"La cuestión política, en suma, no es el error, la ilusión,
la conciencia alienada o la ideología; es la verdad misma....."
Michel Foucault -Verdad y poder-
He leído con interés la breve, pero enjundiosa nota de Gonzalo Abella y entiendo sus aprensiones para abrir un intercambio sobre temas ideológicos, en virtud del carácter de candidato de una coalición del cual estará investido hasta noviembre de 2014, no sería pertinente así que, espero que no faltará ocasión de contar con sus puntos de vista para 2015, siempre que la biología sea piadosa con quienes pasamos esta interesante franja de las seis décadas.
En consecuencia seré respetuoso en no abusar de la libertad que consagra este espacio para incursionar en ese terreno, a aunque sería bueno ir definiendo desde ya, la especificidad del mismo, sin supercherías cientificistas apriorísticas que nos coloquen luego en la caricatura del "pensamiento ingenuo" ante quienes(abusando de la glosa de Foucault), se presenten como"...Aquellos que van a declararse marxistas porque juegan esta especie de regla de juego que no es la del marxismo sino de la comunistología, es decir, definida por los partidos comunistas que señalan la manera cómo se debe utilizar a Marx para ser, por ellos, declarado marxista.”, es decir, definir luego, el campo ideológico y sus tensiones sin asociarlo a ortopedias intelectuales ni salvoconductos
Comparto con Gonzalo la necesidad de definir algunas certidumbres básicas-de carácter positivo- en el quehacer político, pues este no puede pensarse desde la incertidumbre saludable de la filosofía, en consecuencia es casi tautológico- para este atajo heterogéneo de veteranos que perpetramos notas, ensayos y artículos en este espacio-, afirmar que se debe desplegar la misma con dispositivos "disciplinados a una voluntad colectiva " , creo que este extremo es un exceso de docencia que ofuscaría al propio Epaminondas de los textos escolares de nuestra lejana infancia.
Aunque parece ser -a tener en cuenta las afirmaciones de Gonzalo- que quienes incursionamos de manera discontinua en la Posta desestimamos "la importancia de luchar y obtener victorias en todos los frentes y ser reticentes con la sospechosa
“ Povertá del senso comune ” hegeliano ,extremo que lejos de poseer virtualidades "negativas”, parece-siempre desde mi mirada- dispensar saludablemente a este espacio de un carácter inclusivo, dónde no se pide credencial, cédula de identidad, ni trazabilidad partidaria para circular por el mismo, dónde lo importante es lo que se sostiene y es capaz, luego, de resistir en réplicas , debates o silencios, resultando poco relevante el pie de imprenta adjunto, ni la acreditación de nombre, seudónimos, curriculas ni sosías, para verter opiniones y sobretodo, no se arroga el constructo político de" proyecto alternativo”, y recoge en suma, una sana e irreverente( aunque para otros peligrosa) dosis de independencia política que no es lo mismo que" autonomía"
Intentaré recorrer brevemente este camino - de cierta aridez- que circula desde la pobreza del sentido común hegeliano en la fenomenología del espíritu hasta la reificación o falsa conciencia marxista, y el corolario Gramsciano “nelsenso comune si può trovare tutto” que advierte que el sentido común tiene características históricas, ideológicas y políticas que lo determinan y enrarecen, no para negar al sentido común, que socialmente funciona muy bien. y así lo reconoce Marx :
"los hombres en la vida social se ponen en contacto entre ellos, no a través de relaciones científicas sino que a través de relaciones ideológicas, o sea, de falsa conciencia”, entonces, apelando a una analogía algo reduccionista:, el sentido común nos puede inducir a afirmar de manera aleatoria que Mujica es el "presidente más pobre del planeta y un chacarero que defiende el sector" pero irónicamente nos confronta con la constatación del crecimiento exponencial vertiginoso de los transgénicos y de la concentración y extranjerización de la tierra como nunca antes, siendo titular del ministerio de Agricultura y luego presidente.
Seguramente, recorriendo esta "ratio” del sentido común concluiremos en el posibilismo político y el realismo que es -después de todo- reñido con lo que postula Gonzalo para acumular en política, pues, sin dudas él me resulta mucho más creíble y honesto que Mujica(y esto no es ningún mérito o virtud apologética), pero estaría dotado de menor sentido común.
Ahora bien, desde la imprescindible necesidad de incorporar en la política cierta dosis de realismo y positividad, a afirmar que el límite de la institucionalidad "buena" o la institucionalidad “mala" está dada por una representación imaginaria de arbitraje limítrofe que deslinda -de suyo-: la convicción de que sólo la UP-AP tiene posibilidades de obtener representantes parlamentarios, disciplinados a una voluntad colectiva y servidores desde un lugar visible a las causas populares, sociales, ambientales y antiimperialistas.
Es de un positivismo excesivo, aún reconociendo que no hay ningún tipo de connivencia ni complicidad -ni siquiera una guiñada- con el abroquelamiento corporativo de la Entente Cordiale que nos gobierna.
Pero, ¿porqué es dable pensar - y sobretodo invocando al sentido común- que el PT o el PERI no pueden ser poseedores de esas virtualidades?
Ellos tampoco están comprometidos-como bien señala Gonzalo-como lo está "hasta las manos" Constanza Moreira, y no por la constatación de que votó la ley de Megaminería en el parlamento, sino por ser, al igual que los eventuales diputados de Gonzalo "representante parlamentaria, disciplinada a una voluntad colectiva”, concluyendo que, dicha reticencia está determinada por cierta "ideologización" que el propio Gonzalo declina poner en cuestión al inicio de su nota a la posta.
Gonzalo define con lucidez la naturaleza de la candidatura de Constanza Moreira y desenmascara el actual carácter de clase del FA, a saber:
La senadora cumple una vieja función que siempre existió en los partidos burgueses: ser el “rastrillo de izquierda” que devuelve votos a un redil que se debilita.
Sin embargo, se presupone, se infiere, que su candidatura prefigura una ruptura fuera del sistema político de un partido proletario(o por los menos obrero) ergo, Lenin dixit "ese partido, sí existe" es ahí donde se entiende mejor esa insuficiencia propositiva de los posteros, -que de suyo- considera teóricos críticos que sin embargo desestiman "la importancia de luchar y obtener victorias en todos los frentes, incluido el electoral"
¿No será acaso, compañero Gonzalo, qué mono viejo no se sube a palo podrido? ¿no será que este atajo disonante de sexagenarios tiene una percepción de mayor sentido común de la que usted hace gala? Pero, sin embargo no se abrazan a la real politik investida de esa lógica tan perniciosa que confunde la mística con la exégesis discursiva de la "acumulación de fuerzas permanente" y de los puntos de inflexión en ascenso latente.
Recurriendo nuevamente la misma concepción positivista en la que se hunden sus certidumbres, afirma que: " las elecciones son un espacio acotado por la legislación actual y por el autoritarismo de estado."
Prefigura insuficiencias conceptuales sobre la naturaleza de dicho carácter autoritario que en definitiva pone en incertidumbre que el poder es detentado por una clase y más bien ha de concebirse como un conjunto de maniobras, tácticas o técnicas que componen su estrategia, el poder atraviesa las instituciones y los aparatos estatales, pero su multiplicidad no se agota en éstos, ya que recorre todo el cuerpo social. Sobre esta noción Foucault sugiere un modelo relacional de comprensión del poder, materializado en un campo de fuerzas sin finalidad identificable.
Esto sí pertenece a la esfera de la teoría, que no es otra cosa que un conjunto bien articulado y jerarquizado de conceptos.
En este marco, las elecciones son mucho más -y mucho menos-que eso, son ,en suma, aquello que induce al "atajo engañoso” y a la desmovilización cíclica de las luchas que postulamos. El carácter del Estado es constitutivamente autoritario, y sus formas jurídicas mutantes, pero siempre legitimadoras de despojos, así lo indican las sucesivas revoluciones que fueron intermediadas por "Estados Obreros”, máquinas de reproducir burócratas y traidores, que es lo mismo.
Sería irrespetuoso recordarle a Gonzalo Abella, cultor y difundidor del pensamiento de Ernesto Guevara un análisis concluyente, no coyuntural, sino de rigor conceptual y teórico que pretende opacar el neoestalinismo, glorificándolo desde la perspectiva de su estatura moral, pero minimizándolo desde su contribución al verdadero socialismo del siglo XXI del cual se han apropiado un atajo de seudointelectuales rentados con generosidad, algunos en desgracia reciente como Heinz Dietrich, al cual se le retiraron las mesadas bolivarianas, junto con otros de menor rango, cómo Luis Bilbao, vendedor de franquicias a lo Mc Donald's, de Casas del Alba y otros en ascenso, aunque más talentosos como Atilio Borón.
Esos que hacen un "inventario morboso” de sus equivocaciones, y hasta se refieren a sus "errores tácticos" sin tener el mérito de haber tomado siquiera un quiosco policial amparados en el engavillamiento y nocturnidad, en toda su vida.
No es a Gonzalo que quiero recordar la glosa de Guevara sobre los "atajos y las colinas", el hereje Guevara, el cuál comienzan a salir en cuentagotas sus escritos subversivos sobre el carácter burocrático del "primer estado obrero" de la Unión Soviética, cometiendo el sacrilegio de responsabilizar al propio Lenin de tal "desaguisado" mediante el viraje de la NEP y el socialismo en un sólo país, y otros escritos más recientes sobre el carácter contradictorio sobre el avance del Estado a expensas de la postergación de la revolución continental.
Un sincero abrazo y la mejor de las suertes (sin ironías) en el asalto a" la colina parlamento"
¿Conquistar el sendero de la liberación o la pequeña colina?
Ernesto Che Guevara
Frente a esta táctica y estrategia continentales (la lucha armada), se lanzan algunas fórmulas limitadas: luchas electorales de menor cuantía, algún avance electoral, por aquí; dos diputados, un senador, cuatro alcaldías; una gran manifestación popular que es disuelta a tiros; una elección que se pierde por menos votos que la anterior; una huelga que se gana, diez que se pierden; un paso que se avanza, diez que se retroceden; una victoria sectorial por aquí, diez derrotas por allá... Y, en el momento preciso, se cambian las reglas del juego y hay que volver a empezar.
¿Por qué estos planteamientos? ¿Por qué esta dilapidación de las energías populares? Por una sola razón. En las fuerzas progresistas de algunos países de América existe una confusión terrible entre objetivos tácticos y estratégicos; en pequeñas posiciones tácticas se ha querido ver grandes objetivos estratégicos. Hay que atribuir a la inteligencia de la reacción el que haya logrado hacer de estas mínimas posiciones defensivas el objetivo fundamental de su enemigo de clase.
En los lugares donde ocurren estas equivocaciones tan graves, el pueblo apronta sus legiones año tras año para conquistas que le cuestan inmensos sacrificios y que no tienen el más mínimo valor. Son pequeñas colinas dominadas por el fuego de la artillería enemiga. La colina parlamento, la colina legalidad, la colina huelga económica legal, la colina aumento de salarios, la colina constitución burguesa, la colina liberación de un héroe popular... y lo peor de todo es que para ganar estar posiciones hay que intervenir en el juego político del estado burgués y para lograr el permiso de actuar en este peligroso juego, hay que demostrar que se puede estar dentro de la legalidad burguesa. Hay que demostrar que se es bueno, que no se es peligroso, que no se le ocurrirá a nadie asaltar cuarteles, ni trenes, ni destruir puentes, ni ajusticiar esbirros, ni torturadores, ni alzarse en las montañas, ni levantar con puño fuerte y definitivo la única y violenta afirmación de América: la lucha final por su redención.