Un día prendió el pueblo su fósforo cautivo, oró de cólera
y soberanamente pleno, circular,
cerró su natalicio con manos electivas;
arrastraban candado ya los déspotas
y en el candado, sus bacterias muertas...
Cesar Vallejo (Himno a los voluntarios de la república)
Ante la reciente ola de movilizaciones en Brasil, los medios de comunicación tanto internacionales como brasileños, repiten sin cesar una palabra: "sorpresa". Lo que sorprende a la mayoría de los politicastros y publicistas de la clase dominante, la masividad y contundencia del movimiento popular que recorre la tierra de Carlos Prestes.
La protesta iniciada por el movimiento estudiantil se expandió y sobrepaso las reivindicaciones iniciales (descenso de la tarifa de transporte público, boleto estudiantil gratuito) abarcando hoy denuncias y reivindicaciones en torno a la salud y educación, como así también denuncias acerca de la corrupción y el despilfarro de dinero público por parte del gobierno.
Las comparaciones con la llamada primavera árabe (esa serie de conflictos que abarca desde rebeliones populares legítimas, hasta invasiones imperialistas abiertas o disfrazadas), el permanente señalamiento de que en Brasil hay democracia y el PBI per cápita, que es uno de los más altos de Suramérica (en Porto Alegre es igual al de Chile y en Brasilia superior), ponen en evidencia la existencia, detrás de las reivindicaciones parciales y algunas de ellas ya logradas, que existen elementos que unen , como un hilo conductor, las protestas en Egipto, España, Chile o EEUU, elementos que no se pueden reducir al plano de la superestructura o la falsa dicotomía dictadura-democracia. Falsa desde la consideración abstracta de los regímenes, sin contemplar el carácter de clase que estos tienen en las sociedades estratificadas.
El hilo conductor de estas protestas es la crisis estructural del capitalismo, incluso cuando todavía no llegó a golpear con toda profundidad en Brasil. Ese fantasma pone en evidencia los problemas estructurales no superados ( y que no pueden superarse bajo el capitalismo) luego de más de una década de gobierno del PT. El avance de la frontera sojera, el crecimiento de las favelas, la militarización de ciudades enteras y la violencia social son el contraste de esta sub potencia regional en la que se realiza la ganancia de la mayoría de los capitales del sur de Nuestramérica.
Un esbozo de balance
La enorme masividad de la protesta, los logros y pérdidas, abrieron un escenario político nuevo, no solo en Brasil sino en la región. Algunos medios alternativos muestran noticias de “contagio” en Paraguay, país también militarizado pero con una enorme tradición de lucha y con una organización popular armada, el EPP, que también da indicios del cambio en proceso.
Las movilizaciones, en uno de los países más grandes y desarrollados en sentido capitalista del sur del continente, abren mejores perspectivas para la clase obrera y los pueblos de la región. Este movimiento todavía inorgánico pero que empieza a balbucear un programa, puede significar el resurgimiento (o sentar las bases) de la izquierda revolucionaria en Brasil. Es decir, de una izquierda revolucionaria con incidencia en el proceso político. Claro está que como señalamos, esta nueva situación sienta bases ya que una vanguardia política no surge en forma mecánica desde las luchas sociales. Los procesos subjetivos son más complejos pero las condiciones actuales son mucho mejores.
La enseñanza que esto nos deja a la militancia popular es que un ciclo de populismo no hace desaparecer las contradicciones entre clases ni adormece eternamente a los pueblos. Para el conjunto del pueblo trabajador, la enseñanza es mucho más rica: nos vuelve a recordar nuestra propia fuerza.
En nuestro país hemos conmemorando un nuevo aniversario del asesinato de Darío y Maxi. Es necesario recordar también las enormes movilizaciones que antes y después de la muerte los compañeros echaron por tierra con varios gobiernos, incluso el de Duhalde, un gobierno peronista, y condicionaron fuertemente al kirchnerismo, que recién una década después puede intentar un ajuste mayor.
Las luchas en Argentina todavía están fraccionadas, pero no menos dividida está la burguesía. Nuestra historia y el ejemplo de Brasil dejan más que claro que la lucha de Maxi y Darío todavía no culminó y a pesar de los breves retrocesos los trabajadores encontraremos el camino de la unidad y saldaremos cuentas con todos los verdugos, cuando además de echar un gobierno terminemos con el capitalismo creando nuevas instituciones y gobernando nosotros.
Por la unidad y el socialismo
FRENTE DE ACCIÓN REVOLUCIONARIA