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Vida y milagros del APARATO, según la versión del NUEVO APÓSTOL, Mugrica

El “ladrillito” particular de un otrora excelente periodista investigativo Walter Pernas, continúa la política editorial de glorificación del actual presidente oriental, José “El Pepe” Mujica.

Del tronco de Brecha, salen todas estas ramas de intelectuales “progresistas” epígonos lamentables de una tradición periodística que con MARCHA y Carlos Quijano, supo sembrar y cosechar, tiempos intelectualmente más provechosos y edificantes para el público general.

Son 698 páginas de una ficción que tiene por título “Comandante Facundo” y de subtítulo el modestísimo subrayado de “El Revolucionario Pepe Mujica”. Biografía novelada, se nos agrega a pie de página.

Piadosamente el librito de marras se cierra en la bicicleteada previa a su carrera como candidato presidencial que, como todos saben fue, en la realidad, el comienzo de su verdadera historia, o sea la posibilidad, con una fuerza política poderosa al seno de la coalición de desarrollar un gobierno que girara a la izquierda y de ser él como Presidente y jefe de la misma el orientador de un nuevo curso en la historia nacional.

El libro se presenta como una “ficción” pero “basado en hechos reales”, un periodo de incubamiento de más de 5 años (del 2008 al 2013), más de 30 entrevistas del autor, y una  subjetiva (y liviana ¿o condescendiente?) revisión de declaraciones públicas del personaje principal –a lo largo de más de 28 años- de imposturas.

Del Sr. Mujica el expresidente Tabaré Vázquez hizo una síntesis escueta y lapidaria desde la tranquilidad de los EE.UU. Era- dijo- “un hombre, que dice muchas estupideces”

Los hechos posteriores a su ascensión al cargo presidencial, han confirmado plenamente aquel juicio que parecía peregrino y hecho a la luz de una disputa presidencial en la cual el preferido de Vázquez era el Sr. Danilo Astori.

Como todos saben Mujica, con todo el hándicap de antiguo guerrillero, tuvo la posibilidad de orientar un nuevo rumbo. La malgastó miserablemente porque la fuerza del aparato político que encabezaba no estaba ni organizada para gobernar, ni él como líder de la misma había constituido un equipo capaz de llevar adelante un gobierno.

 Todo el ímpetu que demostró en los momentos iniciales (reuniones con sus futuros ministros en el Quincho de Varela, visita intempestiva y tempranera al PIT-CNT, acuerdos con el PC uruguayo la fuerza política que le dio el espaldarazo para hacerlo triunfar) los orientó (a la manera de Herrera, Luis Alberto) para un objetivo limitado, menor: su llegada a la máxima autoridad de gobierno.

Un triunfo pírrico cuando se trata de la vanidad personal. Luis Alberto de Herrera orientó sus esfuerzos en hacer llegar su partido al poder, Mujica limitó los suyos a llegar él a la máxima magistratura.

 Llegado al poder, no supo desplegar sus fuerzas, organizar sus recursos humanos, fundirles una voluntad de gobernar.

Ni siquiera pudo movilizar a su grupo político (decenas de miles de voluntades) en un haz movilizador de la sociedad toda, utilizar las simpatías internacionales de las que disfrutaba tanto en Argentina como en Venezuela. Hacer confluir todos los elementos en un todo.

Con muchos menos elementos, Enrique Erro (padre), su pretendido modelo, dio una lucha desde el Ministerio de Industrias y Trabajo, que Mujica con experiencia ministerial y parlamentaria, más la titularidad de la presidencia nacional, no supo ni siquiera balbucear.

Enrique Erro, ha dejado tras de sí un nombre honroso, de hombre probo, enérgico, amigo leal y luchador aún en las peores condiciones.

 Mujica –con elementos de arranque más poderosos- pasará a la historia como un pobre mozo, que jugó con la vanidad del poder, sin saber –llegado al mismo- qué hacer con él. De sus lealtades en el campo de la amistad, mejor ni hablamos.

 Falta poco más de 12 meses para el cierre de su período presidencial, pero la colección de sus disparates, es ya vox populi, y hasta ha sido objeto de las letras de las murgas carnavaleras, veredicto popular que corre por las vías subterráneas de la subjetividad popular, pese a los denodados esfuerzos de sus funcionarios y de una parte del oficialismo “progresista” de presentarlo y propagandearlo como un hombre que concita la atención mundial y hasta una supuesta candidatura al Premio Nobel.

El más reciente episodio del personaje lo protagonizó su “discurso” en las Naciones Unidas, colección anunciadamente “exótica” de su pensamiento que se realizó ante el vacío casi total de la sala, cosa que los noticieros de película que se pasa por televisión le birlaron al público,  pero que conocían los redactores jefes de los periódicos y canales, particularmente los de los medios burgueses que por abrumadora mayoría ocupan el horizonte informativo del “paisito”.

Un país como Uruguay,  pequeño entre los pequeños y además de peso demográfico débil y envejecido, marcha definitivamente hacia su ocaso, en el brete de formidables presiones demográficas como la de nuestros dos vecinos: la Argentina y, particularmente, el Brasil.

Nuestras bobaliconas clases medias, la variación “del medio-pelo” particular de éste lado del charco, pretende ignorarlo, pero la desatención se parece más a la despreocupación del que atraviesa un cementerio chiflando, durante la noche. Aquí “no hay nada” pero “por las dudas”.

Una ficción lindante (o con zonas de contactos) con la realidad, cuando hace el culto a la personalidad de un personaje de gobierno padece un peligro que el autor no ha conseguido evitar: la caída apologética.

Pero más grave es la cuestión, porque se inmiscuye en el mantenimiento de un mito “la Orga” o el Aparato de la misma, mitología cultivada por los mismos responsables de la misma que se sucedieron en sus puestos de dirección.

La cuestión es seria porque costó muchas vidas jóvenes, convocadas a un combate desigual, por dirigentes que después se han alzado sobre el sacrificio de esos muertos, para glorificarse ellos mismos, como líderes y conductores, de un desaguisado de proporciones, que los tiene a ellos mismos como arrepentidos impenitentes de los ideales con los que en el pasado mandaron a tantos y tantas al sacrificio y a la muerte.

No estamos hablando de lo que Lessa, -agente intelectual de la oligarquía criolla- ha denominado “La Revolución Imposible”.

Estamos señalando su opuesto, una revolución posible, conducida al fracaso por una serie de “mariscales de la derrota” que después se han re-enganchado como sostenedores del “orden” tradicional y burgués, o turiferarios de las migajas del mismo como son ciertos cenáculos y “tertulias”  que se difunden en los medios masivos de comunicación en manos del bloque del poder tradicional y su orden injusto en el Uruguay.

En el poder están los Mujica, los Bonomi, los EFH, la “Tronca” Topolansky, y en las “tertulias” circula cierto “dramaturgo” sicópata de castigar a las mujeres (con cuchillo en el cogote), emulando a otro (éste residente, por el momento, obligatorio, de ese establecimiento VIP para asesinos calificados que está edificado en Domingo Arenas, con recursos públicos y custodiado por sus colegas de la mafia oriental del uniforme), nos referimos al Sr. Gavazzo.

De todos ellos la lista de sus “rectificaciones”, agachadas, claudicaciones, renunciamientos y falsificaciones, es larga y copiosa y principalmente pública. Es decir comprobable por todos, escrita, retrucada y múltiples veces señalada, a lo largo de los años que van del 85 hasta el presente.

Ligada o enhebrada con la misma se acumulan múltiples fechorías y hasta delitos que han hecho escuela y se perpetúan aún, hoy mismo, dentro del mismo aparato. Reclamar “solidaridad” internacional y embolsarse el producto de la misma en los bolsillos particulares, es la menor de todas ellas.

Hay cosas mucho más graves

Y sin embargo, sabiéndolo como siempre lo han sabido las clases dominantes, sus elencos políticos y gubernamentales, sus aparatos de inteligencia y seguridad, los directorios de las empresas periodísticas y  medios masivos de difusión (TV, Radios), el mismo Imperialismo, una “mano invisible” (¿la del Mercado, porqué?) ha funcionado para ocultarlo y silenciarlo.

Solo cabe una explicación: al que defiende el “sistema”, en tanto y cuanto sea un garante, servidor y escudero fiel se le silencia y tolera  todo. Son “nuestros HDP particulares y vernáculos”, se integran sin desentonar con lo que es la media de toda nuestra clase dominante y por tanto ¡Bienvenidos al Club!!!

A los aliados, como “a los caballos regalados, no se les miran los dientes”.

De todo eso, que está en los corrillos periodísticos de las redacciones, prescinde el Sr. Walter Pernas, finge ignorarlo y en consecuencia ni lo introduce (o sugiere) en su biografía “de ficción” basada en “la realidad”.

Peor aún, le hace llegar el libelo al mismísimo “Sr Presidente” que le aportó (faltaba más!!) “información valiosa y enriquecedora de la obra” (1)

Uruguay tiene ficciones históricas memorables, verbigracia las que concibió cuando no hacía política activa, en sus exilios, Eduardo Acevedo Díaz. Aquellas grandes obras primeras, épicas, rememoradoras de nuestros inicios patrios, se han continuado con otras más modernas, en los tiempos que corren como  la obra de Silvia Soler, de Mario Delgado Aparaín y  otros escritores del género. Todas ellas ficciones sin pretensiones de demasiada “realidad”, dejándole el campo libre a la creatividad del autor, pero con sólidas lecturas o asistencia a clases de historia bien escuchadas. Sustrato de realidad conocida y meditada que no le hace sombra a la necesaria ficción que los motiva a escribir.

Walter Pernas, que se introduce en este género literario, debería haberlas tenida en cuenta

En realidad lo que él hace es una “nueva historia del viejo MLN-Tupamaros” cambiando los ejes clásicos, establecidos. Ahora se hereda la tradición de autobombo de las “Historias” del Sr. EFH (2)

Con aquellas, EFH (y está documentado en película) se atribuyó una importancia mayor que “la de aquel canario” que era Raúl Sendic

 En la de Pernas, el autobombo pasa al Sr. Presidente, el Comandante Facundo.

Ahora es el “comandante Facundo el personaje central, el protagonista central, que “estuvo en todas” se eleva sobre Ernesto (seudónimo de otro ególatra, el Sr. Amodio Pérez) y le agrega a los  seudónimos, las pretensiones que estaban detrás, porque Ernesto se llamaba el Che, Facundo era el nombre argentino de Quiroga “El Tigre de los Llanos”, Emiliano, era el intento de remedo de Zapata y así por el estilo.

Pavadita de “ego” el inefable florero y semi-delincuente que era el “huérfano” (de padre sifilítico), el lumpencito del montón que andaba robando a los floricultores japoneses, el ladero del “flaco Melián” y que sólo salió del sub-mundo en el que vivía (la cofradía de la “barreta”  rompepuertas), por obra y gracia de una acción colectiva que lo trascendía.

En la primera parte de la obra, este pasado desgraciado, tiene que hacer malabares con la cuádruple pertenencia política-ideológica del personaje (a la vez “anarquista”, blanco herrerista (aunque de Enrique Erro), marxista marginal del MIR e “integrante del viejo MLN-Tupamaros).

Una verdadera “ensalada” de elementos contradictorios que disminuyen los méritos propios que tienen sus fuentes (el nacionalismo radical, la  noble corriente del anarquismo, la variable marxista “pro-china” y el mismo viejo MLN-Tupamaros).

A todo esto hay que sumarle los estudios no terminados (el bachillerato) y hasta los cursos “universitarios” libres, de contacto superficial con figuras intelectuales destacadas  (Bergamín poeta y participante de la Revolución Española, Paco Espínola escritor y combatiente antiterrista en Paso Morlán).

El universo de un hombre que pasó por el mundo, escuchando pero sin integrar. Sin hacer conciencia formativa de los ejemplos humanos y de los testimonios que recibía. La manifestación típica de la generación que condujo el “aparato”, todos ellos cortados por la misma tijera, pero con experiencias vitales diferentes: Mujica, Marenales, EFH

El resultado se materializa en la Torre Presidencial y sus preferencias y debilidades actuales: el “Pato Celeste”, el “Paco” Casal y otros personajes dudosos semi-criminales del mundo del éxito material uruguayo ( evasiones impositivas, trata de blancas, lavado de dinero, especulación con jugadores de futbol y vaya a saberse lo que nos deparan las informaciones de la Policía Criminal en el futuro, de algunos de sus preferidos actuales y contertulios).

Este es el hombre que fue definido por cierto mandamás de la Asociación Rural como “nuestro aliado” observación que los representantes del organismo que cuenta entre sus precursores oligarcas del calibre de  Domingo Ordoñana, y que no distribuyen al capricho ni al boleo elogios. Hay que hacer “méritos” bien probados para ganarse el ditirambo.

Mujica, el “Comandante Facundo” dejó de ser “revolucionario” hace ya demasiado tiempo.

Que todavía se utilice el sinónimo de “guerrillero” (en los medios de comunicación, para fomentar la pretendida asociación, la guerrilla es una forma de lucha, el revolucionario moderno un modelo humano de conducta) tiene un objetivo: obviar lo que esta manifestado, conocido de todos, expresado de mil maneras, reiterado cada vez que hay oportunidad y no le impide a él jugar con el concepto (a lo Luis Alberto de Herrera), pretender hacer una guiñada que él cree inteligente y cómplice a algún probable incauto.

 Un poco como el Máuser paraguayo que su émulo, mostraba en la panoplia de su Quinta, sin haber jamás tirado un tiro con él en defensa de la causa paraguaya durante la guerra del Chaco (más triste fue aún su rol, de “espada” en las huestes de Aparicio Saravia: quedó reducida a servicios auxiliares).

Es lo que alienta lo que algunos “tontos de la banderita”, el “medio pelo” que se agota en la histeria de  salir a agitar algo. Sostienen, los peores de estos sicofantes: “que el Pepe, quiere, pero no lo dejan”

Esa parte la capitaliza el Eme-Pepismo con su consigna “por la Liberación Nacional hacia el Socialismo” a la cual ninguno de ellos le puede poner fechas, pero que con la fe del carbonera sostienen, impávidos, “que algún día, habrá de llegar”. Cuanto más tarde mejor, porque la verdad es que no tienen ni idea de lo que apuntan ni a dónde van.

Queremos terminar esta breve reseña-crítica, con un señalamiento. La militancia tupamara acuño un léxico, giros y expresiones, que perduran y fructifican en el colectivo popular.

No hay militante en reuniones y asambleas que escuchando hablar, no identifique rápidamente “la parla” tupa.

 En el mundo cerrado de la izquierda fue una verdadera renovación de aire fresco, para salir de los discursos adocenados, esquemáticos que acostumbraba la izquierda tradicional. En su intento de reproducción, en los diálogos de su biografía novelada, Pernas fracasa estrepitosamente.

Allí hablan lúmpenes, con los lugares comunes de la guarangada vernácula al uso, en “el ambiente” patibulario.

Un desacierto que no es la menor falla del libro.

notas

(1)   Esto lo escribe W. Pernas, en su “introducción” fechada en septiembre del 2013. Para su eventual “desayuno” de periodista investigativo le vamos a dar algunas primicias inéditas, a efectos de que las considere en el futuro.

 a)   ¿Le señaló alguna vez las implicaciones de “la política de las dos patas”

b)  ¿No le explicó, o mencionó, la propuesta financiera del “fifty-fifty”?

 c)   ¿Nunca lo “enriqueció” con los “planes de secuestro”?

d)   El “misterio” de la muerte de Rony Scarcela, es ajeno a todos estos hechos?

 e)  ¿Los episodios “fronterizos” que narra el militante fallecido recientemente, Ricardo Perdomo, son manifestaciones de la “magnanimidad y el humanismo”del “Pepe” Mujica?

(2)   Señalemos al pasar que de la lista bibliográfica, en el rubro obras de EFH están ausentes una canallada y una payada fenomenales. Nos referimos a “En la Nuca” una obra difamatoria canallesca contra los militantes y la dirección del PRT-argentino y su malogrado líder Mario Roberto Santucho, gente de un temple e integridad que a todos ellos les quedaba demasiado grande.

La otra es una “interpretación” sobre los sucesos chilenos que este personaje pergeñó con otra atrevida, que entonces era su conyugue. Dudamos sin embargo que W. Pernas las haya excluido por madura reflexión, lo hizo porque no integraba la materia central de su biografía