista el imperialismo norteamericano impuso a sangre y fuego el terrorismo de Estado en el sudeste asiático: Indonesia, Vietnam, Laos Camboya…
La incoherencia mayor es sin dudas poner el ejemplo del antifascismo en España y querer situarse en continuidad con él, cuando fue el antifascismo el que reprimió y utilizó todo el terrorismo de Estado contra la vanguardia de la revolución social en España durante décadas.
Fue la república y en particular su fracción socialdemócrata y estalinista quien inauguró la tortura sistemática, el secuestro y la desaparición de personas, las casas de torturas clandestinas adonde se torturaba hasta la muerte.
¡Cómo compañeros que sufrieron la represión y denuncian la impunidad defendida por el gobierno protegiendo a quienes utilizaron esos mismos métodos pueden hablar bien de la república española y el antifascismo!
¿No saben que fue el antifascismo en 1937 el grito principal de los represores?
Sí, la represión histórica siempre la hizo el Estado burgués en España, el antifascismo fue el mejor ropaje del Terrorismo del Estado contra la vanguardia de la revolución.
Sólo luego de barrida la revolución social, cuyo último y heroico acto fue la insurrección de mayo de 1937 se consolidará la lucha secundaria e interimperialista entre fascismo y antifascismo que llevará a la Segunda Guerra Mundial.
En cuanto al proletariado en Uruguay también se intentará alejarlo de su terreno de clase en base al apoyo al campo imperialista antifascista (política sindicalista del estalinismo criollo) suspendiendo incluso toda protesta proletaria a las necesidades imperiales, pero como es sabido hubo importantes ejemplos de resistencia clasista.
Justamente para “empezar de nuevo” habría que afirmar los intereses del proletariado en la lucha por sus intereses y no comenzar con la incoherencia de querer someterlo al antifascismo que fue siempre parte de la política de todos los imperialismos.
En el camino de la revolución social ni siquiera me parece necesario llamar a tal o tal política del Estado “fascista”, como si el Estado no fascista fuese mejor, pero si se insiste en ello me parece mucho más claro decir que sólo se puede “empezar de nuevo” denunciando tanto al campo fascista como el antifascista, mostrando que los intereses de la humanidad nunca pueden estar de un lado de la guerra interimperialista (como la Segunda Guerra) sino contra ambas partes de esa guerra, por la clásica contraposición histórica: oponer a la guerra interburguesa producto del capital la lucha contra el capital y por la revolución social y retomar la vieja consigna: transformar la guerra imperialista en revolución social.