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EL PUEBLO AUTOCONVOCADO

El 10 en 18

El Senador Francisco Gallinal nos mira pensativo desde la vereda de su sede partidaria ubicada en la Avenida 18 de julio. Somos miles de uruguayos participando en una marcha en defensa de la tierra y los bienes naturales. Tal vez está imaginando lo que sería tener una masa de militantes como ésta que lo respaldara en su campaña electoral. Supongo que él – como la mayoría de los candidatos- tendrá que pagar para que haya gente que se ponga su camiseta y salga a repartir su lista. Nosotros nos pagamos cada cual sus propios gastos para estar presentes y no nos mueve otro incentivo que el de nuestra propia conciencia. Algunos hemos hecho cientos de kilómetros para llegar a Montevideo desde lugares como Paysandú, Tacuarembó, Rivera, Treinta y Tres, así como desde Lavalleja, departamento de donde es oriundo quien nos mira con tanta atención

También los periodistas que cubren la marcha deben extraer algunas conclusiones interesantes. A diferencia de otras manifestaciones populares de las que se ven en éste momento electoral, la gente que participa de ésta marcha puede explicar claramente por qué está ahí. Cualquier persona que un periodista aborde, puede elaborar un discurso preciso y concreto de lo que quiere expresar con su presencia como parte de esta multitud. A nadie lo trajeron con promesas o presiones de ningún tipo. Cada uruguayo que está recorriendo 18 de julio en esta marcha, tiene argumentos para debatir sobre temas como soberanía nacional, modelo de país, justicia social, educación, economía, salud. Cuando entona una consigna o al levantar una pancarta, sabe qué significa cada palabra que repite y cada frase que lanza desde ese cartel escrito con sus propias manos

Pensar en eso hoy, que es la mañana siguiente de esta maravillosa demostración de dignidad, me hace sentir orgulloso del pueblo uruguayo.

Anoche, mientras escuchaba la lectura de la proclama en la Plaza Independencia, sentía emociones que disfruto nuevamente al repasar flashes en mi memoria. Me resuenan palabras como éstas pronunciadas con firmeza por jóvenes compatriotas que levantaron la voz para decir:

“Escuchen bien gobernantes actuales y futuros gobernantes, escuchen bien instituciones financieras que recetan neoliberalismo, empresas y capitales especulativos que lucran con nuestra riqueza: este pueblo es soberano y merece respeto”

“Vienen por nosotros camuflados bajo nuevos nombres pretendiendo el silencio impune que necesita la nueva recolonización. Si vienen por nosotros nos encontrarán de pie, más claros, resistiendo. Cada persona puede hacer algo, buscar a otros, organizarse con otros. Hay algo por hacer, resistir, poner la cabeza y el cuerpo. Defender cada  territorio para habitarlo, para no dejarlos pasar. Debemos tejer una red lo suficientemente fuerte que impida el avance del saqueo y a la vez proteja las nuevas formas que creamos para sustentar la vida”

Recorro mentalmente el entorno del escenario y veo mis hermanos Charrúas haciendo sonar su caracola y sus cueros, uniendo sus voces para soltar en el aire ese característico aullido que suena fiero y rebelde. A su lado hay intelectuales del nivel, por ejemplo, del Economista Profesor José Antonio Roca y del Doctor en Ciencias e Ingeniero Químico Nicolás Stolkin. Más atrás los tambores africanos que estremecieron la principal avenida montevideana al ritmo del candombe. A lomo de caballo gente de campo haciendo flamear banderas de Artigas y banderas nacionales. La resistencia entrerriana contra las pasteras está presente recordándonos que su lucha también es por nosotros

Están en mi memoria las barcas de papel que se pusieron sobre la cabeza vecinos del oeste de Montevideo como forma de llamar la atención a la regasificadora que está matando su medio de vida.

“Si al trabajo, no a la contaminación”, “Maestros rurales presentes”, “Rocha no se vende”… son algunos de los carteles que veo en manos de entusiastas compañeros. “Restituir al Fiscal Viana ya”, “Treinta y Tres presente”, son los que me rodean mientras me veo aplaudiendo la parte final de la proclama que dice:

Si a la preservación responsable de los bienes naturales para las actuales y futuras generaciones, Si a la preservación del agua respetando lo que el pueblo decidió hace diez años, Si al regreso de la familia rural a su medio y con mejores condiciones de vida, Si a la apicultura, la agricultura, la ganadería, la lechería y la producción de alimentos sanos, Si al desarrollo de la pesca artesanal en nuestras costas y ríos, Si a la autonomía y la soberanía alimentaria, que las comunidades decidan su forma de trabajar y de estar en el mundo”

Amanecí medio afónico de tanto repetir: “La tierra no se vende, la tierra se defiende”. Estoy cansado. Confirmé que me falta entrenamiento para caminar tantas cuadras, sobre todo para transportar entre dos una pancarta de cinco metros de largo que el viento se empeñaba en hacer volar. Pero me siento reconfortado. Miles de compatriotas me inyectaron una tremenda dosis de alegría y optimismo. Mi pueblo no está resignado ni vencido, mi pueblo tiene eso que lo puede salvar y que muy bien definía aquel poeta que escribió: “La inocencia no mata al pueblo, pero tampoco lo salva. Lo salvará su conciencia y en eso me apuesto el alma”.

Aníbal Terán Castromán

Treinta y Tres, Octubre 11 de 2014