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Ganar, NO gustar, NO querer golear

 

05/02/2013 by Ricardo Scagliola ·en proyecto fosforo.com

Habías cambiado la misa por el comité, y hasta seguías con los labios el sermón.

Para la procesión llevabas café en el termo, pero si te habías olvidado de las tortas fritas para llenarte la panza no importaba: en cualquier acto siempre había uno vendiendo maní. Te ibas con los pelos de punta.

Porque el maní estaba salado, o porque hablaban Líber Seregni o Alba Roballo o Zelmar Michelini o Rodney Arismendi.

En aquél momento estabas por la nacionalización de la banca, te gustaba la idea de una reforma agraria. No se hablaba de la legalización del faso ni de matrimonio igualitario ni de despenalizar el aborto. No te metías con esos temas, pero tampoco te quedaba otra. Eran todos un poco progres, un poco caretas.

La academia proporcionaba pasantías en Cuba o en la Unión Soviética para conocer el modelo. A veces salías del closet. Y ahí, sí, se te armaba rebelión en la en la granja. Porque tu viejo era del partido, porque tu tío había salido hacía poco de la cana o porque tu vieja era demócrata cristiana. Pero sí, te convencieron, y saliste del closet: te afiliaste al 26.

Después vino el invierno. Te comiste tremendo garrón, o no: te salvaste porque sí.

O porque la hiciste bien. O porque te fuiste al exilio. O porque un amigo te achicó.

O porque no era para vos.

Después vino el 80 y el 82 y el 84. Sentías ese vientito en la nuca, revival de aquél otro vientito, el del 71. Y volvió la democracia, y volviste a la iglesia frenteamplista.

Habían pasado catorce años, pero los curas eran casi todos los mismos.

A veces te tocaba hacer de monaguillo, y ahí estabas, alcanzando ostias para otros fieles. Te indignaba la impunidad.

Y por eso saliste a juntar firmas. O a ratificar firmas, porque te querían cagar. Siempre te querían cagar. Y las juntaste una vez, dos veces, tres veces, hasta que el voto que el alma pronuncia te dejó sin alma. O sin voto, porque de tanto indignarte te cansó esa costumbre de votar.

Pero como era demasiado obsceno, votaste en contra de las privatizaciones del Cuqui. Hasta Sanguinetti votó en contra. ¡Cómo habrá sido la cosa para que vos y el hombre de los ojos en la nuca votaran juntos!

En ese momento, Durmiendo con el enemigo casi gana el Oscar, pero no te importaba demasiado, porque ibas a Cinemateca, no sea cosa de hacerle el juego a la derecha. Hacías cola porque estaban pasando un ciclo de cine checo. De vez en cuando mirabas para atrás, no sea cosa que entraran los tanques rusos.

Fuiste al Filtro a ver qué pasaba y te comiste un garrón.

En realidad, dos garrones. Uno de los milicos y otro de los tupas, que por ese entonces daban manija porque por ese entonces, ETA y el FA eran más o menos lo mismo. O así te lo contaban por la radio, en la voz de Eleuterio Fernández Huidobro.

O en la de Jean George Almendras, que como por ese entonces ya interceptaba la radio policial te lo podías confundir.

Sentiste vergüenza con lo de Berríos, y cuando te estabas por volver a indignar volvió Sanguinetti. No terminaste de entender el balottagge (¿o balotaje? ¿o balotage?)

Y en eso asumió Batlle. Y vino la Comisión para la Paz, pero cuando te empezabas a entusiasmar porque por primera vez alguno reconocía el enorme agujero negro que había dejado la dictadura, la crisis te tapó la boca.

De vergüenza, o simplemente de hambre, porque por aquél entonces, mientras cinco banqueros se llevaban la guita para su casa, los niños comían pasto y Artigas dolía en el estómago.

Después vino Tabaret y bailaste en el Moulin Rouge.

Ya no ibas a misa. La iglesia estaba vacía. Todo se decidía en el Vaticano, que no estaba allá, sino más bien acá, en la calle Colonia, aunque tenía sucursal en Buschental.

La Belle Époque había pasado de largo, pero vos seguías revoleando las caderas.

Te jodía un poco que te pasaran la gorra cada vez que mandaban a un milico en cana. Aplaudiste que pagara más el que tiene más. O que le dieran una computadora a cada niño de escuelas y liceos públicos.

O que bajara la indigencia y la pobreza y el desempleo. Pero cuando estabas por aplaudir de pie porque por primera vez iban a morir bastantes menos mujeres de las que morían desangradas en abortos inseguros, aquél hombre simpaticón que caminaba por los escenarios con pinta de pastor evangélico te partió la cara de un veto.

No pasaron dos años y te volvieron a pedir el voto.

Son como los Testigos de Jehová: pasan cada tanto, te leen un librito, te dicen que no comas cordero ni festejes los cumpleaños y vuelven en cinco años. Esta vez, para sostener que las mujeres con más de tres hijos tienen que jubilarse para cuidar a los críos. No te diste cuenta, pero volvimos a la época de las cavernas.

No vaya a ser cosa que el Frente lidere una revolución sexual. O una revolución generacional. O una revolución educativa. O una revolución científica.

O una revolución.

Y ahora, cuando del Frente de aquél Moulin Rouge no quedan ni las sillas, cuando todo se parece demasiado al Punto Final de Julia Moller, te piden que sigas bailando.

Que vayas a votar, como si elegir presidente fuera un favor que te hacen.

Te ruegan, te suplican que sigas consumiendo la maravillosa droga que te corrió por las venas desde aquél día que te habías levantando con cara de Robin Hood, aunque al ratito te refugiaras en el convento de Kirklees.

Te piden que los entiendas, que le perdones a Mujica las mismas barbaridades que siempre condenaste porque es un viejo testarudo.

Te venden el regreso de Tabaré como la vuelta del mesías. Algunos se pelean por la prensa y -¡por fin!- muestran todas sus miserias.

Pero no, después se arrepienten y dicen que lo que dijeron no lo hubiesen dicho y que hubieran dicho otra cosa que no fue lo que dijeron. Porque la encuesta muestra otra cosa, o porque la sociedad no está madura.

En aquél febrero de 1971 sonaba Dean Reed, pero claro, no te pedían que para sentarte a escucharlo abdicaras de la pretensión punitiva a una banda de asesinos. Ni que rezaras cinco líbernuestros a San Pepe y a San Ñato para que, por favor, aunque sea por esta vez, no te inscriban en la Escuela de Los dos demonios.

Al contrario de lo que reza el tríptico futbolero, este Frente Amplio de ahora gana, pero ni golea ni gusta.

Tiene, por segunda vez consecutiva, mayoría absoluta.

Tiene todas las pelotas en el área chica, pero no mete goles.

Tuvo en sus manos la anulación de la ley de caducidad, pero hizo gimnasia artística para ocultarlas.

Tuvo en sus manos la transformación más radical de la estructura patriarcal con el matrimonio entre iguales, pero tampoco.

Tiene en sus manos un ambicioso proyecto de ley de medios, pero todo indica que le bajará cinco revoluciones. Se le escapan las pelotas. Erra los penales. No gusta.

Pero gana, porque lo que está enfrente es doblemente peor, casi letal.

Pero aún así, cuando el Frente Amplio festeje hoy sus 42 años de vida, no vas a sentir aquél frío corriendo por la espalda que muchos de sus fundadores sintieron cuando pusieron la firma a aquél proyecto político que nació al mundo en febrero de 1971.

No vas a emocionarte ni a prender la radio buscando sintonizar algún discurso brillante. No vas a ir con tu bandera a ningún lugar, no vas a esperar una caravana, no vas a buscar entre tus recuerdos aquella foto amarillenta con muchos hombres sentados alrededor de una mesa en el Palacio.

A lo sumo buscarás un video en Youtube con la voz entrecortada de Líber Seregni

. A lo sumo te vas a topar con algún posteo en Facebook.

Pero no lo vas a compartir. Y si lo compartís, no te va a conmover. Porque aquél Frente se parece muy poco a este.

Este Frente no entusiasma, no convoca, no aprende. Te empuja a la resignación.

¿Militar? Sí, ese de verde que está parado ahí.

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El Gobierno rindió honores fúnebres al ex canciller Reinaldo Gargano


http://www.presidencia.gub.uy/Comunicacion/comunicacionNoticias/homenaje-gargano

     El Presidente Mujica manifestó sus condolencias a familiares y compañeros, y se dispone a concurrir al velatorio en las próximas horas. Refiriéndose al ex canciller, comentó a esta Secretaría “que se trata de una pérdida muy sentida, era un viejo luchador social y político con el que compartimos muchas cosas. Con Gargano estuvimos juntos en el Parlamento y en la primera experiencia de gobierno de nuestro Frente Amplio”...