La Educación y la Educación Social se encuentran en el ojo de la tormenta. Generadora de futuros, compensadora de diferencias, llamada a actuar en situaciones inverosímiles.
¿Qué es educar? ¿Para qué educamos? ¿Educamos?
La Educación Social trabaja en el borde, sobre aquel grupo de sujetos (de derecho) que el sistema empujó, desplazó, corrió hacia las márgenes y que luego para aliviar conciencias genera ese mismo sistema políticas que llamamos sociales, con grandilocuencia.
Trabajamos, en definitiva, con el desecho que el capitalismo genera inexorablemente.
En este contexto y situación me pregunto ¿qué hace un educador social? ¿Qué es educar?
En principio encuentro una respuesta sencilla, ambas tareas tienen un punto en común, y básico que nos conecta con nuestro ser humano previo a cualquier profesión.
Educar es amar, al otro, a la posibilidad del ser humano, y el Educador trabaja creyendo en la categoría de humano de ese otro que en ese encuentro con una finalidad "educativa" los lleva a transitar un compromiso mutuo -por su relación individual- y más general -con la posibilidad del ser- cambiando la adjetivación de "sujeto de la educación" por la de "ser humano".
¿El objetivo?... la posibilidad...solo eso, la posibilidad del desarrollo, la posibilidad de que en ese traspaso de contenidos, de cultura, ocurra el hecho educativo que modifique mínimamente la visión de sí mismo y del mundo que posee ese individuo.
Hago un paralelismo con nuestro país y su conexión al mundo global, sabemos que es inexorable pero también que puede ser más digno. Un individuo con conciencia crítica puede "leer" su entorno, y podrá transitar nuevos caminos, imaginarlos que es la manera en la comienzan todos los movimientos, el educador traspasa cultura, genera puentes en donde algo se separó, cree en la categoría de humano del ser, conoce al niño, su nombre y su cara, no lo hace parte de una estadística.
Sí...hoy terminando una tarea extenuante creo esto tan simple...educar es amar la posibilidad...y como escribió Alfredo Zitarrosa..."Yo no puedo entregarte un corazón apagado".
Néstor Pavan