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Las vigas en nuestros ojos antes que la paja en el ajeno

ACERCA DE LA DESCALIFICACIÓN LIGERA DE LUCHAS HISTÓRICAS

Realizamos un recorrido por el déficit del régimen que impera en nuestra región, atravesando distintos gobiernos, para saber dónde estamos parados a la hora de analizar otros sistemas en el continente.

La columna de hoy se referirá a unos zapatitos de color rosa y al cultivo de cierta rosa blanca, hondas expresiones de Abya yala, pero iniciaremos el viaje por caminos pedregosos.

Preguntamos a un entrerriano si sabía que su territorio había expulsado a 750.000 personas en sólo 60 años, de modo que en un siglo hemos logrado el récord de contar tantos entrerrianos afuera como adentro de la provincia.

Respondió que si bien conocía el éxodo ignoraba su gravedad.

(Pocos saben que Entre Ríos envía al destierro a unas 40 personas cada día, y eso repetido durante décadas, a pesar de que el flagelo ha sido denunciado y analizado en innumerables oportunidades durante todo el siglo XX y en lo que va del XXI)

Entonces le preguntamos a nuestro interlocutor cómo haría Entre Ríos para dar un lugar a ese millón de hermanos en su tierra, cuando aquí se cuentan por cientos de miles los habitantes que ya viven hacinados en barrios de Paraná, Concordia, Concepción del Uruguay, Gualeguaychú u otras ciudades, muchos abastecidos por planes sociales porque no encuentran ingresos por la vía del trabajo. Y muchos metidos en la burocracia estatal saturada de empleados, precisamente porque el sistema mezquina otros canales para el sostén familiar.

Entonces nuestro amigo admitió que sería muy difícil duplicar la población (pasar de 1,2 millón a 2,4 millones), aunque veía justo devolver a los expulsados su lugar.

Apuntó que no sería fácil por la cantidad, y considerando además que muchos viven con sus hijos y nietos en barrios hacinados del Gran Buenos Aires. Es decir: habría que lidiar con los prejuicios de no pocos entrerrianos contra los “villeros”, aunque sean sus propios hermanos

Hurgar en la basura

Le preguntamos qué pasaría si en vez de duplicar la población la triplicáramos.

Sugirió que, para no entrar en un colapso, habría que cambiar muchas cosas, crear industrias, repartir mejor la tierra…

Nos dio pie para que apuntáramos por qué hoy no hacemos eso. Seguimos expulsando o hacinando en los barrios, y a la vez depredamos la naturaleza con un sistema de agronegocios ultra cuestionado por su impacto ambiental y por la concentración de los medios de producción en pocas manos, principalmente pooles y otros ricos. Qué nos llevaría a pensar que, a los fines de dar lugar a 2,4 millones más, haremos cosas que hoy no hacemos para que los entrerrianos tengamos trabajo, dignidad, arraigo. En resumen, para el vivir bien (sumak kawsay).

Reconoció que este sistema no tiene respuestas para tanta población. Es decir: si hoy encontramos familias hurgando en los tarros de basura, otras amontonadas en barrios sin destino, y otras marchándose, y aún así contaminamos y practicamos el extractivismo, entonces agregar otros millones sería imposible.

No conformes, quisimos hacer más extrema la situación y le preguntamos cómo haría la provincia para dar educación, alimentos, salud no ya a un millón sino a 8 millones de habitantes

La respuesta fue, a esta altura, una sonrisa. ¡Colapso! ¡Hambruna! ¡Guerra civil!

Y bien, allí queríamos llegar

Con el imperio al lado

Es que las preguntas surgieron porque nuestro amigo había estado cuestionando el régimen de un país hermano que, en proporción, en un territorio como el de Entre Ríos no tiene 1,2 millón de habitantes sino 8 millones.

Ese país muestra los más bajos índices de mortalidad infantil, los más altos de esperanza de vida, no presenta los problemas de drogas e inseguridad de nuestro territorio, sus deportistas son los mejores, sus artistas maravillosos, y las familias están curadas de un flagelo grave que padecemos aquí: el consumismo.

Pero además, ofrece a sus hijos estas condiciones en medio de un ataque económico que le asesta día tras día el imperio más grande del planeta en toda la historia de la humanidad: Estados Unidos de América.

A esta altura huelga decir que estamos hablando de Cuba.

El país de José Martí tiene más de 105 habitantes por kilómetro cuadrado, en vez de los 16 de Entre Ríos. Esa patria de la austeridad y la amistad y la dignidad, cuando un país padece una catástrofe envía de inmediato un ejército de médicos. Cuando un país hermano padece problemas de analfabetismo, envía maestros.

Nosotros, que tenemos al lado de un cero kilómetro un puñado de gurises espantando moscas para comer sobras en descomposición. Nosotros, que sembramos para Cargill el maíz transgénico patentado por Monsanto (ambas multinacionales estadounidenses), y que a nuestros hermanos del barrio no les dejamos un mísero choclo en la mesa porque es caro, ¿tenemos autoridad para censurar otros sistemas?

Decía el prócer cubano: “Se agrupan sus habitantes en castas endurecidas (…) se amontonan de un lado los balcones de oro, con sus áureas mujeres y sus caballeros mofletudos y ahítos, y ruedan en el albañal, como las sanguijuelas en su greda pegajosa, los hijos enclenques y deformes de los trabajadores”. Palabras de Martí hace 130 años, en referencia a la sociedad de los Estados Unidos, como si estuviera mirando nuestra Paraná, nuestra Concordia del siglo XXI.

Mirarnos en el espejo

Cuba tiene 12 millones en una islita poco más grande que Entre Ríos. En proporción, nosotros debiéramos ser 8 millones aquí. Somos sólo 1,2 y (para este régimen) sobramos. Nuestro sistema es expulsor, hacinador y depredador pero además, corre adonde el viento sople. ¿No fuimos los primeros en privatizar todo, bancos, energía, ferrocarril, rutas, medios masivos, dragado y balizamiento, y hasta las jubilaciones, cuando el imperio mandó despojar al pueblo?

Una vez conscientes de nuestros problemas, convendría entonces bajar el copete y sentarnos a escuchar lo que otros tienen para contarnos.

Si vamos a hablar de los hermanos intentando una comparación con la madre Entre Ríos, empecemos por mirarnos. Y eso significa, por seguir un viejo libro: ver la viga en el ojo propio antes que la paja en el ajeno

No hay modo de comparar sin admitir nuestras debilidades, sin observar que por diferentes razones (que involucran a los medios masivos, la escuela, la universidad, el estado, las empresas, la familia misma) hemos vivido (muchas veces) eludiendo las causas, el análisis profundo. Nos hemos quedado con comentarios playitos, ideas sueltas, mirando las consecuencias como resignados, y demasiadas veces nos sorprendemos opinando muy sueltos de cuerpo, bien atornillados a nuestra clase burguesa, mientras unos duermen de a diez en una sola habitación, y otros alzan las cacharpas y se marchan

Dormir en la calle

Lo primero que un cubano encuentra al pisar la Argentina es un ejército de personas durmiendo en la calles de Buenos Aires, ¿en este país bendecido por las riquezas naturales?

Lo primero que encuentra al ingresar a Entre Ríos es un desierto de Brazo Largo a Gualeguay, de Gualeguay a Victoria, de Victoria a Paraná. Y lo mismo si va de Paraná a Villaguay, de La Paz a Feliciano, en fin; y en seguida, un mundo de hacinamientos y miserias en decenas de barrios.

Podríamos constituir un territorio con escasa población. Nuestras historias son diferentes. Pero lo cierto es que hemos pasado 100 años expulsando vecinos, compañeritos de escuela, compañeros de trabajo, primos, amigos… ¿Cuánto daño más deberemos registrar para tomar conciencia?

Cuba también expulsa, se calcula que unos 2 o 3 millones de cubanos andan afuera. O más. Pero para llegar al récord de Entre Ríos tendría que haber 12 millones de cubanos fuera de Cuba. Con eso decimos: el problema está en casa. 

Si Cuba quisiera resolver las cosas al modo entrerriano, le sería sencillo: expulsar a 10 millones de cubanos…

Restricciones extremas

Claro: estamos abordando un tema harto complejo desde un ángulo muy específico.

Una vez que reconozcamos que nosotros padecemos un sistema enfermo que nos tiene enfermos, un sistema insustentable y expulsor, entonces podremos empezar a examinar probables defectos del hermano.

Los cubanos están viendo fisuras gruesas en su régimen. La permanencia de los mismos nombres en un gobierno durante tantas décadas es fuente de vicios, las extremas restricciones económicas de las familias cubanas pueden no obedecer sólo a la presión del imperio del norte, y otras yerbas.

Pero queríamos señalar esta costumbre, en ciertas franjas, de hablar mal de Cuba sin atender lo que pasa ante nuestras narices.

¿Es cierto que allá cobra casi lo mismo un ingeniero, un médico, que un carpintero, un obrero raso?

Deben reconocerse los méritos, pero, aprovechando la experiencia cubana, ¿no observamos que aquí cualquier graduado se cree con derechos sobre los demás? ¿Qué rara concepción fisiológica hace que el quemarse las pestañas estudiando en la universidad deba ser recompensado sobre el que debió romperse el trasero trabajando para sostener esa universidad? ¿Las pestañas valen más que el trasero?

¿Por qué aceptar, resignados, que la recompensa a un talento o a un esfuerzo debe ser el dinero, o que ciertos oficios deben pagarse más hasta formar nuevas castas?

¿No habrá que hacer las cosas bien porque hay que hacerlas bien, sencillamente, en vez de dar cada paso esperando una recompensa, y retornando a los títulos de nobleza abolidos hace 200 años?

¿No aceptaremos discutir, más no sea, esa farsa de la propaganda capitalista, de que no hay otro estimulante que el dinero y la acumulación?

El extractivismo en el suelo y el subsuelo y la contaminación en todos los órdenes han puesto al planeta al borde del abismo. Es el capitalismo, que exige más crecimiento, más consumo, más depredación. En cambio, hay países valientes y austeros. ¿Qué tal si, antes de señalarlos con el índice, los conocemos?

Honrar a la revolución

Como puede apreciarse, nos hemos valido de cierta tendencia a descalificar a Cuba con gran ligereza y lo hicimos para abordar no el problema cubano sino el entrerriano.

Advertimos la necesidad de conocer mejor nuestro entorno, nuestra historia, nuestras antiguas tradiciones que no deben ser sacrificadas en el altar de un modernismo fofo.

Se habla de prácticas violentas del régimen cubano y falta de libertades. Todo debe ser estudiado, analizado. Ahora, ¿cómo respondió el capitalismo entrerriano cuando las cosas se pusieron complicadas, sino matando y haciendo desaparecer? ¿No sería aconsejable mirar a nuestro alrededor, antes de pontificar?

Aquí los entrerrianos han padecido la muerte, la persecución, el desarraigo, la expulsión, el empobrecimiento, la erosión del suelo, la tala rasa, la depredación sin límites en el río y el monte, para sostener el gran capital. Una vez que consideremos nuestra situación, ahí sí podremos hablar de nuestros hermanos.

Y apenas evaluemos su sistema empezaremos por honrar a los revolucionarios.

La semana que viene comienza en La Habana la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac).

No somos de hacernos expectativas con gobiernos y estados, pero tampoco debemos ser obstinados: al lado de muchas organizaciones internacionales creadas por el régimen, la CELAC como el ALBA brillan, porque riegan semillas de la unidad de nuestros pueblos y saben dónde está el enemigo común.

¿Podremos abrir una brecha entre los prejuicios que nos crearon las estructuras burguesas, con su arma más poderosa, la ignorancia, para darle una chance a los otros mundos?

Para aprender independencia tenemos que buscar la fuente en el pueblo de Haití, para saber de dignidad en el pueblo de Cuba, para saber de identidad antigua en el pueblo de Bolivia, para entendernos en un idioma nuestro en el pueblo de Paraguay… ¿Cómo es que la sabia más nutritiva puede llegarnos desde los pueblos más castigados?

¿Cuánta propaganda colonial hemos masticado para seguir adormecidos por las góndolas, las chapas, la farándula, el dinero, el estatus?

Los zapaticos de rosa

Cuenta José Martí que Pilar fue a la playa con su mamá, que su mamá le hizo mil recomendaciones sobre sus “zapaticos de rosa”, que Pilar encontró una niña pobre y enferma y se los regaló, que una mariposa contó luego que vio los zapaticos guardados en cristal…

Cuenta Martí que cultiva una rosa para el amigo sincero y para aquel que le arranca el corazón, la misma rosa.

Es Cuba. En estos días recordaremos los 161 años del nacimiento de Martí un 28 de enero, en el año que aquí se juraba una Constitución bajo la inspiración del lema “gobernar es poblar”.

En Entre Ríos, desde hace muchas décadas gobernar es despoblar. Y, vaya paradoja: la provincia sede de la Convención Constituyente, Santa Fe, padece el mismo flagelo. Son los dos territorios más expulsores de sus propios hijos en todo el país.

En síntesis: antes de analizar desde un púlpito los errores de los demás, sería bueno estudiar desde el llano nuestra organización. Nosotros vamos en línea recta al abismo, y resignados. Los demás, parece que buscan caminos alternativos ¿no?

En este caliente enero, la Celac y José Martí podrían, si nos encuentran menos arropados, empaparnos de amor y dignidad y sacrificio para escapar de las garras del imperio y su propaganda.

Cuba y Entre Ríos, Entre Ríos y Cuba: en la medida que reconocemos nuestras derrotas podemos aceitar un diálogo necesario.

TIRSO FIOROTTO