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sobre el "BERGO"

 

Pérez Esquivel sobre Bergoglio

“No fue cómplice de la dictadura, pero le faltó coraje”

El premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel no considera que Jorge Bergoglio haya sido cómplice de la dictadura, pero dijo que “le faltó coraje para acompañar la lucha por los derechos humanos en los momentos más difíciles”.

El Nobel de la Paz salió en defensa del ahora sumo pontífice y celebró su nombramiento.

El Premio Nobel de la Paz de 1980, el argentino Adolfo Pérez Esquivel, declaró ayer que el nuevo papa, el argentino Jorge Bergoglio, no fue "cómplice de la dictadura".

"Esperamos que tenga el coraje para defender los derechos de los pueblos frente a los poderosos, sin repetir los graves errores, y también pecados, que tuvo la Iglesia", afirmó Pérez Esquivel en un comunicado.

De viaje por Italia, Pérez Esquivel publicó una declaración en su web donde señalo que aspira a que no repita “los graves errores, y también pecados, que tuvo la Iglesia”. Dijo que hubo complicidades en parte de la jerarquía de la Iglesia: otros con “exceso de prudencia” hicieron gestiones silenciosas para liberar a los perseguidos, dijo.

“No considero que Jorge Mario Bergoglio haya sido cómplice de la dictadura, pero creo que le faltó coraje para acompañar nuestra lucha por los derechos humanos en los momentos más difíciles”, sentenció.

“A Bergoglio se le cuestiona porque se dice que no hizo lo necesario para sacar de la prisión a dos sacerdotes, siendo él el superior de la congregación de los jesuitas. Pero yo sé personalmente que muchos obispos pedían a la junta militar la liberación de prisioneros y sacerdotes y no se les concedía”, añadió.

"Durante la última dictadura argentina los integrantes de la Iglesia católica no tuvieron actitudes homogéneas

Es indiscutible que hubo complicidades de buena parte de la jerarquía eclesial en el genocidio perpetrado contra el pueblo argentino, y aunque muchos con exceso de prudencia hicieron gestiones silenciosas para liberar a los perseguidos, fueron pocos los pastores que con coraje y decisión asumieron nuestra lucha por los derechos humanos contra la dictadura militar", sostuvo.

"No considero que Jorge Bergoglio haya sido como cómplice de la dictadura, pero creo que le faltó coraje para acompañar nuestra lucha por los derechos humanos en los momentos más difíciles", aseveró Pérez Esquivel, en medio de la polémica por el resurgimiento de críticas al papa Francisco en Argentina por su conducta durante el régimen militar que gobernó entre 1976 y 1983.

Sospechas

Los cuestionamientos a Bergoglio, quien fue titular del Episcopado argentino y arzobispo de Buenos Aires antes de ser nominado papa, se centran en dos acusaciones: el haber supuestamente quitado protección a dos curas de su congregación jesuita Compañía de Jesús que luego fueron secuestrados y su presunto conocimiento sobre el robo de bebés durante la dictadura.

El jesuita negó, sin embargo, estas acusaciones en sus declaraciones ante la Justicia.

Pérez Esquivel manifestó en otras declaraciones a la prensa que "hubo obispos que fueron cómplices con la dictadura, pero Bergoglio no".

El Nobel de la Paz celebró el nombramiento del primer papa latinoamericano y "su elección del esperanzador nombre Francisco para llevar adelante su período papal".

Pérez Esquivel deseó que "pueda trabajar por la justicia y paz más allá de las presiones y los intereses de las potencias mundiales".

"Esperamos pueda dejar de lado la desconfianza vaticana al protagonismo de los pueblos en su liberación. Así como que también aliente las transformaciones sociales que se vienen llevando adelante en América Latina y en otras partes del mundo, de la mano de gobiernos populares", expresó.

El Nobel remarcó: "Francisco no ha heredado un trono imperial sino la humilde silla de un pescador". "Esperamos que no olvide las palabras del obispo mártir argentino, monseñor Enrique Angelelli, cuando decía que debemos tener un oído en el Evangelio y otro en el pueblo, para saber qué nos dice Dios", concluyó.

Referentes de la lucha por la vigencia de los derechos humanos en la Argentina durante la dictadura rechazaron ayer que el papa Francisco hubiera sido cómplice del gobierno militar, y el juez de la Corte Suprema de Justicia Eugenio Zaffaroni, el más cercano al gobierno, aseguró tenerle una “gran confianza”.

La Corte Suprema de Justicia no dio a conocer ningún pronunciamiento aún sobre el nuevo papa, pero su presidente, Ricardo Lorenzetti, viajará en la comitiva oficial del Gobierno a Roma para su asunción. El viaje conjunto se da en uno de los momentos de mayor tensión entre la Casa Rosada y el alto tribunal.

Entre los ministros de la Corte, el juez Eugenio Zaffaroni, el más cercano a algunas posturas del gobierno, rescató la figura del nuevo papa. Al participar de un acto en la Universidad Nacional de La Pampa, y ante un grupo de estudiantes, declaró: “Tengo una gran confianza en Jorge Bergoglio”, y dijo que eligió el nombre Francisco por su opción por la pobreza y la austeridad.

Dijo que Bergoglio puede dar un giro significativo a la Iglesia y propiciar que los teólogos discutan.

Al conversar en el despacho del rector Sergio Baudino, dijo: “no soy un católico militante”. Pero contó una historia que rescató también la ex defensora del Pueblo Alicia Oliveira cuando el juez de la Corte conoció al actual papa.

Fue en la década del 80, antes de las elecciones de 1983, cuando Charles Moyer, ex secretario de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, quería venir al país para convencer a los candidatos a presidente de la importancia que tenía para la Argentina que adhiriera el Pacto de San José de Costa Rica. Pero se lo habían prohibido.

Zaffaroni estaba entonces en Costa Rica, contratado por la Organización de las Naciones Unidas para el Instituto Latinoamericano para la Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente. Como la invitación a Moyer para visitar el país no aparecía por ningún lado, el juez acudió a Alicia Oliveira, que era amiga del ahora papa.

Al tiempo, la Facultad de Derecho de la Universidad del Salvador invitó a Moyer a dar una charla sobre los procedimientos de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que no será recordada ni por su brillo ni por el público que convocó. Al finalizar, Moyer visitó con discreción a los candidatos.

A su regresó Moyer le envió a Bergoglio una carta de agradecimiento y no bien Raúl Alfonsín ganó las elecciones y asumió ratificó el Pacto de San José de Costa Rica.

Leonardo Boff, el emblemático teólogo de la liberación,

defiende al Papa Francisco

FOLHA DE S.PAULO

Leonardo Boff, una de las voces de izquierda más respetadas, teólogo de la liberación comprometido desde hace décadas en la lucha por los desfavorecidos, aseguró en entrevista que nada se ha probado en las acusaciones hechas a Jorge Bergoglio, ahora el papa Francisco I, de haber estado relacionado con la dictadura de Videla en Argentina

Leonardo Boff es un conocido teólogo brasileño, sacerdote hasta el inicio de los 90 y, desde la década de los 80, el principal autor de la Teología de la Liberación, una corriente de pensamiento y de praxis que, fundamentada en el cristianismo, en sus valores más señalados, busca revertir la situación de desigualdad, injusticia y miseria en que viven millones de personas en América Latina como consecuencia del modelo económico que impera en la región.

Por esto, así como Boff ha sido censurado y aun perseguido, también ha merecido el reconocimiento público, pues su labor de rescatar el mensaje auténtico de Cristo ha sido más admirable e imitable.

Recientemente, en el contexto de la polémica desatada por la elección del cardenal Jorge Bergoglio como papa, Boff defendió al argentino, expresando su escepticismo ante información que relaciona al ahora papa Francisco I con la dictadura argentina (en especial la de Jorge Videla), con casos específicos de tortura y desaparición de personas, además de colaboración con el régimen.

Boff, sin embargo, dijo guiar sus opiniones por la de Adolfo Pérez Esquivel, activista compatriota de Bergoglio que, además de habérsele otorgado el Premio Nobel de la Paz, fue torturado durante los gobiernos dictatoriales y, asegura Boff, conoce desde entonces al pontífice.

“Hasta ahora no se investigó nada concreto”, dijo Boff en alusión a las supuestas acusaciones lanzadas contra Bergoglio de sus relación con estos hechos. Asimismo, el teólogo brasileño se alegró de la decisión de cónclave, pues desde su perspectiva el pontificado de Francisco I se pronostica como uno distinto, para bien, a lo que ha sucedido en las últimas décadas en El Vaticano.

“Él no aclaró a cual Francisco se refiere, pero es el Francisco al que todos conocemos, san Francisco de Asís… Y esto tiene mucha importancia, en el sentido de revelar un nuevo comienzo en la Iglesia, no se trata sólo de hacer una reforma aquí y allí, sino de hacer una reconstrucción, con otros valores que no son los del poder, son los de la cercanía con el pueblo”, dijo Boff.

Cómo invertir rentablemente un papa

Dado que la Iglesia no da puntada sin nudo, me preocupa que haya puesto sus ojos en Latinoamérica. Porque así hay que entender la elección de Bergoglio, independientemente de sus condiciones personales. Nada bueno puede salir de eso, y hay que estar alerta.

Un comentarista radial decía ayer, hablando de este tema, que la Iglesia a la cual el argentino llega como papa ha ido perdiendo durante siglos su poder terrenal hasta verlo reducido al mínimo.

Si la Iglesia ha perdido su poder terrenal, ¿sobre qué ejerce su influencia?

¿Sobre los cielos? ¿Sobre ángeles, potestades y querubines?

No.

Aunque la Iglesia se ocupara solamente de la vida eterna lo haría señalando lo que tenemos que hacer (y no hacer) acá abajo para alcanzarla. Claro que no se limita solo a la vida eterna: la Iglesia es una organización política.

Jamás, por ejemplo, les dirá a los sometidos que se rebelen, que den vuelta la tortilla. Que hagan saltar el sistema de privilegio y explotación. (¡Y, mucho menos, el camino eficaz para lograrlo!)

En cambio, vendrá a consolarnos. Dirá que de los pobres y hambrientos será el Reino de Dios.

¿Por qué Bergoglio, entonces? O, mejor: ¿por qué un papa latinoamericano?

Pero antes de seguir adelante es necesario poner a Bergoglio a salvo de la acusación de que durante la dictadura —al precio de su vida o su libertad— se haya encadenado a las verjas de la Pirámide y haya denunciado a gritos los secuestros, torturas y asesinatos que se producían.

Puede ser que, individual y discretamente, haya ayudado a este o aquel, pero nunca tomó una actitud pública, política —ni siquiera caminó con las Madres en la Plaza— que se convirtiera en estorbo a los planes de eliminación masiva de una generación de militantes. Para explicarlo con tres palabras esclarecedoras: Bergoglio es peronista.

Qué busca la Iglesia

Volvamos al papa electo. Empecemos, por ejemplo, por su edad: 76 años. El cardenalato no quiere un papado para veinte años, ¡si nadie sabe lo que va a pasar dentro de cinco (ni de uno)!

Cada papa tiene una misión definida. Wojtyla, un peso pesado en óptimas condiciones físicas (58 años cuando fue consagrado), debía realizar una tarea estratégica y de largo aliento: desestabilizar a los países estalinistas. Ahora, para operar sobre la coyuntura, se necesita algo más descartable.

¿Y cuál es la coyuntura?

Echemos, esquemáticamente, una mirada al globo.

África no interesa, así estuviera ardiendo. Es marginal.

En Asia los sometidos están muy ocupados en comprar motocicletas y plasmas y en ajustarse la soga al cuello.

En América del Norte —exceptuado México, que incluimos en Latinoamérica— y en Australasia no hay condiciones objetivas, ni mucho menos subjetivas, para que el sistema peligre.

El Cercano Oriente y Oriente Medio son un conjunto de altísima revulsividad... pero la influencia de la Iglesia Católica es mínima allí.

Quedan Europa y Latinoamérica. En Europa coexisten países con una crisis brutal del sistema —España, Portugal, Italia, Grecia— con otros que hasta ahora la van cuerpeando. Pero en los primeros la protesta la acaudilla la clase media que, ¡vivísima!, lo hace mayormente levantando la consigna “que se vayan todos”, con el resultado previsible: no hay riesgo a la vista. No tomaron ejemplo de Islandia, donde no dijeron QSVT, sino “¡Acá venimos nosotros!”, y se hicieron con buena parte de los resortes del poder.

Pero en Europa, la Iglesia, para llevar a cabo una política activa de apaciguamiento, tiene un problema. Wojtyla pudo operar claramente como opositor en Polonia —y emplearla como ariete contra el bloque de países del Este—, utilizando como impulsor el descontento de los polacos, como herramienta ideológica la religión y como estructura política los sindicatos de Walesa.

Pero un papa de Europa meridional no querría desestabilizar a los gobiernos capitalistas de los países del Mediterráneo ni podría actuar como amortiguador de los reclamos populares sin ser identificado rápidamente, por razones de proximidad, como parte interesada.

Es, pues, en Latinoamérica, con pueblos proclives a la lucha, y direcciones políticas y gobiernos determinados a centrear, donde la designación de un papa de estas tierras promete resultados más rentables si actúa —a distancia— un papel aparentemente razonable y justo, pero apoyando siempre lo que conduzca a la desmovilización y al desconcierto ideológico de las masas.

Es la hora de un papa latinoamericano. Pero, eso sí: Bergoglio tiene que estar a la altura de lo que esperan los que lo han elegido.

Juan Pablo I no entendió el juego, y duró 33 días.

Juan del Sur

 

Algunas reflexiones

La elección de Jorge Bergoglio como Papa ( tomo el nombre de Francisco I) no se limita  a asumir el hecho de que América Latina es el continente con mayor número de católicos del Mundo ( cerca de 500 de los 1000 millones que dice tener como fieles la Iglesia Católica).

Es obvio que este es uno de los factores de la decisión. A. Latina es la región que alberga también desafíos en el terreno estrictamente religioso a la relevancia numérica que tiene la confesión católica: el desarrollo de las sectas “protestantes”, algunas originadas en los EEUU, incluso desde los años 70 para combatir la influencia de la “Teología de la Liberación” y que tuvieron gran desarrollo en Centroamérica.

Y  en el caso de Brasil (considerado el mayor país católico del mundo) donde a la persistencia del “umbandismo” como expresión de la resistencia cultural de los sectores más pobres de la sociedad, se agrega el desarrollo de los Apostólicos  (también conocidos como Pentecostales “ Dios es Amor, en nuestro país) del Obispo Edyr Macedo y otras sectas de idéntico tenor.

Son millones los seguidores de esos grupos, basados en la explotación de las necesidades materiales y humanas de grandes sectores de la sociedad, preferentemente los más pobres y con menor formación política y/o cultural.

Pero ese es solo uno de los factores. El nombramiento como Papa de un cardenal ultraderechista, que ha sido señalado en episodios de complicidad con la dictadura genocida argentina, está señalando que esto forma parte de una operación política de gran vuelo, respaldada por el imperialismo norteamericano y los círculos de la ultraderecha mundial, para fortalecer una verdadera guerra en todos los terrenos que se prepara contra los regímenes y los movimientos antiimperialistas latinoamericanos.

Es sugestivo  que los primeros mensajes ( además del relativamente protocolar de la Presidenta argentina Cristina Fernández) hayan provenido de figuras como Juan Manuel Santos, el ultraderechista Presidente de Guatemala Otto Molina, el Presidente del Consejo de Ministros español Mariano Rajoy, etc. Se notaba su contento.

En ese sentido y en un Continente donde la Iglesia tiene un poder de influencia considerable en las opiniones de sus fieles, se espera seguramente que Bergoglio cumpla el mismo papel que se le asigno a Karol Wojtyla, con relación a Polonia y Europa del Este: en este caso la satanización de todo proceso, gobierno  o movimiento antiimperialista que ande a la vuelta.

Es una tarea más difícil de cumplir que la que realizo con éxito Juan Pablo II. Porque a diferencia de la Europa del Este, no se puede señalar ninguna persecución de tipo religioso por parte de los gobiernos que se definen como antiimperialistas.

Es más aun: en el caso de Venezuela y también en Bolivia y Ecuador hay un altísimo porcentaje de católicos y cristianos comprometidos en estos procesos, tanto en el ámbito de gobierno como en organizaciones de base políticas y sociales.

En el periodo que siguió a la muerte de Pablo VI, la Iglesia Católica renuncio ( al menos en sus alturas) a profundizar las líneas de apertura desarrolladas por el Concilio Vaticano II. La opción preferencial por los pobres fue progresivamente abandonada por las jerarquías ( con algunas honrosas excepciones)

La Iglesia se derechizo nuevamente ( no solo en el terreno explícitamente político ) sino en lo cultural, científico y en la relación con las cuestiones que se debaten con relación a la vida sexual, al celibato de sus sacerdotes, a los derechos de las mujeres,  a los derechos de las llamadas “minorías sexuales”, la homofobia, etc.

Es un mundo donde la “irracionalidad (que es el reflejo en última instancia de la irracionalidad del sistema capitalista) ha vuelto por sus fueros, donde el pensamiento dominante abandona toda pretensión totalizadora de la realidad y se refugia en el relativismo, en lo “light” (en el terreno de las ciencias, de la cultura, de los valores) donde se cultiva el mero empirismo y la especialización parcelaria, donde se denosta todo “pensamiento fuerte”.

 Es la crisis del mundo burgués y sus valores, porque a diferencia del siglo XIX (periodo de ascenso del capitalismo) y parte del XX, ahora ese mundo navega en la incertidumbre. Y ello halla su reflejo en muchedumbres que sienten la necesidad de agarrarse a algo, aunque sean las creencias más absurdas e irracionales, que bordean en algunos casos la locura colectiva.

La Iglesia sabe eso y ha decidido aprovechar para batir a sus adversarios en el mismo terreno (las sectas) o en el terreno antagónico (los proyectos liberadores que  promuevan un modelo de sociedad y un modo de vida más racional de acuerdo a la solidaridad humana y el respeto a la Naturaleza).

Para ello se restaura la “ortodoxia”, aunque se la sirve con un lenguaje “populista” y con la modernidad de medios que corresponde a la tecnología de estos tiempos. Estallan los escándalos de curas y obispos pedófilos: pues que siga incólume el celibato eclesiástico, convertido en dogma ( a pesar que hasta el año 1000 no existía como regla en la Iglesia y a pesar de la prueba practica de numerosos pastores protestantes, a quienes el vinculo de una familia constituida no mengua para nada su dedicación a su ministerio).

Las mujeres seguirán marginadas del sacerdocio, en una institución que institucionaliza su propia misoginia ( aquí están ya por detrás de la Iglesia Anglicana). Se seguirá poniendo énfasis en la devoción de una Virgen, exaltando el valor de la virginidad y se sobredimensionara el culto de los santos hasta que la propia figura de Jesús y su mensaje esencial, quede  sepultado en una multitud de excrecencias históricas que fue adquiriendo el catolicismo y de las cuales no se quiere desprender.

La persistente alianza con los poderes  del dinero

Las esperanzas que muchos pusieron en el camino de dialogo y encuentro entre cristianos y marxistas, a partir del Vaticano II, al menos en lo que respecta a la orientación de las cúpulas eclesiásticas, son  ya hoy cosas del pasado.

Entonces encontramos un Juan Pablo II furibundamente anticomunista( sobre todo en el primer periodo de su pontificado) que le espeta al recién nombrado Ministro de Cultura de la Nicaragua sandinista, mientras va bajando de la escalerilla del avión: “Ud. tiene que arreglar su situación con la Iglesia”.

Bajo su pontificado Joseph Ratzinger (el futuro Benedicto XVI)  como máximo responsable de la Congregación para la Doctrina de la Fe (antiguo Santo Oficio), le prohíbe al teólogo brasileño Leonardo Boff  la prédica pública, entre otras medidas tomadas contra la Teología de la Liberación.

La canonización de Oscar Arnulfo Romero espera aun en las oficinas vaticanas. Hay que recordar que cuando los escuadrones de la muerte salvadoreños asesinaban a troche y moche a miles de obreros y campesinos en espantosas masacres, Monseñor Romero intento denunciar al Papa lo que ocurría y este se negó a darle audiencia.

Tuvo que recurrir al expediente de ponerse en una larga cola de peregrinos para acceder al Pontífice y aun así no logro más que un breve y descorazonante dialogo de minutos.

Fueron en cambio muy rápidos en darle la canonización a José Maria Escrivá de Balaguer, verdadero fundador del Opus Dei y mentor ideológico de la ultraderecha católica y uno de los pilares del franquismo, en particular en los últimos años del régimen.

Esta es la actitud que llevaban con relación a sus propios “hermanos de confesión” los que se definían a sí mismos como “vicarios de Cristo” en el mundo.

En Argentina, se sabe el rol deleznable de Monseñor Plaza, obispo de La Plata, que denuncio ante los militares genocidas, a su propio sobrino. A la jerarquía eclesiástica argentina no le preocuparon los asesinatos de sacerdotes y monjas, como el caso de Monseñor Angelelli y del padre Múgica, que realizaba su obra de predicación del Evangelio en las villas.

La elección de Bergoglio como Papa marca la disposición de las cúpulas jerárquicas de esa institución de cerrar filas en el apoyo a los “poderes temporales” del dinero, de las altas finanzas, del militarismo desenfrenado de EEUU y de sus aliados europeos. Forma parte del andamiaje para dar la batalla en América Latina, en todos los terrenos. Aunque tengan que condenar a sus propios fieles, cuando estos se salgan del redil, guiados por su situación de miseria, injusticia y marginación o cuando sean sensibles al propio mensaje de los Evangelios, antagónico con esta orientación.

Entre la fidelidad al mensaje sencillo pero claro del carpintero de Nazaret y los poderes del mundo capitalista, la Iglesia (una vez más) ha hecho su elección...

                                               JORGE MAIKI

Ensuciar a Bergoglio

15 Mar. 2013 | Alfredo Leuco

Horacio Verbitsky se convirtió en el comandante del ala más impopular del kirchnerismo que está empecinada en ensuciar la trayectoria del flamante Papa Francisco. Verbitsky, jefe político de Abal Medina, Héctor Timerman y Nilda Garré, insiste en dar por cierta una información que tiene atada con alambres, tan floja de papeles como que es un escrito de un empleado menor de la cancillería que dice que Bergloglio llenó de barro a uno de los sacerdotes jesuitas desaparecidos y luego liberados para que no le dieran el pasaporte desde el exterior.

El actual Sumo Pontífice dice todo lo contrario. Que cuando le preguntaron cuál había sido el problema que el cura había tenido dijo: los acusaron de guerrilleros pero ellos no tenían nada que ver.

El funcionario puso lo que quiso, como suele ocurrir. Hay una pregunta que desmorona todo el argumento forzado de Verbitsky. ¿Si Bergoglio quería perjudicar a Francisco Jalics, porque hizo el trámite que el cura le pidió?

¿Y si Jalics fue entregado por Bergoglio, porque el sacerdote le pidió semejante favor a quien supuestamente lo entregó? Una verdadera patraña que no se sostiene con nada. Solo con el voluntarismo sectario de un militante que quiere hacer coincidir la realidad con sus odios ancestrales.

La prédica de Verbitsky tuvo vuelo corto. Solo algunos personajes marginales replicaron su veneno. Un afiche infame de la agrupación Hijos de Capital donde aparece Francisco en el Papamóvil conducido por el genocida Videla. Diego Gvirtz, falsificando una información con una foto de monseñor Derisi dándole la ostia a Videla, con un título acusando a Bergoglio.

Una legisladora apellidada Rachid que calificó al Papa de “genocida”. Agustina Kampfer, la novia o ex novia del vicepresidente, Amado Boudou diciendo que no estaba orgullosa por la elección: típica tilinguería de una chetita de Puerto Madero que sabe poco y nada de la dictadura.

Alguna periodista oportunista que supo violar la intimidad de una mujer asesinada. Luis D’Elía con la conspiración permanente, leyendo la designación como un intento de dividir a Sudamérica.

Estela Carlotto que le reprochó a Bergoglio su silencio y falta de acompañamiento durante la dictadura, algo que es exactamente lo que hicieron tanto Néstor como Cristina. Fue tan grande el aislamiento de la “doctrina Verbitsky” que se generó una polémica explicita como pocas veces en el seno de la fuerza gobernante. No solamente porque oficialistas como el supremo Eugenio Zaffaroni, el combativo Emilio Pérsico y el gestor de la Ley de Medios, Gabriel Mariotto salieron a respaldar a Bergoglio.

También porque el propio embajador argentino, Juan Pablo Cafiero dijo emocionado que el nuevo Papa era un regalo de Dios para los argentinos del que deberíamos estar orgullosos. De paso una pregunta: Suponiendo que fuera verdad que Bergoglio tiene las manos manchadas de sangre..

¿Como se explica que Cristina vaya a su asunción del martes que viene? Debería quedarse en Buenos Aires en lugar de bendecir con su presencia a un “genocida”. Y Cafiero debería renunciar por llamar regalo de Dios a la designación de alguien que entregó sacerdotes al terrorismo de estado.

El tema desnudó la ceguera de muchos kirchneristas. La ideologitis no les permite ver la realidad ni ser más o menos rigurosos con la información. Leonardo Boff, uno de los intelectuales fundadores de la Teología de la Liberación, hombre de la izquierda del mundo religioso dijo que “Francisco es la esperanza de la iglesia”.

Luchadores corajudos durante la dictadura y siempre por los derechos humanos como el premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, Graciela Fernández Meijide, Alicia Olivieira y hasta el venerable Monseñor Miguel Hesayne, salieron a desmentir que Bergoglio haya tenido algún tipo de simpatía y mucho menos colaboración con la dictadura.

Está claro que la mismísima Cristina no pudo disimular su bronca por la designación de alguien al que junto a su marido fallecido convirtieron en enemigo principal. En las pocas referencias que hizo del tema, la carta de felicitación y el párrafo en Tecnópolis, no lo mencionó por su nombre verdadero y no frenó con un reto los silbidos camporistas como si lo hizo en otras ocasiones.

Cristina, que confesó que le hubiera gustado ser candidata a Papisa, tuvo que tragar saliva y enojo y adoptar una actitud hipócrita. No lo quiere a Bergoglio, no lo quiso nunca y difícilmente lo quiera ahora.

Pero lo peor es que muy pocos de los cristinistas la acompañaron en esta actitud. Algunos plantearon “A Cristina rogando y con el mazo dando”. Pusieron el grito en el cielo. Pero no se escuchó demasiado. Ya se sabe: Vox Populi, Vox Dei. La voz del pueblo es la voz de Dios. Y el pueblo está con su Papa. Porque el Papa está con el pueblo

FERNÁNDEZ MEIJIDE

Otra referente de los derechos humanos, la ex ministra e integrante de la Conadep Graciela Fernández Meijide, recordó: “De todos los testimonios que recibí jamás tuve testimonios de que Bergoglio hubiera estado relacionado con la dictadura”.

Fernández Meijide rechazó las críticas del kirchnerismo hacia Bergoglio: “es gente que no sé por qué razón cree que tienen que ser fiscales de la Nación, y desde allí emiten rayos y centellas”

“Jamás nadie mencionó a Bergoglio” en la dictadura, dijo Fernández Meijide

La ex integrante de la Conadep dijo que lo que circula no es más que una tapadera para demostrar el enojo por la crítica. Dijo que tiene la impresión de que “lo que molestaba a la actual presidenta es que Bergoglio no se disciplinaba, que denunciaba que seguía existiendo pobreza”.

En sus épocas como Ministra de Desarrollo Social, Graciela Fernández Meijide estaba muy cerca de Jorge Bergoglio.“Encontré una cabeza muy abierta, un hombre muy dispuesto a escuchar y alimentar su propio conocimiento; muy tolerante”, describió.

“Hallé un hombre inteligente, respetuoso y muy operativo. Me alegré (por su papado) pero pensé ‘pobre hombre, qué carga le va a tocar. Una Iglesia que está en un Estado que termina expulsando un Papa, que intente ponerle remedio a los problemas evidentes no será sencillo”, agregó

“Me parece muy extraño que en el entorno del gobierno estén preocupados por ningunearlo…con el trabajo que va a tener no será su prioridad qué está pasando políticamente en Argentina”, evaluó la ex integrante de la Conadep.

“La familia Kirchner poco estuvo preocupada por los temas de sus hermanos del pasado…Alicia Kirchner fue ministra de Desarrollo de la dictadura durante un gobierno de facto en Santa Cruz”, remarcó.

“Lo que le molesta a nuestra presidenta es que una persona dedicada a su tarea, a pesar de sus esfuerzos, la pobreza sigue y hay cada vez más corrupción. Es la obligación de un obispo de informarlo y de un gobierno escucharlo”, aseguró Fernández Meijide.

“Todo en lo que gastamos tanta saliva no es más que una tapadera para demostrar el enojo por la crítica”, remarcó la política.

"Hoy me sorprendí con algunos comentarios que he escuchado. Siempre con esa visión conspirativa que nos caracteriza a los argentinos el nombramiento de un Papa es para perjudicarnos. Si la institución Iglesia elige a Bergoglio debe ser por su eficacia para resolver problemas gruesos", dijo ex integrante de la CONADEP.

Además, Meijide afirmó: "Si alguien puede pensar que la elección del papa fue para destruir la unión latinoamericana, la  verdad es que es una mirada muy cortita y de poca compresión de la política"

"Yo sufrí la desaparición de un hijo, Pérez Esquivel casi su eliminación y teníamos hasta motivos personales. Todos aquellos que tuvieron una función en la dictadura no tenían que ver con la dictadura. Es una barbaridad", 

“Atacan a Bergoglio porque Cristina no quería que fuera Papa”

POR SANTIAGO FIORITI-Clarin

Graciela Fernández Meijide es atea, defiende el matrimonio igualitario y promueve la despenalización del aborto. Ninguno de estos principios, dice, le impiden tomar posición a favor de Jorge Bergoglio, a quien frecuentó como ministra de Desarrollo Social de la Alianza. “No me consta en absoluto que haya sido cómplice de la dictadura”, asegura la ex integrante de la CONADEP.

¿Por qué está tan convencida?

Yo no pongo las manos en el fuego ni por mí, pero no tiene entidad discutir esto. Ni hay datos ni lo pudo probar la Justicia. Yo estuve todos los años de la dictadura en la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y recibí cientos de testimonios. En ningún momento se nombró a Bergoglio. Después, en la CONADEP, lo mismo. Nadie lo mencionó ni como instigador ni como nada.

El sacerdote Yorio lo acusó de haber sido el responsable de su secuestro. Ahí hay un testimonio, Yorio y Jalics trabajaban con Bergoglio. Eran dos sacerdotes con un fuerte compromiso social y político. Bergoglio varias veces les había dicho que se fueran porque tenía miedo, porque no los iba a poder cubrir. Hasta que un día los secuestraron y los torturaron.

¿ Yorio mintió?

Lo acusa a Bergoglio de no haberlo protegido lo suficiente. Pregunto: ¿Hasta dónde pudo haberlos protegido? Digo, ¿cuánto pude haber protegido yo a mi hijo? Me lo sacaron de mi casa, de la cama. Que una familia como la de Kirchner, que tuvo a Alicia Kirchner como ministra en la época de la dictadura en Santa Cruz, diga esto ...

¿A qué atribuye que el kirchnerismo haya salido tan fuerte?

Esta presidenta y sus corifeos, lo más torpes o los más refinados, no toleran que se critiquen las políticas del Gobierno. Bergoglio trabajaba como pastor y estaba al lado de la gente y enfrentaba la pobreza. Desde ese lugar decía: “Mire señora, por más que ustedes crean que están haciendo un esfuerzo muy grande, no alcanza. Hay corrupción y la miseria y la exclusión aumentan”. La estrategia del Gobierno es poner al que molesta como enemigo y Bergoglio molesta o molestaba. Hay una competencia por decir lo más acertado que ella quiere escuchar. Se dice hasta lo más disparatado.

¿Se refiere a lo de “populista conservador” o a su pasado en Guardia de Hierro, como escribió Verbitsky?

Bárbaro también estuvo en Guardia de Hierro. ¿Lo vamos a demonizar por eso? Y lo de populista ... ¿Mira vos? como Laclau. ¡Cómo Ernesto Laclau! Este Gobierno no es populista. No, no ...

¿No le perdonan sus críticas?

Cuando se instrumenta semejante ataque basándose en el pasado no es por una cuestión moral ni ética, es política. Lo que menos hubiera deseado el Gobierno es que una persona como Bergoglio, que se ocupaba en serio de la pobreza, llegue a Papa. Lo último que quería Cristina es que Bergoglio sea Papa. Prefería a cualquier otro

Alicia Oliveira:

"Sacaba del país a gente que estaba perseguida; para él era muy riesgoso"

Por Paz Rodríguez Niell  | LA NACIÓN

No me van a decir a mí quién es Jorge Bergoglio", dice Alicia Oliveira, ex jueza exonerada por la dictadura, ex defensora del pueblo de la Ciudad, militante por los derechos humanos y amiga de años del nuevo papa.

"Durante la dictadura me fueron a buscar. Por suerte no me encontraron, me escondí. Me echaron y me decretaron la captura. Estuve dos meses viviendo en otro lado. En ese momento, uno de mis hijos iba al Salvador [colegio de los jesuitas] y yo tenía una gran angustia de que él saliera y yo no estuviera ahí, de que no pudiera verme. Entonces, Jorge me llevaba desde donde estaba escondida, por un lugar que no se sabía, y me llevaba al colegio. Entraba con el auto y me dejaba en el patio del colegio para que pudiera ver a mi hijo."

-¿Dónde paraba usted en ese momento?

-En el departamento de alguien a quien le voy a estar siempre muy agradecida... No hay por qué no decirlo, era la casa de Nilda Garré. Después, levantaron la captura, se solucionó la situación y volví. Ya en febrero del 76, Jorge me había ido a ver para decirme que se venía una mano muy pesada. "Yo le pido que se venga a vivir al colegio Máximo conmigo", me dijo. Y me acuerdo que yo le contesté, sin imaginar lo que se venía: "Prefiero que me agarren los militares antes que vivir con los curas" [se sonríe].

-¿Vivió esos meses con Garré?

-Sí, y como decía que yo era una irresponsable, cuando se iba me encerraba y me dejaba con llave. Le voy a estar siempre agradecida.

-¿Qué opina de Bergoglio?

-La mía es la opinión de una amiga, y amigos uno tiene muy pocos. Jorge es mi amigo, ni el cardenal ni el papa, y yo tengo la mejor opinión de él. Es un gran hombre, preocupado por la gente que sufre, un hombre que ayudó a muchos en la dictadura. Recuerdo el caso de un hombre que él salvó. No podía cruzar la frontera, era parecido a él y Jorge le dio su cédula y su clergyman, y se pudo ir. Eso no lo hacía cualquiera.

-¿Conoce otros casos?

-Era muy habitual, todos los domingos nos reuníamos en la Villa San Ignacio, una casa de ejercicios que está frente a Campo de Mayo. Se hacía una comida y se despedía a la gente que sacaba del país porque estaba perseguida.

-¿Cómo los sacaba?

- No se lo pregunté nunca porque yo sabía que eso para él era muy riesgoso.

-¿Cuánta gente?

- No podría decirle, pero un volumen importante.

-¿Él los cobijaba? ¿Paraban ahí?

-No lo sé. Él los cobijaba, pero no sé dónde. Pero los domingos iban ahí. Por eso a mí no me van a decir quién es Jorge Bergoglio.

-¿Cuál era entonces la opinión de él sobre la dictadura?

- Su opinión sobre la dictadura era terrible, la misma que tenía yo. Otro caso personal: cuando yo quedo cesante, yo había sido profesora de la Universidad del Salvador, él me obligó a hacer el doctorado y reinscribirme. En las clases, por la materia que daba, yo les contaba a los alumnos lo que hacían por ejemplo los chinos, los castigos atroces, y los chicos me preguntaban cómo en esos lugares la gente podía dormir mientras pasaba eso, y yo les decía: "¿Y ustedes cómo duermen? Eso es lo que pasa hoy en la Argentina". Y les contaba.

-Se le criticó a Bergoglio no haber protegido a los sacerdotes jesuitas Yorio y Jalics, secuestrados por la dictadura en un barrio del Bajo Flores.

- ¿Qué protección les podía dar? Cuando ellos estaban ahí, él estaba muy preocupado, lo recuerdo, les decía: "Se tienen que ir", pero ellos se empecinaron.

-Se lo acusó incluso de haber colaborado con la dictadura; ante este tipo de críticas, ¿qué decía Bergoglio?

- Él decía que eran unos canallas, aunque él no es de exasperarse nunca de manera brutal.

-Usted ha manifestado reparos a que los curas no hubieran denunciado públicamente lo que pasaba en la dictadura.

- Claro. Yo alguna vez le reclamé a Jorge que no luchara públicamente, pero la relación en la Iglesia es una relación compleja. No sé qué hubiera sido lo mejor.

-¿Qué siente cuando lo ve papa?

- Pienso que va a tener una tarea terrible, pobrecito, y lo que más me duele, siendo egoísta, es que no lo voy a ver más

Habemus papa? mejor seguir huérfanos....

Y si, finalmente salió el humo blanco, purificador y bendito, la chimenea vaticana anuncio que oficialmente "habemus papa",

Y millones de fervorosos católicos agradecieron a dios, a su dios, divino y castigador hasta el fin de los días.

Y el plan divino pareciera tener como objetivo, querer clavar una estaca profunda en la ilusión de nuestra Latinoamérica, al elegir un papa, que por sus antecedentes y así como una vez Bolívar dijo de los EEUU, "pareciera destinado a plagar la América (la nuestra) de miseria y desolación. 

La conspiración vaticano-imperial nuevamente alentara (y ahora con más fuerza) la avanzada neo-conservadora intentara poner freno a los jóvenes procesos de cambio que se plantean en nuestra patria grande.

Por esta razón la elección del primer pontífice latinoamericano (el único continente del mundo donde se está intentando forjar PATRIA) no sea casual, sino parte de la planificación contra revolucionaria diseñada en altísimas esferas de poder, las mismas sospechosas de haber incidido directa o indirectamente en la muerte del líder latinoamericano Hugo Chávez.

Ahora comparto con ustedes una excelente información sobre el papita, a quien sería bueno hacer puré ideológicamente.

Que dios nos ayude, o mejor, preparémonos.

Que así sea.

Un abrazo

Enzo  

 

marca personal / casi ángeles / salvar vidas

la despedida del camaleón

 

por Claudio Mardones / Revista Crisis

Se lo acusa de cómplice de la dictadura tanto como se le agradece su protección a las víctimas de la esclavitud contemporánea. Papable otra vez, el cardenal Bergoglio llega a su fin con un poder terrenal envidiable. Perfil de un equilibrista que forjó su capital político combinando la astucia y el trabajo de base

A?su alrededor dicen que este será su último verano de trabajo activo, el próximo lo encontrará jubilado. Hasta que eso suceda, seguirá abriendo las rejas del 415 de avenida Rivadavia a las 5.30 de la mañana.

Luego cruzará frente a la Casa Rosada para comprar los diarios que leerá, entre mate y mate, antes de que la Catedral Metropolitana y el Arzobispado de Buenos Aires arranquen el día. Si tiene que salir, no usará auto oficial ni la protocolar sotana con un cinturón ancho de seda púrpura.

Se perderá en la escalera del subte o entre los pasajeros de los colectivos que conducen a las parroquias de sus amigos en Almagro, Flores o Barracas. Llevará saco si la recorrida es por trabajo, si es de puro gusto, le alcanzará con camisa, pantalón y algún libro en la mano. Todo lo necesario para que nadie advierta que se trata del mismo tipo que estuvo a un paso de ser Papa en 2005, después de la muerte de Juan Pablo II.

No lo fue, pero estuvo muy cerca de ocupar el puesto que detenta el alemán Joseph Ratzinger. Dicen que Benedicto XVI también pensó en designarlo como secretario de Estado del Vaticano apenas ganó el último cónclave en la Capilla Sixtina. Ocho años después, cuando ya se había acostumbrado a que nadie repare en su rostro, Ratzinger y la crisis de la Iglesia Católica le dieron una nueva oportunidad.

Luego de seis años al frente del Episcopado político y después de haberse transformado en uno de los intermitentes adversarios del gobierno nacional, tiene la exposición pública suficiente y la vigencia de un político que comprueba que su poder trasciende la coyuntura. Jorge Mario Bergoglio, cardenal primado de la Argentina y arzobispo de Buenos Aires, tiene 76 años. Como si deshojara una margarita, espera el momento en que el nuevo Papa –apostamos a su derrota en el cónclave 2013– le acepte la renuncia que presentó el 17 de diciembre de 2011, el día que llegó a los 75 y, como ordena el derecho canónico, inició los trámites para jubilarse.

El búmeran todavía no ha vuelto desde las oficinas romanas. Mientras tanto, el cardenal aprovecha el verano para visitar amigos y saludar a la extensa tropa de propios y aliados que les dejará a sus sucesores.

El 28 de febrero de 1998, extraño día bisiesto, un infarto al corazón del ultraconservador Antonio Quarracino le abrió el camino a este sacerdote jesuita ordenado en 1969. A la década del 70 Bergoglio había llegado como un joven de 32 influenciado por los sacerdotes tercermundistas. Cuando arrancaron los ochenta se había convertido en moderado, con matices provenientes de su simpatía por el peronismo y por un nacionalismo católico que lo llevaron a coincidir con Guardia de Hierro, la organización nacida de la resistencia peronista y luego parte del sector más reaccionario y católico de la juventud peronista.

En 1997, Quarracino ya estaba por cumplir una década bendiciendo al menemismo y varias combatiendo la homosexualidad. Antes del invierno de ese año, después de una serie de amargas advertencias médicas, el cardenal porteño viajó a Roma y mencionó a Bergoglio dentro de una terna de posibles sucesores. Para Juan Pablo II el jesuita argentino no era un desconocido y lo designó arzobispo coadjutor en junio de 1997. Fue la antesala administrativa para suceder a Quarracino.

Ahora, las oficinas que vieron envejecer a su predecesor, también lo ven transformarse en un hombre de la tercera edad, aunque desde que llegó para ocuparlas, Jorge Mario, como le dicen sus amigos, las instituyó en el epicentro político de una red paralela de poder que se extendió por toda la capital desde el fin del menemismo.

Tres años después de ocupar el arzobispado porteño, el 2001 lo impactó por partida doble. El 21 de febrero, el Papa lo creó cardenal y le abrió las puertas para calificar como sucesor. Cuando volvió a Buenos Aires desde Roma, con el título en la mano, le faltaban diez meses para ver la represión en la Plaza de Mayo desde la ventana de su departamento. Como a toda la Iglesia, la crisis de diciembre de ese año lo llenó de miedo pero también de poder ante unos vecinos tambaleantes.

En pocas semanas tuvo que bendecir a cinco presidentes. Pero sólo encabezó el tedeum para el interinato de Eduardo Duhalde, el caudillo lomense, cercano a su amigo Agustín Radrizzani, por entonces obispo de Lomas de Zamora. “Radri” venía de suceder a Jaime de Nevares en Neuquén, donde conoció al kirchnerismo santacruceño en su etapa inicial. Esos lazos le permitirían ser la principal figura religiosa de la mesa del Diálogo Argentino, un invento del duhaldismo para enfrentar los conflictos. Las sotanas aportaron todo el apoyo posible y detrás siempre estuvo el jesuita, con una influencia que no paró de crecer hasta 2003.

Cuando el 2001 le estalló en la cara, las oficinas de Bergoglio eran un centro estadístico nutrido de información. Cada parroquia no solo pedía auxilio, también aportaba un detallado panorama.

Con ese mapa desarrollado con precisión por Caritas Argentina, un verdadero ministerio social dentro de la curia, la lectura de este peronista conservador fue certera y resultó la base de un tejido político que tuvo a los sacerdotes tercermundistas como uno de sus principales aliados. Apenas llegó al arzobispado, creó la Vicaría Episcopal para las Villas de Emergencia.

El ente, único en la Iglesia Católica, reúne a todos los curas de las villas de la ciudad, congregados hace tres décadas, y reporta directamente a su oficina. Desde ese lugar, por ejemplo, Bergoglio buscó proteger al padre José María Di Paola, cura de la villa 21 de Barracas. El padre Pepe había recibido en la puerta de su parroquia de la Virgen de Caacupé una bala de regalo, entregada por un vecino del barrio. El envío provenía de los narcos de la villa que jamás le iban a perdonar sus denuncias contra el consumo de pasta base y la recuperación de parte de sus clientes.

La advertencia no era la primera, pero a Bergoglio le pareció la última aceptable. Cuentan sus colaboradores que le buscó protección en Europa. Preguntó en los mismos lugares donde estudió, como Alemania. Pero ninguna diócesis se animó a protegerlo, hasta que le consiguió refugio en Añatuya, Santiago del Estero. Dentro del arzobispado, no existen dudas sobre la preocupación permanente del cardenal por la seguridad de los sacerdotes tercermundistas. Sus detractores sostienen, por el contrario, que esa pasión es parte de un doble juego. Una búsqueda de rectificación de los errores del pasado o una marca personal de la forma de hacer política del cardenal primado.

Desde 2005, el periodista Horacio Verbitsky es uno de los mayores problemas de Bergoglio con ese pasado lejano. Según el libro El Silencio, el cardenal entregó a los sacerdotes tercermundistas Francisco Jalics y Orlando Yorio. Ambos fueron secuestrados por un Grupo de Tareas de la Armada el 26 de mayo del 76 y llevados a la ESMA donde fueron interrogados, torturados y pasaron seis meses en cautiverio. Tras la revelación, publicada antes del cónclave papal, “Bergo” rompió el silencio en un largo reportaje autobiográfico con los periodistas Sergio Rubin y Francesca Ambrogetti. En su descargo, el cardenal recordó que ambos jesuitas estaban organizando otra congregación. “Vivían en el llamado barrio Rivadavia del Bajo Flores. Nunca creí que estuvieran involucrados en ‘actividades subversivas’ como sostenían sus perseguidores, y realmente no lo estaban.

Pero, por su relación con algunos curas de las villas de emergencia, quedaban demasiado expuestos a la paranoia de caza de brujas. Como permanecieron en el barrio, Yorio y Jalics fueron secuestrados durante un rastrillaje. (…) Afortunadamente, tiempo después fueron liberados, primero porque no pudieron acusarlos de nada, y segundo, porque nos movimos como locos. Esa misma noche en que me enteré de su secuestro, comencé a moverme. Cuando dije que estuve dos veces con Videla y dos con Massera fue por el secuestro de ellos”, se defendió el cardenal, que en ese momento era la principal autoridad de la provincia jesuítica de Argentina y Uruguay, un cargo, ayer y hoy, muy influyente.

La autodefensa pública del purpurado sostiene que nunca quiso echar ni desproteger a sus hermanos de congregación, pero hay una decena de testimonios que indican que el jesuita habría dicho a las fuerzas armadas que los iba a sacar de la congregación, la desprotección suficiente para el calvario que vivieron después.

Ambos sacerdotes vivieron para contarlo y el caso obligó a Bergoglio a declarar ante la Justicia Federal y responder un extenso cuestionario donde queda en evidencia la cotidiana relación de la curia con las fuerzas armadas. Algo que hace improbable el desconocimiento eclesiástico del robo de hijos de detenidos desaparecidos.

Más allá de las desmentidas de “Jorge Mario”, todavía no se ha podido esclarecer el papel que tuvo el cardenal para el desembarco de Guardia de Hierro en la Universidad del Salvador, dependiente de la orden jesuítica, la misma academia que le entregó el título honoris causa a Massera. “Creo que no fue un doctorado, sino un profesorado. –aclara Bergoglio a sus biógrafos– Yo no lo promoví.

Recibí la invitación para el acto, pero no fui. Y, cuando descubrí que un grupo había politizado la universidad, fui a una reunión de la Asociación Civil y les pedí que se fueran, pese a que la Universidad ya no pertenecía a la Compañía de Jesús y que yo no tenía ninguna autoridad más allá de ser un sacerdote. Digo esto porque se me vinculó, además, con ese grupo político. De todas maneras, si respondo a cada imputación, entro en el juego.”

Las explicaciones, según los voceros eclesiásticos, ya han sido dadas, y no hay nada que ocultar. Aún así, nada logra borrar la sospecha que deja un documento confidencial de la Cancillería. Allí Bergo pide, en secreto, que no le otorguen pasaportes a Jalics y Yorio. Pero en el mismo momento, estaba entregando una nota formal para solicitar que se los dieran.

A pesar del escarnio, alrededor del cardenal justifican esos movimientos camaleónicos. Dicen que son parte de la combinación de súplicas cristianas y silencios cómplices que tuvo la mayoría de las autoridades de la Iglesia con la dictadura.

Haber sobrevivido a su sombra, al parecer, fortaleció su cintura política. Un atributo que le permitió detentar durante seis años la jefatura política de la Conferencia Episcopal Argentina, elegido por la mayoría de sus 120 pares. La combinación del arzobispado con el mando de tropa que otorga la presidencia de la CEA, le dio más poder.

la opción por los esclavos

“A principios de 2008 tuvimos una audiencia en donde le dijimos al cardenal: ‘mire, en La Alameda hay gente que es religiosa y gente que no lo es. Estamos peleando contra la trata de personas, nos estamos metiendo en lugares muy pesados, ya tuvimos varios atentados (16 para esa época). Usted está tratando algunas cosas en su homilía que coincide con lo que planteamos nosotros.

Y necesitamos claramente un respaldo porque si no vamos a terminar flotando en un río’. Así de simple”, recuerda el maestro de primaria Gustavo Vera, presidente de la Fundación La Alameda.

La intervención sobre los curas tercermundistas no es la única del jesuita en las villas porteñas. Desde allí, confiesan en su entorno, apoya las denuncias contra la complicidad policial con el consumo de paco y el narcotráfico. Lo mismo hace contra las redes de tráfico de personas y reducción a servidumbre en la ciudad, el campo y la industria textil con dos organizaciones aliadas que nacieron en diciembre de 2001.

Una comenzó como la Asamblea Popular de Parque Avellaneda, creada en la génesis de los cacerolazos barriales del 20 de diciembre. La otra nació poco después.

Es el Movimiento de Trabajadores Excluidos, una organización que reunió a los primeros trabajadores cartoneros después de 2001. Está encabezada por Juan Grabois, hijo de Roberto, uno de los principales dirigentes del Frente Estudiantil Nacional (FEN) que se fusionó con Guardia de Hierro en 1972. El MTE es una de las principales cooperativas que fueron formalizadas en la Ciudad por la gestión de Mauricio Macri, luego de una larga serie de reclamos, pero también gracias al peso de la buena relación que tenía el cardenal con el jefe de gobierno de la ciudad que en 2012 destinó 1660 millones de pesos a subsidiar a los colegios católicos.

Un llamado, una nota formal, una dura homilía, una bendición, una movida de piezas del tablero en nombre de la Catedral Metropolitana. Así se mueve en superficie la influencia eclesial pero por debajo tuerce voluntades y presupuestos. A veces también brinda protección. Como es el caso de los antiguos integrantes de la Asamblea conducida por Vera que comenzó a reunir a los trabajadores textiles rescatados de los talleres clandestinos que funcionaban en el sur porteño.

La explotación extrema de la industria del vestido es uno de los costados más descarnados del capitalismo argentino, pero su denuncia no estuvo en manos de los movimientos sociales nacidos en 2001 o los sindicatos sino que, al menos en la última década, fue impulsada por La Alameda.

También denunciaban la explotación en el campo, hasta que el cardenal se acercó a Gerónimo Venegas, líder de la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (UATRE), uno de los sindicatos que debería combatir el esclavismo rural.

La llegada del Momo al círculo cardenalicio, se sumó a la relación con el líder de la CGT Hugo Moyano y el gobernador cordobés José Manuel De la Sota. Todos beneficiados con el apoyo púrpura para reclamar la apertura de la causa que investiga el asesinato de José Rucci en 1973.

El elenco también incluye al alcalde porteño y a la diputada nacional Gabriela Michetti, hasta que Mauricio decidió autorizar el matrimonio entre personas del mismo sexo en la Ciudad y Bergoglio acusó traición: había quedado desautorizado ante el Vaticano y ante sus opositores internos como el ultraconservador Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, que envió emisarios para pedir que “Bergo” excomulgara a Macri y a todos los ministros que hubieran intervenido. El pedido se volvió a repetir cuando la Ciudad reglamentó el aborto no punible, pero la alarma no llegó tan lejos porque la cúpula eclesiástica sabe que CFK no está de acuerdo con la legalización del aborto.

“A mi modo de ver, ha salvado muchas vidas. Puso el peso institucional de su figura para salir a bancar a denunciantes que la tenían muy complicada contr