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Alfredo Silva, la cuestión de clase empieza por casa

Los actos de corrupción en ASSE y la participación del representante de los trabajadores, Alfredo Silva, han motivado una amplia discusión. El tema lo merece y se impone ampliar y profundizar esa discusión iniciada. La atención que se ha dado no es ni una distracción ni una maniobra. Todo lo contrario, este tema es verdaderamente NUESTRO

Por supuesto, la atención por parte de los medios de prensa y los partidos de derecha se debe a que se trata de una corrupción aparecida en el seno del movimiento popular. Es un monto de algo más de cien mil dólares, mientras en estos días se informa sin que nadie se escandalice del caso de las compras truchas de la Armada, una maniobra por dos millones de dólares (lo que se descubrió, una punta de cien icebergs)

Pero precisamente, si esto es el seno del movimiento popular, es nuestro tema

Pienso que el aspecto central casi no se ha abordado, perdido en la maraña, y se corre el riesgo de no aprovechar la experiencia para tener una real dimensión del problema en que estamos metidos. Quiero referirme a tres líneas argumentales diferentes que han sido planteadas

Para algunos está claro que hay elementos de corrupción, como los hechos en que participó Heber Tejeira (encargado sindical de las tercerizadas), pero no se ha podido demostrar que Silva estuviese implicado ni que recibiese un beneficio económico (“no persiguió buscar un provecho indebido”). En cuanto a sus presiones a los mandos medios, están mal, pero buscaba beneficiar a trabajadores desempleados que formaron una cooperativa, en vez de empresas privadas.

Otra línea de pensamiento que va por un lado muy diferente se centra en las REGLAS que es necesario adoptar, en especial rechazar la participación de los trabajadores en la co-gestión del servicio público y reclamar en cambio el control

Por último quiero señalar la opinión de un colaborador de PP (“Bla bla bla sobre muchas manos...” Nº1210, Pirincho) que dice que yo, en una nota que hice, estoy JUSTIFICANDO LA CORRUPCIÓN. La polémica explícita contra lo que dije solo aparece en este caso, pero usa un concepto muy generalizado: que todo lo ocurrido se debe a la naturaleza corrupta de los participantes, contra los que se descargan una serie de gruesas descalificaciones.

Quiero empezar por esto último. El desarrollo de las ideas nos llevará a lo demás.

Reaccionar airadamente contra los actos de corrupción y los corruptos es algo plenamente justificado. Pero no por esto vamos a negamos a buscar una explicación de lo que pasa

Muchas veces, cuando llueve, yo puteo contra la lluvia. O el viento frío. La lluvia, el viento y el frío son fenómenos que tienen una explicación. Si veo a un meteorólogo en la tele diciendo que “una masa de aire polar ha ingresado... etc.”, ¿qué hago? ¿Putear al meteorólogo porque está “JUSTIFICANDO” LA LLUVIA?

Sería más inteligente que tratase de comprender el fenómeno climático que ocurre, sus causas y condiciones, a ver si con eso logro al menos PONERME A RESGUARDO, tomar mis precauciones, evitar empaparme a lo bobo.

No pretendo estar dando una explicación indiscutible, sí un aporte para dar un paso adelante en la discusión. En mi nota no tomé a la corrupción como tema central. Eso es incidental o derivado. El tema principal es la BUROCRATIZACIÓN del movimiento sindical

Por el contrario, es la derecha quien siempre se concentra solamente en la corrupción como una lacra o un mal funcionamiento del sistema, y se queda en el SÍNTOMA. Más aún, ahora se quiere aprovechar la situación para meter más negocio privado por la ventana, como una auditoría externa que probablemente sea más cara que el dolo que se investiga.

Tampoco la idea de ver estas degeneraciones como obra de “malnacidos” ha aportado nunca a la solución, más bien ha sido siempre parte del problema.

También ha dicho Mujica y otros políticos frentistas, que eso es parte de la naturaleza humana. Así podría explicarse algún acto marginal, pero no la extensión que ahora se ve que ha cobrado el fenómeno. Una estructura institucional firmemente constituida podría controlar, descubrir y expurgar los actos de corrupción sin mayor dificultad.

Nuestro problema específico aquí (con específico queremos decir la “cuestión de clase” que con descaro menciona el comunicado de la Federación de Funcionarios de Salud Pública) no es tanto la corrupción en un servicio estatal, sino el papel central que tuvo el movimiento sindical. Lo que estaban allí para EVITARLO son los que lo CREARON.

Es obvio que ese grado de involucramiento no hubiese sido posible sin una burocratización extendida. Y además, aunque los burócratas sindicales no sean corruptos, así viviesen a pan y agua y se flagelasen como monjes locos, igual estaríamos en contra de sus actos de despotismo, la prepotencia y las bravuconadas que les es tan típica, y que Silva solamente reprodujo (“si yo hubiera sabido de este desastre de Tejeira le hubiera dado una cachetada”).

Por otra parte es evidente que las oportunidades de mojar en la corrupción ALIENTA el proceso de burocratización. Para vivir a pan y agua no habría tantos interesados.

Dicho eso, sin embargo, sería equivocado e irreal suponer que Silva, Fajián y toda la pandilla se metieron en la militancia sindical, llevaron adelante una huelga prolongada con enormes dificultades y luego todo lo que siguió, porque ya tenían desde el principio un plan para llenarse los bolsillos.

Precisamente, el relato que hace Leo Danovich del conflicto del 2003 en la grabación (http://www.ivoox.com/l-danovich-audios-mp3_rf_3343713_1.html) que está citada en “Bla bla bla...” CONFIRMA la idea que planteamos en nuestra nota. Se trató de una lucha muy difícil, larga, desgastante y casi totalmente aislada; se lograron algunas importantes conquistas parciales, y sostenerlas luego quedó en manos de un pequeño grupo de militantes; el atolladero al que había entrado el gobierno en el tema salud lo llevó a aceptar la participación del movimiento sindical en la dirección de ASSE; eso le abrió a puerta a Alfredo Silva en representación de ese pequeño grupo.

“Encargate vos ya que tanto hablás”.

No estamos diciendo que sea un pacto explícito ni tenemos una teoría de la conspiración. Todo lo contrario, y eso es lo que hace mucho más importante detenernos en cómo ocurre, se trata de una situación de hecho.

A CAMBIO de “moderar” las banderas históricas (Sistema Estatal Gratuito de Salud, No a las Tercerizaciones) se obtiene un lugar en la puesta en marcha de un sistema “integrado” público-privado en que el Estado subsidia a las instituciones mutuales permitiéndoles sobrevivir, y a través de ellas (y también a través de las instituciones públicas por medio del sistema de compras) al negocio médico y para-médico.

Aunque no hubiese corrupción ni compras directas, aunque todo funcionase prolijamente, la lógica del sistema seguiría incambiada.

TEÓRICAMENTE se podría decir que habría que haber rechazado la participación en la dirección del organismo y levantar la bandera del “control de los trabajadores”. El problema es que esa consigna solo tiene sentido como una medida de transición y acumulativa en el proceso de apropiación del poder por los trabajadores. En la coyuntura actual esa distinción conceptual es solamente una exquisitez simbólica.

No hay control sin gente que controle. Las reglas solo sirven para dar forma a la participación real. Acá lo que ha habido es una SUSTITUCIÓN de la participación de los trabajadores por un pequeño grupo de burócratas. La FORMA y las REGLAS son una cuestión totalmente secundaria. Lo que importa es:

1.      Esta sustitución es resultado del VACÍO DE PARTICIPACIÓN REAL. Eso no se resuelve con consignas. Es un problema de fondo que tiene que ver con la situación general de la clase trabajadora

2.     El grupo burocrático se formó sobre la marcha a partir de un núcleo de militantes combativos. No vamos a entrar en “cuestiones de árboles” sobre quién peleó más, quién le hizo una zancadilla, si alguno ya venía jodido, la afiliación partidaria de tal o de cual.

La Federación de Funcionarios de Salud Pública es un sindicato con debilidades estructurales, producto de la situación de la clase trabajadora en ese sitio. Las luchas como la del 2003 son resultado de desbordes por la extrema penuria y falta total de soluciones por parte de gobiernos orientados al DESMANTELAMIENTO de la atención de salud del Estado. Esa misma condición hace más débil el corset burocrático sobre la clase trabajadora en ese punto, y permite los desbordes coyunturales, facilitados también por el contacto por la base con otros sectores del movimiento sindical debido al pluriempleo.

Pero la ruptura por el eslabón más débil tiene como contrapartida la dificultad de MANTENER, con esa misma situación de base, las conquistas logradas. Ese problema es un viejo conocido. A nivel sindical pudo haber UN recambio, pero enseguida encuentra su límite y se osifica rápidamente.

La idea de que el movimiento sindical ENCOMIENDE su representación en un servicio del Estado a la rama de trabajadores directamente involucrados en él, no está mal, y la distinción entre “participar” y “controlar” resulta, DE HECHO, muy borrosa en esas circunstancias. No es un problema de fórmulas, el problema es que en las condiciones concretas en las que ocurre, se termina en una repartija de pequeños feudos burocráticos, donde la impunidad de uno se compensa con la impunidad del otro. Es una connivencia, y también con los otros sectores que participan de la torta (el gobierno y los empresarios) que se mantiene, hasta que la bomba termina reventando.

Puesto en este contexto el tema del “provecho indebido” es la frutilla de la torta, pero no la torta.

No tenemos por qué suponer que Silva iba tras algún billete, bien puede ser que su “beneficio secundario” personal fuese satisfacer su narcisismo, su deseo de“reputación, o prestigio [según] los estándares sociales asociados a la proeza o la hazaña individual, las señales a partir de las cuales se cataloga y se estima socialmente a una persona”; en vez de Mandel citaríamos a Thorstein Velben, agregando otro barbudo a la lista que tanto molesta a alguno

Tampoco es muy creíble que ni Silva ni los otros jerarcas de ASSE y el Ministerio supiesen nada de nada de las prácticas de Tejeira y algún otro que puede aparecer. Silva y Tejeira, según todos los testimonios, armaron juntos toda la ingeniería de las tercerizadas “cooperativas de trabajadores”. Curiosa cooperativa que estaba totalmente lista el día que Clanider cayó, y que incluía a trabajadores de limpieza de Maldonado, Rivera, y otros departamentos lejanos entre sí. Notable desarrollo orgánico para un sector de trabajadores generalmente desvalido, al que no han llegado ni los bancarios. Tenían todos los resortes para llegar a los mandos medios y superiores de ASSE. ¿También fue suya la idea de hacer pasar (a costo de ellos) a los administradores como limpiadores?

Y si Silva estuvo en todo el diseño dando directivas, cuando Tejeira se descolgó reclamando la coima ¿a ninguno de los “empresarios” se le ocurrió llamar a Silva a reclamar por el cambio de reglas de juego? ¿Nadie fue a chillar a la FFSP, nadie comentó nada a nadie de la cúpula del PIT-CNT? Los directores de hospitales prepoteados por Silva ¿nunca se quejaron ante ningún jerarca de ASSE o el ministerio, nadie dijo nada en Colonia y Ejido?

Y cuando la ministra Muñiz le responde a Solari no tiene mejor idea que reprocharle tener el mismo estilo que Silva. Entonces conocía el paño, y lo dejó correr.

Mucho más curioso es que luego de caído Silva EN CUESTIÓN DE DÍAS investigasen y descubriesen, con pruebas y todo, otros numerosos casos de corrupción.

La conclusión se impone. O eran cómplices o son tarados. En cualquier caso son responsables.

Antes de seguir quiero detenerme en lo INCONCEBIBLE que resulta que el “si yo hubiera sabido de este desastre de Tejeira le hubiera dado una cachetada” de Silva sea presentado como un DESCARGO.

No solo es inconcebible desde el punto de vista político esto de querer arreglar desviaciones de esa magnitud con mecanismos de violencia privada, más aun lo es que, SIN SIQUIERA PERCIBIR LO QUE SIGNIFICA, se enaltezca un estilo impregnado de cobardía. Cachetadas dan los que suponen que tienen total inmunidad en lo que hacen (como un jefe gansteril, por ejemplo), de otra forma el abofeteado lo acostaría de una piña.

El mismo pensamiento se expresa en el comunicado de la FFSP según el cual los “representantes de los trabajadores” deberían gozar prácticamente de inmunidad. Cualquier atropello que puedan cometer está justificado por la “causa justa”. (http://www.fefusapu.com/)Ñ

“...el malestar para investigar al compañero [Alfredo Silva]... nació... de la derecha rancia, las corporaciones, de los operadores políticos, de los empresarios... y los burócratas que no soportan que los trabajadores controlen y gestionen empresas públicas”.

PRECISAMENTE ese el tema. No nació del celo y la seriedad del propio movimiento sindical, que tiene todos los elementos para hacerlo y además el deber de hacerlo. El control y la gestión de los trabajadores en las empresas públicas solo puede ser si está sometiendo todo a un estricto control colectivo y absoluta transparencia

Miente además el comunicado, porque la denuncia partió de una integrante de esa “cooperativa de trabajadores” que fue despedida.

Insólitamente también, la defensa de Alfredo Silva argumenta que esta denuncia se basa en “un cierto rencor por no estar en las malas” porque se lavó las manos cuando se probó la sobrefacturación, lo que “fue vivido como un abandono, cuando en realidad lo que pasa es que Silva no está para eso y no es su función interferir ante las autoridades ejecutoras”

Además de que el “cierto rencor” es lo que aducen todos los patrones denunciados por los trabajadores, este argumento es el colmo de la desfachatez. En las buenas sí, se mete, presiona, abusa, y es un interés legítimo. En las malas se borra porque lamentablemente eso está más allá de su función. LO MISMO hace la FFSP

Estas son solo perlas de un largo rosario que muestra la degradación de valores que se vive. Poner como excusa la “cuestión de clase” para reclamar inmunidad para los supuestos “representantes de la clase” por sus abusos, despotismo, e incluso crímenes, fue el argumento del estalinismo

El mismo argumento fue el “basta de debilidad ideológica” de Thelman Borges en el Tercer Congreso del PIT-CNT (1985, que casi terminó en ruptura), con el que quería dar la orden de cerrar el debate sobre los problemas de procedimiento que se planteaban (las denuncias de maniobras burocráticas varias), y aquella frase memorable: “hay que saber ser buen pobre”, recibir órdenes y cumplir calladito la boca. Recomendamos ver la respuesta de los delegados disidentes que se terminaron retirando del Congreso, por voz de una trabajadora de la salud.

El mismo razonamiento usa ahora la FFSP. La “cuestión de clase” lo cubre todo, lo justifica todo, y se reclama la silenciosa disciplina. El que no esté acuerdo es de “la rancia derecha”

La ideología dominante es la de la clase dominante, e impregna al movimiento obrero solo que vestida con ropas de trabajo. Los militares reclaman impunidad porque defienden a la patria, los burócratas sindicales porque defienden a la “clase”.

Es absurdo reclamar el control de los trabajadores sobre la gestión de las instituciones públicas, si no se es capaz de controlar lo que hacen los propios representantes de los trabajadores

Sin resolver esto es imposible convocar a nadie a luchar por el “socialismo”. Tampoco tiene ningún sentido pretender que “la garantía” de proyecto sería ubicarse por fuera del movimiento real de la clase trabajadora

Este proceso comenzó en un conflicto de los trabajadores de la salud levantado desde la base, se nutrió de las corrientes combativas del movimiento sindical. Luego se fue degradando paso a paso a la vista de todos.

Es inútil tratar de hacerse los distraídos o venir de nuevo con que es “un muerto que no nos pertenece”. ¿Qué vamos a decir? ¿Eso no me toca porque yo no soy de esa sectita, soy de otra?

¡No podemos ser tan pendejos!