Qué bichos “jodedores” han resultado ser los ambientalistas.
Aparte de “fundamentalistas”, no se les ocurre nada mejor que venirse a la “Muy Fiel y Reconquistadora” Capital Cultural de Iberoamérica a “bostear” sus límpidas arterias urbanizadas con los desechos de sus caballadas cerriles acostumbradas a hacer sus necesidades según su libre albedrío.
Menos mal que todavía no se les ha ocurrido arrear alguna tropa de esas “cuatro vacas locas” que pastan en VALENTINES y sus adyacencias, cuyas flatulencias, como todos sabemos, son emisoras del maléfico gas meta-ano (de cuya polución ambiental bien que se cuidan de mencionar en sus libelos estos “románticos ambientalistas” herederos de Rousseau y además, apocalípticos). Es que cuando la gente quiere “joder” siempre encuentra la manera de hacerlo, aunque no haya motivos para hacer tanto barullo.
Joda que en este caso se trata, ni más ni menos, que de “ponerle palos en la rueda” a la carreta del “progresismo” que, como todos sabemos, nos va llevando hacia el “capitalismo en serio” como paso previo al socialismo.
Que, como sabemos los que sabemos de Historia, requiere de la industrialización que solo la explotación del hierro puede garantizarnos, aunque más no sea porque dicha explotación trae aparejada la “explotación del hombre por el hombre” y ya se sabe que sin ésta, el “motor de la lucha de clases” deja de funcionar, y si ésta deja de funcionar capaz que llegamos al “fin de la historia” y eso sería darle la razón al Fukuyama, Dios y Marx nos perdone.
Mire usted a dónde iremos a parar si no le damos entrada a esas “bestias ahítas de plusvalía” que son las multinacionales, tal como lo expresó un edil que está en contra de ellas pero de acuerdo con que vengan a llevarse la plusvalía generada por el trabajo de los obreros. Es por eso que tenemos que “diversificar la matriz productiva”.
Pero los ambientalistas, en su terco romanticismo añorador de los paisajes bucólicos y el libre vuelo de los pajaritos, no logran comprender dichas sutilezas dialécticas. Ellos viven en el pasado, mientras que nosotros miramos hacia el futuro (que, como siempre, está lleno de promesas).
Tienen “los ojos en la nuca” y es por eso que no se han dado cuenta que el capitalismo ya no es aquel sistema explotador y depredador contra el cual “jodíamos” cuando nosotros éramos jóvenes, en los años 60. Años en los cuales cuando nos visitaba Rockefeller no corríamos a abrazarnos con él, sino que le tirábamos algunos petardos a empresas multinacionales de las que este señor y toda su familia eran algunos de sus más encumbrados representantes. Lo que pasa es que aquellos eran otros tiempos y nosotros éramos jóvenes, y ya se sabe que la juventud es medio alocada.
La diferencia con estos de ahora, es que nosotros no estábamos “jodiendo” sino “haciendo la Revolución”.
No la hicimos, pero algún que otro lío armamos, ¿no verdá? Pero bueno, se justificaba porque lo nuestro era contra “la explotación del hombre por el hombre” y no por ese asuntillo del “medio ambiente”, de las ballenas, los pajaritos y la “defensa de los recursos naturales”. A menos que…
¡Pucha, ahora que lo pienso, lo que son las cosas: no se me había ocurrido! ¿Y si este asunto del medio ambiente incluyera también aquel asunto de la explotación del hombre por el hombre? ¿Esta explotación no es también una agresión al medio ambiente? Al medio ambiente social, digo, para no caer en el “naturalismo” de los fundamentalistas.
¡Pa qué me habré puesto a escribir! Las cosas que a uno se le pueden ocurrir escribiendo…
Ahora que lo pienso, tal vez nosotros no nos dábamos cuenta, pero los “cantegriles” y las “villas miserias”, (esos residuos del capitalismo) eran, también, parte del “medio ambiente”.
¿Y la “defensa de los recursos naturales” de la que hablan estos fundamentalistas, no será lo mismo que la “defensa de la soberanía nacional” de la que hablábamos en aquellos años en los que los “jodedores” éramos nosotros (aunque la palabra que nos correspondía era “contestatarios”, que tiene otro yeitiño)?
Claro, en aquellos tiempos la “contradicción fundamental” era, para muchos de nosotros, entre el Imperio y la Nación, pero como ahora el imperialismo no existe, vaya uno a saber de qué “contradicciones” se habla cuando del capitalismo se habla. ¿Será solo la existente entre el patrón y el obrero? Como quien dice, un asunto de entrecasa.
Ta todo muy confuso, la verdá sea dicha, y en estas condiciones pensar en las “contradicciones” resulta contraindicado.
Posiblemente, como otros conceptos sobre los cuales teníamos, en aquellos años agitados, interminables y sesudas discusiones, también este de las contradicciones haya caído en desuso. O se usen de otra manera, no sé. La globalización es lo que tiene: lo que antes era de una manera ahora es de otra.
Lo que parecía tan “sólido” se ha vuelto tan “etéreo” que se nos escapa de las manos. Será por eso que ahora el capitalismo se nos ha “humanizado”. Aunque las multinacionales sigan siendo “bestiales”. En fin, éste parece ser un nuevo tipo de contradicción. Al menos no se le puede negar que es una contradicción un tanto contradictoria consigo misma. Tanto que se parece mucho a una incoherencia.
Mejor dejo por aquí, porque si sigo atando hilos capaz que termino anulando mi voto. Y si anulo mi voto voy a terminar sintiéndome completamente anulado. Y de ahí a sentirme una nulidad no hay más que un pasito.
Voy a prepararme un matecito (con yerba de ayer, secada al sol), a ver si me aclara la confusión que tengo en el “mate”