Envíopostaporteñ@ nº 558

ESPAÑA: algunas cosa de las que se dijeron en estos días

 ¡QUE SE VAYAN TODOS!

Somos muchos los que en estos días hemos confluido en las calles en las protestas. Todos nos hemos identificado en el rechazo a los partidos políticos, en el rechazo a los sindicatos, a los empresarios... Ante todo nos hemos dado cuenta de que hemos llegado al límite. Que estamos hartos de ser los parias de este mundo. Que no soportamos más que unos pocos se llenen los bolsillos y vivan como reyes, mientras que a otros nos aprieten las tuercas más allá de todo límite con tal de mantener la salud de la sacrosanta economía. Que sabemos que para cambiar esto tenemos que luchar nosotros mismos, al margen de partidos, sindicatos y demás representantes que quieren endosarnos.

Por encima de todo, esta realidad está expresando una cuestión fundamental que afecta en todo el mundo: la contraposición de necesidades e intereses entre la economía y la humanidad. Esto lo han entendido perfectamente nuestros hermanos rebeldes en el Norte de África, esto lo entendemos hoy aquí cuando la situación ya es insostenible para todos nosotros y salimos a luchar. Hemos aguantado lo inaguantable, hemos sufrido un empeoramiento en las condiciones de vida que no se producían desde hace décadas. Pero finalmente hemos dicho basta, y aquí estamos, expresando nuestro rechazo a todo este sistema infernal que transforma nuestra vida en mercancía.

Queremos, por cierto, expresar nuestro rechazo tajante a la etiqueta de ciudadano. Bajo esa etiqueta se aglutina a todo bicho viviente, desde el político al parado, desde el dirigente sindical al estudiante, desde el empresario más forrado hasta el obrero más miserable; se mezclan condiciones de vida totalmente antagónicas. Para nosotros no se trata de una lucha de ciudadanos. Es una lucha de clases entre explotados y explotadores, entre proletarios y burgueses como dicen algunos. Parados, trabajadores, estudiantes, jubilados, inmigrantes... formamos una clases social sobre la que recaen, en mayor o menos medida, todos los sacrificios. Políticos, banqueros, patronos... forman la otra clase de la sociedad, la que se beneficia, también en mayor o menor medida, de nuestras penurias. El que no quiera ver la realidad de esta sociedad de clases vive en el mundo de las maravillas.

Llegados hasta aquí, protestando en las plazas de numerosos ayuntamientos del país, es hora de reflexionar, es hora de concretar nuestras posiciones, de orientar bien nuestra práctica. La heterogeneidad es grande, sin duda. Hemos confluido compañeros que llevamos muchos años luchando contra este sistema, otros que hemos salido por primera vez a las calles, unos que tienen claro ir "a por el todo" ("lo queremos todo y ahora" rezaba una pancarta en la puerta del sol), otros hablan de reformar diversos aspectos, otros se encuentran desorientados, otros solo quieren manifestar su hartazgo... Y también hay quien, esto hay que tenerlo bien presente, trata de pescar en rió revuelto, quien busca canalizar este descontento para neutralizar su fuerza aprovechando las indecisiones y debilidades que portamos.

Desde luego algo que hemos discutido entre diversos compañeros en las calles es que nuestra fuerza está en el rechazo, en el movimiento de negación de lo que nos impide vivir. Es lo que ha forjado nuestra unidad en las calles. Pensamos que hay que avanzar por ahí, profundizar y concretar mejor nuestro rechazo

Por eso, porque la fuerza la tenemos en esa negación, tenemos claro que no solucionaremos nuestros problemas exigiendo mejorar la democracia, tal y como en algunas consignas se ha escrito, ni siquiera reivindicando la mejor democracia que nos imaginemos. Nuestra fuerza está en el rechazo que estamos manifestando a la democracia real, la democracia "de carne y hueso" que sufrimos día a día y que no es otra cosa que la dictadura del dinero. No hay otra democracia. Es una trampa reivindicar esa democracia ideal y maravillosa que nos han contado desde pequeñitos

De la misma manera no se trata de mejorar este aspecto o este otro, pues lo fundamental seguirá en pie: la dictadura de la economía. Se trata de transformar totalmente el mundo, de cambiarlo de arriba abajo. El capitalismo no se reforma, se destruye. No hay caminos intermedios. Hay que ir al fondo, hay que ir a la abolición del capitalismo.

Hemos ocupado la calle a unos días de la fiesta parlamentaria, esa fiesta donde se elige quién será la jeta que ejecutará las directrices del mercado. Bien, es un primer paso. Pero no podemos quedarnos ahí. Se trata de dar continuidad al movimiento, de crear y consolidar estructuras y organizaciones para la pelea, para la discusión entre compañeros, para afrontar la represión que ya nos ha golpeado en Madrid y en Granada

Hay que ser conscientes que sin la transformación social, sin revolución social, todo seguirá igual

Llamamos a seguir mostrando todo nuestro rechazo al espectáculo del circo electoral en todas las formas que podamos. Llamamos a levantar en todos lados la consigna "¡Que se vayan todos!". Pero llamamos también a que la lucha continúe tras las elecciones del Domingo 22.

A que vayamos mucho más allá de estos días. No podemos dejar morir los lazos que estamos construyendo.

Llamamos a la formación de estructuras para luchar, llamamos a que entremos en contacto, a que coordinemos el combate, a luchar en las asambleas que se están creando haciendo de ellas órganos para la pelea, para la conspiración, para la discusión de la lucha, no para mítines ciudadanos. Llamamos a organizarnos en todo el país para luchar contra la tiranía de la mercancía.

A LA CALLE, ¡A LUCHAR!?LA DEMOCRACIA ES LA DICTADURA DEL CAPITAL

?EL CAPITALISMO NO SE REFORMA, ¡SE DESTRUYE!

BLOQUE "¡QUE SE VAYAN TODOS!"?             19/5/11    qsevayan@yahoo.es

De la INDIGNACIÓN... a la LUCHA SIEMPRE

Estamos en la calle. Por fin existe un conato de respuesta social frente a la situación desoladora que sufrimos todos de forma más o menos draconiana. Sobran los motivos para indignarse. No vale la pena enumerarlos aquí. Todos ellos significan para la mayoría de nosotr@s miseria social, miseria intelectual, miseria material...

El principal responsable de la situación actual es la economía capitalista basada en el trabajo asalariado y la ley del valor, independientemente de quienes, democráticamente o no, tienen las riendas del Estado.

El sistema capitalista, basado en la explotación de los que sólo tenemos nuestra fuerza o capacidad de trabajo que venderle para poder sobrevivir, está en plena crisis económica mundial (dice) y por ello se ve obligado (¡pobrecito!) a atacar  más duramente si cabe, nuestras condiciones de “existencia”. En este tema, el consenso es absoluto entre las grandes fuerzas políticas, de “derechas” como de “izquierdas”

En cuanto a las pequeñas que aspiran a uno o varios escaños, no tendrían otra solución que plegarse a la ley de la economía capitalista si por ventura llegaran a colaborar en un gobierno, e inclusive si lograran tener el suyo propio. Adoptando la lógica del capital sólo se puede hacer política capitalista. Y no hay reforma que valga para impedir que el mundo de la mercancía nos pisotee siempre y nos trate como basura si ya no nos necesita.

Además, resuelva o no sus dificultades, niños y adultos seguirán muriendo de hambre y en guerras de rapiña capitalistas cada día en el mundo; los parados seguirán ingeniándoselas como puedan para sobrevivir, los trabajadores con tripalium seguirán alienando su tiempo de vida por un salario de miseria vendiendo lo único que poseen, su fuerza de trabajo, convirtiéndose así en la única mercancía capaz de añadir valor al valor capitalista existente. En pocas palabras, seguiremos alimentando o contribuyendo a alimentar a la clase capitalista. Sin la clase trabajadora, sin sus esclavos asalariados, sin el proletariado, el capitalismo no es nada.

Es obvio pues que la única solución es la revolución social e internacional. Es obvio pues que los que forman parte de la masa explotada son los que han de cambiar y pueden cambiar MUNDIALMENTE un sistema que además de degradar al ser humano está dañando la naturaleza de forma irreversible. Para lograr este objetivo hemos de organizarnos, hemos de seguir organizando debates en las plazas de “nuestras” ciudades, hemos de continuar hablando y actuando en nuestros lugares de trabajo, hemos de organizar YA la lucha común de los que están en paro y de los que tienen un trabajo, hemos de tejer la nueva asociación de los explotados solidarios.

El capital no necesita tanta mano de obra durante 40 horas semanales para seguir acumulándose. Pues bien, ataquémonos a su acumulación imponiendo la disminución drástica de las horas de trabajo con aumento de salario, no permitiendo que exista un solo parado angustiado por el día a día. Solidaridad proletario activamente explotado y proletario en paro.

El capital tiene a sus interlocutores fijos para negociar lo que mejor le conviene entre patronal, Estado y Sindicatos. Pues bien, rechacemos sus negociaciones e impongamos nuestra propia autoorganización para hablar, actuar y decidir lo que mejor nos convenga a nosotros.

Las fuerzas políticas capitalistas se opondrán por todos los medios a semejante movimiento social. Pues bien, derrotémoslas destruyendo su Estado e imponiendo la voluntad de los proletarios autoorganizados.

¡Abajo la esclavitud asalariada! ¡Viva la sociedad sin clases, sin Estado y sin fronteras!

Asociación por la Revolución Social Mundial