Envíopostaporteñ@ 1082

CONTEXTOS DIFERENTES

Escribo investido de una responsabilidad otorgada por un colectivo donde coexisten diversas cosmovisiones. Esto me impide (hasta noviembre) opinar sobre hechos y posturas del siglo XX que están detrás de algunas miradas contemporáneas.

Pero me obliga a advertir a la opinión pública sobre algunas miradas contemporáneas que, basadas en lecturas de otros contextos de tiempo y espacio, cuestionan la lucha unitaria de UP-AP contra el saqueo y la dependencia

Parece que hay un artículo que transcribe Panfílov en una publicación de “RC” que no me ha llegado, pero a la que accedo gracias a Zabalza, donde se retoman los análisis de Trotsky de 1940 cuando la amenaza nazi se extendía sobre el mundo. Trotsky cuestionaba toda alianza antifascista que incluyese a la burguesía o a estados capitalistas. Decía que el odio antifascista no debía llevar a “la ayuda a sus enemigos más débiles pero no menos reaccionarios”  pues “…el triunfo de Gran Bretaña y Francia no sería menos terrible para la suerte de la humanidad”

Lo que hay que hacer, sostenía Trotsky, es “transformar la guerra imperialista en guerra de obreros contra capitalistas, por la revolución socialista mundial”

 Pero el mejor deseo y la mejor propuesta teórica pueden ser inoportunos en determinada coyuntura. No sé qué hubiera dicho Trotsky en 1943, pero los campesinos y obreros de la Francia ocupada de ese año, entre los que había comunistas, aplaudieron el desembarco yanqui inglés de Normandía, y colaboraron con él. No creo que hayan hecho mal. En la década anterior, en la Francia amenazada, y en la España republicana, se formaron frentes populares de comunistas y socialistas con partidos burgueses republicanos, frentes que dificultaron la expansión nazi y facilitaron la resistencia clandestina.    

No analizo las intenciones de Trotsky ni de Stalin. Hablo en concreto de cosas que importan hoy.  No es correcto, por ejemplo, comparar la situación electoral que vivió Chile recientemente con la uruguaya del próximo junio.

Allá la farsa llamada “Concertación” aparecía como la oposición mayoritaria; en cambio aquí la farsa “FA” aparece como el oficialismo desacreditado.

Allá la Concertación tenía antecedentes siniestros, y la gente le dijo: “A ti tampoco te creo, pos”. Quizás había otras opciones menores que sí eran éticas, pero la opinión pública quedó embretada entre Piñera-Concertación y en la tierra de los Mapuches la gente hizo lo que creo fue una opción de dignidad: se abstuvo en un 60%.

Aquí la UP-AP ha tenido tiempo y laboriosidad para crecer contra todos los vaticinios, contra los silencios mediáticos y las calumnias, y ahora mucha gente nos cree.  Este es nuestro único capital para invertir. Y eso no implica reconocer que en muchos votoanuladistas su intención es “enviar un mensaje de dignidad, protesta y castigo”, pero en síntesis: me temo que en las condiciones uruguayas el voto anulado es anularse a sí mismo