Envíopostaporteñ@ 1147

Argentina: Balance de la huelga general del 10 de abril

Expresión de un hondo y generalizado descontento

Abrumador rechazo masivo al ajuste capitalista aplicado por Cristina Fernández 

Un paro que ingresa a la historia del movimiento obrero argentino. 

Y deja como saldo la posibilidad de que la clase obrera y el pueblo tomen la iniciativa  para la construcción de un nuevo país

Nada será igual a partir de hoy. Si la cruda derrota electoral de octubre paralizó y comenzó a disgregar a la camarilla gobernante, dando lugar a un reacomodamiento partidario de la burguesía, la abrumadora contundencia de la huelga produce un vuelco en las relaciones de fuerza entre las clases y plantea la posibilidad -remota, pero no por ello menos real en su potencialidad- de que la clase obrera tome la iniciativa política y transforme por completo la realidad política argentina.

En la Resolución política de la Conferencia Nacional de la UMS, en febrero pasado, decíamos que «Argentina se aproxima a una situación pre-revolucionaria». He aquí, en la forma de una huelga general en torno a la CGT, un paso decisivo en esa dirección Simbólicamente, mientras esto sucede y en la misma fecha en que se realizará en Costa Rica una reunión de ministros de Economía de la Celac, el titular de la cartera en Argentina viaja a la reunión anual del FMI.

No importa que no entiendan el lenguaje de la lucha de clases. Hasta el más obstinado oficialista recibirá el mensaje: Cristina Fernández y su elenco son repudiados por una inmensa mayoría de la sociedad, atravesando clases y sectores. Y ahora se encuentran ante una opción de hierro: responden positivamente a las demandas enarboladas por la CGT, o afrontan una escalada de luchas sociales

Si optan por lo primero, pierden hasta la más mínima parte del poder que aspiran a resguardar: la que les permita no ser enjuiciados y presos por su escandaloso enriquecimiento ilícito y condenados por el desastre nacional al que han llevado al país. Si optan por lo segundo, aun cuando buena parte de la burguesía los apoyará en sordina para evitar un colapso que volverá a poner en la picota al sistema mismo, comprobarán que carecen de fuerza para siquiera intentar enfrentar a los trabajadores y sus aliados.

En cualquier opción, Argentina ingresa de lleno en una crisis política

Conciencia y revolución

Descontento no es decisión de lucha. Mucho menos conciencia. Fernández concita un rechazo tan abarcador como fue el abanico que la votó en 2011. En aquella oportunidad, su estilo pretendidamente popular -en realidad chabacano hasta la grosería- estuvo contrapesado por la aparente bonanza económica. Bastó que esa ilusión se esfumara, para que el rechazo a su persona se trasladara a su gobierno.

Sin embargo, por detrás de la cuestión económica late fuerte un malestar profundo, ora traducido en reclamos por inseguridad, ora manifiesto en reproches genéricos a «los políticos» (clara aunque imprecisa condena a la clase dirigente), expresado sobre todo en conductas colectivas de extremo individualismo y negatorias de una vida social en las que predominen el trabajo común y la solidaridad.

La crisis capitalista que degrada al país desde hace medio siglo y sin solución a la vista ha derivado en un carácter colectivo igualmente degradado en todos los planos, en el cual predomina el sálvese quien pueda, se ven relegados valores ancestrales y se produce un derrumbe en todas las instancias sociales, traducido finalmente en disgregación general.

Dada la crisis estructural de la economía capitalista y la ausencia de conciencia y genuinas organizaciones de masas, esta situación abre espacio al fascismo.

Pero abre también un camino ancho para la revolución Quien no parta de esa realidad para actuar sobre la coyuntura política podrá eventualmente contabilizar algún pequeño éxito electoral; pero estará inhabilitado para afrontar la crisis que viene, tanto menos resolver las causas de fondo y emprender una construcción estable y duradera.

En un período de agudización sistemática de la crisis y creciente lucha reivindicativa, descontento, bronca, malestar, pueden transformarse en conciencia o en irracionalidad manipulada directa o indirectamente por el enemigo de clase. Argentina tomará por uno u otro camino según cuente o no con una estrategia revolucionaria encarnada en una dirección política efectiva.

Una revolución no parte de masas conscientes, sino de una lucha social que en su transcurso aúna a las mayorías tras objetivos claves, forja una vanguardia con ideas claras y es capaz de librar, en el fragor de un combate que no conduce, la batalla por el corazón y la mente de millones de trabajadores y jóvenes. La conciencia de clase no es prerrequisito de la revolución; pero no hay revolución sin masas que asumen su condición de explotadas, eligen dirigentes según esa comprensión y resuelven luchar por el poder político, todo lo cual supone un salto cualitativo en su conciencia

El valor de la huelga

La huelga es una instancia mayor en esa dinámica. El lugar de los revolucionarios no consiste en pedir un poco más de aumento que dirigentes reformistas o burocráticos, en diferenciarse cortando una calle, sino en llegar a las mayorías con una propuesta de fondo a la crisis que inexorablemente se agravará. Con el activo más resuelto como puente, llevar un puñado de ideas clave a millones de personas. La primera de ellas, el valor de la unidad social. La cual a su vez determina la posición a adoptar frente a las dirigencias reales del movimiento real: acompañamos a todos quienes, por razones diferentes, contribuyen a la lucha de masas. Nuestro primer empeño no es diferenciarnos, sino contribuir a la organización y la efectivización de cada medida, en cuyo desenvolvimiento intervenimos sin antifaz

Como tantas veces, parafraseamos hoy una vez más al Manifiesto Comunista para definir cómo nos diferenciamos: «en las diferentes luchas nacionales destacamos y hacemos valer los intereses comunes a todo el proletariado; y en las diferentes fases de desarrollo por las que pasa la lucha entre proletarios y burgueses, representamos siempre los intereses del movimiento en su conjunto».

Esto no lo pueden hacer, desde luego quienes no comprenden la embestida imperialista hoy enderezada visiblemente contra Venezuela, pero que incluye a toda América Latina. Ni quienes en lugar de representar los intereses del movimiento en su conjunto, buscan una banca de lo que sea. Se trate de burócratas sindicales o de infantoizquierdistas ganados por el cretinismo parlamentario

En este nuevo contexto abierto por la huelga exitosa, perseverar en la conducta militante y la línea de acción mantenidas por la UMS necesariamente permitirá replantear en escala mayor y con más efectividad las propuestas destinadas a nuclear por un lado al conjunto más amplio del activo y por otro avanzar en la recomposición de fuerzas marxistas

Contra viento y marea, sin embargo, el eje ha de ser sostener en la práctica aquellos principios del Manifiesto. No ceder ni por un momento a las presiones infantoizquierdistas de quienes suponen diferenciarse cortando calles.

Tampoco a las de quienes, manipulados por grandes aparatos internacionales como la socialdemocracia y la iglesia, en los hechos niegan toda propuesta anticapitalista de unidad social y unidad política

Lo que viene

Es improbable que el gobierno responda positivamente a todas las demandas de la huelga. Pero las paritarias que faltan cerrarán muy por encima del 25% pretendido inicialmente por el ministerio de Economía. Y aquellas que ya firmaron por menos, serán replanteadas: es evidente que un número elevado de afiliados a sindicatos de la CGT oficialista hicieron paro. Y el resto... simpatizó con la medida.

Importantes centros industriales fueron a la huelga. Pero es verdad que mientras falte ese componente, los gremios de la producción, el movimiento tiene una falla estructural que al cabo lo hará impotente.

A la par, es seguro que la burguesía operará un movimiento de pinzas para impedir un colapso (para el cual están dados todos los elementos, empezando por el económico) y garantizar un recambio burgués, lo que implica impedir que crezca y se consolide la dinámica de lucha de masas de los trabajadores. Un plan de acción es el próximo paso por el que debemos luchar. Pero no se trata de azuzar a dirigencias para que lo convoquen, sino de agitar en las bases para que éstas asuman su necesidad.

El programa que levantamos para esta huelga lo ajustaremos de acuerdo con la necesidad y en función de la respuesta de empresarios y gobiernos.

Siempre en función de la unidad que, como bien subrayamos en nuestro posicionamiento durante el conflicto de la 125, apunta a la unidad de «obreros y chacareros», a quienes señalamos como sujeto social para gobernar el país

En la certeza de que la crisis política conlleva la eventual caída del gobierno, no cederemos al chantaje y propugnaremos la defensa de ese programa, que incluye el juicio, condena y resarcimiento por sus bienes mal habidos a los gobernantes. La corrupción no es el principal problema del país. Nunca lo fue. Pero este gobierno ha superado todos los antecedentes y, además, lo ha hecho en nombre de una supuesta política revolucionaria, latinoamericanista y defensora de los derechos humanos.

Un aspecto clave en este sentido es el narcotráfico, veneno capitalista incrementado a proporciones inusitadas durante el gobierno de la familia Kirchner

Así trabajaremos en fábricas, oficinas, universidades y escuelas.

Como señalamos en la Resolución política de nuestra Conferencia en febrero: «Nuestra propuesta tiene tres vectores: recomposición de las fuerzas marxistas (comunistas genuinas) en un partido revolucionario; conformación de una «Organización Federal para la Revolución Argentina», a partir de una Mesa Promotora, que asuma las bases programáticas y se dé una organización adecuada a su pluralidad; disposición permanente para dar cuerpo a diferentes formas de Frente Único Antimperialista, con el más amplio espectro de organizaciones y personalidades dispuestas a defender la soberanía (hoy en primer lugar freno a la sangría de la deuda externa), los derechos civiles y las garantías democráticas».

Reiteramos nuestro llamado a trabajar con el mayor empeño en esta propuesta

11 de abril de 2014

Unión de Militantes por el Socialismo