por Margarita Merklen
En esta semana se le debe haber dado ya el nombre de LUIS IGARZÁBAL a la escuela situada en la Colonia Rossel y Rius, cerca de Sarandí del Yí, (Durazno), en memoria a quien fuera uno de sus alumnos y que cuando se hizo hombre convirtió su vida en múltiples poemas, algunos que quedaron como tales y otros que se fueron convirtiendo en canciones y seguirán siendo cantadas por los niños de nuestra tierra, Uruguay.
Problemas de salud me impidieron acompañar esos momentos tan especiales, pero me han hecho pensar en lo que significa para nosotros, uruguayos, nuestras escuelas… a las que fuimos, las que conocimos, las de nuestros hijos y ahora las de nuestros nietos… esas escuelas tan especiales que tenemos en nuestra tierra, sin saber, sin sospechar siquiera que realmente son tan especiales,… por tenerlas tan cerca y como parte cotidiana de nuestros pasos…
Recuerdo siempre, como si fuera hoy, el día que fui por primera vez a la Escuela de Niñas, (escuela No. 2 de Durazno), donde comencé mi vida de escolar, iniciando Jardinera, a los 5 años, venida en ese mes desde Trinidad (Flores), donde nací y donde vivíamos con mi familia
Recuerdo ese patio tan grande y ese aljibe, tan antiguo… la maestra de Jardinera era amiga de mi madre …tuve muchas maestras, todas muy queridas… muchos salones, que me gustaron todos, tanto abajo como arriba, con esa escalera que me parecía tan larga y que llevaba a los salones de las clases superiores…
Pero lo que más me gustaba de la escuela eran los juegos que vivíamos en cada recreo, cada día… llenábamos de rondas el patio… rondas y rondas de niñas, cada una con una ronda cantada diferente, bailándolas, reviviendo ese folklore infantil que era casi el único folklore vivo existente en el Uruguay en aquellas épocas… y espero que aún siga viviendo en estos tiempos de nuestros nietos…
Cuando se iniciaba la primavera, quizás,… (pienso, recordando, que sería más durante los meses de calor) cambiábamos de juego y nos dedicábamos a las payanas… hacíamos entonces grupos de dos o tres niñas, sentadas en el suelo, en los corredores, y jugábamos con las cinco piedritas sobre las manos, haciéndolas girar sobre nuestras manos, en el juego de la payana… la uruguaya y la argentina… tirando alguna piedra hacia arriba y recogiéndola y juntándola con las demás, con todas las habilidades juntas y las destrezas increíbles, aprendidas de niña a niña, en esa enseñanza folklórica que se va transmitiendo año tras año…
Nuestra escuela de niñas, tenía un horario de cuatro horas diarias de trabajo… cuatro por la mañana en un turno y cuatro por la tarde en el otro…
No necesitábamos más tiempo que esas cuatro horas… era suficiente para aprender todo lo que debíamos saber en la escuela.
Y el recreo duraba media hora… también era el tiempo necesario para disfrutar de un descanso, dedicado a los juegos, que en el fondo constituían (y constituyen) otro tipo de aprendizaje, integrado mayormente por los juegos de transmisión folklórica del folklore infantil…
No puedo olvidar mi escuela y cuando la recuerdo lo hago siempre dentro de esas imágenes del patio lleno de niñas, lleno de rondas cantadas, bailadas, jugadas, por niñas… y de los corredores, en otras épocas, llenos de niñas sentadas en el suelo con sus magistrales juegos de piedritas, tiradas al aire, juntadas, arrastradas, en la payana…
Hace unos años, cuando todavía estaba trabajando en la enseñanza (siempre con música) realicé un trabajo que me llevó nuevamente a las escuelas, para tratar de enseñarles a los niños canciones… fue así que visité todas nuestras escuelas de los alrededores de la ciudad como también las dos de El Carmen y las tres de Sarandí del Yí…
Enseñé en todas nuestras canciones de niños y jugué y traté de que los niños recordaran sus canciones folklóricas, invitándolos a que bailaran las rondas, o las jugaran… y tantos otros juegos cantados… que nos pertenecen por ser uruguayos
Que les pertenecen también a varios países hermanos latinoamericanos, y hasta otros países europeos con quienes intercambiamos músicas y letras y hasta de otros idiomas, porque nuestro folklore infantil es muy amplio y abarca las tres Américas y Europa Occidental…
¿Qué tienen nuestras escuelas que las hace tan lindas? Creo que es esa sencillez, esa forma tan simple de relacionarnos, de hacer las cosas, hasta de vestirnos para ir a la escuela, donde sólo vemos las túnicas blancas y las moñas azules…
Y sólo una cartera (ahora mochila), para guardar los cuadernos y los lápices… Poca cosa en realidad, pero sólo la necesaria…
Sin embargo, nuestra enseñanza continúa siendo buena, continúa teniendo validez la sencillez de la propuesta, la sencillez de la apariencia y presentación de los niños, la sencillez de las maestras y su forma de enseñar y dirigirse a los niños… toda nuestra escuela es una muestra real de sencillez… De sencillez pero con sentido… con sentido y con propuesta profunda que permita a los niños aprender todo lo que necesitan para poder continuar luego sus estudios secundarios…
Nuestras escuelas continúan siendo centros en los cuales se tiene tiempo para jugar en los recreos, mientras las maestras conversan y comparten conocimientos y experiencias…
Y continuarán siendo centros formadores de personalidades de nuestros niños, los futuros hombres y mujeres de la patria que la irán formando en forma sencilla, pero manteniendo la fuerza de nuestras tradiciones e historia, de nuestra formación como orientales, como uruguayos, manteniendo vivas en los aprendizajes y recuerdos, cada una de las luchas de nuestro pueblo, cada una de las personalidades de nuestra historia, cada uno de los personajes de nuestros lugares… costumbres, canciones, rondas y juegos de niños…
Pasan los años pero nuestras escuelas mantienen vivas, intactas, su sencillez e historia… quedarán así, en cada uno de sus patios, de sus salones, de las túnicas y moñas de sus niños, en las formas de ser de sus maestras,… ¡qué sabio que fue José Pedro Varela con su lucha por darnos la enseñanza que nos dio… por su forma de ver la escuela….para todos iguales… por una patria para todos!…
¡Qué hermoso es ver, cuando salen los niños de sus escuelas, llenarse la ciudad de esos niñitos con sus túnicas blancas, corriendo, caminando, llenando las veredas y calles de nuestras ciudades…!
¡Y cuánta dulzura, cuánta ternura me invade verlos, jugando en nuestras escuelas libremente, en sus patios en los recreos, aquellos milenarios juegos que se van transmitiendo por herencia cultural, del folklore infantil, el único que existe en forma viva aún y que seguirá existiendo, mientras que nuestros niños continúen jugándolos y bailándolos … nuestras escuelas continuarán siendo en sus niños y sus juegos, el folklore infantil vivo aún, que desde épocas milenarias, nos pertenece…
Margarita Merklen Durazno, 20 de octubre de 2013