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Políticos Frentistas y Blancos, Sindicatos y Estudiantes

escribe Sergio Israel  

27/6/13 Búsqueda edición 1.719‏ 

Las vacaciones de julio fueron adelantadas para junio. En el hotel Victoria Plaza, mientras recibía el cetro, la joven minuana Yolanda Ferrali, elegida Miss Uruguay, escuchó decir: "Hay que apurar la transmisión porque se viene la cadena".

También moría el escritor Francisco Espínola y una velada de boxeo en el Palacio Peñarol terminó casi sin público. "Está resuelto, es hoy" le había advertido esa tarde del martes 26, breve y seco, el senador comunista Enrique Rodríguez al dirigente de los funcionarios del Estado Luis Iguini, que pertenecía a su mismo partido.

El lunes 25, durante un brindis en la casa del diputado Luis Alberto Lacalle Herrera, el presidente de la Cámara, Héctor Gutiérrez Ruiz y su esposa Matilde Rodríguez recibieron —de boca de un funcionario de la embajada estadounidense— la confirmación de que el Parlamento sería disuelto.

La segunda etapa del golpe de Estado que había comenzado en febrero de ese año se concretó el miércoles 27 de junio de 1973, hace hoy 40 años. Bastante antes que a las 5 y 20 de la madrugada se difundiera un comunicado con el texto del decreto 464/73 redactado por el secretario de la Presidencia Jorge Pacheco Seré y firmado por el presidente Juan María Bordaberry y los ministros Walter Ravenna (Defensa) y Néstor Bolentini (Interior), que disolvía las cámaras, renovaba poderes especiales a las Fuerzas Armadas y policiales y, como en el anterior golpe de 1933, prohibía a la prensa "atribuir propósitos dictatoriales al Poder Ejecutivo", los rumores habían ganado a casi toda la sociedad.

A última hora de la tarde del martes, muchos sindicalistas comenzaron a abandonar a toda prisa la sede de la Convención Nacional de Trabajadores (CNT). La mayoría fue a organizar las ocupaciones de fábricas decididas desde 1966 para el caso de un golpe de Estado.

"Lo más grave del hecho es que, por segunda vez en el transcurrir del siglo, eran abatidas las instituciones y la indiferencia con que el pueblo vio caer al Parlamento y a la organización democrática", opinó el ex senador Amílcar Vasconcellos entrevistado por Víctor Bacchetta en 1993.

"La CNT no estaba dispuesta a rendirse. (…) Apenas supimos del golpe de Estado resolvimos convocar a la Mesa Representativa. Todos los dirigentes, automáticamente, pasamos a la clandestinidad", contó el ex presidente de la CNT, José D’Elía, a Jorge Chagas y Gustavo Trullen.

Al día siguiente, en la reunión de la Mesa Representativa que se realizó en la textil "La Aurora", se declaró formalmente la huelga. La medida, que duró 15 días, tuvo un comando compuesto por D’Elía, Gerardo Cuesta, Luis Iguini, Ignacio Huguet, Vladimir Turiansky y Walter Waluschi, formado durante una primera reunión en La Teja. El sindicato de FUNSA, que se había apartado de la conducción de la CNT por discrepancias con la mayoría comunista, decidió también sumarse a la huelga.

Temprano en la mañana, mientras ocho tanquetas M113 al mando del coronel Luis Queirolo rodeaban el Palacio Legislativo —aunque no esperaban resistencia— en la azotea de la vecina fábrica Alpargatas los obreros comenzaban la ocupación con triste privilegio: desde una terraza escuchaban los bandos militares en una radio portátil y veían en vivo y en directo la consumación del golpe.

Horas antes que los generales Esteban Cristi y Gregorio Álvarez y los coroneles Abdón Raimúndez y Alberto Ballestrino, entre otros, ingresaran al Palacio Legislativo, donde los esperaba casi solitario el portero, Víctor Rodríguez Andrade, campeón mundial de fútbol de 1950, los legisladores habían abandonado el recinto.

Apoyos y resistencia

Unos días antes, Pacheco Seré enseñó el borrador del decreto al también abogado Alberto Demichelli, ex ministro del dictador Gabriel Terra, quien dio el visto bueno y aconsejó actuar rápido, "antes de que lo haga un capitán".

En la noche del martes 26, Bordaberry y el herrerista Martín Echegoyen, luego presidente del Consejo de Estado del nuevo régimen, se entrevistaron durante casi una hora, mientras la sesión del Senado apenas logró quórum. Faltaron 11 senadores blancos y colorados, del sector Alianza Nacionalista de Echegoyen y reeleccionistas. La sesión fue presidida por Eduardo Paz Aguirre, en ausencia de Jorge Sapelli, preservado como carta de alternativa democrática.

Apoyos al golpe llegaron de cámaras empresariales como la Confederación Nacional de la Industria de la Construcción y la Asociación de Supermercados. También de la Confederación Uruguaya de Trabajadores (CUT), la Asociación de Funcionarios de UTE y la Unión Nacional de Afiliados (jubilados).

Alentaron el golpe Acción Ruralista, dirigida por el empresario Juan José Gari y el grupo reeleccionista del Partido Colorado, aunque luego Raumar Jude deslindó su posición personal. El propio ex presidente Jorge Pacheco Areco, entonces embajador en España, consultado por Bordaberry, pidió unos días para pensar y luego envió un telegrama ambiguo.

"Hubo muchos discursos pero no se quedaron a resistir", dijo años después Bordaberry.

El entonces diputado Lacalle contó que se armó con un revólver 38 y toda la munición que halló en su casa para defender el Palacio de las Leyes, pero como no había ambiente para eso se fue a dormir.

El presidente del Frente Amplio, general Líber Seregni, que se colocó al frente de la resistencia, pidió al senador Zelmar Michelini que aprovechara su viaje a Buenos Aires para evitar que Enrique Erro —a quien primero querían desaforar y luego detener sin más— regresara al país.

"No, no te embarques", le alcanzó a decir Michelini, cuando encontró a Erro en la cola a punto de volar a Montevideo en el mismo avión de la compañía Austral en el que había llegado el líder de la lista 99.

"Muera la dictadura" decía una declaración de Unidad y Reforma, el sector de Jorge Batlle. También hubo una proclama del Partido Nacional y otra conjunta entre este partido histórico y el entonces novel Frente Amplio, que provocó fuerte polémica (ver recuadro).

Para ese entonces, Ferreira Aldunate ya estaba instalado en el hotel Carsson de Buenos Aires luego de dormir una noche en el barco de un amigo en el puerto del Buceo y volar en avioneta de Punta del Este a la capital argentina, vía Paysandú, sin papeles, con su amigo Jorge Henderson.

"¿De qué me está hablando?"

 El 8 de febrero el comando conjunto del Ejército y la Fuerza Aérea —con el apoyo de la Policía y la solitaria lealtad a la Constitución de la Armada— tomó Canal 5, varias emisoras privadas y rechazó la designación del general Antonio Francese como ministro de Defensa. Francese tuvo que renunciar, Bordaberry quedó aislado y finalmente pactó con los mandos en la base aérea de Boiso Lanza, luego que no solo el viejo general legalista y entonces comandante de la Armada Juan Zorrilla, sino al menos cuatro generales en actividad se opusieran al golpe: César Martínez, Juan Toniolo, Luis Rodríguez Ambrigueto y José Verocay, que pasaron a retiro.

En 1993, cuando se cumplieron los 20 años del golpe, Búsqueda entrevistó al coronel retirado Venancio Caballero, uno de los militares que se habían opuesto al pronunciamiento.

-Un día antes del golpe pedí mi relevo porque se iba a hacer una barbaridad que no podía acompañar. 

-¿El 26 de junio?, se le preguntó.

-No, ¿de qué me está hablando? El golpe de Estado se dio el 9 de febrero, no el 27 de junio. Yo pedí el relevo el 8 de febrero.

Como Caballero, la mayoría de los protagonistas de aquellos días coincidieron en que el golpe fue en febrero y que la disolución del Parlamento no fue más que el remate de una situación ya saldada.

"Amenaza del Frente"

 Documentos del Departamento de Estado de los Estados Unidos publicados el año pasado por la historiadora Clara Aldrighi aportan nuevos elementos acerca de la participación de los gobiernos estadounidenses que hasta 1966 habrían frenado los intentos golpistas promovidos desde Brasil y Argentina.

Uno de los que aparecen más veces mencionados como golpista en esos documentos es el general Mario Aguerrondo.

En 1965, Aguerrondo, que fue designado por Alberto Heber jefe de la Región Militar N º 1, fundó la logia secreta Tenientes de Artigas, luego pilar del golpe de 1973.

Un documento oficial estadounidense (ver Búsqueda Nº 1.155) indicaba que el equipo de análisis de la Embajada en Montevideo respondió el 25 de agosto de 1971 a instrucciones del Consejo de Seguridad Nacional estadounidense, que encabezaba Henry Kissinger, para "preparar una estrategia, particularmente para asistencia bilateral, para el período 1972-1976, diseñada para incrementar el apoyo a los partidos democráticos en Uruguay y reducir la amenaza de una victoria política del Frente". Cuando finalmente se produjo el golpe en febrero de 1973, el equipo de analistas valoró positivo el cambio, porque el nuevo gobierno "podría encarar con más facilidad las reformas necesarias".

"Submarino" en la fábrica

La desocupación de las fábricas, locales de estudio y otras instalaciones durante la huelga general fue realizada de forma diferente según quién estaba a cargo de los operativos.

La directiva que tenían los ocupantes en todos los casos era no resistir y volver a ocupar apenas se presentara la ocasión.

La ex dirigente del Congreso Obrero Textil (COT) Graciela López relató  que un trabajador fue torturado mediante el método conocido como "submarino" en un patio de la fábrica, en Belvedere.López contó que fue testigo de las torturas que sufrió el ex dirigente sindical WALTER CHAPE (un militante de los Grupos de Acción Unificadora ya fallecido) por parte de integrantes de la Guardia Metropolitana.

La inmersión en agua conocida por el nombre de "submarino" buscaba que Chape diera los nombres de delegados sindicales. La tortura, que tuvo como testigos directos a varias trabajadoras de la fábrica, se realizó según López con el visto bueno de los gerentes de la empresa Fibratex. Según relató López, después de cuatro desocupaciones se levantó la huelga mediante un plebiscito organizado por el entonces ministro del Interior Néstor Bolentini. Chape pasó ocho años preso.

Zorro 1 y las "conmixtiones"

El senador nacionalista Wilson Ferreira Aldunate y el presidente del Frente Amplio Líber Seregni mantuvieron contactos a través de emisarios para apoyar la huelga general que enfrentó el golpe de Estado de 1973.

Recién exiliado en Buenos Aires, Ferreira recibió en el hotel Carsson al historiador Juan Pivel Devoto, que le transmitió un mensaje del presidente de Seregni en ese sentido.

Según relató el entonces secretario privado de Seregni, Oscar Botinelli, Pivel regresó de Buenos Aires a comienzos de julio trayendo la opinión favorable del líder de Por la Patria para emitir una declaración conjunta entre ambos partidos.Apenas regresó de Buenos Aires, Pivel se presentó en la casa de una sobrina del general Víctor Licandro, entonces muy cercano a Seregni.

Avisado por su sobrina, Licandro llamó a Seregni y le dijo en tono conspirativo: "Voy para ahí a llevarle un libro de historia". Después de acordar los términos de la declaración, a eso de la medianoche, Seregni se retiró a descansar mientras Pivel y Botinelli quedaron redactando el breve texto que fue difundido al día siguiente:

"Ante la ejemplar firmeza con que los trabajadores orientales vienen desarrollando la lucha por las libertades públicas y por sus reivindicaciones específicas, el Partido Nacional y el Frente Amplio declaran su más amplia y fervorosa solidaridad y el apoyo decidido a ese combate popular en defensa de los intereses del país".

Aunque según recuerda Botinelli, el texto en sí no ofreció reparos, la emisión de una declaración conjunta entre el Partido Nacional y el Frente Amplio provocó fuertes reacciones, sobre todo porque debido a "un malentendido" entre Pivel y Ferreira Aldunate, la declaración se emitió sin consultar al triunvirato que dirigía el partido y estos se enteraron cuando ya era un hecho.

Incluso dentro de Por la Patria, las reacciones fueron de rechazo a la firma del documento con el Frente Amplio.

Washington Beltrán fue otro de los que se opusieron. En un editorial publicado el 8 de julio en "El País", el ex consejero de gobierno contrario a la dictadura se pronunció contra "conmixtiones" con la izquierda y afirmó que "nuestro estilo de vida por el que luchamos no es el que ellos quieren para el Uruguay."

El dirigente de la 15 Julio Sanguinetti también opinó en contra: "Con toda claridad desmiento toda información que nos vincule al Frente"."Nuestra línea es independiente y si algún contacto buscamos en el futuro será con sectores democráticos que tengan nuestra posición", declaró a "El País". En el mismo sentido se expresó la Unión Cívica.

El entonces joven secretario de Seregni viajó poco después a Buenos Aires para tratar varios puntos con Ferreira y de paso procuró aclarar el episodio de la declaración. "Cuando les conté lo que había pasado, el Toba se agarraba la cabeza", relató Botinelli en alusión a Héctor Gutiérrez Ruiz, quien estaba junto a Ferreira en la entrevista.

Las relaciones entre el Frente Amplio y el Partido Nacional antes de la dictadura eran tensas. Cuando se eligió al presidente de la Cámara, el Frente advirtió que aceptaría votar a Gutiérrez Ruiz o a otro legislador del Movimiento Nacional de Rocha, que conducía Carlos Julio Pereyra, aliado de Ferreira, pero a ningún otro de Por la Patria, recordó Botinelli.

La manifestación del 9 de julio de 1973, según el ex secretario, concebida por Seregni como un punto alto en la resistencia y por el Partido Comunista como un cierre de la prolongada huelga, fue convocada también por el Partido Nacional. La discusión posterior a la marcha fue interrumpida cuando un comando militar vestido de civil, a cuyo frente estaba un oficial del Ejército, detuvo a Seregni en la casa del coronel Carlos Zufriategui, en Colonia y Yaguarón, minutos después que el general y varios dirigentes del Frente llegaran de la manifestación "pacífica y sin armas" por 18 de Julio, disuelta por el Ejército y la Policía.

"Tengo a Zorro 1 y Zorro 2 en Zorro 3", dijo por radio el oficial que ante la demanda de Seregni se identificó con un carnet a nombre de un capitán de apellido Núñez. La detención de Seregni y Licandro y la posterior de Zufriategui, que se entregó en la Región Militar Nº 1 para estar al lado de su jefe, cortó al menos por unos días la actuación del Frente

 Cuando fue detenido, el general estaba reunido con los miembros del comando de la CNT José D’Elia, Ignacio Huguet y Gerardo Cuesta. Un rato antes visitó a Seregni el primer diputado del Movimiento de Rocha por Montevideo, Jorge Zeballos, quien igual que los demás civiles, se salvó de ser detenido ese día

El relato anterior fue confirmado en términos generales esta semana por Huguet durante una de las 29 mesas organizadas en la Intendencia de Montevideo, por la Universidad de la República y el Instituto Cuesta Duarte del PIT-CNT, con motivo de los 40 años del golpe de Estado