El 14 de febrero pasado hemos escrito sobre ¿es posible otra democracia en este sistema capitalista?
Hoy le acercamos esta reflexión, sin otra pretensión que ayudarlo a pensar.
Antes que usted se apresure a responder quiero que se responda a las siguientes preguntas y a todas las que usted tenga por ahí archivadas, porque entiendo que no son las únicas.
¿Quién manda?, ¿nuestro Gobierno? , ¿El poder económico?, ¿nuestra democracia liberal es democrática?, ¿nuestro Gobierno y nuestros mal llamados representantes representan los intereses de la mayoría o sólo a los capitales?, ¿la riqueza en manos de quienes están y cómo se reparte?, ¿el capitalismo es la mejor garantía de la democracia, o lo que toda la vida nos tocó vivir contradice esta afirmación?
Si usted cree que el capitalismo es garantía de nuestra democracia, no pierda tiempo en leer cuanto sigue
La democracia actual es incapaz de asimilar las aspiraciones democráticas de libertad de nuestra gente. A más mercados, más capitalismo y menos democracia.
Sobran ejemplos de lo que está pasando en esta debacle del sistema, llamado crisis del capitalismo, cuando se trata de una crisis de nuestros sistemas políticos. Recuerde lo que hicieron con Grecia, donde se sustituyó a Yorgos Papandreu, que se resistía a las imposiciones; en Italia a Silvio Berlusconi por hombres de Goldman Sach y luego con el Banco Central Europeo, por banqueros disfrazados de políticos y recientemente lo que pasa en Ucrania.
En nuestro país no se necesitó sustituir a nadie, porque nuestros gobiernos siempre fueron hombres genuflexos al capital
El capitalismo quiere una democracia camuflada, donde el gobierno diga amén a sus mandatos donde reinen el orden y la ley; mientras que toda democracias manifiesta en una toma de conciencia de la ciudadanía de sus derechos y responsabilidades; donde nuestra gente sabe de movilizaciones, de protestas y hasta de desobediencia y rebeldía cuando el poder de turno se vuelve tirano contra sus intereses.
Nuestro gobierno, de ayer y de hoy, quien más quien menos y quienes aspiran a ser gobierno, aunque no lo digan, en la práctica, son genuflexos al capital, postergando siempre los intereses de nuestra gente más necesitada en salud, vivienda decorosa, educación, jubilaciones y trabajo, que dignifiquen a las personas.
Si apostamos verdaderamente a un gobierno democrático donde se respeten la independencia de los poderes, nos estamos oponiendo a los dictámenes del capital, porque los derechos no se reclaman, se usufructúan y estos sólo serán posibles cuando se acaben los privilegios de unos pocos para ser de todos y sólo habrá justicia cuando ésta no sea marioneta del Poder Ejecutivo.
Las crisis, por mal que vengan, nos permiten ver las cosas como son en su realidad. Las medidas de austeridad, que siempre golpean a los que menos tienen, aplicadas por nuestros gobiernos en defensa del capital, socavan la legitimidad de esta hoy política representativa y de todo el sistema político en general.
Constatamos que cada vez menos gente se traga el sapo y se deja abrazar por las culebras, con el que los políticos durante años nos embaucaron y engatusaron.
La tarea, ahora, es convencernos que otra política y otro mundo son posibles, y para ello hay un camino: convocar a una constituyente para cambiar esta constitución hecha a imagen y semejanza de los partidos políticos, que siempre están dispuestos a reformar algunos artículos de la constitución cuando no les conviene.
SE TODOS LOS CUENTOS
Yo no sé muchas cosas, es verdad Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto: que la cuna del hombre la mecen con cuentos…
Que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos…
Que el llanto del hombre los taponan con cuentos…
Que los huesos del hombre los entierran con cuentos…
Y que el miedo del hombre…ha inventado todos los cuentos.
Yo sé muy pocas cosas, es verdad.
Pero me han dormido con todos los cuentos…
Y sé todos los cuentos (León Felipe)
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Por eso, señores políticos, no me contéis más cuentos,
Porque de cuentos de ustedes ya estoy pasado