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UN GRITO QUE QUISIERAN SILENCIAR

El 28 de febrero de 1811 se registró en la orillas de un modesto arroyo en territorio de lo que hoy es el Departamento de Soriano, un episodio histórico que en alusión al nombre de ese curso de agua, se dio en llamar “el grito de Asencio”. Pasados algo más de 200 años, aquel “grito” de libertad dado por un puñado de orientales que fue el inicio de la revolución artiguista, lamentablemente fue ignorado por la mayoría de los uruguayos el pasado viernes al cumplirse un nuevo aniversario del hecho

Es bueno reflexionar al respecto

LOS PUEBLOS TIENEN QUE TENER MEMORIA

Salvador Allende, protagonista de un tremendo capítulo de la historia americana, quien pagó con la vida su lealtad al mandato del pueblo chileno, tenía razón cuando dijo: “Los hombres y pueblos sin memoria, de nada sirven; ya que ellos no saben rendir culto a los hechos del pasado que tienen trascendencia y significación; por esto son incapaces de combatir y crear nada grande para el futuro.”

 El conocimiento de lo sucedido, el recuerdo de la historia, es vital para cualquier pueblo. Su desconocimiento provoca la repetición de errores. Un pueblo que conoce su historia, reconoce sus errores y evitará volver a cometerlos. Ser conscientes de lo ocurrido y de donde se viene, puede ayudar a vislumbrar hacia donde se va.

¿Es casual el silenciamiento del grito de Asencio? Hay buenas razones para pensar que no, y que por el contrario, promover el olvido de las luchas por la independencia es funcional y estratégico para la actual minoría dominante en nuestro país y en buena parte de nuestro continente. El ritmo de vida que se nos impone (a veces sutil, otras violentamente) apunta a mantenernos demasiado ocupados en competir bajo las leyes del mercado procurando confort, seguridad material y diversión, como para andar revisando la historia y preguntarnos qué podemos aprender de ella

ARTIGAS: UN PERSONAJE QUE INCOMODA

Desde siempre José Artigas ha sido una molestia para la clase acomodada que tuvo en él un tenaz opositor. Es fácil comprender por qué no les simpatiza un carismático líder popular que proclamaba: “Que los más infelices sean los más privilegiados”, “El pueblo es soberano, él sabrá examinar las operaciones de sus representantes”, "Los pueblos de la América del Sur están íntimamente unidos por vínculos de naturaleza e intereses recíprocos"

El “problema” que le origina Artigas a la clase dominante de hoy, es que no solo fue un buen discursante que decía cosas interesantes, sino que las hizo. Repartió parcelas de campo en su Reglamento de Tierras de 1815, despreció a la copetuda Montevideo y no la hizo sede de su gobierno, el que prefirió radicar en Purificación, territorio de lo que hoy es el Departamento de Paysandú, a orillas de otro modesto arroyo llamado “Hervidero”, bien al norte, lejos de aquella  sucursal de Europa enclavada sobre el Río de la Plata desde donde preferían gobernar sus adversarios

Lo quisieron comprar, pero como él mismo dijo: "Yo no soy vendible, ni quiero más premio por mi empeño que ver libre mi nación"

El recuerdo de Artigas condena a los que hoy venden “el rico patrimonio de los orientales al bajo precio de la necesidad”. No lo quieren recordar los responsables de la decadencia estrepitosa de la educación pública, porque los condena su enunciado: “Sean los orientales tan ilustrados como valientes”. No lo quieren recordar aquellos que sofocan la iniciativa popular, que Artigas alentaba al decir "Nada podemos esperar si no es de nosotros mismos"

 EL GRITO RESUENA

Pocas semanas después de aquel formidable grito de Asensio, cuando la revolución ya era un viento impetuoso que hacía retroceder la tiranía imperialista y sus apoyadores criollos, el 11 de abril de 1811 Artigas expresó en su célebre Proclama de Mercedes:

“Uníos caros compatriotas, y estad seguros de la victoria. He convocado a todos los patriotas caracterizados de la campaña; y todos, todos se ofrecen con sus personas y bienes, a contribuir a la defensa de nuestra justa causa. A la empresa compatriotas, que el triunfo es nuestro: vencer ó morir sea nuestra cifra; y tiemblen, tiemblen esos tiranos de haber excitado vuestro enojo, sin advertir que los americanos del sud, están dispuestos a defender su patria; y a morir antes con honor, que vivir con ignominia en afrentoso cautiverio."

¿Quién querría hoy despertar este fervor entre sus conciudadanos? ¿A quién le puede interesar la unión de los pueblos del continente para defender sus genuinos intereses ante los que hoy nos someten a “ignominia” y “afrentoso cautiverio”? Seguramente no quieren hacerlo los que gozan de las comodidades del ejercicio del poder desde las estructuras que combatió Artigas

 Muy a pesar de los que quieren silenciar el Grito de Asensio o lo quieren convertir en una simple referencia intelectual de un pasado muerto y sepultado, hay quienes renovamos nuestro compromiso artiguista y creemos en su proyecto popular que mantiene plena vigencia. Cada 28 de febrero, nos parece oír con claridad el llamado de Venancio Benavidez y José Viera, ese par de paisanos corajudos que encontraron eco en un montón de otros criollos, iniciando la revolución que aún está pendiente.

Mientras otros prefieren olvidar el repertorio de la canción popular artiguista, porque también esa poesía es una forma de mantenerlo vivo en la memoria del pueblo, estamos aquellos que con el inolvidable Alfredo Zitarroza, todavía cantamos con emoción, estrofas como la que dice:

“No hay más huella, canejo, que la de Artigas, y jugate el pellejo, cuando la sigas”

marzo 2 de 2014