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SI NO SOMOS SOBERANOS TODO ES ILUSIÓN

 

Para empezar a abordar un tema de esta magnitud corresponde indicar desde donde se realiza el abordaje. Desde este esfuerzo colectivo asumimos los problemas de la Patria desde los intereses colectivos de nuestro pueblo. Desde esa mirada de alcance nacional analizamos el problema y los posibles caminos.

Abastecedores de materias primas y consumidores de productos industrializados

Los países del sur, entre los que se encuentra el nuestro, han sido condenados a cumplir el rol asignado por las potencias.

Desde que los verdaderos patriotas fueran traicionados las clases dominantes prefirieron ocupar un lugar subalterno en el negocio mundial de los grandes capitales antes que arriesgarse a que un proceso nacional expresara los intereses populares.

Es así que nuestro país quedó sujeto a los designios extranjeros donde las potencias imperialistas, al servicio de sus capitales en expansión, fueron diseñando una división internacional del trabajo en la que el sur abastece de materias primas, el norte industrializa esa materia y el sur consume los productos elaborados en el norte.

Negocio redondo para ellos, dependencia segura para nosotros.

Así, desde los tiempos de la primera independencia el capital inglés sustituyó a los españoles en la extracción de nuestros recursos. Mediante un sistema neo colonial en el que controlan la vida de los nuevos países sin necesidad de una costosa ocupación militar.

La clase dominante local se fue constituyendo en una oligarquía antinacional que se beneficiaba con la complicidad en esta entrega.

Según la necesidad de las potencias fuimos variando nuestra actividad productiva, por lo general caracterizada por la mono producción.

Donde los pueblos tenían la fortuna de poseer subsuelos ricos en minerales la suerte se transformó en desgracia debido a la rapiña de los grupos económicos de la mano de la acción de sus potencias del norte.

Como nuestra vida económica está basada en abastecer al norte la actividad se centra en lo que dé mayor ganancia, en lo que ellos paguen mejor. Así se establecen ciclos caracterizados en la mono producción en torno a un producto determinado.

La oligarquía vinculada al comercio exterior tiene una enorme capacidad de adaptarse a estos cambios.

Esto nos coloca en una situación de gran dependencia ya que es necesario importar todos los restantes productos.

Por supuesto, que para ello se ofrecen las potencias que encuentran compradores a sus productos.

La contradicción radica en que este sistema genera un escaso poder adquisitivo en la mayoría de la población. Ya que los que manejan los recursos obtienen sus ganancias como socios menores en este negocio mundial no se preocupan por la posibilidad de compra de la población del país.

Cuanto menor sea el ingreso en salarios, o en gastos sociales a través del Estado, mejor ya que serán menores los gastos y mayores las ganancias obtenidas en el comercio exterior. Por eso presionan siempre por reducir los salarios y los gastos sociales del Estado (aunque reclamen aumento de los gastos represivos del Estado).

Esto reduce el llamado mercado interno. Todos los sectores productivos o comerciales que no entran en el comercio exterior caminan a un destino de ruina ya que el bajo poder de compra agregado a la competencia de productos importados hace casi imposible sobrevivir. Este camino lleva a la concentración y extranjerización de la economía.

Cada vez controlamos menos que se hace en nuestro país, que uso se le da a nuestra tierra, que destino se le da al fruto de nuestro trabajo.

Inclusive los sectores productivos que participan de la exportación, también sufren el estrangulamiento del monopolio comercial de los grupos económicos que compran, financian, transportan, etc. Toda la riqueza de nuestros recursos y del producto de nuestro trabajo se la llevan estos pulpos.

Es lógico que en este negocio el que compra impone los precios. Los grupos económicos del norte escudados en sus Estados imperialistas dominan la vida de nuestros países.

El producto del trabajo de los uruguayos, se va al exterior por diversas vías. No se reinvierte en el país. Por este mecanismo trabajamos y trabajaremos para ser cada vez más pobres. Y los que controlan el funcionamiento del mundo, cada vez más ricos a costa de nuestro sudor.

Lo mismo ocurre con el creciente proceso de exportación de capitales con el propósito de extraer materias primas y energéticas, o para reducir costos de producción en salarios, impuestos o daños ambientales.

Este mecanismo basado en el extractivismo trae aparejado la primarización de la economía.

Es el resultante de no agregarle valor con nuestro trabajo. Se extrae en bruto lo que da la naturaleza para ser exportado. Se le agrega valor en los países centrales con el proceso de industrialización.

Esto refleja por lo menos dos problemas. La escasez de trabajo genuino y la dependencia del país debido a la limitada diversificación de la producción. Dos caras de un mismo problema.

Sin trabajo genuino se desperdician los esfuerzos que realizamos con nuestro trabajo, y para colmo se piden préstamos en el exterior para financiar trabajo temporal con fines asistencialistas, para evitar una gran desocupación.

Esta situación no es gratis. Es más empobrecimiento del país. Genera más endeudamiento. Al igual que la necesidad de importar cada vez más productos.

Una balanza comercial desfavorable impuesta por estar atados a la división internacional del trabajo antes descripta también acrecienta el endeudamiento, ya que son más caros los productos elaborados que compramos que la materia prima que vendemos.

Los mismos que nos venden, nos prestan para que les compremos. Garantizándoles el negocio y pagándoles con creces por garantizarles la venta de sus productos.

Desde tiempos lejanos nos han impuesto una deuda externa que no disfrutamos.

Mejor dicho, nos han prestado para que les compremos cosas que no podían colocar, para que armemos la infraestructura del saqueo, etc.

El diseño de rutas y vías ferrocarriles que se construyeron con esta financiación son una muestra. Todas las vías van a desembocar a la ciudad puerto para sacar las materias primas del país y para desparramar sus productos por el territorio. No para comunicarnos entre nosotros.

Reflejo de esta estructura del saqueo es la macrocefalia demográfica que concentra a las dos terceras partes de la población en Montevideo y adyacencias.

Así se ha construido una capa media desligada de los problemas del país y ligada a los sueños individualistas con influencia europea.

Hoy nos siguen condicionando con préstamos para pagar otros préstamos anteriores.

Los organismos de crédito internacional imponen préstamos a condición de que se acepten sus recetas. Estos bancos internacionales son dirigidos por las potencias del norte. Por ejemplo, el Fondo Monetario Internacional necesita de la aprobación de Estados Unidos para sus decisiones. Es bastante claro que no lo motiva la filantropía sino la dominación.

Han intentado esconder los fines imperialistas de la expansión actual.

Sin embargo, detrás de estos bancos están los estados del norte. Y las multinacionales siguen expandiéndose gracias a la acción de estos. En unos lugares, imponen guerras para que estas entren. En otros, mediante la dependencia económica y política.

Los Estados imperialistas siguen operando detrás de estas empresas. Hacen guerras o presionan gobiernos, para imponer invasiones y violar soberanías.

Una evidencia del régimen colonial que se fue afincando en nuestro país es que en el propio Ministerio de Economía exista una oficina del FMI que controla las decisiones que toma ese medular organismo.

Evidentemente buscan garantizar que no salgamos del lugar que nos asignaron en el reparto del mundo, que sigamos dependiendo del mercado exterior (de ellos), que tengamos un débil y deformado desarrollo industrial que no les haga competencia, un bajísimo ingreso de la población y sobre todo que los resortes fundamentales de la economía estén controlados por el capital extranjero.

Esta estructura dependiente sufre y se apoya en el robo descarado de nuestro excedente económico a través de estos y otros mecanismos.

Ya mencionamos la deuda externa, la excesiva dependencia a las importaciones y el monopolio de los grupos económicos que controlan el comercio exterior, mediante la usura de la banca extranjera que explota la producción nacional.

Otro elemento es el endeudamiento del país para financiar el consumo minorista de productos importados, que a fuerza de publicidad se ha extendido por el país como una plaga.

Esto lleva a que el excedente económico que se genera con el trabajo uruguayo no se reinvierta en el país, sino que salga a colocarse en el exterior. Dejando claro que existe un centro desde el que operan estos capitales (en el norte) y una periferia que los sufre (en el sur).

El Estado neo colonial, en lugar de distribuir la riqueza en el pueblo lo hace hacia el exterior

La desprotección de la producción nacional en nada ayuda a frenar esta situación.

Por el contrario, el Reglamento Aduanero de Artigas que protegía la incipiente producción nacional americana fue un bastión que motivó la ira de la oligarquía porteña ligada al comercio con Inglaterra. Así como la sufrieron el gobierno federal de Rosas o el Paraguay independiente.

Ejemplos históricos de dignidad que chocan flagrantemente con el presente enajenado.

Con dolor observamos que se importa alimentos mientras los chacareros de Canelones miran como se pudre su producción bajo los arboles.

La superestructura que se fue gestando en este marco está diseñada para ello.

La Universidad forma los técnicos e ideólogos del régimen con pensamiento colonizado para fundamentar en el seno del pueblo la desnacionalización de  nuestra vida.

O abiertamente reivindicando el régimen o con discurso progre defendiendo la salida individual desarraigada de un destino nacional de resistencia y liberación, fragmentando al pueblo como sujeto colectivo y portador de un proyecto común.

La prensa monopolizada en manos de un puñado de grupos económicos ligados a la rosca que penetran cada vez con más importancia en la subjetividad de nuestro pueblo definiendo la vida política en la coyuntura y lesionando la conciencia nacional en el mediano plazo.

Los ejércitos que entran dentro del diseño geopolítico de las potencias, realizando operativos conjuntos con hipótesis de conflicto siguiendo sus planes hegemónicos o destinando un grosero porcentaje de personal militar para misiones en el exterior secundando las políticas injerencistas de las potencias, ejecutadas a través de la ONU.

El diseño represivo, que escudado en la delincuencia común va a proteger el robo que le hacen a nuestra Patria.

El problema de la violencia social lo genera la pobreza.

Es consecuencia directa del empobrecimiento del país, del régimen neo colonial, de años de reproducir una sociedad basada en abastecer al extranjero. Las exigencias de represión no son otra cosa que el intento de contener las consecuencias del régimen neo colonial, de ampliar el aparato represivo para proteger el saqueo. La delincuencia común es consecuencia del régimen y funcional al mismo, ya que es usada para justificar el creciente gasto en represión, buscando ampliar la base de apoyo a tal política.

Este sistema es el que va cercando a nuestra Patria para impedirle la vida, por el que se va el resultado de nuestros esfuerzos, el que nos impide poder abrir un camino emancipado, por el que no somos soberanos para decidir nuestro futuro, pues todas nuestras posiciones no van más allá de las sobras que nos imponen las potencias, no vamos más allá del límite que nos impongan, administramos lo que nos dejan, esa es la realidad que vivimos, y viviremos si no rompemos este régimen y alcanzamos la soberanía.

El centro en la soberanía nacional

Si no rompemos esto nos disputaremos los sobrantes que queden mientras ellos se llevan todo.

El centro del problema para los países del sur es la soberanía nacional para que como pueblo seamos dueños de lo nuestro y podamos decidir qué hacer.

Esto no es posible revertirlo individualmente ni con micro proyectos. Es necesario resolverlo como pueblo y pensando en términos de nación. De lo contrario se estará mirando la salida individual a costa del resto o se estará pretendiendo armar un micro proyecto con los sobrantes del saqueo pero sin terminar con él.

Si no nacionalizamos nuestra vida discutiremos sobre cómo administrar las sobras del saqueo.

Los proyectos autonomistas plantean armonizar la pobreza, ya que no cuestionan nacionalizar las riquezas que se siguen llevando mediante diferentes mecanismos.

A la par que se plantean debates parlamentarios y plebiscitos por formalidades que no cuestionan el régimen neo colonial hay consenso entreguista. Mientras se rasgan las vestiduras en discusiones por el aborto, la legalización de la marihuana, el matrimonio igualitario, juntos aprueban la venta de la Patria

Va a corresponder al pueblo y sus organizaciones propias plantear y desplegar la lucha por la soberanía nacional.

Es tarea del pueblo imponer en la vida nacional los temas medulares. Poner en el centro de los problemas a resolver el de la soberanía nacional.

Que cada problema específico sea enfocado hacia ese que es el de fondo. Que eso nos sirva para acumular en conciencia, en organización, para preparar la resistencia hoy y la liberación nacional mañana. Aportar desde lo particular a la lucha nacional. Enfocar los conflictos específicos hacia ese objetivo común.

Nuestro futuro está comprometido si no tenemos una mirada nacional de nuestros problemas. Para el pueblo no hay esperanza en la salida individual, ni podemos pretender soluciones para sectores aislados. Tenemos que pensar en términos de pueblo y con la mira puesta en alcanzar la soberanía nacional.

Con esa mira clara se deben unir las fuerzas nacionales, las que dependen de este suelo para vivir. Porque allí está el nudo que impide desplegar el proyecto emancipado que nos convoca desde el fondo de la historia, porque ese es el nudo que debemos desatar para hacerlo posible.

Ante el proyecto de la anti patria debemos ir sentando las bases de un movimiento nacional con fuerte base social y mirada estratégica que ponga en pie el proyecto nacional liberador.

Que ponga el centro en nuestras necesidades, que frente al pensamiento colonizado despliegue el pensamiento nacional.

Porque para poder caminar tendremos que mirar desde nosotros, y cuando decimos nosotros hablamos en términos de pueblo, y mirar desde nosotros significa mirar desde el sur. Desde pueblos que han carecido de nación, que aún sigue siendo un proyecto a construir, que la dominación lo ha impedido y que tenemos por delante la tarea común de concretarla.

Mirar desde el sur  significa reconocer al neocolonialismo como la particularidad que decide nuestra realidad, que se apoya en una realidad objetiva que va pariendo una subjetividad especifica en los pueblos del sur.

En el sur la contradicción principal a resolver es la que nos sujeta a la dominación extranjera. La contradicción entre el norte que es el centro dominante y el sur que sufre en la periferia.

Mirar desde el sur es reconocer que lo que nos han inculcado como objetivo es la mirada desde Europa y que nosotros tenemos que reconstruir la nuestra apoyados en nuestra propia historia para eslabonar la continuidad histórica que nos permita hallar nuestro camino.

Desde el discurso dominante se dice defender la soberanía frente a los países de la región, pero nada frente a las potencias imperialistas. Doblemente cómplices al fragmentar la integración latinoamericana.

Desde los tiempos de la primera independencia las fuerzas imperiales han operado para fragmentar a los pueblos americanos con el claro objetivo de dominarnos.

Hoy lo siguen haciendo. Los defensores de la entrega a las potencias del norte fomentan falsas disputas con los pueblos hermanos del continente.

La propuesta federal del artiguismo plantó resistencia a la fragmentación y nos llega como herencia para transitar un camino de independencia. Frente a las relaciones de dependencia que sufrimos es posible gestar relaciones de igualdad basadas en la complementariedad con los pueblos latinoamericanos.

La región avanza en la búsqueda de la liberación. Son tiempos en que debemos reconocer la correlación de fuerzas real para asumir las tareas correspondientes. Dentro de esas valoraciones debemos observar que los pueblos latinoamericanos transitan diversos caminos explorando la brecha para poder emanciparse.

Mostrando que la esperanza puede asentarse sobre bases solidas ya que es posible sacarse el yugo. En esa búsqueda va ganando espacio el pensamiento nacional nuestro americano, el rescate de lo propio como valor en sí mismo y como instrumento cohesionador para la resistencia.

Evidenciando que el futuro está en disputa. Que los pueblos cuentan con reservas morales en su memoria para proyectarse hacia el futuro con proyecto propio.

Para que el niño pueda tener el pan, para que la escuela emancipe y nacionalice el pensamiento, para que el trabajo sea la fiesta de la creación, para que la Patria que nos cobije a todos sea realidad y no una falacia carente de contenido, para que la Patria de todos, por la que pelearon tantos, nos permita una vida integral en la que se geste un pueblo adulto, dueño de su destino. 

Patria Libre

Patria Libre está en la calle. N° 6. Uruguay  Verano 2013