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UCRANIA - Después de Odesa: ?actuar humanamente? como programa político

ILYA BUDRAITSKIS

Martes 13 de mayo de 2014

En los dos días que han pasado desde los trágicos sucesos de Odesa hemos escuchado docenas de versiones de lo ocurrido. Todas esas versiones están asociadas, de una manera u otra, a la búsqueda de una “mano oculta” que llevó a dos grupos de manifestantes armados a chocar entre sí y condujo a uno de ellos al matadero de la Casa de los Sindicatos. La mayoría de estas versiones –desde las del gobierno oficial de Kiev hasta las de los propagandistas rusos– señalan con el dedo a la policía local, que de una manera consciente y organizada se abstuvo de todo intento de prevenir la creciente violencia.

Dichas versiones de los acontecimientos describen por lo general un “escenario” explicativo que favorece a uno u otro bando: Yulia Timoshenko [ex primera ministra de Ucrania] saboteará las elecciones [presidenciales ucranianas] del 25 de mayo para asegurarse su propia victoria en el futuro; el gobierno de Kiev intimidará a los “separatistas” y atribuirá la responsabilidad del baño de sangre a quienes les apoyan; el gobierno ruso reunirá argumentos más que convincentes para desacreditar a quienes apoyan a la “junta” [de Kiev]; el clan de Yanukóvich [ex presidente ucraniano] intentará que Rusia lance una intervención [militar] abierta. De alguna manera, todas estas versiones nos suenan convincentes –a los rusos y a los ucranianos– porque sabemos que ninguna de esas fuerzas dejaría de cometer cualquier crimen con tal de conseguir sus objetivos. La disposición a victimizar a los propios ciudadanos ha sido siempre un criterio de selección de la elite postsoviética. En esa elite no hay nadie, absolutamente nadie, que no sea moralmente capaz de un asesinato masivo.

Pero cualquiera que pudiera haber sido la intención inicial de quienquiera que hubiera organizado la tragedia de Odesa, el resultado será –o más probablemente ya lo es– distinto: se ha desencadenado la lógica de la guerra civil y ahora ya es prácticamente imposible detenerla. A lo largo del último mes –con sus expectativas de operaciones militares, ocupaciones de edificios, tomas de rehenes, refriegas puntuales en Donbas–, mucha gente conservaba, sin embargo, alguna tímida esperanza de que el conjunto del proceso estaba siendo gestionado de alguna manera por alguien, lo que implicaba que existía la posibilidad de detenerlo. La base principal de la que se nutrían esas expectativas no solo era la voluntad de Putin, de las potencias occidentales y del gobierno de Kiev, sino el hecho de que la mayoría de los ucranianos simplemente no estaban dispuestos a matarse entre sí.

Pero hemos de recordar la historia no tan lejana de la década de 1990 y aquella trágica sensación de estar cruzando una línea roja: vecinos amables, “gente razonable”, que durante décadas habían olvidado cómo dividirse entre “enemigos” y “amigos”, de pronto, en pocos días, pierden todos los atributos humanos y se convierten en bestias absolutas, cuya posible existencia solo se conocía de las películas patrióticas sobre la invasión fascista. Así es como comenzó, una vez planteada la cuestión de la “lengua del Estado”, la guerra en Transnistira. Así es como los serbios y los croatas alcanzaron un punto sin retorno, en aquel famoso partido de fútbol en Split. Todo esto es de sobras conocido para no comprender de que los perdedores en esas guerras fueron todos los participantes, sin excepción. La venganza por las primeras víctimas no hace más que provocar más víctimas, sentando así las bases para nuevos actos de justa represalia. Este es el más temible resultado de los sucesos de Odesa: para ambos bandos justifican y hacen inevitable cualquier acto de venganza.

En las llamas que arrasaron la Casa de los Sindicatos no era difícil ver las profundidades de la barbarie en que Ucrania puede hundirse fácilmente. Profundidades cuya magnitud no parece comprender plenamente ninguno de los bastardos que coreografiaron los choques del 2 de mayo. No hace tanto tiempo, “actuar humanamente” podría parecer algo así como un deseo abstracto. Ahora, tras la matanza de Odesa, ha pasado a ser un programa político.

05/05/2014

http://peopleandnature.wordpress.co...

Traducción: VIENTO SUR

¡Por un movimiento social independiente! ¡Por una Ucrania libre!

DECLARACIÓN DE LA OPOSICIÓN DE IZQUIERDA

Viernes 16 de mayo de 2014

La masacre cometida en Odesa el pasado 2 de mayo no puede tener justificación alguna. La agrupación socialista Oposición de Izquierda está convencida de que “no importa quiénes eran las personas fallecidas de los dos bandos, la fuerza empleada contra la mayoría de ellas no respondió a ninguna necesidad de autodefensa. Es preciso llevar a cabo una investigación multilateral de los hechos y denunciar públicamente a los provocadores y los asesinos, que probablemente proceden de las filas de todos los bandos enfrentados”. En estos momentos no estamos en condiciones de señalar concretamente a las personas responsables de esos asesinatos, ni a sus organizaciones o grupos. Sin embargo, sí podemos apreciar las consecuencias políticas de la masacre de Odesa y hemos de reconocer que entre quienes tienen alguna responsabilidad al respecto figuran también organizaciones políticas de izquierda.

No cabe duda de que la violencia la organizaron y dirigieron en primer lugar grupos ultranacionalistas y chovinistas que matan a personas conscientemente y tratan de explotar los crímenes para desatar una bárbara histeria nacionalista en la sociedad, que desde su punto de vista debería “movilizar a la nación” contra “sus enemigos”. Tal vez sea esta la única vía para instaurar la dictadura nazi con la que sueñan y que no podrá establecerse más que en medio de un baño de sangre y a través de la intimidación de las personas. Esto solo será posible si los rusos de Ucrania ven a un asesino banderita [seguidor de Stepán Bandera, líder nacionalista ucraniano que apoyó a la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial y dirigió la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN). NdT] en cada ucraniano mientras los ucranianos ven en cada ruso a un potencial “saboteador de la Inteligencia Militar rusa”. Por desgracia nos hemos acercado ya demasiado a la línea roja detrás de la cual esto puede ocurrir realmente.

Sin embargo, el 2 de mayo aparecieron en Odesa, a ambos lados de las barricadas, personas –incluidos activistas de organizaciones de izquierda– que tan solo un año antes habían participado conjuntamente en protestas contra las restricciones a la libertad de reunión pacífica y contra la implantación de un Código de Trabajo esclavizador. Había activistas del grupo “Borot’ba” (Lucha) en el bando conducido por los chovinistas de derechas de “Odesa druzhina” (Guardia de Odesa), y en el lado contrario se vio a anarquistas y antifascistas participando en acciones dirigidas de hecho por sus adversarios, en particular los hinchas de fútbol de extrema derecha. Este último grupo se distinguió por su especial brutalidad frente a sus oponentes.

Las organizaciones de izquierda no han sido capaces de impulsar un programa obrero independiente y diferenciado. Sin hablar ya de su incapacidad para dirigir un movimiento de masas, no se han distanciado –y ni siquiera han logrado retener a la muchedumbre– de la violencia fratricida amparada en consignas nacionalistas. Estos izquierdistas han caído en la trampa del apoyo acrítico a un movimiento relativamente amplio que en los últimos tiempos se ha apartado casi totalmente de la lucha socioeconómica para abrazar la causa nacionalista. En estos momentos, para los manifestantes de Odesa la capacidad o incapacidad –o en última instancia el derecho– del Estado ucraniano para actuar tiene por desgracia más importancia que los derechos laborales de la clase obrera ucraniana de todas las nacionalidades. En lugar de una estrategia encaminada a derribar del poder a la oligarquía capitalista de Ucrania y de Rusia, se discute si la creación del Estado ucraniano fue un “malentendido” o un “error histórico”.

No es extraño que en general los trabajadores de las grandes fábricas del este y del centro de Ucrania no participen en las acciones de protesta masivas. Las convocatorias a favor o en contra de Maidán reúnen en general a poca gente y de ninguna manera pueden compararse con las movilizaciones de un centenar de miles de personas en Kiev en enero y febrero de este año. Los radicales armados no dejan de ser un pequeño grupo de aventureros e incluso en Slaviansk, donde se han hecho con el poder y sin duda solo se mantienen a través de la intimidación de la población local, que lógicamente no desea convertirse en víctima de la “operación antiterrorista” del gobierno de Kiev. Es muy dudoso que la mayoría de los habitantes de Slaviansk apoyen la idea monárquica de resucitar “la una e indivisible” (Rusia, n.d.t.) que proclama abiertamente el oficial ruso Strelkov-Hirkin, “comandante en jefe” de la República Popular de Donetsk. Al mismo tiempo, está claro que tampoco quieren ni ver en Slaviansk a los “hombres verdes” de Strelkov ni a ningún soldado. Después de todo, saben perfectamente que si continúa la “Operación Antiterrorista”, los combates no tardarán en estallar en las casas habitadas de la ciudad y que ellos, los pacíficos lugareños, serán los primeros en sufrir.

La gran mayoría de trabajadores de Slaviansk y Kramatorsk no participan en la rebelión, sino que continúan acudiendo todos los días a sus puestos de trabajo cruzando los controles. La cuestión de una huelga general ni siquiera ha llegado a plantearse. La principal base de apoyo de la “junta de Slaviansk” son bandas de delincuentes y lumpen y ancianos que añoran los viejos tiempos de la URSS. Al mismo tiempo, en Ucrania existe sin duda un movimiento obrero organizado. Hizo acto de presencia en Kryviy Rih, cuando la brigada de autodefensa de los mineros atajó la escalada de violencia en la ciudad durante el intento de los “titushky” (matones contratados por las autoridades y los patronos) de atacar al Maidán local. Los trabajadores también actuaron en Chervonohrad, en el distrito de Lviv, donde intervinieron en el proceso político y después nacionalizaron de hecho la central eléctrica, que pertenece al oligarca Rinat Ajmétov.

El movimiento obrero se manifestó con más fuerza todavía en Krasnodon, en el distrito de Lujánsk. Con motivo de una huelga general en la zona, los mineros se hicieron con el control de la ciudad, y es significativo que no quisieran aliarse con los separatistas “antimaidán” de Lujánsk ni apoyar a los dirigentes oligarcas del Maidán de Kiev. Tenían su propio Maidán, el de los trabajadores, con sus propias reivindicaciones de justicia social y un intento serio de ponerlas en práctica, a diferencia del Maidán de Kiev. No solo demandaban un aumento de sus salarios, sino también que se ponga fin a la subcontratación de trabajadores para las minas. Por tanto, no se trataba únicamente de una huelga económica, sino de un movimiento que planteaba la necesaria solidaridad entre los trabajadores de diferentes ramos, un movimiento suficientemente fuerte para tomar las riendas de toda la ciudad. Y lo hicieron sin violencia, pues no hubo muertes ni víctimas. Tomaron la ciudad sin que hubiera ni un solo disparo y no hubo nadie que se resistiera aunque fuera pasivamente.

Lógicamente, el movimiento obrero organizado a escala nacional todavía es muy débil. Los sindicatos obreros realmente activos y con conciencia de clase solo existen en unos pocos centros de la industria minera. Sin embargo, también es cierto que únicamente en los casos en que los trabajadores intervienen realmente en una confrontación es posible evitar violencias masivas y rebajar la histeria chovinista. Tal vez, en efecto, la irrupción en la arena política de un movimiento obrero independiente sea la última oportunidad de supervivencia del Estado ucraniano actual y la única posibilidad de prevenir una guerra civil que se está fraguando delante mismo de nuestros ojos. Si se hacen realidad las perspectivas de desmembramiento de Ucrania, no seremos capaces de evitar una explosión de violencia y grandes masacres. Además, la confrontación adoptará cada vez más un carácter internacional e interétnico, y no de clase. Cuando empezó a fraguarse la guerra de Yugoslavia, las fuerzas de ultraderecha también eran muy débiles y estaban marginadas. No contaban más apoyos en la sociedad que los que tienen hoy en día Yarosh y Tiahnybok, con sus eximios resultados en las encuestas. Sin embargo, menos de un año después del inicio de la guerra, los nazis serbios y croatas comenzaron a dominar el escenario político yugoslavo y se convirtieron en organizaciones de masas

Si los mineros de las regiones de Lujánsk, Donetsk, Lviv y Dniepropetrovsk no logran, con su esfuerzo conjunto, parar esta guerra, todos nos convertiremos en carne de cañón. En este caso, no cabe duda de que todo movimiento de izquierda en Ucrania será aniquilado por muchos años. Cabe dudar de que logre sobrevivir incluso en Rusia. Los trabajadores de Krasnodon y Kryviy Rih necesitan urgentemente nuestra solidaridad y nuestro apoyo. La huelga de Krasnodon no ha concluido, solo se ha suspendido durante las negociaciones. En Kryvyj Rih, los mineros también se preparan para la huelga en caso de que no se atiendan sus reivindicaciones.

07/05/2014

http://gaslo.info/?p=5217

Traducción: VIENTO SUR