Rolando Astarita [Blog]
Las partes anteriores de esta nota aquí, aquí y aquí.
La posición de Marx sobre el salario, y el rol de la desocupación es, naturalmente, opuesta a los enfoques burgueses, pertenezcan estos a la vertiente ortodoxa monetarista, reformista keynesiana, o a cualquier variante intermedia.
El punto de partida
Tal vez el punto de partida para una correcta comprensión de la crítica desde el marxismo a la tesis de la curva Phillips es cuestionar la idea de que los salarios rigen los precios, y que por lo tanto un aumento de los primeros debe traducirse en el incremento de los segundos. La misma tiene por sustento la concepción –presente en Adam Smith- de que el precio se forma por suma de partes, esto es, por suma del salario, la ganancia del capital y la renta de la tierra. De acuerdo a este enfoque, los contribuyentes a la formación del precio son relativamente independientes uno del otro, y el aumento de salarios debe traducirse en aumento de los precios. Este resultado ocurre tanto en el enfoque neoclásico, que considera que el salario, la ganancia y la renta se determinan por las escaseces relativas y las productividades marginales del trabajo, el capital (identificado con la máquina) y la tierra; como en la teoría poskeynesiana que sostiene que la ganancia y la renta son el resultado de un plus agregado al costo salarial, al momento de la venta.
Todas las teorías burguesas de la inflación por costos, o por conflicto distributivo, tienen esta raíz común, la idea de que el precio es el resultado de la suma de partes. Por eso naturalizan la inflación “por conflicto distributivo”. Hice una crítica a esta tesis en otra nota del blog, a la cual remito (aquí). La idea central es que el valor agregado no se conforma a partir de la suma de partes –salario, ganancia y renta-, sino se resuelve en estas partes. Por lo tanto, si aumentan los salarios, no hay razón, en principio, para un aumento general de precios. Subrayo “en principio” porque solo bajo determinados regímenes monetarios (o regímenes cambiarios que habiliten devaluaciones continuas de la moneda) un conflicto distributivo puede traducirse en alza sostenida, o acelerada, de precios. Desde este enfoque entonces pierde sustento la tesis de la curva Phillips. En esa misma nota presento asimismo una explicación del rol de la inflación en relación a la distribución de los avances de productividad, y la plusvalía relativa; lo cual pone en evidencia que la relación entre salarios y precios está lejos de ser mecánica, como se la representa la teoría económica del mainstream o poskeynesiana.
Por otra parte, en base a la teoría del valor trabajo, no tiene sentido sostener –como hacen los partidarios de la tesis subconsumista- que la realización del producto depende del poder de compra de los asalariados. Es que el salario necesariamente solo puede adquirir el equivalente a la parte del valor total agregado que corresponde al valor generado durante el tiempo de trabajo necesario. La realización, mediante la venta, del valor que corresponde a la plusvalía (también a la amortización del capital fijo y al valor del capital constante circulante) solo puede operarse a través del gasto de los capitalistas (sea a través del consumo suntuario, o la inversión). Es la solución teórica al impasse en que cae el razonamiento poskeynesiano, que hace depender la demanda de los salarios, y la ganancia de la demanda (véase la parte anterior de la nota).
Una amplia escala posible en salarios
A partir de la idea de que el valor agregado se resuelve en salarios, ganancia y renta, podemos avanzar al segundo planteo fundamental del marxismo: existe una amplia escala de salarios posibles. Esto fue subrayado por Marx en su polémica con George Weston, de 1865. Weston, miembro del Consejo General de la Primera Internacional, afirmaba que la lucha por aumentos salariales era inútil, ya que los capitalistas siempre trasladaban los aumentos salariales a los precios. En respuesta, Marx explicó por qué los salarios no rigen los precios (la misma crítica que Ricardo hizo a Adam Smith), y sostuvo que la postura de Weston implicaba caer en la “ley de hierro de los salarios”. Según esta ley, los salarios en la sociedad capitalista inevitablemente deben ubicarse en el nivel de subsistencia fisiológica. En oposición a esta tesis, Marx, sostuvo que entre el nivel máximo de beneficios (esto es, el mínimo posible del salario, que es a nivel de supervivencia fisiológica) y el mínimo de beneficios, existe una amplia escala posible, ya que el valor de la fuerza de trabajo es una magnitud variable. Por eso, concluía Marx, la fijación del nivel del salario entre estos límites está determinada por la lucha continua entre el capital y el trabajo: los capitalistas tratan de reducir el salario a su mínimo, y los trabajadores presionan en la dirección opuesta
Ampliación sobre Marx y la “ley de bronce” de los salarios
El punto anterior desmiente la idea, bastante difundida, de que Marx habría sostenido su teoría de la plusvalía en la ley de bronce de los salarios. Pero en su obra madura Marx rechazó esta ley; explícitamente, en crítica a Lasalle. Recordemos que basándose en la teoría de la población de Malthus, Lasalle planteaba que cuando los salarios subían por encima del nivel de subsistencia, aumentaba la población trabajadora, y por lo tanto la oferta en el mercado laboral. De esta manera, los salarios volvían al nivel mínimo de subsistencia; y por el motivo inverso, tampoco podían bajar de ese nivel. Una de las principales consecuencias que se desprendían era la inutilidad de la lucha por mejorar los salarios. Pero las consecuencias, según Marx, eran más dramáticas y duraderas: si se trataba de una ley “de hierro”, sustentada en una ley trans-histórica de la población, no podría abolirse con la supresión del sistema de trabajo asalariado. En palabras de Marx, “basándose directamente en esto, los economistas han estado probando durante más de 50 años que el socialismo no puede abolir la pobreza, que tiene su base en la naturaleza, sino solo puede hacerla general, distribuirla simultáneamente por toda la superficie de la sociedad” (Crítica del programa de Gotha). Lasalle también planteaba que si los trabajadores de una rama conseguían un aumento salarial, el mismo provocaría un aumento de precios que afectaría a todos los trabajadores, volviendo hacia atrás el salario real.
Lo paradójico del asunto es que Lasalle tomó esta tesis de las obras iniciales de Marx y Engels. Como explicó Engels en el prefacio de 1885 a la reedición de Miseria de la filosofía, Lasalle la tomó de los escritos del propio Engels y de Marx de la década de 1840, cuando ambos sostenían la tesis del salario mínimo de subsistencia. Por ejemplo, en Miseria de la Filosofía Marx afirma que el precio “del trabajo” no es otro que el salario mínimo.
Sin embargo, posteriormente Marx modificó su posición (véase Mandel, 1968, capítulo 9). Por eso en El Capital, y en otros trabajos, Marx insiste en que el salario contiene un componente histórico y social. Así, en el capítulo 4 de El Capital explica que, siendo el salario la forma en que aparece el valor de la fuerza de trabajo, el mismo “se resuelve en el valor de determinada suma de medios de subsistencia” (1999, t. 1, p. 209). Deben contarse entre estos medios de subsistencia los necesarios para que el trabajador tenga descendencia; y también para que adquiera la destreza, habilidad y conocimiento necesarios para realizar las tareas. Pero además, los medios necesarios para la subsistencia no son los que permiten la reproducción meramente fisiológica del trabajador, ya que el volumen de las necesidades consideradas imprescindibles, y la forma de su satisfacción, “es un producto histórico y depende, por tanto, en gran parte del nivel cultural de un país, y esencialmente, entre otras cosas, también de las condiciones bajo la cuales se ha formado la clase de los trabajadores libres, y por tanto de sus hábitos y aspiraciones vitales. Por oposición a las demás mercancías, pues, la determinación del valor de la fuerza de trabajo encierra un elemento histórico y moral” (p. 208). Luego, cuando trata la plusvalía relativa, explica cómo, con el desarrollo de las fuerzas productivas, la canasta de bienes que consume el trabajador tiende a ampliarse. En definitiva, no hay manera entonces de seguir afirmando que Marx defendía una tesis del salario a nivel de subsistencia fisiológica. A fin de no extender más este punto aquí, puede consultarse también a Rosdolsky (1978), Sowel (1960) y Mandel (1969)
El problema de la determinación del salario
Si bien la idea de que en el valor de la fuerza de trabajo inciden factores históricos, sociales y culturales permite dar cuenta de la evolución de los salarios (en términos de la canasta de bienes que consumen los trabajadores) en la sociedad capitalista, parece sin embargo introducir un fuerte elemento de indeterminación en la teoría marxista del salario. Es que si el salario está determinado por las necesidades sociales y los hábitos establecidos, un aumento de salarios por encima de esas necesidades establecidas, durante un período de tiempo más o menos prolongado, modifica también la necesidad. En otras palabras, el nivel del salario reacciona sobre el valor permanente de la fuerza de trabajo, como observó hace ya muchos años Maurice Dobb (1941). Economistas de la derecha, como Rothbard, han planteado por eso que Marx tuvo que basar su teoría de la plusvalía en la ley de bronce del salario: si se quita esta ley, según Rothbard (1995), el salario está indeterminado, y no hay teoría posible de la plusvalía; pero si se mantiene la ley, no hay manera de explicar la evolución de los salarios en las sociedades capitalistas
Salario y relación social en Marx
De hecho, la dificultad teórica presentada en el punto anterior sobre la indeterminación si se incluyen los factores históricos y sociales en la conformación del salario es insuperable si se entiende al salario como la expresión de una simple suma de bienes. Es que con este enfoque se pierde de vista que la fuerza de trabajo es una mercancía especial, que se distingue del resto de las mercancías, como explicaba Marx en el pasaje de El Capital que hemos citado más arriba: “Por oposición a las demás mercancías, pues, la determinación del valor de la fuerza de trabajo encierra un elemento histórico y moral” (énfasis añadido). Esto significa que la determinación del valor de la fuerza de trabajo no puede hacerse por la misma vía con que se determinan los valores del resto de las mercancías. Nunca debería olvidarse que cuando hablamos de capital nos estamos refiriendo a una relación social de explotación, por la cual el valor (trabajo muerto) se valoriza mediante la subsunción y explotación de su opuesto, el trabajo vivo. Esta oposición se expresa en antagonismo y lucha, que se desarrolla en torno a la utilización de la fuerza de trabajo por parte del capital (intensidad del trabajo, duración de la jornada de trabajo, descansos, etcétera) como en torno a los resultados del desarrollo de las fuerzas productivas. En este último respecto, por ejemplo, el capital trata de apropiarse de los frutos de los avances de la productividad, y el trabajo de obtener, por lo menos, una parte de los mismos.
El resultado final depende entonces del poder respectivo de las fuerzas contendientes, que a su vez está influenciado por múltiples factores (entre ellos, por el ciclo económico, el grado de organización sindical y política de la clase trabajadora, la unidad o división de la clase dominante, el grado de internacionalización de la economía).
Por lo tanto, y precisamente porque la fuerza de trabajo es una mercancía socialmente condicionada, el salario debe considerarse en relación al producto total, o al valor añadido. El enfoque está claramente expuesto en el siguiente pasaje de Teorías de la plusvalía: “El valor del salario debe calcularse, no según la cantidad de medios de subsistencia que recibe el obrero, sino… de acuerdo con la porción relativa del producto total, o más bien del valor de este producto que recibe el obrero. Es posible que, calculado en términos de valores de uso (cantidad de mercancías o dinero), su salario aumente a medida que crece la productividad y, sin embargo el valor del salario descienda, o viceversa. Uno de los grandes méritos de Ricardo consiste en que examinó el salario relativo o proporcional, y lo estableció como categoría definida. Hasta ese momento el salario siempre había sido considerado como algo simple, y por consiguiente se entendía que el obrero era un animal. Pero aquí se lo considera en sus relaciones sociales. La situación de las clases entre sí depende más del salario relativo que del monto absoluto del salario” (1975, t. 2 p. 359). El punto nodal aquí es la crítica de la explotación, no el monto absoluto del salario.
Textos citados:
Dobb, M. (1941): Salarios, México, FCE.
Mandel, E. (1968): La formación del pensamiento económico de Marx, de 1843 a la redacción de El Capital: estudio genético, México, Siglo XXI.
Mandel, E. (1969): Tratado de economía marxista, México, Era.
Marx, K. (1999): El Capital, México, Siglo XXI.
Marx, K. (1975): Teorías de la plusvalía, Buenos Aires, Cartago.
Rosdolsky, R. (1978): Génesis y estructura de El Capital de Marx, México, Siglo XXI.
Sowell, T. (1960): “Marx’s ‘Increasing Misery’ Doctrine”, The American Economic Review, vol. 50, pp. 111-120.
Rothbard, M. (1995): Historia del pensamiento económico, Madrid, Unión Editorial.