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A 40 años de EZEIZA

Estimad@s:

El Compañero  NÉSTOR VERDINELLI, ha transitado profundamente una larga etapa de la lucha de nuestro pueblo.

 Después de participar en la Acción Revolucionaria Peronista, A.R.P. que encabezaba, John William Cooke ha de conformar el núcleo de Compañeros que emprendieron el camino de la acción directa, expresada en el foco rural, del campamento 17 de Octubre, de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP)  en Taco Ralo, Tucumán en 1968.

 Hoy con motivo del  40 aniversario del regreso del Gral. Perón a Ezeiza, analiza las tácticas y las estrategias presentes en aquella coyuntura y  que marcaron el desarrollo posterior de nuestra historia.

 Por su participación en aquellos acontecimientos, como así también por su clara valoración de las fuerzas políticas enfrentadas, nos permite ver nuevos elementos de aquel momento que marcó el inicio de un quiebre en las perspectivas políticas y un profundo costo político y  social para las fuerzas que buscaban la Segunda Independencia y la transformación Estructural de nuestra Patria.

Un abrazo.

José Alberto


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Recuerdos y Reflexiones: 20 de junio de 1973 EZEIZA

Esto no va a ser fácil. No es la noche victoriosa del 25 de mayo.

Es el desastre y el comienzo de una catástrofe histórica.

No sólo por lo que ocurre ese día, sino porque abre las puertas de la dictadura que nos dejará 30 000 detenidos-desaparecidos.

Empiezo con una aclaración necesaria: no hay, ni podrá haber, comparación de responsabilidades.

La derecha dirigida por Osinde asesinó miserablemente a muchos  compañeros o simples participes de la manifestación. Es de ellos la responsabilidad de pasar a la historia como los asesinos de Ezeiza.

 Errores y malinterpretaciones de la Tendencia, catastróficas evaluaciones de los Montoneros no cambian ni cambiaran ese hecho.

Una cosa es estar equivocado, otra ser un asesino.

 Osinde y sus colaboradores son los asesinos. Ninguna comparación es posible. Equivocarse es humano. Asesinar es caer en la miseria moral.

Pero dicho esto, quiero decir que si queremos aprender de la historia tenemos que analizar qué hicimos mal, donde nos equivocamos.

 Hoy, en Argentina, es muy importante que no nos equivoquemos, que el gobierno popular sepa llevar adelante una política justa y correcta. Porque equivocarse puede volver a costar mucho.

Así que ahora sí, a los recuerdos de aquel 20 de junio.

Que para mí no empieza el 20, sino por la mañana del 15 de junio. Porque aquí mencionaré una reunión que por lo que yo sé no suele mencionarse. Pero que en mi memoria tiene vital importancia para evaluar los que ocurrirá el 20 de junio.

Estábamos, Amanda y yo, en Rosario. Después de la liberación viaje para ver a mi madre y visitar, lleno de tristeza, la tumba de mi padre que en aquel entonces estaba en Rosario.

El 14 por la noche recibimos una llamada de Cacho El Kadri. Nos dice que Cámpora ha llamado de urgencia a una reunión en la Casa Rosada, para el 15 por la mañana y nos pide que vayamos. Juntamos nuestra ropas sucias, los 38 que nos habían proveído en la policía de provincia de Bs. As., salimos para la estación a conseguir boletos de ómnibus.

Conseguimos uno que nos llevaría pero que nos haría llegar algo tarde. Pero la ruta del ómnibus iba por la avenida debajo de la Rosada. Le pedimos al conductor que nos deje bajar allí y no hubo problemas. Llegamos al minuto.

Estaba Cacho y Carlitos Caride esperándonos. Directo a entrar a la Rosada y anunciarnos. Le dejamos nuestro bolsito con la ropa sucia a la recepción en la guardia. Les decimos que estamos armados, con permiso de portar esas armas. Se miran, desconcertados, no saben que decir. Finalmente dicen: no nos queremos hacer cargo de la responsabilidad de las armas. Entren nomás armados.

 Psicodélico: a entrevistarse con el presidente, armados. Vamos a la sala donde se hará la reunión, en la puerta granaderos muy serios, uno a cada lado. Nos abren la puerta. Seremos veintitantos en la sala. Como llegamos a último momento, no hubo encuentro anterior, así que al único que creo reconocer es a Machalski de las FAR.

Me enfurece no haber hecho una lista de quienes eran los otros. Sin embargo una cosa estaba clara: ninguno de los jefes o jetones de M o R.

A los pocos instantes se abre de nuevo la puerta y entra Cámpora, con una comitiva, entre ellos el edecán militar que tenía lo que a veces definimos como “serio como perro en bote”.

El Tío Cámpora nos saluda y agradece por la lucha llevada a delante. Muy brevemente. No tiene mucho tiempo (pronto saldrá para Ezeiza a ir a buscar a Perón). Y su mensaje es muy importante:

Nos dice que sabe que se están preparando disturbios para cuando llegue Perón. Que es de la más vital importancia que ese día haya paz y tranquilidad.

 Que Perón pueda llegar y hablar a su pueblo sin interferencias ni choques. Nos pide por favor, sabiendo que éramos todos amnistiados por haber luchado, que busquemos a los responsables y les transmitamos este pedido. Y así termina la reunión. Nos despide con abrazos! Y se le ve en la cara una expresión de profunda preocupación.

Cámpora era muy consiente entonces de que el palco estaba y estaría en manos de Osinde y su gente. Ha tenido informaciones de que eso no es aceptado por M que tratará de corregir la situación.

 Es también evidente que él no puede sacar a Osinde del palco.

Lo ha puesto Perón allí y Cámpora no lo puede cambiar

Por eso recurre a nosotros, para pedir que tratemos de evitar el choque. Porque las consecuencias serán terribles.

Desgraciadamente así fue.

Salimos consternados. Otra cosa que hace que no tenga más nombres de participantes es que inmediatamente salimos corriendo a reunirnos con otros responsables en las FAP para discutir la cosa y ponernos inmediatamente a buscar a los dirigentes.

Habíamos estado presos con Quieto y muchos otros M. Nadie desconocía entonces nuestra pertenencia por aquello de Taco Ralo. Y nadie podría desconocer a Cacho, claro.

Sin embargo nos encontramos con un muro de silencio.

 Nadie de los jetones aparecía ni respondía a nuestros pedidos de encuentro urgente.

Sólo gente de nivel medio. Que en confianza nos confirmaron que estaba decidido no aceptar el dominio de la derecha sobre el palco y Perón.

 Algunas de las posibilidades que mencionan son para poner los pelos de punta: por ejemplo ir al aeropuerto de Ezeiza y copar a la custodia de Perón, tomando ellos la custodia para conducirlo el palco en Puente 12.

 No sé si hubo preparativos serios, ya que el avión nunca aterrizó en Ezeiza. Pero la sola idea era estremecedora.

Creían, según nos lo dijeron, que bastaría mostrarles “los fierros” a la gente de la custodia para que se cagaran todo y se entregaran.

 Estremecedor porque mostraba qué poco conocían al enemigo.

Por desgracia ese enemigo mostraría su capacidad asesina en el palco y los meses y años siguientes.

Finalmente quien tiene contactos a alto nivel es Carlitos, ya que él tenía su zona de responsabilidad en La Plata. Nos llama a la noche del 18 ó el 19, para avisarnos que los planes son dirigir la columna La Plata/Sur desde atrás del palco, con la intención de coparlo.

Carlitos, que como nosotros tenían buen conocimiento de lo que son capaces los asesinos dirigidos por Osinde, nos pide que avisemos a nuestros cumpas P/PB para que se mantengan lo más aparte posible, atrás. Porque nosotros teníamos en común esa columna.

No hay manera de lograr que M cambie su estrategia.

Con esa información parto el 20 por la mañana para Puente 12, con la columna FAP/PB de Capital.

El ambiente (que nos resulta difícil compartir por lo que sabemos) es de fiesta.

Columnas de la Tendencia, nuestras, etc. Pero somos minoría.

Hay algo así como dos o tres millones de personas en camino al palco de Puente 12. Es, quizás, lo más cercano al Pueblo a que nunca se ha llegado. Sí, las organizaciones movilizaron mucho, 200, 300 mil...Pero sin duda la mayoría era LA GENTE, familias enteras, con abuelos y bebes...

Todos iban a festejar esta victoria, que le viejo Líder denostado y acusado, perseguido y prohibido llegara a encontrarse con su pueblo.

A pesar de que habíamos salido bastante temprano, nuestra columna no logra acercarse a Puente 12. No sé a cuanto estaríamos, quizás 1 km. del palco. Hasta allí llegamos. No había más lugar para seguir adelante. ¿Se acuerdan de la Spica, o la Hitachi, aquellas radios a pilas que eran la modernidad de la época?...así seguíamos los acontecimientos.

Como la mayoría de las columnas organizadas, llevábamos un grupo de autodefensa, armado con armas cortas (queremos decir con esto revólveres y pistolas, no metralletas o fusiles automáticos).

De pronto llegan las noticias, los rumores y los anuncios de la radio a través de los sistemas de audio del palco.  Se había ya anunciado que había una columna, La Plata/Sur que avanzaba por detrás del palco. Se escuchan advertencias (era Leonardo Fabio y alguno de esos que gritaba) pidiendo que la columna se detenga, que no siga avanzando.

Oímos o creemos oír, no sé si por radio, altoparlantes o a lo lejos, ruido de disparos. Sabiendo como venía la mano nos agarra inmediatamente la angustia... ¿qué estaría pasando????

¿Qué sería de los cumpas de esa columna que –guiados por los Montos- querían seguir avanzando?  Que la gente de Osinde y sus asesinos no vacilarían, no lo dudábamos.

La angustia e incertidumbre dura bastante, o por lo menos la sentimos muy larga. En esos casos los minutos parecen horas... finalmente se difunde oficialmente que ha habido tiroteo en el palco y sus alrededores y que por razones de seguridad Perón no aterrizará en Ezeiza sino en Morón. Y hay que desconcentrarse.

Creo que ese momento, esa caminata para desandar lo andado, sin haber logrado concretar la fiesta, ha dejado una huella indeleble en mi alma: millones de personas, cabizbajos y en total silencio.....es impresionante estar en medio de una multitud de cientos de miles o millones de personas y que no se oiga otra cosas que los pasos dados en un silencio espeso.

Nadie decía nada, nadie hablaba.

 La euforia y el espíritu de fiesta de unas horas antes se habían transformado en una tristeza infinita, indescriptible, que cada uno sentía crecer en su alma.

Tristeza y angustia. ¿Y ahora, qué pasaría?

La sensación era sin duda la de una derrota gigantesca, de proporciones impensables. Las almas y los cerebros todavía en estado de shock. No había por el momento ni interpretaciones ni pensamientos. La mente y el alma estaban en cero, inmóviles y paralizadas. Sólo ese movimiento mecánico de poner un pie delante del otro, yendo a sumergirnos en la negrura de lo impensable.

Por lo menos en nuestra columna, ni yo ni ninguno de los responsables, tenía nada que decir. Era sólo el silencio y el vacio.

El no saber qué hacer ni que pasará. Y si eso nos pasaba a nosotros, ni quiero pensar que sería esto para todos aquellos no militantes ni encuadrados (la mayoría, sin duda) que habían ido a vivir el momento más feliz de su vida y volvían con la vivencia más negra de su vida.

Se sentía que vendrían momentos difíciles. Luego, cuando empezamos a discutir y analizar tratamos de entender y de crear esperanzas de que tiempos mejores siguieran.

Nos equivocamos. La debacle comenzó apenas unas horas después con el discurso de Perón el día 21. Y se confirmó con la renuncia de Cámpora.

De ahí en más, es cuesta abajo, hacia el abismo que le costaría la tortura y asesinato de 30.000 personas.

Y no puedo dejar este relato sin las reflexiones que he ido haciendo sobre todo esto con el paso del tiempo.

En algún momento me importó señalar que la columna M tenía fusiles y metralletas. Cosa que yo sabía. Pero finalmente la conclusión es que no tenía la menor importancia para el desarrollo de los sucesos.

Con más armas o menos armas: el error garrafal fue la idea de “copar” el palco.

Que era lo que se suponía harían con una columna tan numerosa.

Vuelvo aquí al desconocimiento garrafal que tenían los Montos sobre el calibre de los asesinos a quienes tenían enfrente.

Pero lo central era la idea de que era importante tener el palco, estar frente al palco. Eso lo han reconocido, era la idea que tenían. Enceguecidos por la soberbia de creer que habían sido ellos los que habían traído a Perón (y no como en realidad fue, la lucha sumada del pueblo) querían imponer sus condiciones, muy enfurecidos porque Perón eligió a su derecha para custodiarlo.

Tema, naturalmente, que da para escribir mucho. Cuáles son las responsabilidades de Perón en esto y lo que seguirá.  Pero que no es el objeto de escrito.

Lo central del momento es que esto era una fiesta popular. Y que si ellos no estaban en el palco ni sus banderas frente al palco, era un detalle que no tenía importancia para el desarrollo político del país. Si, la derecha tenía el palco, pero Perón llegaría allí con Cámpora a su lado. La tendencia tendría un digno representante.

 Me deja las noches sin dormir, cada tanto, la idea de que si Perón hubiera llegado al palco con Cámpora a su lado, mucho hubiera podido cambiar en la historia. Por un lado hubiera sido impensable que se le exigiera la renuncia a Cámpora, que hubiera sido el héroe del día. Sólo eso es una diferencia enorme.

Pero, aún más, si la conducción M hubiera comprendido esto, significaría que hubiera tenido toda otra interpretación de la realidad. Eso hubiera significado que toda otra política se hubiera llevado adelante por parte de M.

Pero no, M se creyó tan fuerte como para imponer condiciones. Se creyeron que no eran una parte del movimiento peronista, sino que eran quienes podían dirigirlo. Incluso exigiendo compartir la dirección con Perón.

Hay dos cosas que puedo interpretar. Una, la sicológica a que no puedo evitar por mi formación de terapeuta.

 M cayó en desgracia total frente a Perón.

 Imagínense: Perón, viejo y enfermo (ya se sabía que mucho no le quedaba, sus médicos se lo habían dicho) viene a ese encuentro. Toda su vida se concentra en esa reivindicación final: el reencuentro con su pueblo. Y le sacan esa vivencia unos pocos minutos antes.

Es como el chico al que le sacan el caramelo cuando se lo está llevando a la boca. No sé si Perón hubiera tenido la capacidad de tragarse esa furia. Pero no creo que lo haya intentado mucho, porque viene la otra interpretación.

La interpretación política.

Perón, líder indiscutido del Movimiento, dirigiéndolo desde el exilio durante 18 años.

¿ A quien se le ocurre que en ese momento iba a ponerse a negociar su liderazgo?

 Sólo a la dirección M.

 Por desgracia para todos, resultó en el desastre. A un Perón que regresaba en función de jugar una carta Latinoamérica, después de haber sido el dirigente político de la Argentina desde 1945 no se le podía ocurrir dejar su liderazgo.

Se discute porqué Perón le cargó toda la responsabilidad a la Tendencia. Difícil de saber. Pero como digo hay factores sicológicos y políticos que llevan a que Perón los enfrente. Se podrá discutir largo y tendido este tema.

 Pero lo real es que esa fue la vivencia de Perón y desde ese momento se la jura a los M y la tendencia. La primera víctima es Cámpora. Y de allí en más se suceden los errores garrafales en la política de la M.

Lo que culminará con el asesinato de Rucci y el pase a la clandestinidad.

La M se creyó con poder militar, cuando su poder no era comparable ni por lejos con el poder militar del ejército, marina y aeronáutica.

Su poder era político, su capacidad de movilización. Lo que es útil y valioso en la lucha política, no en la lucha armada. Su poder político además estaba basado en que habían luchado por la vuelta de Perón.

Su capacidad política se desmoronaría como lo hizo cuando su política se convirtió en enfrentamiento a Perón.

Su pase a la clandestinidad dejó a la militancia de superficie como victimas fáciles de las bandas asesinas.

Su dirigencia, yéndose al exterior, dejó a sus militantes como blancos expuestos al extermino a manos de los militares y marinos, torturadores y asesinos.

Lo de Rucci, he comenzado a entender, se ha convertido en una cuestión vidriosa y resbaladiza, ya que se utiliza aún hoy en día.

Bonasso ha dado su versión, cuando Lino le cuenta cómo se hizo la operación. Ahora se discute si fueron o no los M, a partir de que Firmenich se puso a abrir una incógnita.

 Por mi parte, tengo la versión que Carlitos (que ya se había abierto de la P y pasado a M a partir de que las FAP se desarman) me da. También a él Lino (entonces yo no sabía que Lino era Roqué) le cuenta los mismo que a Bonasso.

Aunque ya teníamos esa disidencia política con Carlitos, siempre mantuvimos esa lealtad y cariño que se puede dar en la lucha y la convivencia carcelaria.

Y aquí viene la reflexión final: ¿cómo y porque se dá esto en la M? ¿Por qué esa obsesión de copar el palco?

 ¿Por qué muchos militantes de historia y calidad se someten a las fantasías de alguien como Firmenich y su grupito de confianza?

Toda una generación de militantes, como Cacho el Kadri que es la figura más reconocida, se queda en pelotas cuando esa política M desata la represión.

 Queríamos hacer y dar una lucha política. Porque no pertenecíamos a ninguna organización armada.

 Pero cuando las bandas asesinas de la Triple A comienzan a masacrar, a quien le íbamos a contar que no, nosotros no estábamos en la lucha armada.

 Se nos cerró la posibilidad de la actividad política abierta. Así fue que algunos tuvimos que tomar la decisión de irnos al exilio.

No teníamos sencillamente espacio político

 Algunos se quedaron en el exilio interior, otros en el exterior. Y algunos, como Cacho, volvieron cuando se pudo retomar la lucha allí. Otros, como yo, ya construyeron otra vida en el exilio.

Ahora queda esperar que, gracias a la política de derechos humanos que ha llevado el gobierno desde que asumieron, se puedan cerrar las heridas en la medida que se haga justicia. Y que de esa manera podamos tratar de reconstruir la historia y aprender de ella.

NÉSTOR VERDINELLI

Gotemburgo 19 de junio de 2013