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Resaca de patriotismo

Una perspectiva clasista en medio de la euforia nacional de Rusia por Crimea


Por Boris Kagarlitsky

Tomado "Giro a la izquierda", revista marxista canadiense, 19/ 03/14 (1)


Diversas fuerzas políticas, movimientos sociales y personas comunes y corrientes están celebrando una verdadera gran victoria geopolítica. La dirigencia rusa, radiante de voluntad y determinación, aceptó tomar para la Federación Rusa una parte del territorio de Ucrania que había agotado la larga experiencia de  "vivir juntos". En este caso, la política de las mismas autoridades de Ucrania (pasadas?y presentes), han reavivado las causas de los conflictos.

Los acontecimientos de los últimos días han claramente llevado aguas al molino de los fanáticos que especulan con los aspectos primitivos de la naturaleza humana. Los intelectuales que se convencían a sí mismos de que tiempo de los ruidos  de sables ya era cosa del pasado, están en una posición extremadamente difícil.

La retórica patriótica que fue tomando forma durante los numerosos conflictos territoriales entre Estados, una vez más demostró su influencia sobre la conciencia pública. Parece que al pulsar el botón que despierta el orgullo nacional, las masas, incluyendo a los sectores más educados de personas, están, dispuesto a abandonar las ideas y aspiraciones que acababan de proclamar.

Los mismos que han señalado los muchos años de crímenes y esencia antipopular del régimen en el poder, ahora están dispuestos a llenar de alabanzas  a los autores de esos crímenes, glorificar su bravura y coraje. Con esto viene la complacencia de algunos representantes de grandes sectores de opinión pública y en especial de los oprimidos.

Arengas acerca de la "quinta columna" y los "traidores a la nación", condimentadas  con fantasías de televisión sobre la guerra nuclear, crean una extraña sensación. En este entorno enfermizo pocos permanecen intactos resistiendo la tentación de adoptar la interpretación predominante de los acontecimientos.

Tomando estos sucesos como la realización de sus sueños de antaño, incluso sueños mutuamente excluyentes, puede verse a Putin como el restaurador de la Gran Rusia, del Imperio Ruso, e incluso hasta de la Unión Soviética. De todas las fantásticas teorías la más cercana a la realidad, curiosamente, es la monárquica. De hecho la Rusia de hoy es mucho más una sociedad de castas parecida a la del Imperio ruso, cuya expansión y  fortalecimiento es defendido por varios amantes de la espiritualidad. Al igual que antes, la única justificación de esta supervivencia es el deseo de imponerle al mundo las reglas propias en todo lo que se pueda.

No ayuda que del otro lado de la barricada la información tampoco logre el raro nivel de serio análisis y caiga en pomposos y ridículos mitos. Juzguen por sí mismos: por un lado se nos invita a creer en que por algún hecho milagroso aquellos cuyos nombres eran sinónimo de la corrupción más salvaje en unos días han pasado a ser gloriosos defensores de la patria; por el otro un modelo de movimiento democrático ahora se apronta a imponer un rígido experimento social que terminará mostrando lo rápido que seguir esta vez las recetas del FMI conducirá al desastre social a gran escala.

Por supuesto, podemos decir que no es muy democrática la represión contra los activistas  "separatistas" que en cada caso encuentran dentro de sus propias fronteras. Pero no es menor el problema de los que adhieren a las ideas y el principio “separatista” de Crimea y le niegan la posibilidad de libre determinación.

Sin embargo sería no sólo apresurado sino también erróneo asumir que un recurso de este tipo pueda crear un impacto psicológico capaz de contener por largo las contradicciones internas de la sociedad rusa al borde del colapso. De hecho, la potencialidad de esas inyecciones de "estatismo" son extremadamente limitadas no sólo en el tiempo,  también tienen un varios "efectos secundarios".

Los insistentes llamados a la comunidad en pos del "interés nacional" pueden inducir en la gente una impresión completamente equivocada. Después de todo, el que ve a Rusia desde dentro, tarde o temprano tiene que preguntarse a sí mismo: ¿Qué unidad es posible con aquellos que destruyen sistemáticamente los restos de los derechos sociales heredados de la era soviética? ¿Qué garantías nos dan los que han traído el fin de la era bipolar? ¿Cómo podemos hablar de solidaridad con los que en las últimas décadas han favorecido el restablecimiento de la propiedad privada, han fomentado la desigualdad jurídica y social, y pretenden que todo eso es poco menos que una característica fundamental de la idiosincrasia rusa?

Cuanto de más romanticismo se impregna en la conciencia, más de un fusible se recalienta sobre la histeria patriótica. La imagen idealizada del pasado se intercala con imágenes de un futuro deseado y la grandeza del momento anuncia la gravedad de los cambios que se avecinan. "Bueno, por fin, ¡ahora todo será como debe ser, al fin!”. Juntos en la celebración de la euforia, cada uno de los ciudadanos asignan a este "cómo" su propio y personal significado.

El  éxtasis es realmente embriagador, se pueden confirmar muchas observaciones de la psicología de masas. Por desgracia, después de cada intoxicación viene inevitablemente la difícil y sombría "resaca" y la dura realidad. Se esperaba que todo quedase en el pasado, sólo los más fuertes tenían su pretensión de validez (justificando, por supuesto, la "situación excepcional "). Pero esa variedad de esperanzas y sueños se desvanecen, y toman su lugar el anhelo, la desesperación y la impotencia.

La pesada  resaca del frenesí patriótico enterrará muy pronto, especialmente en el caso de Rusia, las invocaciones a los ideales hasta hace poco incondicionales y destinadas al público en general. Y tampoco se trata de un juego secreto de las fuerzas externas o combinaciones astutas y traicioneras. Una cosa es depositar en estas expectativas las propias aspiraciones y las ideas de felicidad del pueblo, y otra muy distinta es volver finalmente a la realidad opresiva, y al desagradable sentido común.

Y esta resaca vendrá muy pronto, sin duda.

1) http://permanentred.blogspot.com/2014/03/boris-kagarlitsky-writes-from-class.html