Impidamos que la burguesía use nuestra fuerza para afirmar su iniciativa política
Devaluación; tarifazo; techo del 25% a las paritarias; suba descontrolada de precios; mantención del impuesto al trabajo; acuerdo con el Club de París/FMI; más pago a Repsol; acuerdo para que el FMI audite las cuentas en los próximos meses… está a la vista: el relato era un cuento
El plan económico aplicado desde noviembre por el gobierno de Cristina Fernández provoca el rechazo del conjunto del país. En palabras de quienes no quieren hablar de capitalismo, se trata de un típico «ajuste neoliberal». En nuestro lenguaje: intento de saneamiento ante la crisis estructural del capitalismo.
Como se lo llame, es una defraudación de mayores proporciones que las sufridas por amplios sectores de nuestro pueblo con Menem y la Alianza. Y afronta una respuesta de envergadura el 10 de abril.
Con la estafa moral y económica a la vista de todos, el llamado de la CGT conducida por Hugo Moyano a una huelga general tendrá sin duda respaldo de las grandes mayorías. El paro está apoyado por la denominada «CGT Azul y Blanca» y la CTA opositora, mas dos sindicatos de peso -UTA y La Fraternidad- formalmente integrantes de la CGT oficialista.
El conflicto social recién comienza. La clase obrera y el conjunto de la población sufren los primeros efectos de un ajuste clásico, aplicado con el mismo recetario utilizado desde siempre por la burguesía.
Argentina arriba una vez más al borde del abismo. Sólo que lo hace tras siete años de ingresos excepcionales por precios coyunturalmente muy elevados del grano exportado, mientras continúa en el gobierno un elenco supuestamente nacional y popular, empeñado ahora en aplicar las mismas medidas que Martínez de Hoz y Cavallo en su momento.
Además de que la receta clásica del capital financiero internacional debe suministrarla ahora el mismo gobierno que hasta ayer se proclamó defensor de los pobres y engañó a no pocos con gestos de hipócrita aproximación a la Revolución Bolivariana, la gran diferencia respecto de los casos anteriores consiste en que ahora hay un desbarajuste macroeconómico de proporciones inéditas.
Los precios de transporte, gas y electricidad están desfasados como nunca. El primer paso dado por el gobierno en la eliminación de subsidios, requiere para completarse aumentos de entre el 400 y el 700%. Pero esto no tocaría todavía las tarifas en sí mismas, que continuarían desfasadas tras muchos años de congelamiento, con inflación de dos dígitos. Por debajo de esto, algo más grave: la necesidad de detener la espiral deficitaria de las cuentas fiscales exige que las paritarias den aumentos inferiores a la inflación, es decir, que reduzcan en los salarios términos absolutos y en grandes proporciones.
Excluido por definición el camino de una revolución, Fernández afrontó en enero dos opciones: resignar el poder o aplicar el ajuste impiadoso que reclama el capital (el sistema como tal, no algún capitalista o representante político).
Tomada la decisión, se abre la perspectiva de una escalada de descontento social que no tiene como límite las elecciones de octubre 2015 y el recambio presidencial.
La huelga del 10 es el primer paso. Pero debemos poner los ojos en esa perspectiva de mediano y largo plazos.
Quien gana la iniciativa que pierde el gobierno
Acaso por primera vez en la rica historia del movimiento obrero de Argentina una huelga general se lanza sin una consigna central, claramente comprensible y sentida por los trabajadores. Hay, ciertamente, un conjunto de objetivos señalados por la CGT
Todos –o casi todos- son reivindicaciones avaladas en mayor o menor grado por el grueso de los trabajadores. Pero resalta la ausencia de una demanda precisa y aglutinadora. Aunque es seguro que habrá una muy amplia adhesión a la medida, esa omisión está reflejando una debilidad estructural de nuestra clase en esta coyuntura histórica: la huelga está garantizada; el rumbo de la lucha, no
Moyano dio pasos desde 2010 hacia la unificación social de la clase trabajadora. Luego le lanzó a la construcción de un partido con base en la clase obrera. Zigzagueó tras ese propósito primero, se detuvo después y acabó resignando por completo el objetivo de un partido dirigido por él y su equipo, con base en la clase trabajadora y fuerza para terciar en la lucha por el gobierno. A poco andar desistió para subordinarse políticamente a personajes tales como José de la Sota, Francisco de Narváez y otros individuos inequívocamente representativos de los intereses del capital. Por donde se lo mire fue un paso ajeno a cualquier estrategia política lúcida y consistente.
El resultado es conocido: el titular de la CGT sufrió un rotundo fracaso electoral y eclipsó por completo su alegado proyecto político Tras el fiasco, Moyano se mantuvo equidistante frente a los dos grandes bloques peronistas (Scioli y Massa) y al candidato de la Internacional Negra (Macri), sin rechazar ninguna de esas variantes.
La idea de unidad social se reiteró, con bemoles, tras la bandera de una única CGT. Pero la unidad política desapareció del radar cegetista, tanto menos la idea de herramienta política propia, esbozada y luego negada por Moyano
Esa (des)orientación se revela en el llamado a la huelga. De allí la ausencia de consignas claras. El propósito es posicionar al sindicalismo en general y a Moyano en particular, en la cruda lucha interna del peronismo frente al obligado reemplazo del elenco en retirada
En la medida en que los proyectos giran entre candidatos tales como Scioli, Massa, Macri o el que se imponga por el FAP- UNEN, eso implica arrastrar una vez más a la clase obrera tras propuestas del capital Por diferentes vías Moyano ha mostrado aproximación a Massa La ausencia de una definición precisa parece tener el objetivo de dejar espacio para un eventual acuerdo Massa-Scioli, o para apoyar a éste último si finalmente el aparato peronista deja a su suerte al empleado directo de la Embajada estadounidense y se encolumna tras el gobernador bonaerense. El titular de la denominada CGT Azul y Blanca (nder. Barrionuevo) está formalmente incorporado al Frente Renovador. Pero, con su conocida conducta acomodaticia, estaría dispuesto a sumarse a un eventual entretejido peronista.
Por su lado la CTA disidente no avala eso. Pero está hegemonizada por una corriente que apunta a un acuerdo de última instancia con la alianza social demócrata-socialcristina FAP-UNEN. Si esa orientación se concretara, no existiría siquiera una débil luz orientadora para la masa trabajadora. Y aunque sus sectores más sanos y comprometidos seguramente acabarían tomando su propio camino, esa eventualidad llegaría cuando las cartas ya estén echadas y la clase obrera se vea una vez más embretada tras una salida burguesa a la crisis de la burguesía.
La huelga como punto clave
La actitud de los agrupamientos revolucionarios frente a la huelga del 10 puede constituirse en un punto de apoyo para una estrategia diferente a la ya delineada por el grueso de la dirigencia sindical, los partidos y las corrientes reformistas de la burguesía.
Un programa, un plan de acción y un activo militante armado con ellos y dispuesto a ubicarse a la vanguardia de la clase trabajadora, podría tomar la iniciativa política y dar respuesta ante las masas a una nueva caída en el abismo de la crisis.
Hay fuerzas sanas y potentes en todas las fracciones del movimiento obrero. Pero si por un lado los sectores infantoizquierdistas han concluido en la certeza de que sólo les resta acumular más bancas y ganar más espacio sindical, por otro hay innumerables cuadros sindicales –en todas las corriente, particularmente en la CTA disidente- que no se disponen a pasar franca y decididamente a la acción política con una propuesta de Partido revolucionario de masas, antiimperialista y anticapitalista
Estas conductas traducen debilidades de larga data de la clase obrera; fruto de derrotas y de ausencia de una verdadera vanguardia revolucionaria
Eso no se resuelve con un gesto de voluntad ni con una huelga general. Pero vale subrayar que la voluntad de la vanguardia obrera y la huelga general ofrecen una oportunidad extraordinaria para dar pasos que podrían ser decisivos en la batalla crucial por evitar que la burguesía se quede con la iniciativa política y la enfile contra el conjunto del pueblo argentino, sometiéndolo a pagar un alto costo humano en el próximo período.
Qué unidad necesitamos
Desde que la CGT impulsó una línea de acción común a fines de 2011, se ha afianzado la noción de «unidad en la acción». Eso es un paso adelante, desde luego.
Rompe con el sectarismo, pero también con la impotencia de la fragmentación sobre la cual se ha podido afirmar la estafa oficialista que ahora llega a su fin. Pero es un error limitarse a eso. Argentina necesita, más que nunca, la unidad social del conjunto de los trabajadores y la unidad política con la totalidad más amplia de sus aliados actuales o potenciales
Unidad social no es sólo unidad en la acción. La primera supone conciencia y cohesión, lo cual es inseparable de la organización: la clase trabajadora necesita una central sindical unitaria y poderosa
Como es sabido, la UMS condenó el hecho de que el Congreso de Trabajadores Argentinos súbitamente se transformara hace ya muchos años en una autoproclamada «Central de Trabajadores Argentinos».
Aquello fue mucho más que un error. Pero arrastró a miles de luchadores, que al cabo de los años no sólo se vieron montados en el último vagón del tren Frepasista, sino que sufrieron la fragmentación y el debilitamiento, hasta la completa negación de una noción seria de Central sindical
Completada la parábola, es necesario dar el paso al frente: sólo una herramienta que plantee la unidad política de la clase y sus aliados naturales puede dar lugar, en una interacción virtuosa, a la unidad social. Si no logramos dar el paso conceptual y práctico hacia la unidad política, no alcanzaremos la unidad social y de tal modo las masas continuarán atrapadas en los aparatos sindicales corruptos y asociados íntimamente al capital Es una ardua tarea. Pero hay que comenzarla.
Asambleas y reuniones para apoyar el paro y pelear la iniciativa política
Instamos a compañeros y compañeras a discutir estos temas como parte de la preparación de la huelga. Y el 10 de abril convocar, allí donde sea posible, a realizar asambleas democráticas y participativas para poner sobre la mesa la necesidad de impedir que la oleada de luchas que ahora comienza acabe siendo capitalizada por la burguesía o cualquiera de sus agentes, políticos o sindicales.
En estas actividades rechazaremos el sectarismo, a la vez que hablaremos claro frente a quienes por confusión o interés hacen el juego de los enemigos de la clase. Pondremos como principal objetivo inmediato la unidad más amplia para enfrentar el plan de ajuste de la burguesía instrumentado por un gobierno corrupto y mentiroso, inmensamente débil en cualquier plano que se lo mida y ahora entregado sin chistar al gran capital y el imperialismo
Unión de Militantes por el Socialismo
UMS