MISERABILIDAD
José Antonio Vera
Vivimos un tiempo complicado, nadie lo duda, incluso para quienes amasan fortuna a mansalva, ofuscados con su propia impotencia que les impide acumular más poder para satisfacer su avaricia desmedida, una época evidentemente más pobre en valores éticos y humanistas que las anteriores, directo producto del caos que sufre el sistema social imperante, sepultando al ser y enalteciendo el tener, abyección apoyada en la impunidad absoluta que, en el mundo, gozan quienes detentan el poder financiero y político.
En ese mapa triste, es relevante el espacio que ocupa Paraguay como Nación en la chatura moral y de conducción que exhibe en conjunto el Continente Americano, porque aquí, en este país mediterráneo, la miserabilidad se ha consolidado como conducta oficial, por encima de la mediocridad y pobreza creativa de la región, rasgos que caracterizan a los partidos políticos, con leves diferencias en fuerzas que no pertenecen a la derecha.
El desenfado no tiene límites y abarca todos los ámbitos, públicos y privados, destacando claramente en esa obscenidad los tres poderes del Estado, con sus rúbricas clonadas hasta en sus trazos, para sancionar medidas que ahondan inmisericordemente la desigualdad social, en un proceso que, comparando los tiempos, consagra una marcha atrás en todo lo que concierne a la administración del país y su proyección inmediata.
Todos los días la prensa destaca allanamientos de sitios donde encuentra cantidades de drogas, y de locales, incluso supermercados, con mercaderías de contrabando y hasta carnes y lácteos descompuestos, con fecha vencida, combustibles ordeñados en las propias barcazas, ventas y compras del y por el Estado de propiedades, urbanas y rurales, con valores falseados, sobrefacturación multimillonaria en obras públicas que nunca se terminan y conforman un largo listado de ilícitos, pero ningún pez gordo va a la cárcel, que desbordan pequeños delincuentes, como mulitas y rateros, cuya detención funge de pantalla de una labor judicial inexistente por complicidades.
Hay decenas de campesinos presos por reclamar un pedazo de tierra para mantener a su familia, cada seis meses promedio aparece algún labriego asesinado por esbirros a sueldo de los latifundistas, el agronegocio produce inmensas ganancias sin invertir nada en el desarrollo del país, en el que el 85 por ciento de su tierra está en manos de 2.5 por ciento de los seis o siete millones de habitantes. En la recaudación total del Fisco, el agronegocio aporta menos del dos por ciento anual.
Catastro nacional no existe, ni tampoco veracidad de los títulos de propiedad en banda, pero investigaciones serias, como la realizada hace más de una década por la Comisión Verdad y Justicia, y algunos expertos, registran un mínimo de ocho millones de hectáreas fiscales ocupadas desde hace años por amigos del gobierno, algunas vendidas ya a particulares, otras alquiladas a sojeros brasileños y algunas explotadas por los herederos y continuadores del latrocinio institucionalizado.
Este domingo 04 de mayo se recordó el Golpe de Estado que, hace 60 años, instaló al General Alfredo Stroessner en la cabecera del Estado, perversidad que duró tres décadas y media de atropello a la decencia, aupado en los hombros del Partido Colorado y del Ejército y en esa suerte de ramplona oligarquía que continúa pastando y engordando a sus anchas, como escudero siniestro de esta semicolonia norteamericana.
Stroessner, suboficial inescrupuloso, de inmediato resultó un fiel servidor a los designios que había elaborado Estados Unidos en su política de sometimiento de los países que Washington siempre consideró como su patio trasero, eligiendo como blancos preferidos en la ocasión a Paraguay y Guatemala, donde también en ese mismo 1954 fue derrocado el Coronel Jacobo Arbenz, y con él su reforma agraria y su avanzada política social.
Medio siglo y algo después, manotazos parecidos ha propinado el imperio contra los pueblos de Honduras (2009) y, nuevamente de Paraguay, en el 2012, cortando dos procesos progresistas de cambios políticos y de atención en los servicios sociales, con la deliberada entrega de ambos países a politiqueros, criminales, contrabandistas, traficantes de todo tipo de productos e incluso de personas, que utilizan los aparatos represivos del Estado y los paramilitares para ahogar todo reclamo popular de justicia, trabajo, bienestar y respeto humano.
Los herederos y continuadores de los tiranos que asolaron el subcontinente con sus satrapías, sus crímenes masivos y saqueos de naciones, en la aplicación del Operativo Cóndor (el nombre dado por Hitler al genocidio de Guernica, en 1937), no solo desconocen la autocrítica como ejercicio higiénico y moralizador, sino que se pasean orgullosos y soberbios, reivindicando la obra de sus maestros, padres, abuelos y otros “próceres” que les legaron inmensas fortunas malhabidas y los vicios del poder usurpado.
Con estruendo, el Partido Colorado organiza para el fin de semana próximo una fastuosa y masiva concentración en Asunción, en celebración de su retorno al gobierno hace un año, tras un paréntesis de cuatro que ocupó la administración progresista presidida por el Fernando Lugo, elegido en las urnas en el sufragio menos tramposos de la historia del país. El exObispo, derrocado el 22 de junio del 2012 en un Golpe de Estado disfrazado de juicio político, en la actual legislatura es Senador por la pequeña coalición Frente Guasu.
Ese quiebre constitucional representó el fin de una política moderada, conciliadora por demás con las fuerzas de la derecha, sin la más mínima alusión a impulsar medidas de transformación estructural.
Lo único que podría explicar esa agresión a las normas democráticas es la preocupación de Estados Unidos por la creciente toma de conciencia política por vastos sectores ciudadanos que van perdiendo el miedo y militan en defensa del patrimonio y la soberanía nacional, en el rechazo de la presencia de los carteles transnacionales, de origen usamérica que operan en el narcotráfico, en los cultivos transgénicos y sus paquetes venenosos, y de la megaminería que pretendía instalarse con fuerza.
Otro motivo no existía para justificar la salida de Lugo, la cual se hizo en forma alevosa, con destacado protagonismo del Vicepresidente de la República Federico Franco, del Partido Liberal, cuya dirección operó de celestina a favor del Partido Colorado y de la Embajada de Estados Unidos, aventura pírrica que se destacó por excesiva desprolijidad en las finanzas, cuya grosería se sumó al desprecio popular por la traición cometida, lo cual rápidamente sumió a la organización en una profunda agonía de la que pretende salir con impudorosa amnesia, oportunismo y demagogia, mendigando alianzas con los propios colorados e, incluso, con las fuerzas que estafó en su compromiso desde el 2008.
Los colorados, bajo la batuta de su hombre más influyente, el Senador Juan Carlos Galaverna, formalmente Vicepresidente del Partido pero con más poder en el aparato interno que el propio Presidente Horacio Cartes, afirma que celebrarán el primer año del retorno al Ejecutivo Nacional, con una concentración de 50 mil personas, prolongando la “fiesta” hasta el domingo 11 con la celebración de su cumpleaños, en el que anualmente reúne a miles de allegados, incluyendo Jueces y Fiscales, “amigos que se ocupan de todo”.
En pocos meses, Galaverna podría ser electo Presidente del Congreso, función que lo situaría privilegiadamente en el tercer puesto de la sucesión constitucional, en el caso que Cartes fuera sometido a juicio político o sufriera algún impedimento físico para continuar. Detrás está el Vicepresidente Juan Afara, sin ninguna brillantez militante, una especie de mandadero, destacado en el operativo actual de debilitar al movimiento sindical, para lo cual recibe harta colaboración del grueso de los representantes de los trabajadores.
Toda Asunción está siendo colorizada esta semana y, aunque sus promotores se cuidan de mencionarlo, representa el mayor homenaje póstumo a Stroessner, con algunas alusiones al primer timonel del partido, el también General Bernardino Caballero, quien pese a nacer en Argentina, fue ungido Presidente de la República en 1880 e, igual que “el padre de la Patria”, muerto en su exilio dorado en Brasil, hace siete años, se destacaron en la venta de las mejores tierras del país a inversores extranjeros “y a peores nacionales”
Parte de la insensatez reinante, y formando parte deliberadamente de los festejos y como otra forma de exhibir el poder colorado, días atrás fue electo el nuevo Rector de la Universidad Nacional, en un bochorno que exhibió dos candidatos, uno postulado por la Presidente del Partido, Lilian Samaniego, cuyo hermano es Intendente de Asunción en plena carrera por su reelección, y el otro por Galaverna, quien es el verdadero ganador
Su pupilo, Froilán Peralta Torres, salió el año pasado de su anonimato con un exabrupto al intentar contrarrestar reclamos justos de los estudiantes. El nuevo Rector, en esa ocasión dijo que un alumno de la Facultad de Veterinaria, cuyo decanato sustenta aún, tiene el mismo valor que uno de los animales que traen a su clínica
En la violación de la autonomía universitaria, como en el copamiento de las llamadas empresas del Estado por el Partido Colorado, los males vienen de lejos, al extremo que no se debería hablar de entes públicos, de hecho todos privatizados por el partido desde hace cerca de setenta años, abusándose de sus funciones y de los beneficios de las mismas, convertidas en cantera de votos, afiliando a siete de cada diez empleados