El estalinismo hizo popular (entre los fanáticos sectarios suyos, de entonces) el método de “purgar” el organismo partidario de los elementos críticos. Era el preludio de lo que después venía: los juicios públicos, las campañas periodísticas de desprestigio, el acorralamiento de el (o los) disidente(s), la “autocritica” y, el inicio final del proceso que culminaba con la cárcel en los Gulags de Siberia y el pelotón de fusilamiento.
El MPP, el engendro tripartito (nunca fue“la fuerza que el Pepe construyó”) de Marenales (recientemente autopurgado), de EFH (fraccionalista tardío, desde que perdió poder en la interna) y de la patota del Sr. Mujica, su mandadera esposa, Lucía Topolansky (era la enviada “secreta” del trío a “bombear” compañeros en los organismos internos) y el resto de la comparsa que integran Bonomi, Agazzi y algunos más, está en el mismo camino.
Remedo de estalinismo criollo, tardío, más bien trasnochado y fuera de lugar.
Para los lectores de las nuevas generaciones, toda una franja juvenil, que no conoce el pasado de la izquierda uruguaya, el trasfondo de las luchas sectarias internas, el hecho de que el MPP –devenido en Eme-Pepismo- “purgue” puede caer como una sorpresa, algo inédito, novísimo.
No es así.
Resolver “desde arriba”, ilegalmente, por el simple hecho de tener “la manija” del instrumento político, o “aparato” no es una novedad. Ni en el “viejo” MLN-Tupamaros, ni en el novísimo entuerto que construyeron los tres personajes mencionados juntos.
Al MPP le tuvieron que dar fachada de “organismo más democrático” con congresos, plenarios, consultas, votaciones, porque la búsqueda de adaptarse a “vivir en régimen democrático-burgués” lo exigía. No podían seguir con las “ilegalidades” de viejo tipo, que hoy examinadas a la luz de los hechos y luego de más de 40 años, resultan ridículas.
Lo justificaban solamente la virginidad política y el atraso político de la militancia, en un marco de lucha cotidiana y sacrificada “de todos los días” que hacía que estos problemas parecieran “menores” cuando de manera alguna lo eran. El Dr. Navillat (Mario Navillat el “loco”) y otros compañeros supieron verlo a tiempo, señalar sus peligros, y luchar contra los excesos más fanáticos, conteniendo “desde adentro” sus eventuales y posibles desbordes.
Estaba además la figura señera de Raúl Sendic, hombre que toleraba las críticas y que no estaba dispuesto a acompañar “cualquier cosa”.
Nadie vaya a interpretar que eran solo dos héroes aislados: al lado de ellos existían muchos militantes que tenían peso y prestigio “en la interna” para darle fuerza a los eventuales planteamientos de aquellos. Fue por eso que los sectarios, no tuvieron nunca campo irrestricto para sus excesos, sus ilegalidades y otras disposiciones del subjetivismo.
Si en Uruguay nos salvamos de los asesinatos de militantes y líderes desde “la interna” (como sucedió en El Salvador y en otras partes) fue porque “la base” siempre tuvo el tino y el sentido común que más de una vez le faltó a los que fungían “de dirección”.
Muertos y desaparecidas aquellas figuras, obligados “al goteo” los militantes con prestigio moral en la interna, el campo se les hizo orégano a los otros. Peor aún, personajes que habían ocultado muy cuidadosamente esas tendencias antes, las expusieron formalmente. El virus estalinista, como “solución” organizativa se extendía, inclusive entre personajes insospechables del mismo, antes.
En el MPP se condensaron durante el período en que EFH, fue el mandamás indiscutido, el ideólogo, y hasta el historiador oficial. Después cuando su “estalinismo” fue derrotado en congreso (no lo votó nadie, y hasta hoy, aquel resultado electoral interno “es secreto”) pasó de su verticalismo con remedos estalinistas a la fracción lisa y llana. EFH es un “cometa” que pasa raudamente desde el aparatismo, al estalinismo, al remedo del fraccionalismo trotskista y termina de ministro de defensa, al servicio de los milicos, sin mayores aspavientos. Hombre, como se ve, de una versatilidad asombrosa, de una falta de principios básicos indudable.
Para los interesados en la “vieja” historia del MPP, el libro de Mario Mazzeo: MPP, orígenes, ideas y protagonistas” es una buena introducción. Y decimos “vieja” porque el actual Eme-Pepismo, con el ejercicio gubernamental, se ha convertido en otra cosa. Consignemos para los neófitos, en que el documento fundacional del engendro se llamaba: Del MLN al MPP
Y en él, empezó a tejer sus telarañas José “el Pepe” Mujica y con él aparecieron los personajes más notorios que lo acompañan: Bonomi, Agazzi, y “la Sra.” (“señora,…! pero hay que ver tu berretín de matrona!..) Lucía “la Tronca” Topolansky, de la cual algunos cagatintas han hecho una biografía como “Ana, la guerrillera”. El papel, como se sabe, “aguanta” cualquier cosa.
Eran las épocas, en que “el Pepe” preconizaba que “había que abrazarse hasta con las culebras” corolario obligado de su máxima fundamental: “como te digo una cosa, te digo la otra”.
Y al mismo tiempo que proclamaba esas máximas de sabiduría política y principismo innegables, practicaban también –por interpósita persona y a sotto voce- las purgas. Eran purgas chiquitas, disimuladas, sin mucha alharaca pero que sufrieron personas como Helios Sarthou y otros, mientras que el “abrazo” se extendía ante “luchadores sociales innegables” como el inefable Sr. Saravia (hoy caracterizado como “traidor” al nivel de Amodio!!!) y muchos más.
La historia del MPP –devenido en Eme-Pepismo- es eso.
Su base social, reciente, fue el triunfalismo electoral del Frente. Y como en el mundo de la física, confluyeron hacia él, la retahíla de profesionales, oportunistas, vivillos y trepadores, que acompañan todos esos procesos. El poder político es capaz de producir esos cambios de opinión repentina y transformaciones.
El poder político y los “cargos” gubernamentales bien pagos, muy por encima de “la canasta familiar”. Son la contracara de nuestro subdesarrollo y dependencia, suceden en Uruguay como en Venezuela, y recientemente se ha referidos a estos “bolivarianos” de “boina roja” el Sr. Presidente Maduro, cuando a expulsado a ciertos diplomáticos norteamericanos.
Acerca de estos fenómenos del alma colectiva oriental, del “voto que el alma pronuncia”- deben reflexionar las nuevas generaciones que se aproximan a la puja electoral, pensarla bien pensada con sus pro y contras ( si todavía, los más jóvenes, no están corroídos por el cinismo) y tomar sus decisiones cívicas.
Al MPP, como al Frente no hay que votarlos. Hay que hacerles sentir que su cinismo llegó finalmente a destino. Que se tienen que acabar las fantochadas.
El MPP particularmente, debe ser el blanco de la izquierda.
Señalamos esto en momentos (ver edic. dig. De El Observador del 1 de octubre) en que se escriben en primera plana “El MPP dejará fuera del espacio 609 a quienes apoyen a Moreira”
Es una reiteración de “las purgas” que se hicieron en su momento contra otros (Helios Sarthou y muchos más).
Los encargados de anunciarlo ante la prensa son dos advenedizos diputados el Sr. Aníbal Pereira y el Sr. Julio Battistoni.
Desde atrás, en Radio Uruguay, los apuntala y les da peso, “la Tronca” Topolanky que declaró: “En el MPP hay un marco de formalidad. No costaba nada decir ¿nos pueden recibir? Hubiéramos escuchado, aceptado y sanseacabó”. La frase es una mentira cínica de esa colaboradora de los milicos que es “la Tronca” Topolansky. Lo sabe ella y lo sabe toda la opinión pública que ha seguido los acontecimientos de las últimas semanas.
El MPP “purga” preventivamente a la Sra. senadora Constanza Moreira, porque su pre-candidatura presidencial tiene aceptación en las bases y hay que amenazar a esas bases con el “látigo disciplinario”.
Lo hace –además- porque con un senador Saravia (que les voló la banca) y dos diputados que han renunciado (a más de un edil por Artigas) saben que el horno no está para bollos. Que el MPP va a las elecciones en picada, con pérdidas formidables del electorado en el interior profundo y en la capital.
Es la consecuencia de todo el fraude gubernamental que ha sido el Sr. Presidente.
Pero en vez de abocarse a discutir el problema, se aprovecha la oportunidad para hacer lo mismo que se hizo tantas veces antes: tirar la pelota para adelante y seguir como si no hubiera pasado nada.
Hay que sumarle a los cálculos de reducir los aliados internos, las pretensiones del propio aparato del MLN, particularmente de Lucía “la Tronca” Topolansky de presentarse como la “cuarta” figura, detrás de lo que las encuestas marcan como las “figuras” del Frente (Vázquez, Astori, Mujica). O sea que son mezquindades con cálculo accesorio. Topolansky no es figura, sino “figurón”.
A eso el MPP quiere presentarlo como “el necesario equilibrio de figuras que deben integrar la dupla presidencial”. Para mantener “el pluralismo”. Es una mentira detrás, o encima, de otra.
Sabemos bien, que la prensa burguesa (y particularmente la cueva de El Observador donde anida la culebra del Sr. Gabriel Pereira, al cual los patrones lo han puesto, además, al frente de un programa televisivo que se denomina “En la mira”) hay que leerlo con el máximo de precauciones de seguridad, porque donde el personaje donde pone sus garras destila veneno.
Lo demostró en su reciente reportaje a Irma Leites. Es agente divulgador de los lugares comunes a la burguesía uruguaya de que los “violentos” son los luchadores populares, que buscan “mártires” y que sus pensamientos son “anacrónicos”.
Los Lessa y los Pereira son los mascarones de proa de la podrida oligarquía uruguaya, que les da realce para que difundan los tópicos que a ellos les son caros.
Todos esos factores deben ser tenidos en cuenta, por la opinión pública, -o por lo menos la parte de la opinión pública- que es reacia y rebelde a aceptar los brulotes periodísticos al uso para el público consumidor.
Aquellos que somos partidarios de votar en las próximas elecciones NBA (Nulo, en Blanco o Anulado), aquellos que no acompañamos la candidatura de Constanza Moreira, por múltiples motivos que no es del caso, explicitar ahora, somos sin embargo partidarios de un mínimo decoro a sus aspiraciones.
Constanza Moreira fue incorporada en la lista de candidatos al Senado por la lista 609, por la brillantez intelectual de su persona, y porque le daba a esa lista “el relumbre intelectual” que no tenían los que hasta ese momento la venían integrando. Ninguno de ellos calzaba sus puntos intelectuales y los senadores del MPP eran una serie burócratas o vivillos políticos sin color y sin brillo. ¿Y ahora, por su proclamación, declararla indeseable y réproba?
Ahí tienen los electores las canalladas que deben esperar del “aparato” que integran Bonomi, Agazzi y Topolansky, Aníbal Pereira y otros, con el aval de Mujica. Motivos más que suficientes para contemplarlos en toda su vaciedad y sus mezquindades.
Y definitivamente, las tácticas estalinistas del MPP –devenido en Eme-Pepismo- nos señalan a qué extremos de sectarismo obtuso, imbécil y retrógrado, ese organismo político ha llegado.
Digno marco, para el rechazo y el entierro que lo esperan en las próximas elecciones.