por Rafael Fernández
Las llamadas “internas” constituyen un mecanismo de regimentación de los partidos y de la ciudadanía. Fueron creadas por los partidos tradicionales para resolver sus problemas –iban a perder el gobierno, y el balotaje era inseparable de candidaturas únicas: imponer una votación a toda la ciudadanía y a todos los partidos en forma simultánea era la única manera que tenían blancos y colorados para elegir su candidato
El resto de los partidos políticos no define realmente sus candidaturas por este mecanismo –que no garantiza que exista mayor debate interno a nivel de cada partido, ni entre los partidos
Para colmo, el Estado que impone las internas no garantiza que en el cuarto de votación estén presentes todas las listas. Es un mecanismo que favorece a los grandes aparatos, que son los únicos que pueden llegar a todos lados o repartir millones de hojas. Aparatos que nunca van a viabilizar una elección electrónica –por más que sea más barato, más limpio y más sencillo de realizar un escrutinio– porque allí quedarían igualadas todas las opciones, al menos en su presencia en el circuito electoral.
Se gastan millones en imprimir listas a todo color, que se volantean y ensucian toda la ciudad. El financiamiento a los partidos también favorece a los grandes aparatos, porque se paga por voto obtenido.Y los votos los obtienen los que son financiados por los grandes capitales y pagan cuantiosas publicidades en televisión. El resto es invisibilizado
La legislación electoral no está pensada para darle más libertad al elector, sino para regimentarlo. El ciudadano no puede cruzar el voto a distintas instancias de gobierno. Ningún ciudadano puede postularse ni a una alcaldía (no digamos a diputado, edil o intendente) al margen de un partido de alcance nacional. Es un inmenso cerrojo para mantener vivas a las cooperativas electorales –a las cuales se ha sumado el Frente Amplio, que hoy sabe utilizar este régimen igual o mejor que sus inventores
Ante el alto abstencionismo se habla de obligar a votar al ciudadano, aunque no se sienta parte de ningún partido. Se quiere reforzar el cerrojo, para salvar las cooperativas electorales, cuando hay que darle libertad a la ciudadanía para no ir a votar en la propia elección nacional, terminando con el autoritario voto obligatorio
Todo este encorsetamiento de la ciudadanía es necesario porque sin él los “partidos” irían a una crisis acelerada, a divisiones y realineamientos, y varios verían finalizadas sus carreras políticas. La reforma constitucional de 1997 no eliminó la “ley de lemas”: la perfeccionó, porque estaba quedando obsoleta
Una parte de la población está hastiada de una competencia por el “trono” entre candidatos que defienden en lo esencial la misma política económica, al servicio del gran capital, los latifundistas y los usureros internacionales. En octubre, con las listas “sábana” (donde se vota desde presidente a diputado) se los intentará llevar nuevamente al brete de votar por uno u otro candidato presidencial, generando una falsa polarización
En ese terreno tan desventajoso, intentaremos colocar sobre la mesa la agenda de los trabajadores, y conquistar una bancada obrera y socialista para preparar la lucha contra el ajustazo que se viene tras las elecciones… o mejor dicho, las votaciones
( publicado en Voces, 5 de junio de 2014)