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Necesarias Referencias Históricas

 

Apuntando siempre hacia el objetivo común de una sociedad mil veces menos injusta que la del modelo vigente, leo y releo la historia propia y la ajena, contemporánea, moderna, y a veces antigua, buscando los caminos más accesibles.

Siempre choco con el mismo obstáculo: las FFAA no artiguistas, coloradas, desde el nacimiento de esta divisa. Las primeras fuerzas de nuestra historia, las de Artigas, fueron voluntarias y sin más finalidad  que la creación de una patria, un sistema político y el justo goce del bien común.

Las segundas, las  mercenarias al servicio de un partido, (hoy, de los tres mayoritarios), de las oligarquías y de los grandes intereses extra fronteras.

Es lo que hay, valor. A la vista, en el actual contexto interno y externo, un obstáculo insalvable.   

Maquiavelo, extraordinario observador y político de eterna vigencia, hace 500 años decía: siempre me ha parecido un error y una desgracia que se separe la vida civil de la militar y que se haga un oficio de esta última. Así el soldado se vuelve violento, corrompido y enemigo del ciudadano.

Alfredo de Vigny, hombre de letras francés, noble y ocasionalmente militar de grado, llegó a decir en 1835 quela existencia del militar es  –después de la pena de muerte-  la huella más dolorosa de barbarie que perdura entre los hombres.

Albert Einstein, calificó al militar como el peor engendro de la Humanidad.

 Tenemos en este país, la posibilidad de iniciar un proceso de desmilitarización pacífico sin violentar necesariamente la Ley sino, al contrario, usándola, como en el caso del art. de la Constitución en su numeral 8º (designar todos los años la fuerza armada necesaria).

 Desmilitarizar en nuestro país puede significar entre otros, detener la sangría de su mantenimiento, funcionamiento y actualización. El soldado será más barato pagándole su salario y regalías sustituyendo el fusil por el cuaderno, el libro y el taller en carácter  obligatorio; otorgándole mérito e incluso prioridad para el llenado de vacantes en la función pública cuanto privada; reconociendo la formación y nivel intelectual del militar en cualquier nivel de formación o de grado.

 Fortaleciendo la Policía y la Prefectura Naval e integrando la misma  también al sector civil en la órbita del Ministerio del Interior (sin la bolsa de pedos a su frente)

 Muchísimos soldados, sobre todo del interior, podrían ser agraciados por la expropiación –no confiscación-  de tierras, a la par de mensuales y jornaleros del campo que aspiran a ser los dueños de su trabajo y su destino.

Reitero la referencia a una lejana nota sobre la propuesta de reforma agraria propuesta por Wilson Ferreira Aldunate para acabar con los extremos de tenencia –latifundio y minifundio-  y alentar y desalentar la eficiencia y la ineficiencia respectivamente, con una política tributaria absolutamente racional y justa.

Lenin,  tártaro más campero que urbano decía que en una comunidad atrasadísima como Rusia, el socialismo no podía triunfar de un modo directo o inmediato, pero sí que a costa de la expropiación del gran latifundio se podría crear una fuerza relevante para el movimiento revolucionario general.

¿Podremos albergar la remota esperanza de que este gobierno esté en la línea correcta asumiendo lo que decía el propio Lenin de que el buen estadista derrota a sus adversarios adoptando la táctica de estos?

Tomemos como referencia al tremendo aumento de la buro y la tecnocracia; de los beneficios a los grandes del poder económico y la entrega de la soberanía y el desprecio por el medio ambiente; de una integración regional limitada a lo económico más que a lo político ideológico (de Venezuela la plata pero no las ideas bolivarianas); el romance con las FFAA; el afán por desarrollar la producción energética (Lenin: un solo perito técnico vale por veinte comunistas).

Perdonen estas extrapolaciones, porque en el fondo de mi cerebro y de los sentimientos, creo que  a la cabeza de nuestro gobierno hay más un traidor que un estadista.

 Cada acto eleccionario  o mejor dicho, cada gobierno electo es, en nuestro país, una reafirmación del capital como motor de la economía y el Estado como fuente electoral, de neto cuño colorado batllista, iniciado desordenadamente por Rivera, siguiendo por los que voltearon a Fco. Giró, después por la bestia humana V.F., y a partir de entonces (1865) hasta la fecha, más de 100 años de absoluto goce de las prebendas del poder. Los grandes perfeccionistas del clubismo electoral fueron José Batlle y el sobrino preferido, Luis Batlle.

 Los levantamientos de Timoteo Aparicio contra el absolutismo de Lorenzo Batlle (padre de José) y de Aparicio Saravia contra Idiarte Borda primero y José Batlle después, tuvieron el mismo objetivo: la defensa contra la usurpación y el respeto a lo establecido para gobiernos departamentales de otro color político.

La causa de aquellas tremendas luchas fratricidas de desastrosos resultados para el bienestar del país, fueron causadas por la codicia de poder de los gobiernos y no por sentimientos personales de aquellos caudillos. El lema del coloradismo y del batllismo es el que acuñó Lorenzo Batlle Pacheco: gobernaré con mi partido y para mi partido.

 Quien conoce la historia de esos trágicos tiempos, comprenderá, el dolor que llevaron en su pecho los alzados  ante tanta infamia anterior cometidas por los colorados aliados desde siempre de los unitarios argentinos y de imperios continentales tanto como ultramarinos.

 Nuestros ciudadanos, el ser uruguayo, heredó más del coloradismo que de otra fuente. La esencia de la mayoría frenteamplista es de origen colorado. El coloradismo tiñó al partido blanco hoy inexistente.Son la misma cosa en política interior y en política exterior.

¿Quién puede diferenciar a un Trobo o a un Javier García de un delirante Daniel García Pintos? ¿A un Abreu de un Amorim Batlle, a un Cuqui Lacalle (el votante de Jorge Batlle) de Jorge Sanguinetti?

Nadie que haya conocido a Herrera y a Enrique Erro podrá pensar que Mujica fue realmente herrerista y menos aún seguidor de Erro, modelo de honestidad material e intelectual.

De Tabaré, a las pruebas con repugnancia me remito. Juzgo ambos, con las bases programáticas para un gobierno de izquierda a la vista.

Son el producto de una democracia manipulada por el poder, la demagogia y la mentira, para un electorado  más ávido en satisfacer intereses individuales que colectivos, ignorante, apremiado por la ambición o vocación del acomodo, por la pobreza o por la desesperación.

El Estado banca.

Las garantías electorales consagran el derecho de las mayorías, pero no la justicia de los resultados