El Sr. Sanguinetti, vieja comadreja “cuica”, ha salido a bostezar sus consabidas barbaridades “democráticas”, en la prensa reaccionaria del viejo diario de Mitre, y algún órgano rosarino le hace hasta una entrevista (1)
Sanguinetti, no es un hombre original, más bien es un repetidor tradicional de lugares comunes, caros a la mitología “colorada” de este lado del charco. Pertenece además, al partido más golpeado por la opinión pública uruguaya, que los ha dejado con votaciones paupérrimas y una representación parlamentaria más que modesta.
Del antiguo blasón “de poder” (casi 77 años ininterrumpidos en los cuales las revoluciones, los golpes de estado, la colaboración con el extranjero, el asesinato de los jefes políticos rivales y la persecución de la opinión opositora fueron moneda corriente, junto al fraude electoral) poco queda.
Sanguinetti y Jorge Batlle tuvieron en ese desprestigio popular, que no amengua, un papel destacado. “Fundieron” a su partido burgués, como otros, un Rivera, un Suárez, un Venancio Flores, un Herrera y Obes, lo “fundaron” sobre el lodo de los crímenes y de las traiciones.
Solo un líder de ese antiguo partido “fundacional” –que surgió después de un momento especial de la vida política nacional, el militarismo de Latorre, Santos y Tajes- pudo elevarse sobre la mediocridad tradicional de ese partido y todos los conmilitones del poder (y la riqueza a la que accedían por el ejercicio del mismo) Don Jose Batlle y Ordoñez.
Sanguinetti y “el loco de Jorgito” (su antiguo jefe), realizaron la verdadera hazaña de enterrar a aquel Batlle y con él enterraron también a su partido. Después de la fechoría, el “Cejas” Sanguinetti, se dedicó a la historia, donde le va tan mal como le fue en la política.
No vamos a mencionar su tirada sobre los aborígenes (guaraníes versus charrúas) porque esas son pifias viejas. Pero podemos dedicar un poco más de interés a sus intentos de restaurar una historiografía vetusta y deshilachada sobre los tópicos de la democracia (en abstracto), la guerrilla tupamara y el resto de la historia reciente.
Sanguinetti, como Alfonso Lessa, son los principales paladines de una versión antojadiza y mentirosa de los eventos que catapultaron la antigua democracia “representativa” nacional en brazos del neo-militarismo que empezó por reivindicar el latorrismo
La versión es falsa, porque en casi 77 años de poder ininterrumpido, los partidos fundacionales burgueses, con el partido colorado haciendo punta, había permeado tanto la policía, las jefaturas departamentales, las fuerzas armadas y sus institutos de formación de oficiales con hombres de esos partidos. Los oficiales colorados reaccionarios, los que aceptaron alborozados el proteccionismo militar yanqui (equipamientos, munición, doctrinas militares) eran de origen colorado en su inmensa mayoría. Y al lado de ellos habían algún Aguerrondo (blanco originariamente) que eran tan reaccionarios y golpistas como los otros, con las armas que les pagaban el pueblo trabajador.
Hay además en la “saga” democrática al uso, un olvido intencional, tramposo, que nadie debe olvidar. Para ser un golpista con posibilidades, el oficial militar debe ser general. Y al generalato en Uruguay se accedía con venia del Senado, o sea de los elencos políticos dominantes de esos mismos partidos.
El drama del coronel Trabal fue que no podía a ser factótum en la política nacional, justamente porque sus pares oficiales, estaban dispuestos a seguir solo a un oficial con el grado de general. Y las peripecias políticas del “Goyo” Alvarez, están relacionadas, un general no podía permitirse las libertades de ciertos “oficiales superiores”, verbigracia el Sr. Nino Gavazzo y otros asesinos de la misma laya.
El orden vertical militar, la denominada cadena de mandos, no puede alterarse para la corporación militar, por la sencilla razón de que producida la misma se corre el peligro de un “coronel Perón” en el Uruguay, cuestión que la corporación militar y sus mandos “naturales” la burguesía dependiente uruguaya, consideran inconveniente
En el Uruguay “democrático” que estos demócratas políticos de pacotilla añoran se gobernaba con elecciones, pero producidas las mismas se gobernaba por decreto, se suspendían las garantías individuales y la policía salía a buscar civiles a sus casas con uniforme policial visible, a pesar de que el ministerio del Interior no había expedido orden de captura o requerimiento alguno. Y eso era así porque en aquel Uruguay existía “El Escuadrón de la Muerte”
Cuando señalamos estas cosas que para nuestra generación son obvias, cometemos el error de olvidarnos de las nuevas generaciones, sometidas a los mamotretos de todos “los defensores de la democracia a la violeta”.
Para ilustrar vívida (y trágicamente) de lo que hablamos (que Sanguinetti, olvida intencionadamente) mencionemos algunos nombres: Héctor Castagneto, Manuel Ramos Filippini, Ibero Gutiérrez y Abel Ayala.
Todas estas cuestiones que se importaban al Uruguay de las experiencias centroamericanas de “La Mano” y los otros organismos “civiles” y paralelos que apoyaban las autoridades políticas civiles y de las cuales el Sr. Jorge Batlle, que fue el jefe político de Sanguinetti, era partidario. Ni hablar de la intervención del Sr. Mitrione, entrenador en torturas, enviado especial del gobierno de los EE.UU. al Uruguay y camuflado en la Jefatura de Policía como “asesor en seguridad” y que tanto trabajo dio al gobierno del Sr. Pacheco explicar.
De todas estas dicotomías “democráticas” están llenas las actas parlamentarias, los testimonios de representantes senatoriales como el difunto Terra o Sosa Díaz, y en algunos de estos episodios el Sr. Sanguinetti, que por entonces era ministro de Cultura y su subsecretario Acosto y Lara, sabían mucho en ese entonces y después. ¿No está perfectamente documentado que el Sr. Sanguinetti, aseguró al senador Terra que ciertos conspicuos y bien identificados miembros del Escuadrón, habían salido del país, destinados a cargos diplomáticos en el extranjero, con anuencia de las mismas autoridades civiles y que deslizó al citado senador que lo denunció, añadiendo: “este diálogo (e información) nunca han tenido lugar”?
El Sr. Sanguinetti, habla de democracia, en el viejo y reaccionario diario bonaerense de Mitre, porque sabe que el actual gobierno fraudeamplista le cubre las espaldas. Ahí EFH, Bonomi y el mismo presidente amparándolo. Son los guerrilleros arrepentidos, que están en paz con el Sr. Sanguinetti porque chalanean (vos tápame esas cacas que yo te tapo las que hicieron Uds. después del 85, el fifty-fifty y el resto). Lo cual no impide que de cuando en vez, se tiren algunos cascotazos para las galerías y para hacer parodia de lucha enconada de posiciones. El público lector y principalmente las nuevas generaciones deben saber que todo esto “es grupo”. Que entre bueyes no hay cornadas.
La actual democracia representativa que rige en Uruguay sigue teniendo las mismas carencias y limitaciones de la vieja democracia burguesa. Empezando porque consagra el derecho al engaño del soberano: la ciudadanía. Y se perpetúa en otros: las “planchas” de las listas, y la imposibilidad de que el electorado destituya a los “representantes” que les mintieron después de haber sido electos. Cualquier iniciativa ciudadana o constitucional que señale esa vieja carencia será combatida denodadamente por todos los que integran la burocracia política y representativa nacional
Poco importa que “la democracia” sea evidentemente mejor y superior que la antigua “dictadura”. En esas tonterías entro la denominada “izquierda” desde los tiempos en que el difunto Enrique Rodríguez recorría el espinel del exilio pregonando su “rendija democrática”. Y además, se inauguró con prescripciones.
A todo esto se avino la “izquierda” para alegría y beneplácito de los viejos elencos políticos burgueses y sus representantes “superiores” la burguesía dependiente uruguaya. Se cumplía el ideal “de la democracia vigilada” que pregonaba el “humanista” presidente norteamericano Carter
Con estas líneas queremos dejar en evidencia que el actual “demócrata” Sanguinetti, entonces impulsaba el estado terrorista en ciernes (desde el ministerio de Cultura) y su “fusible” (el que ponía la cara) era su subsecretario Acosta y Lara.
Entonces, los políticos “representativos” de la fenecida democracia estaban en contubernio con los militares y los policías golpistas. Entonces, además de lo legal, lo institucional, inclusive los cambios constitucionales democráticos, se abría camino lo que vendría después. Entre los intervalos de la “democracia” -con anuencia y conocimiento cabal y pleno de la burocracia política institucional- se abría camino a la dictadura militar que vendría después.
En el Parlamento se promovían del coronelato al generalato pichones de gorilas (Aguerrondo, los Zubía, Cristi, los “Goyo” Álvarez). ¿Y van a intentar ahora, convencer a las nuevas generaciones que lo nuestro se reduce “a una democracia agredida”? Aquí no hubo nada de democracia agredidas, por jóvenes idealistas. Aquí hubo una generación entera, lo más granado de la misma, que no se subió al caballito de batalla de “la democracia uruguaya”, de “la tacita del Plata”, de “la Suiza de América”, ni a la mitología del “paisito” que vino después de la mano de una intelectualidad progresista que se bajó los pantalones, que se subió alegremente al carro del “neoliberalismo” y que finalmente inauguró el denominado “progresismo gobernante” y los mitos “de la gobernabilidad”.
Aquí hubieron Tupamaros, con las pelotas bien puestas, que luchaban por la libertad y el socialismo, pese a todas las jeremiadas actuales del Sr. Presidente, EFH, Bonomi, el “ruso” Rosencof, Marenales y otros tránsfugas. Dejemos las cosas en claro, pese que les pese, a tantos arrepentidos!!!!
Era la burocracia política tradicional o “fundacional” la que levantaba las manos de yeso que prolongaban los estados de excepción, una vez y otra. Que cuando corría el riesgo de perder, se levantaba de sala y dejaba la democracia parlamentaria sin quórum. Eran esos mismos políticos civiles, los “demócratas” que en tanto realizaban estas hazañas democráticas, hacían reuniones políticas privadas con oficiales golpistas y éstos además les facilitaban el personal oficial y subalterno de los “Comandos Caza-Tupamaros” o “Escuadrones de la Muerte”, que mataban civiles jóvenes e inermes, o que realizaban atentados con explosivos sacados de los arsenales de las fuerzas armadas o traídos de los arsenales argentinos, por colaboraciones represivas que venían desde los tiempos de Onganía.
Aquí la dictadura militar uruguaya, tuvo correlatos y vinculaciones civiles (igualito que en la Argentina, Chile, Brasil, Paraguay o Perú). Aquí los letrados de las Cámaras (Industrias, Comercio, Bancaria, la Asociación y la Federación Rural) aportaron sus elencos de abogados, economistas, contadores y demás leguleyos de letra chica, mientras que otras ramas “democráticas” (el diario “El País”, la “Mañana”, el “Día”) aportaban sus cagatintas de la pluma para impulsar, alentar, ocultar crímenes y asesinatos. “El País” donde actualmente milita “el demócrata Sanguinetti” prestaba sus salones para las reuniones del “Goyo” Álvarez con las “fuerzas vivas” civiles para concitar los apoyos que necesitaba para iniciar su experiencia bonapartista.
Esto es tan claro, tan evidente, que puede consultarse hasta en Wikipedia. Entonces ante las denuncias del diputado Rovira, Sanguinetti el “demócrata” actual, recomendaba el cierre de los archivos, como después recomendó la Ley de Caducidad (2)
A todos estos cinismos oficiales, se respondió con lucha popular activa. Dan Mitrione fue ajusticiado, el Escuadrón de la Muerte tuvo algunas bajas y los sobrevivientes tuvieron que poner pies en polvorosa y algunos debieron ser sacados urgentemente de circulación con cargos diplomáticos, el oficial Bardesio fue capturado y sometido a interrogatorio, actualmente está detenido, y Miguel Sofía como lo sabe todo el mundo está prófugo de la justica y podríamos extendernos un poco más sobre el tema (3)
Todo esto es conocido ampliamente, está documentado hasta la saciedad, desde testimonios parlamentarios, investigaciones, y ha llegado a los libros, a la literatura de ficción y demás. Pero la burguesía dependiente uruguaya persiste en su triste empeño de negar la realidad para imponer su visión antojadiza de los hechos. Entre sus tristes voceros esta el cadáver político de Sanguinetti, y el corifeo que cobra muy bien por sus patrañas Alfonso Lessa. Los hechos sin embargo no les dan la razón.
A pesar de la cobertura que les brindan actuales gobernantes con pasado guerrillero la opinión pública, deberá en su momento, juzgar estos hechos con toda la severidad que merecen.
(1) Un rosarino puede ignorar que en Pando no había cuartel, y confundir el asalto al cuartel de la Marina (en la ciudad vieja de Montevideo) con la localidad de Pando que se tomó en conmemoración combativa al asesinato de Ernesto Guevara y que está en el departamento de Canelones. Los corifeos y plumíferos de ambas orillas del Plata son expertos en este tipo de burradas. Los apremia la redacción que les da los garbancitos que los saca del hambre, su ignorancia de los temas que les distribuyen y, su celo proselitista. Los demás, nos reímos de todos estos pobres mozos de la pluma.
(2) Ver (www.180.com.uy/El denunciante-de-los-escuadrones-de-la-muerte. (Diputado Nelson Rovira). Ver también Memoria viva 5.blogspot.com.manuel.hevia.coscolluela.html. y manuel hevia. Pasaporte 11333.www.voces.com.uy
(3) Ver http:/el muerto que habla.blogspot.com/08/bardesio/acosta-y-lara-pirn-sola-y-html.
Y ver http://rigorfurblogdiario.com.uy/1221139860/recortes-de-historia.hy.nelson.bardesio-por lincoln-maiztegui-casas/