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ÉTICA, POLÍTICA Y DEMOCRACIA

 

Ética, política, democracia, tres palabras íntimamente relacionadas entre sí, porque democracia sin política no es posible, y ésta sin ética tampoco; pero todos sabemos que fueron desvirtuándose en el tiempo, perdiendo su significación y alcance, debido en parte también al desinterés y descreimiento demostrado por la gente por el proceder de nuestros políticos, que las han convertido y desvirtuado en beneficio propio.

Debemos volver a reinstaurar la ética en la política, porque ayuda a juzgar tanto nuestro proceder en la vida ciudadana, cuando nos entregamos atados de pies y manos al ganador o nos desinteresamos por nuestro compromiso cívico.

La ética ayuda también a juzgar el proceder de quienes se dicen nuestros representantes, por el simple hecho de haber recibido un voto, (no siempre calificado y no siempre por haber sido elegido) y de todos aquellos que ocupan cargos en la vida pública, no exentos de responsabilidades en sus funciones.

Es necesario reconstruir, día a día, este modelo impuesto de democracia, porque los políticos se han encargado de alejarla de su origen: demos, es una palabra griega que significa PUEBLO. Por lo tanto es posible OTRA POLÍTICA y trabajemos por ella.

Creímos oportuno seguir entregando a los lectores de POSTA, una nueva reflexión, que nos pueda ayudar a entender el por qué de la necesidad de cambiar nuestra Constitución burguesa, reformada muchas veces a lo largo de su historia, pero siempre acomodada a los intereses de los partidos políticos, por una NUEVA, teniendo presente aquel dicho del viejo y sabio Quijano: “en este País, hay dos caminos, el camino del cambio y el camino de la continuidad”.

El dejar las cosas como están, significa elegir el camino de la continuidad. En nosotros entonces, la elección.

 En POSTA 895 “dejad que los muertos entierren a sus muertos” y en POSTA 899 “lo urgente y lo importante”, le fuimos acercando algunos temas a su consideración, que es de esperar hayan sido de su interés. Aún discrepando, porque también en la discrepancia se crece en la vida política.

Algunas respuestas tuvimos en nuestro correo, los que agradecemos, pero nos gustaría que los lectores se expresaran en POSTA, para seguir en un debate abierto entre todos los lectores.

Nuestra opinión es la de un simple ciudadano, que intenta hacer una lectura de lo que nos toca vivir en nuestra vida política y compartirla. Nadie, por supuesto, puede tener el atrevimiento de cargar sólo sobre sus espaldas a la Patria, pero sí juntos podemos atrevernos a cargarla para que sea la PATRIA DE TODOS, como lo quería NUESTRO PRÓCER, y no sólo sea LA DE ALGUNOS PRIVILEGIADOS.

Quizás sea bueno recodar en esta reflexión, se comparta o no, una de las tantas frases de Aparicio Saravia, que andan sueltas por ahí “cuando hay dignidad arriba, hay regocijo abajo”, pero nos preguntamos “cuando no hay dignidad arriba, ¿qué les espera a los abajo?, tristeza, desesperación, rebelión, ¿o intentar un cambio, para que haya dignidad arriba y regocijo abajo?

Cuando se pierde la ética en la política, se menosprecia la democracia (a la gente). Y cuando se menosprecia a la democracia, el pueblo pasa a ser un cero a la izquierda, un vagón de carga y no la locomotora, que decide su camino.

Ahora bien, convivencia social (por más que se predique), democracia y política sin ética no son viables en ninguna sociedad humana, porque la sociedad se construye a partir de ella misma.

Nuestra República nace en 1830, con una constitución oligárquica, donde el poder sólo reside en los que tienen el poder, y al pueblo se lo reduce a un simple número de votantes y todavía, en aquella época inicial, con excluidos (mujeres y esclavos). Como vemos nace manca por todos lados.

Ahora bien, mientras sigamos creyendo que la democracia se nos impone desde arriba y no creamos que el poder reside en nosotros, como ciudadanos y miembros de esta sociedad, seguiremos, aunque no estemos de acuerdo, aceptando lo que viene de arriba, y jamás lograremos un proyecto común, y si no tenemos un proyecto común, difícilmente tendremos un País.

Jamás tendremos un espacio común de ciudadanía, se llame País o se llame Patria, porque estaremos siempre a merced de los jefes de turno entregados al Fondo Monetario Internacional, al Banco Mundial, al Banco Interamericano, a los capitales, vengan de donde provengan, aún poniendo en riesgo la soberanía nacional. Total en nombre del progreso “todo vale”: pero siempre sin consultar a la gente, dándoles la espalda a sus protestas, a las movilizaciones, como lo fue contra BOTNIA, lo es contra Aratirí y contra el puerto de aguas profundas, desoyendo los plebiscitos, como lo fue el del agua…

Se manosea nuestra democracia, como si no fuera ella la que debería regir a nuestra ciudadanía. Por ello es importante apuntar a reconquistarla, y para reconquistarla, hay que empezar por refundarla desde la base.

En el pasado, mal o bien, cuando un ministro o cualquier otro cargo de gobierno (Entes) era cuestionado por su ineficiencia, ya fuera por la ciudadanía, o por las cámaras, éste por dignidad dejaba su cargo, a excepción del gobierno de Pacheco que mantuvo a su ministro del Interior respondiendo con medidas prontas de seguridad, y lo mantuvo en su cargo.

Hoy, es moneda corriente, mantener los ministros y directores de entes, donde sólo se acogen a la decisión del monarca de turno y no importan los llamados a sala y menos aún lo que piensa la gente, cuando deberían ser fusibles de fácil remoción, por no cumplir con sus funciones.

Un caso visible es el ministro del Interior, que carga sobre sus espaldas y conciencia los muertos en un incendio de la cárcel de Rocha, el incendio del COMCAR, la inseguridad ciudadana y el aumento de la delincuencia.

Qué decir de los ministros de Obras Públicas por el caso el caso PLUNA, de AFE.

De los directores de los Entes ANCAP, UTE, ANTEL, ASSE, BPS, y especialmente del BROU cuestionado por el caso “PLUNA”, del ministro de Educación que aún no ha resuelto el problema de las aulas; del ministro de Salud Pública; del director del Instituto de Colonización, todos bajo la lupa de las Cámaras y de la ciudadanía, pero que aún siguen en sus cargos, como si nada pasara, “ídolos con pies de barro”, atados a sus sillas.

De ahí nuestra insistencia en la necesidad de cambiar nuestra Constitución por una NUEVA, a fin de acabar con este sistema perverso, corrupto y antidemocrático, porque mientras las decisiones no pasen por las manos de nuestra gente seguiremos dependiendo de un Presidente con funciones de monarca, de los diputados y senadores atados a sus partidos y al consiguiente reparto de cargos.

Todo seguirá igual. Total… en cinco años la gente vota y “cambiamos para no cambiar nada”.

No se trata de manipular al ciudadano. Somos conscientes que los cambios, en democracia, no se imponen, se inducen.

Antes que se nos cambie el artículo 331 inciso A de la Constitución, que reza:

“por iniciativa del 10% de los ciudadanos inscriptos en el registro Cívico Nacional, presentando un proyecto articulado, que se elevará al Presidente de la Asamblea General, debiendo ser sometido a la decisión popular, en la elección más inmediata. La Asamblea General, en reunión de ambas Cámaras, podrá formular proyectos sustitutivos que someterá a la decisión plebiscitaria, juntamente con la iniciativa popular”, intentemos, por lo menos el pasito para lograr el cambio, por aquello que decía Fernando Pessoa:

“hay un tiempo para abandonar las ropas usadas, que conservan la forma de nuestro cuerpo y olvidar los caminos que nos llevan siempre a los mismos lugares. Es tiempo de travesía, y si no osamos emprenderla quedaremos al margen de nosotros mismos”.

Y se nos permita concluir, como aporte a esta reflexión, con un verso de León Felipe de su poesía SE TODOS LOS CUENTOS:

“Yo no sé muchas cosas, es verdad. Digo tan sólo lo que he visto. Y he visto: que la cuna del hombre la mecen con cuentos…Que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos…Que el llanto del hombre lo taponan con cuentos…Que los huesos del hombre los entierran con cuentos…Y que el miedo del hombre…Ha inventado todos los cuentos. Yo sé muy pocas cosas, es verdad. Pero me han dormido con todos los cuentos…Y sé todos los cuentos”.

Es hora de despertar de nuestro letargo para terminar con todos los cuentos, antes que los cuentos terminen con nosotros y por favor, unámonos y hagamos algo a partir de y con nuestra gente.

¡Mañana puede ser tarde!

Nos pareció de mayor actualidad el tema que tocamos y ahora sí, en nuestra próxima entrega “el cinismo en la política”

Un abrazo fraterno en nombre del colectivo de Punto a Punto, Rogelio

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