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5) Los límites del modelo de la ?revolución ciudadana? o los mitos en verde? limón

Lo que vino después solo fue cuestión de tiempo.

Del tiempo político de Correa: esperar la reelección, ver qué pasa con la mega-minería. El que la explotación minera se haya demorado por la caída de precios internacionales, pese a las reformas legales negociadas con los chinos en favor del capital transnacional, puso nuevas urgencias.

Sobre la base de la inserción subordinada en el mercado internacional resultado de la especialización primario exportadora (más aún con la dolarización), el gobierno ha mantenido intocada la estructura de la economía ecuatoriana, la matriz productiva heredada, y tampoco ha cambiado la política extractivista. Se sigue exportando el petróleo e importando derivados, sin industrializar nuestra materia prima.  Más bien, se puso mayor énfasis en la intervención del Estado pero en un contexto bajo la hegemonía reconstruida del capital monopólico.

En una economía petrolera, el Estado es el principal actor económico. Además es la estructura que efectivamente controla Correa y de la que obtiene legitimidad, la palanca para la acumulación de la fracción emergente en un proceso de modernización capitalista.

En el modelo implementado se combinan elementos neo-desarrollistas y de capitalismo de Estado (que propician la emergencia de nuevos sectores de burguesía), con continuidades neoliberales y con modificaciones institucionales, para apuntalar la modernización capitalista y la conformación de un nuevo bloque en el poder. Bajo la hegemonía del capital transnacional (chino, europeo, brasileño,…), en acuerdo (subordinante) con el capital monopólico tradicional interno, la fracción emergente hace su acumulación originaria desde el poder político.

Mientras los grandes recursos naturales son concesionados o explotados en asociación con el capital monopólico (en general transnacional) que maneja lo fundamental de la economía, las demandas de la mayoría de la población son incorporadas (resignificándolas) a la lógica del capital: son contratos (en infraestructura, en servicios, en consultorías, etc.), son concesiones (carreteras, puertos, aeropuertos, etc.), son privatizaciones (teléfonos, internet, etc.), son subsidios (condicionados o no), salarios, gasto público, que incrementan la demanda, que facilitan la circulación, que incentivan la producción, etc. 

Es decir, sin un cambio estructural que afecte al capital monopólico, que instaure el control social sobre la producción y la distribución, que construya el autogobierno de los/as trabajadores/as, la expansión del gasto estatal, el capitalismo de Estado, la reactivación de la economía, incluso su crecimiento, siempre inevitablemente terminan en provecho del capital. De allí que, cuando se agota el auge, cuando se estanca la economía, el capital reparte las cargas lo más desiguales posibles. Y los primeros en ser afectados serán las grandes mayorías.

Es un profundo error pretender que con subsidios y/o con gasto público y/o mejorando la distribución (que por cierto está determinada por el modo de producción, Marx, 1977: I, 19), etc., va a disminuir la desigualdad de forma permanente y sostenida, porque el capital genera y reproduce la desigualdad.

Además, la intervención del Estado (Estado de clase) se hace para reactivar la economía capitalista; es decir, el Estado “debe satisfacer dos funciones básicas: acumulación y legitimación” (O’Connor, 1981: 26) y el gasto estatal atiende a esas funciones. Por lo que el reformismo se revela como una forma de gestionar el interés dominante, y de encubrirlo [7]

Pero hay más. Tal modelo que combina ruptura y continuidad respecto del neoliberalismo (incluso más continuidad que ruptura), expresa la hegemonía del capital monopólico (en especial, transnacional) bajo las nuevas condiciones [8]

Y es implementado por un régimen “bonapartista sui-géneris” precisamente por carecer de proyecto nacional, que “nace como solución de compromiso al interior del capital monopólico y de control social sobre los sectores populares… [Que] aparenta erigirse por sobre las contradicciones para arbitrar, y termina enredado en ellas” (Rosero, 2010: 231).

Es decir, tal modelo sintetiza la renuncia a construir el capitalismo nacional (ni siquiera eso), siendo portador del interés compromiso al interior del capital monopr nuestra materia prima. lismo () transnacional. Por lo tanto, la diferencia fundamental entre el gobierno “Nacionalista-Revolucionario” del Gral. Rodríguez Lara de inicios de los 70 (primer boom petrolero) y el actual, es que aquél si tuvo un proyecto nacionalista, concretado especialmente en la defensa de las 200 millas de mar territorial (¡hoy enterrada con la firma de la Convemar!) y en la recuperación de la riqueza petrolera en contra del interés imperialista (nacionalizó el petróleo, creó una industria petrolera ecuatoriana, levantó la empresa estatal, entre otros logros), aunque sin prever los impactos.

En contraste, el gobierno actual expresa la hegemonía (reconstruida) del capital transnacional (chino, en especial) en asociación (subordinante) con el capital monopólico interno y con la fracción emergente (de la que sectores de la tecno-burocracia intentan formar parte) que hace su acumulación originaria desde el poder del Estado. Es decir, de afirmación nacional anti-imperialista, solo la retórica.

Pero además, la modernización capitalista, que pone un nuevo bloque de clases en el poder y que posibilita la acumulación originaria de la fracción emergente, requiere de la contraparte autoritaria que lo viabilice. Es que el ejercicio de hegemonía es siempre una combinación de consenso y de coerción, ésta última acentuada en un régimen bonapartista.

Y el gobierno actual así lo entendió desde el principio, desde Dayuma. Ha criminalizado la protesta social, ha enjuiciado por “sabotaje” y “terrorismo” a más de 200 dirigentes sociales, se ha cebado con colegiales por manifestarse (hasta encauzarles penalmente), además del manejo de la “seguridad” y la vigilancia, el proyecto “Libertador” que, como la legislación post-11/9, se planteó espiar a los ciudadanos, etc. El gobierno pretende disciplinar a la sociedad para imponer su modelo con la pedagogía del miedo y la represión, en defensa del interés del capital.

Hoy se reprime a los manifestantes contrarios al abandono de la Iniciativa Yasuní-ITT, se amenaza a los colegiales que se atrevan a expresarse con excluirles de su establecimiento educativo en un claro atentado contra sus derechos humanos, se ponen cortapisas a los reportajes sobre el parque (permisos, garantías, controles,…), se agrede y se miente sobre un cantautor irreverente,… Además del aluvión propagandístico.

El modelo económico cuyo dinamizador fundamental es el gasto estatal (en una estructura no modificada y en un Estado capitalista) es insostenible a largo plazo. Pese al gigantesco ingreso petrolero que ha batido récords históricos, bonos y gasto no son sostenibles. Al igual que el reparto para todos (con las asimetrías propias de una sociedad de clase), el empleo que se deriva, los bonos y subsidios, etc.

La mediatización de las reivindicaciones populares, que se ha movido entre la concesión y la propaganda, tampoco puede ser indefinida. Finalmente, el modelo (y el gobierno) está topando sus límites.

Indudablemente, el gobierno se vio obligado a tomar la decisión de explotar el crudo (de una de las últimas regiones no invadidas) por el hambre voraz de recursos que padece. El gasto incontrolado, base de su gestión económica y de su reproducción política, imprescindible para sostener la acumulación de capital y los mecanismos clientelares, exige más y más financiamiento. Para defender su decisión, el gobierno y sus portavoces dicen que se hace por el “interés nacional”, para atacar la pobreza y para solventar el cambio de la matriz productiva. Sobre lo primero, ya sabemos a qué atenernos. En cuanto a lo segundo, es la confesión de que en seis años poco o nada han avanzado, como el mismo Presidente reconoce.

Que, al mantenerse intocada la estructura, la política económica solo podía redundar en ampliar la concentración de la riqueza y en sostener el carácter primario exportador.

Pero la necesidad de recursos para sostener el gasto no solo se ha cobrado la Iniciativa Yasuní-ITT, está obligando al gobierno a plantearse otras medidas. Desde el recorte de gasto burocrático (almuerzos, viáticos y demás), ampliar el acceso a los dineros del IESS, atacar conquistas laborales, hasta focalizar el subsidio a la gasolina o eliminar el del gas a cambio de cocinas de inducción (una nueva oportunidad para la acumulación). Es más, el petróleo del Yasuní puede servir para garantizar nuevos préstamos chinos.

Con la misma facilidad con que se impulsó la Iniciativa, hoy se defiende lo inverso. La propaganda hace una voltereta imposible, se niega lo que antes fueron los argumentos centrales para sostener la Iniciativa: los pueblos en aislamiento voluntario no existen en la zona, se les desaparece para justificar la explotación; los impactos medioambientales estarán bajo control, es más, gracias al petróleo se podrá preservar mejor la biodiversidad. Lo que antes no era bueno, ahora es lo deseable. No solo eso. De pronto hoy es imprescindible el petróleo del Yasuní, es lo que faltaba para progresar, para construir las carreteras, las escuelas, los hospitales, que nos faltan.

La propaganda elabora la realidad a conveniencia. Se ofrece fondos para los municipios, las prefecturas, las parroquias, como si el dinero estuviera a la mano o viniera de golpe. O se amenaza con el apocalipsis si no se explota el petróleo… La clase dominante suele levantar el discurso del “interés nacional” para arropar los intereses propios.

6)      Una perspectiva desmitificadora

“O revolución socialista o caricatura de revolución”

(Ernesto Che Guevara) [9]

El socialismo del siglo XXI devino en el capitalismo dependiente en el contexto de la globalización y la crisis internacional del capital. Es decir, el gobierno actual solo es el proceso de reconstrucción hegemónica, por lo que no implica ningún cambio estructural. No hay revolución, ni siquiera “ciudadana”. Entonces, la explotación del petróleo del Yasuní es la continuación de la lógica gubernamental. Es la consecuencia de los mitos y premisas de esta “revolución” sin revolución, o como decía el Che, de esta “caricatura de revolución”.

La noción del “buen vivir” o sumak kawsay plantea otra manera de entender el mundo y las relaciones, otro modo de vida, otra civilización. Trasciende el “bienestar” neoclásico individualista al cual trata de reducirlo el discurso oficial.

Va más allá del desarrollismo economicista y de la reprimarización. Plantea otra episteme, incomprensible para la tecno-burocracia atrapada en los límites de su conciencia “fetichizada” (colonizada por el fetichismo mercantil, regido por la lógica de las cosas), prisionera en el mundo de la pseudo-concreción.

El sumak kawsay reivindica la primacía de la lógica de la vida (de las personas y la naturaleza) por sobre la lógica de la muerte (de la ganancia y las cosas, del capital).

El gobierno nos convoca a `profundizar un modelo neo-desarrollista, reprimarizador (extractivista), bajo la hegemonía del capital monopólico (en especial transnacional) indiscutida tras seis años en el poder, con continuidades neoliberales y con cambios apenas institucionales que lo han hecho factible.

Es decir, a más de lo mismo. Además afectar el paraíso mega-diverso y poner en riesgo a los pueblos en aislamiento voluntario, ¿para qué? ¿Para reafirmar nuestra situación primario exportadora y periférica, de un capitalismo dependiente? ¿A esos altísimos costos? En estas condiciones, es preferible que el petróleo se quede bajo tierra.

Incluso más allá de lo dicho hasta aquí, todo el sacrificio (humano, medioambiental) y los riesgos que implica la explotación petrolera en el Yasuní, ¿para qué?

¿Para que gane el capital monopólico (en especial transnacional) como ha sido la experiencia histórica (en forma directa o indirecta)? ¿Para que en parte sea trofeo de saqueo o premio a la corrupción (como tantas veces ha pasado)?

¿Para que sea útil a la reproducción política y se lo malbarate en el clientelismo? ¿Para favorecer al capital chino? En estas condiciones, es preferible que el petróleo se quede bajo tierra.

En una sociedad capitalista, donde no se ha producido un cambio estructural, donde la dominación de clase no ha sido afectada de manera fundamental, como es el caso de la sociedad ecuatoriana actual, la lógica de la ganancia rige la vida (económica, política, social, cultural, medioambiental,…) de tal sociedad. La explotación petrolera en el Yasuní no puede ser la excepción.

Frente a la voracidad del capital es preferible que el crudo se quede bajo tierra. Pero no para que otros sectores (del capitalismo “verde”) aprovechen para mercantilizar la naturaleza o los pueblos. Sino para darnos la oportunidad de construir un paradigma alternativo, para en un proceso de transformación estructural dar viabilidad a otro tipo de sociedad.

La decisión de explotar el petróleo del Yasuní debe ser tomada por el pueblo ecuatoriano en su conjunto, pese a los consabidos riesgos de demagogia, de utilización de las necesidades postergadas y de abuso propagandístico. No es lo óptimo, pero frente al control total de Correa de todos los poderes (y la aplanadora consiguiente), la consulta por lo menos abre un espacio de debate y educación política y ambiental. La oposición ética y la acción testimonial no son suficientes frente al poder absolutista, pero son necesarias y pueden ser complementarias a los otros esfuerzos. Pero habría que ir más allá.

Además, habría que exigir que la población directamente afectada tenga el derecho a participar en una consulta previa vinculante sobre la realización (o no) del proyecto, lo cual rebasa la legalidad existente.

El resultado de una eventual consulta no exime de responsabilidad histórica a los impulsores de la explotación petrolera en el Yasuní, más aún cuando se han volcado al ofrecimiento fácil, clientelar, y a la propaganda, que dejan ver los intereses crematísticos y politiqueros que los animan. Incluso, en el peor escenario, “vencerán, pero no convencerán” (Unamuno frente a la soldadesca franquista), porque “la mentira tiene patas cortas” y más temprano que tarde se devela. La propaganda no puede sustituir a la perspectiva histórica.

Su efectividad se reduce al corto plazo. Se diluye con el paso de los días, al contrario de aquella visión histórico-estructural que gana en profundidad con el tiempo. Las formas han cambiado y son distintas (lo cual es importante), hoy predominan las formas y los métodos de la “democracia” mediática, de la manipulación heredera de Goebbels, pero el enfrentamiento fundamental sigue siendo contra el capital. “La historia es nuestra y la hacen los pueblos”, proclamó Allende frente al asalto fascista.

En otro tipo de sociedad (en que predomine la lógica de la vida, de la satisfacción de las necesidades básicas respetando el entorno natural) se acatarían todos los procesos democráticos requeridos para decidir la explotación de los recursos naturales, obligatoriamente hecha por la empresa estatal especializada bajo control social independiente (sobre la empresa y sobre el proceso) con la participación de las organizaciones populares y de los trabajadores, del pueblo en su conjunto actuando organizadamente, esto es, ejerciendo su auto-gobierno.

Pero con seguridad, en esas condiciones se evitaría una explotación que pusiese en riesgo a los pueblos en aislamiento voluntario y a la mega-biodiversidad. Pero por supuesto, para garantizar que tal perspectiva sea efectiva en todo sentido, se requiere una transformación realmente revolucionaria que supere las necesidades y los horizontes del capital.

Quito, septiembre de 2013

Bibliografía

Acosta, Alberto, La deuda eterna, 4ª edición, Quito, Libresa,   1994, 397 pp.

Banco Central del Ecuador, Información Estadística Mensual, varios   números, Quito.

Comisión Investigadora de la Crisis Económica Financiera, Síntesis de   los resultados de la Investigación, Julio de 2007, 82 pp. (Pdf).

Guevara, Ernesto, “Mensaje a los pueblos del mundo a través de la   Tricontinental”, Escritos y Discursos, Ed. de Ciencias Sociales, La   Habana, 1977a, t. 9, pp. 355-372.

Mandel, Ernest, El capitalismo tardío,   México, Ediciones Era, 1987, 576 pp.

Marx, Karl, Líneas Fundamentales de la crítica de la economía política   (Grundrisse), Barcelona, Editorial Crítica, 1977, 2 tomos, XLIII-586   pp.-552 pp.

O'Connor, James, La crisis fiscal del Estado, Barcelona, Ediciones   Península, 1981, 348 pp.

Rosero, Andrés, La Asamblea Nacional Constituyente en la perspectiva de construcción   contra-hegemónica, Quito, Ecuador Decide – Democracia Socialista,   Agosto 2007, 12 pp.

Rosero, Andrés, “«Revolución Ciudadana» y   reconstrucción de hegemonía” en Memorias del VII Seminario internacional Marx   Vive, Universidad Nacional de Colombia, octubre de 2010, http://www.espaciocritico.com/sites/all/files/libros/mrxvv7/Marx_vive-AL_en_disputa-12.pdf

Servicio de Rentas Internas, http://www.sri.gob.ec/web/guest.

VVAA, “Derrame de petróleo en el Golfo” en National   Geographic, vol. 27 - Núm. 4, octubre de 2010, pp. 2-31.

Notas

<1  > La experiencia histórica enseña que se requiere un proceso de desarrollo autocentrado, la desconexión relativa del mercado mundial; más adelante, la reforma del agro, el proteccionismo, el control del poder político, la abierta intervención estatal. Esto junto con el control del conocimiento y los procedimientos tecnológicos y la maduración de una cultura burguesa empresarial. Es más, para cuajar puede demorar mucho e incluso necesitar de estímulos externos, a costa de genocidios y barbarie: en Europa tardó varios siglos y necesitó de América y el resto de colonias para acabar de cristalizar; en EEUU fue la migración de gente y capitales, y la conquista del territorio con enormes riquezas, la matanza de indígenas y la explotación de los esclavos, lo que aceleró el proceso; en Japón fue la reforma Meiji (con la abolición del feudalismo y el expansionismo volcado a Asia) que desató un proceso de modernización que ha combinado de manera original la imitación y la innovación, las tradiciones culturales y el espionaje industrial, el militarismo (hasta la II Guerra Mundial), las exportaciones y la inversión de capitales (más desarrolladas en la actualidad)

<2> Los procesos contemporáneos involucran nuevas complejidades. Así, las experiencias de desarrollo capitalista en el Sudeste de Asia en buena parte fueron posibles por las condiciones de guerra fría, que no existen en la globalización neoliberal bajo la hegemonía unipolar norteamericana; además muchos casos se construyeron bajo férreas dictaduras para imponer el proyecto hegemónico vinculado al capital transnacional. Tampoco tenemos a nuestro haber un triunfo revolucionario como en China que abrió un proceso de desconexión y de construcción de un mercado interno que, en su degeneración burocrática, llevó a la restauración capitalista con cierto grado de autonomía pero con gigantescos costos sociales y medioambientales

<3>  Para una discusión más profunda sobre el carácter del gobierno actual y de su proyecto, ver “Revolución Ciudadana” y reconstrucción de hegemonía, Rosero, 2010

<4> Para tener una idea de lo que esto significa hay que recordar que la telefonía móvil dejó USD 2.900 millones en rentabilidad (2009) (La Hora, 7/03/2010, B-1). El duopolio constituido por Claro y Movistar controla sobre el 97% del mercado, con contratos a 15 años plazo, en expansión gracias a las nuevas frecuencias entregadas para implementar las nuevas tecnologías. Resalta el contraste con la ganancia prometida por el petróleo del Yasuní, 18 mil millones: algo que se recuperaría en pocos años si no se hubiera entregado el mercado al duopolio mencionado

<5>  Sin el petróleo hubiera sido imposible cubrir los mega-subsidios entregados al capital monopólico. La sucretización de la deuda externa privada desde mediados de los 80 (1.300 millones solo por el diferencial cambiario, Acosta, 1994: 245) o el salvataje bancario de finales de los 90 (8.072 millones, Comisión Investigadora de la Crisis Económica Financiera, 2007: 46)

<6> Pese a que “la tecnología no es buena ni mala, ni tampoco neutral” (Melvin Kranzberg), los especialistas carentes de una visión contextual global abordan los problemas del sistema social con una óptica funcional, siendo su contraparte filosófica el neopositivismo (Mandel, 1987: 493)

<7>  Como reconoció el mismo Presidente Correa: “El modelo de acumulación no lo hemos podido cambiar drásticamente. Básicamente estamos haciendo mejor las cosas con el mismo modelo de acumulación, antes que cambiarlo, porque no es nuestro deseo perjudicar a los ricos, pero sí es nuestra intención tener una sociedad más justa y equitativa (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=143188)

<8>  Mientras el coronel Lucio Gutiérrez, auto-proclamado “el mejor amigo de EEUU”, se declaró admirador de Taiwán e intentó los negocios con China, Rafael Correa pese a la retórica soberanista nos ha colocado en la órbita china y mira a Corea como un paradigma. Eso para no hablar de la hegemonía transnacional, de la ofensiva anti-laboral, de la reprimarización, de privatizaciones, contratos y concesiones (petróleo, minería, telefónicas, seguros, EQ2, en la salud, en la educación, en universidades,…), de criminalización de la protesta social, del falso discurso de la “seguridad”, de la renovada alineación con el Plan Colombia, etc.

<9> Guevara, 1977a: 361.

enviado Correspondencia de Prensa-Ernesto Herrera