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Aparicio Saravia -El Traicionado - Gonzalo Abella

 

SEGUNDA PARTE: LOS ACONTECIMIENTOS

 

XIX - LA PERFIDIA DE BATLLE

Los últimos meses de 1903 fueron de conflictos permanentes. En cualquier momento  podía estallar la guerra civil. El Directorio del Partido Nacional, al menos nominalmente,  seguía existiendo y Berro escribe a Saravia sobre su composición. El análisis de Berro refleja la lucha de clases instalada en el seno del Partido:

Las tendencias son dos. Una querría  un directorio amigo de Batlle; este es el desiderátum  de las clases conservadoras, que quieren la paz a todo trance y que nada les importa el decoro y las conveniencias del país ni del Partido…”

Carmelo Cabrera escribe a  Saravia proponiendo que en los departamentos con jefaturas políticas blancas se permita al Ejército perseguir forajidos y ladrones de ganado pero solo con unidades de hasta cien efectivos; un solo soldado de más que el ejército gubernamental introduzca será la guerra. Saravia aprueba esta disposición. Tampoco se permitirá allanar casas de dirigentes blancos, pues con  el pretexto de reprimir el abigeato y el contrabando se estaban buscando los arsenales del Partido Nacional.

Botana advierte a Saravia que el gobierno se está “armando hasta los dientes” y comenta con ironía   “todo esto ha de ser para dar sufragios libres como los han dado todos los gobiernos desde el año 65”

Saravia responde proféticamente:

“Temo que el gobierno, careciendo de hombres para utilizar la enorme cantidad de pertrechos bélicos adquirida, tenga que asalariar mercenarios extranjeros, lo cual nos privaría momentáneamente de los preciosos elementos que nuestros adversarios tienen la benevolencia de poner a nuestra disposición….”

Saravia plantea aquí con ironía dos cosas; el carácter mercenario de los soldados de Batlle y la convicción de que la guerra popular se alimenta del armamento capturado al enemigo.

La nueva tregua dura poco. En diciembre de 1903 la situación se precipita en la frontera. Un incidente entre borrachos genera un conato de enfrentamiento entre soldados brasileños y autoridades “blancas” que encarcelaron a un revoltoso que era hermano del Prefeito (intendente) de Sant’Ana. Batlle anunció la solidaridad “nacional” con la jefatura “blanca”, lo cual al principio ésta agradeció; pero aunque ya se había solucionado el conflicto, el Presidente dio orden a los  regimientos 4º y 5º de caballería, de Tacuarembó, que avanzaran hacia la frontera “para protegerla”.

Carmelo Cabrera, jefe político “blanco” en Rivera escribió años después evocando este hecho, que fue el detonante de lo que vino después:

Comuniqué al General… y procedí a tomar mis medidas para evitar una sorpresa. Valiéndome de medios especiales establecí el control sobre el telégrafo de modo que no pasara una orden para los regimientos sin yo saberlo. El Ministro de Guerra empleaba una clave numérica sencilla que a los 7 u 8 telegramas interceptados quedó descifrada. El 2 de diciembre capté un telegrama que decía: se tendrán los regimientos listos para abrir campaña en Rivera inmediatamente. En caso de ser rechazados se replegarán a Laureles sobre el Tacuarembó incorporándose a la División que está bajo el mando del Coronel Escobar…”

No había dudas: la intención del Presidente Batlle era la guerra. Había comentado entonces Don Carmelo:

“de no haber sido sordo el Directorio al General ya tendríamos todo el armamento”   

Todavía  el 29 de diciembre Aparicio duda si la guerra estallará de inmediato o si los movimientos de los regimientos son sólo una provocación de Batlle para hacer que aparezcan los “blancos” como los violadores del Pacto.

Las comisiones mediadoras se reúnen, hacen propuestas, pero las tropas ya avanzan con órdenes concretas y precisas. Cuando Batlle recibe el llamado de los últimos mediadores simplemente responde para la Historia: “ya es tarde”.

El ferrocarril trae las tropas del Gral.  Muniz hasta Nico Pérez el 2 de enero. Ese mismo 2 de enero de 1904, ciento diez tiradores “blancos” parapetados en Rivera contienen al 4º y al 5º regimientos, que sin hacer mucho esfuerzo se retiran a Laureles como tenían  orientado

Mariano Saravia informa a Aparicio:  

“Desde ayer nos encontramos guerrilleándonos con el enemigo en El Paso. Supongo sea Escobar pero no puedo calcular su número”

Se denomina “guerrilla” al destacamento avanzado de un ejército regular que avanza para tomar contacto con el enemigo y detectar su posición. Usualmente toma contacto y  se repliega,  pues no cuenta con efectivos ni poder de fuego para sostener un combate regular sino que su estructura y equipamiento hacen énfasis en la movilidad y las comunicaciones.

XX - EL AÑO 1904

Justino Muniz comienza la persecución de las fuerzas de Saravia que sólo presentan combates defensivos y se van replegando. Saravia quiere llevar a Muniz hasta la frontera. Después de los combates de Mansavillagra e  Illescas  Muniz recibe el refuerzo del General Galarza.

Saravia pasa por Melo, se muestra ante la población desfilando con lentitud por sus calles, y continúa su retirada, aparentemente hacia el pueblo brasileño de Bagé.

Muniz dicta una carta para Batlle:

“Hoy entré en Melo. Marchan en tres columnas hacia la frontera. Los seguiré hasta disolverlos. Dejé al joven Dioniso Pérez encargado de la Jefatura política de Cerro Largo “

El diario “El Día” de Batlle  hace sonar su sirena en señal de victoria.El diario “La Razón”, también de Montevideo, anuncia:

“En las esferas oficiales se da por definitivamente concluido el alzamiento nacionalista”

El diario “El Día” editorializa el 28 de enero:  “Saravia, viéndose fracasado como General de Ejército,… ha resuelto transformarse en jockey criollo…”

Pero Saravia lleva a Brasil sólo carretas vacías y carruajes con los heridos. Los  acompañan cientos de voluntarios que aún no tiene armamento y lo buscarán tras la frontera para volver. Todo se hace con tal ostentación, con tal violación aparente de las normas de seguridad como puede hacerlo un ejército desmoralizado al cual ya no le importa ser visto. Los informantes creen ver allí a todo el ejército nacionalista en desbande.

Entonces Saravia vuelve al Sur en dos columnas, a toda marcha y ya a fines de enero reaparece por sorpresa a 100 km de Montevideo. Los diarios de la capital pasan de la euforia a la angustia. Montevideo, cuyas murallas coloniales habían sido derribadas cincuenta años atrás, ahora  se rodea de trincheras. 

Los revolucionarios vencen en Fray Marcos y ahora “El Día” debe reconocerlo aunque minimizando los impactos:

“El General Muñoz en su derrota comprometió algunas escasas fuerzas organizadas que se habían incorporado ya. Entre ellas estaba una corta sección de artillería de la que tuvo que abandonar dos cañones y dos ametralladoras en un mal paso….”

En los departamentos bajo su administración, las jefaturas “blancas” comienzan a cobrar a los más ricos los nuevos y severos “impuestos revolucionarios”. El gobierno de Batlle responde interviniendo en los bancos los ahorros de las familias nacionalistas y ordena la interdicción de todos los bienes de los “blancos”. Esto volcó a los ricos terratenientes de origen nacionalista aún más decididamente contra el alzamiento popular.

El escritor “blanco” Javier de Viana había sido capturado por las tropas gubernamentales y nos da un testimonio interesante sobre el Ejército gubernista. En un pasaje de sus memorias Viana demuestra que por más “blanco” que fuera, no estaba libre de los prejuicios propios de un intelectual montevideano. Comenta:

Diez, doce chinas desfilaron junto a mí. Unas en sillas de señoras, otras a horcajadas, todas llevaban sombrero de pajilla y en las copas  una ancha cinta colorada… un pañolín del mismo color circundaba sus cuellos flacos, negros y rugosos Entre todas aquellas fealdades repugnantes había una parda correntina que montaba un tostado mestizo y lucía sobre la rica montura un vestido de seda negra, gruesos aros de oro adornaban la pulpa de sus orejas,  y otros aros gruesos, engarzando piedras vulgares, ceñían los dedos de la mano que sostenían una sombrilla de seda encarnada. Es la jefa, dijo un oficial que se quitó el sombrero para hacerle un reverencioso saludo a la marimacho”

Las prostitutas estaban prohibidas en el Ejército de Saravia. A duras penas aceptó lanceras de enorme prestigio, como Longina Arévalo e Isidora Altez. Esta última, que tenía un máuser capturado en combate a los “colorados” acampaba aparte, junto a sus hijos también combatientes.