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LOS CHARRÚAS, BRACCO Y SANGUINETTI

Leer sin prejuicios es honestidad intelectual

“Con las armas en la mano: Charrúas, Guenoa-Minuanos y Guaraníes” es el nuevo libro de Diego Bracco que será presentado en Treinta y Tres el próximo jueves 24 de abril. El acto es organizado por el grupo local OLIMAR PIRÍ, integrante del CONACHA (Consejo de la Nación Charrúa). Se realizará a la hora 18 en el salón de Actos del Instituto de Formación Docente Maestro Julio Macedo, en la esquina de Manuel Lavalleja y Simón del Pino.

¿DEFIENDE BRACCO A FRUCTUOSO RIVERA?

 A esa conclusión pretende llegar el ex Presidente de la República Julio María Sanguinetti, según lo afirma en un artículo publicado por EL CORREO DE LOS VIERNES (órgano oficial del Foro Batllista del Partido Colorado). Después de leer el libro, no me explico cómo llega a esa conclusión, pues no encuentro base para tal afirmación.

El libro dedica un capítulo (Páginas 150 a 175) a la matanza de SALSIPUEDES ocurrida el 1 de abril de 1831, en la que sobresale la actuación del entonces Presidente de la República, Fructuoso Rivera. El autor prefiere no verter muchas opiniones propias y más bien se limita a reproducir documentos citando diversas fuentes, aportando elementos, seguramente con la intención de que el lector extraiga sus propias conclusiones. Transcribo a continuación algunos de los breves conceptos de Bracco, cuando en la página 170, hace un pequeño resumen de la interpretación de los hechos de SALSIPUEDES, que surge al comparar documentos:

 “Mucho de lo que sucedió permanece en el misterio. Parte considerable de la explicación parece estar en la afirmación de Fructuoso Rivera: “Si se logra hacerlos pasar el Queguay ya no sería difícil el sujetarlos del modo que uno quiera”. Ello efectivamente ocurrió y de ese modo los Charrúas habrían caído en una trampa de muchas decenas de kilómetros cuadrados. En los bordes de esa trampa debió haber tropas escondidas con la bastante antelación como para ser imperceptibles a los “cautos Charrúas”. Así tras el o los ataques, no les sirvió a “los infieles” dispersarse ya que en todas direcciones hacia las que podían evadirse había fuerzas que los superaban en número, armamento y –era fundamental- debían disponer de caballos frescos. Tampoco pudieron – y probablemente fue el golpe que terminó de destruirlos como “nación”- resguardar a sus mujeres y niños.”

 ¿Se describe aquí un combate regular entre dos bandos beligerantes o se trata de una operación homicida en la que los embaucadores se aseguraron de que sus víctimas no tuvieran la posibilidad de defenderse, entrando mediante engaño a un encierro preparado para masacrarlos?

Abundan en el libro pruebas que incriminan a Rivera no como simple ejecutor de un plan concebido por terceros, sino como director del operativo. Lo que es peor, lo muestran reconociendo el vil engaño que le hace a los Charrúas traicionando la confianza que éstos depositan en su palabra. En la página 161 se cita una carta dirigida a Eugenio Garzón fechada en Daymán el 1 de febrero de 1831 en la que Fructuoso Rivera expresa: “Ya no nos queda otra cosa que hacer que dar el paso sobre los salvajes. Este, creo, es más fácil, pues ya tengo tomadas algunas medidas, y las que tomaré… Los salvajes están como avispados; han sido avisados de que el Gobierno los mandaba destruir. Yo los he persuadido de lo contrario, y han quedado algo satisfechos, y a su tiempo, tendrán su merecido”

 UNA MATANZA QUE NO FUE EXTERMINIO

Surge claramente de las numerosas citas que hace Bracco, que Salsipuedes no fue una acción de exterminio definitivo de la nación Charrúa, ya que hay confirmaciones documentales de la existencia posterior de tolderías Charrúas en territorio uruguayo, siendo el último registro en el año 1835. Al respecto dice Bracco:

“Es posible que la atención prestada a los trágicos sucesos de SALSIPUEDES hayan restado luz a otros aspectos relacionados con el fin de la naciones indígenas. Cabe esperar, por ejemplo, que exista documentación referida al destino de esa toldería situada en territorio uruguayo tan tarde como en el año 1835. Quizá se encuentre documentación referida a la participación de los “infieles” en las guerras que sacudieron la República Oriental del Uruguay y a Río Grande del Sur en las décadas de 1830 y 1840. Por último, cabe aguardar que nuevos estudios arrojen más luz sobre el proceso de asimilación sufrido por mujeres y niños separados de unos ”infieles” que habían perdido toda capacidad de mantenerlos a resguardo”

 Estas expectativas de Bracco contrastan la postura de Sanguinetti, quien pinta los hechos de SALSIPUEDES como un combate del ejército oriental contra un bando adversario, y se refiere al ultraje de mujeres Charrúas como un proceso natural de mestizaje. Dice el ex Presidente sobre “la tan mentada batalla de SALSIPUEDES, en que el ejército de la recién nacida República Oriental del Uruguay derrota a los remanentes de la ya muy reducida tribu charrúa”: “… los adversarios de Rivera hicieron de este capítulo una leyenda difamatoria en su contra, ignorando, como se señala, el apoyo político general y el reclamo de la población criolla que existía con respecto a esa tribu. En los últimos años, el “charruismo ambiente” ha amplificado hasta el delirio este cuestionamiento, que incluso hace de la sorpresa un capítulo ominoso revestido de traición cuando este modo de actuar fue común a ambos bandos, desde siempre, como pasa por otra parte en todo conflicto armado”

 Nótese que Sanguinetti considera que lo ocurrido en Salsipuedes fue un acto de estrategia militar empleando el factor “sorpresa”, convencionalmente aceptado como válido. No es eso lo que dice el libro de Bracco, que claramente presenta pruebas de la manera artera y cobarde en que fueron engañados los Charrúas, víctimas de una “trampa” mortal, por parte de quienes traicionaron su confianza. Como le gritó a Rivera el cacique Vaimaca en medio de aquella masacre, “matar amigos”, no es usar el factor sorpresa, es actuar con vergonzosa deslealtad.

Dice también Sanguinetti en su artículo sobre el nuevo libro de Bracco, al referirse a la descendencia indígena a menudo obligada a vestir uniformes militares: “El propio ejército nacional se configura con un enorme aporte indígena, que pasa a ser parte del mestizaje que muestra la sociedad rioplatense, predominantemente europea sin duda, pero no ajena a la deseable mezcla de razas que también se dio”.

¿Se puede calificar como “deseable mezcla de razas” lo que ocurrió tras la captura y esclavización de mujeres Charrúas por parte de sus perseguidores? No es eso lo que surge de una lectura objetiva del libro “Con las armas en la mano”

 Personalmente, después de leer su libro, estimo que Diego Bracco propone la reivindicación de la ascendencia Guenoa (o Minuana), como si se tratara de una nación no perteneciente a la misma macroetnia a la que pertenecen los Charrúas, cosa que no concuerda con lo que afirman otros autores. Esta divergencia no debe extrañarnos, pues es frecuente entre investigadores en general, y cuando se trata de los albores de la historia nacional, en particular.

Me hubiera gustado leer un texto más crítico respecto a los injustificables abusos sufridos por la nación Charrúa, pero puedo comprender que el autor no juzga los hechos, solo trata de reconstruirlos con el mayor rigor científico posible, mediante la comparación cuidadosa de abundante documentación. Bracco no se propone en éste libro condenar, ni mucho menos, absolver a Rivera. Quiere aportar elementos para enriquecer la discusión revisionista, y creo que lo logra

 Después de leerlo, estoy más seguro de que la población uruguaya debe prestarle más atención a sus orígenes étnicos y desterrar definitivamente la leyenda de que nuestros antepasados bajaron todos de los barcos en el puerto de Montevideo, por lo que seríamos una nación de inmigrantes. El libro de Bracco – aunque no sea ese su principal propósito- aporta más pruebas de la innegable raíz Charrúa que tiene la población uruguaya, y con la que podemos reconectarnos.

Lo de Sanguinetti, si bien no me sorprende, no deja de indignarme.

Aníbal Terán Castromán

(Integrante del Grupo Olimar Pirí)