"Las armas son necesarias,
pero naide sabe cuándo;
ansina, si andás pasiando,
y de noche sobre todo,
debés llevarlo de modo
que al salir, salga cortando"
de los Consejos del Viejo Vizcacha.
LA VUELTA DE MARTÍN FIERRO (segunda parte) José Hernández
Otra vez el Observador (ver edic. dig. del 9 de octubre), abre página, para el “Tambero” Zabalza, el Sr. Amodio Pérez y levanta un viejo comentario de Adolfo Garcé, sobre el tema Pando. Conviene no confundirse, conviene verle las “patas” a la sota y fundamentalmente conviene ser políticos.
Pando –cuando la limosna es grande hasta el Santo desconfía- es un tema que la burguesía y la oligarquía temen, que no les interesa. Por eso, hacemos estas consideraciones.
Pasar sobre hechos históricos pasados, sin considerar su revisión a la luz del cúmulo de elementos que ahora dispone la historia reciente, es un error.
Los protagonistas de aquellos hechos, si hubieran de repetirlos, modificarían su conducta y sus actitudes. Negarse a ello, por aferrarse a posiciones viejas, de hace demasiados años, es una estupidez.
Pando fue un hito en el camino, ¡qué duda cabe!!!
Pero por ese motivo no debemos mantenernos en viejas posiciones. “Pando y el Che”, dicen en estos días “muestran el camino”. ¿Qué camino? Abría que preguntar.
¿El camino de planificar apresuradamente, sin planes de retroceso, conduciendo una operación al desastre? ¿Perdiendo en la retirada, todo lo que se había ganado en el primer momento?
¿Seguir en la evocación “de boquilla” e imitativa de un Moncada que fue?
En Cuba se llamaba a esto, en un tiempo: “Oye chico, no seas comemierda”
¿Repetir con machacona bobería, el argumento de circunstancias de una “derrota táctica y una victoria estratégica? ¿Copiado al calco del modelo, como si no hubiéramos aprendido nada?
¿Ser ciegos a que los mismos que fraguaron aquella respuesta –para salir del paso, sin discutir seriamente con sus propia militancia crítica- hoy están a siglos luz de aquellos planteamientos, los han abandonado y nos dan ejemplo de renunciamientos como los que protagonizó y protagoniza el Sr. EFH?
¿Qué pretendemos hacer, demostrar que porque nos aferramos a aquellos viejos argumentos, somos, los que los sostenemos, los verdaderos “revolucionarios”?
¿Y además, contendemos en la prensa burguesa de El Observador, con qué fin, para qué? ¿También ahora nos comemos “la pastilla” de que “los programas bobos” (o la prensa burguesa y reaccionaria) son los que nos darán público interesado? ¿Emulamos “los consejos” que Mujica dice que le dio “la Tronca”?
Nos parece que así vamos por mal camino.
En otro lado está el necesario enaltecimiento de aquel episodio, no en ciertos caminos trillados de lo obtuso, lo sectario, lo mecánico, todos compañeros del “aparatismo”.
La verdadera conmemoración de aquel evento, de todos los enormes sacrificios que demandó, inclusive las vidas humanas asesinadas vilmente, cuando estaban rendidos, inermes, desarmados, merecen un mejor homenaje.
Empezar por revisar globalmente la operación y ver en detalle cada uno de los múltiples errores cometidos. Que son varios y que después se repetirán hasta llevarnos a la derrota.
Tirar “la pelota para adelante”, el “vamo arriba” son solo palabras vacías.
Demuestra que algunos no han aprendido nada de nada y han reflexionado muy poco sobre los hechos pasados con verdadera pretensión de superarlos.
El Sr. Giap, recientemente fallecido a la edad de 102 años, que derrotó tres colonialismos, el japonés, el francés y el americano, el estratega de Dien Bien Phu, él, sus camaradas y su partido hicieron las hazañas que protagonizaron, justamente por practicar lo contrario a los que algunos pregonan. Reflexionaba(n) seriamente sus errores y los enmendaba(n) rápidamente. Por eso los vietnamitas vencieron y los orientales fueron derrotados y una generación brillante fue sacrificada inútilmente, por una serie de connotados “mariscales de derrotas” y sus émulos actuales que siguen repitiendo como bobetas, aquellas viejas tonterías.
Lo mismo hizo en Cuba, Fidel, el Che, estrategas también de una victoria: la primera Revolución Socialista Victoriosa en América Latina. Y por eso cambiaron el curso de la Historia.
Es enorme el potencial creador de los pueblos del mundo, de los millones y decenas de millones de explotados, que padecen un sistema que caduca por sí mismo, sin que las denominadas izquierdas, sean capaces de aglutinar todas esas fuerzas para derrotarlos y enviar el capitalismo y el imperialismo al lugar que debe estar: la papelera de la Historia.
Ayer, en 1973, podíamos decir, que “debíamos haber combatido más y mejor”. Hoy repetir aquellas frases no tiene sentido. Peor aún, es persistir en viejos errores y no atinar a superarlos.
El Sr. Amodio Pérez, contertulio invitado de El Observador para hablar del tema Pando, es un invitado interesado, hace su propio juego, que es sutil e intrigante a la vez.
El está en el juego de hacerse un interlocutor válido, cuestión –con su pasado - que para el Sr. Gabriel Pereyra y para los financistas de la Mesa Directiva de Accionistas del Observador, es algo perfectamente pertinente. Para nosotros no.
Guárdese todas sus observaciones Sr. Amodio Pérez, Ud. esta fuera de juego, tarjeta roja múltiple y por unanimidad. Ud. sabe bien porqué.
Queda finalmente, el tercer convidado a repetir una opinión vieja, de la época de las “revelaciones por TV” con que los muchachos del Observador quisieron hacer su agosto, pasarles “el trapito” a los colegas de “la prensa seria” y hasta “la progresista” que en el episodio de la reentré del Negro Amodio, se comportaron como verdaderos chambones y heraldos de la mediocridad que caracteriza a todo nuestro “medio pelo”. Nos referimos al Sr. Adolfo Garcé, reflotado.
El Sr. Garcé tiene origen en una falange, la reformista que en aquellos tiempos estaba por “la coexistencia pacífica”, la “emulación socialista” y el resto del mandato que venía del PCUS, pero su dirección política que estaba y lidiaba en América Latina, tenía una visión más amplia de los problemas, estaba más cerca del “modelo cubano” que palpaban cada vez que visitaban la Isla, y sabían bien la influencia que ese entusiasmo tenía sobre sus bases militantes y los elementos de la juventud. No ignoraba los riesgos que significaba emular, repetir y copiar.
Por esa comprensión tenía una política dual, apoyar a los revolucionarios si estos sufrían algún descalabro (como nos pasó a nosotros) al mismo tiempo que -en otros planos- luchaba por imponernos su hegemonía, a través de mecanismos de alianza, donde lo internacional cumplía también su rol.
Particularmente la influencia cubana, la preponderancia que tenía (el PCU) como colectivo de partidos en la misma OLAS y, el manejo de las delegaciones “invitadas”.
Aplausos de Raúl Castro, sobre la cabeza de Rodney Arismendi, a éste no lo inmutaban, aunque hubiera cámaras que filmaran el episodio y lo registraran para la Historia.
Garcés, Rico, Caetano y otros actualmente forman un colectivo intelectual, que trabaja también a largo plazo. El objetivo es recuperar la preponderancia ideológica que alguna vez tuvieron, como elemento componente, en el rompecabezas de recomponer su hegemonía política –perdida- al seno del Frente Amplio. En el mismo sentido se trabaja en el movimiento sindical y su correlato político: las fuerzas votantes dentro de la ciudadanía.
A ese conglomerado intelectual, le cae grueso, la denominada supremacía tupamara, su predominio en la bibliografía, su prolongada presencia en el escenario político (no son los únicos).
Con características individuales personales -unos más otros menos- trabajan en socavar, firmes, esa situación. Desgastarla. Suplirla con otros paradigmas. Su papel en “la resistencia” durante la dictadura, el complejo de alianzas que planificaron, la “rendija democrática”, es para ellos, una línea de trabajo válida y que eventualmente puede dar sus resultados.
Por eso el Sr. Garcé acepta complacido ser expositor en una columna del Observador. Es parte de su trabajo, y la tarea esta por así decirlo, en el camino, de sus intereses y conveniencias.
Para El Observador, órgano de prensa burgués, interesado en demostrar las tesis de “la incongruencia” del pensamiento antisistema, contestatario, tal cual lo manifestó en su entrevista televisiva el Sr. Gabriel Pereyra ante Irma Leites, abrir espacio a esas rememoraciones tiene también un sentido eminentemente práctico.
Su tesis central es que hay una continuidad, entre aquella vieja violencia, hija de condiciones específicas de entonces y la “violencia” de las manifestaciones actuales. Ayer los “tupamaros” hoy los “anarquistas” y otros viejos tupamaros, inclusive los movimientos populares masivos en defensa de la tierra y el agua, en contra de la megaminería, son parte del peligro que hay que conjurar, denunciar, criticar, y buscarle todas las conexiones que permitan relacionarlos y condenarlos. Las luchas actuales hay que ahogarlas en la cuna, antes de que se desarrollen.
Es por eso que homenajear a los caídos en el combate de Pando, debe tener parámetros concretos: ni la ceremonia de circunstancias, falsa, que organiza el oficialismo a la puertas de “su cueva”, ni la recomendación a emular heroísmos innecesarios fuera de las circunstancias legítimas que entonces le dieron validez.
Los caminos no se abren, con muertos ni con mártires. Más bien están obstaculizados.
El general Patton, que era gringo, imperialista, burgués y arrogante (sin perjuicio de ser un excelente y agresivo líder) dijo una vez ante sus soldados: “Ningún país gana una guerra si sus soldados se mueren por la Patria, hacemos la guerra para que otros HDP se mueran defendiendo la de ellos”.
Había aprendido la lección que le dio Pancho Villa, en el norte de México, cuando como joven oficial galgueaba detrás de las invencibles fuerzas guerrilleras del caudillo que les causaban bajas y además les cantaban las cuarenta:
“Qué se creían los soldados de Texas/ que combatir era un baile de calquis/ con la cara llena de vergüenza/ se volvieron todos a su país”
Así se hace la guerra, por la vida, venciendo.
Así que honremos a los compañeros muertos, en silencioso recogimiento del alma, evocación sentida y serena y mucha reflexión. Sin gestitos destemplados ni alharacas imbéciles.
Porque ningún revolucionario de verdad, fetichiza la guerra, la más inhumana de todas las disyuntivas que puede plantear la vida. Y sin embargo, llegada, la misma, con la misma serenidad de juicio, debe ser implacable en el combate con sus enemigos y, no ahorrarles ni sangre ni sufrimientos.
Por los compañeros caídos!!!
Arriba los que luchan!!!