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Propuestas al encuentro nacional de resistencias

Documento de discusión sobre la coyuntura mexicana- enviado por Marco Tello, del MLN

Preámbulo

La respuesta de las organizaciones civiles y sociales y de amplios sectores de la población al crimen de estado cometido en Ayotzinapa, modificó ostensiblemente el clima de abatimiento de amplios sectores populares frente al regreso del PRI a “Los Pinos” y la imposición de las contrarreformas estructurales: laboral, energética, educativa, fiscal, penal y agraria entre otras. En medio de la desgracia, las movilizaciones de protesta y las muestras de repudio al crimen de estado, nacionales e internacionales, han vuelto a poner sobre la mesa de discusión el problema de la unidad nacional  con el fin de contener y revertir el avance de las reformas neoliberales que agudizaron la pobreza, la explotación, la destrucción del territorio nacional, de sus comunidades rurales y urbanas y generalizaron la violencia y la discriminación contra la mayoría de las y los mexicanos. En el nuevo ambiente se vuelve a discutir la necesidad de desplazar del gobierno a los responsables del desastre nacional y la elaboración de un proyecto alternativo de nación. Del grito de justicia y presentación de los 43, se pasó al fuera peña nieto y  al fue el estado. Hoy, el que se vayan todos empieza a escucharse, lo que implica una nueva actitud política que tiende a pasar a la ofensiva, no sólo por las manifestaciones sino porque tiende a poner en el centro de la acción cotidiana el problema del gobierno y del rumbo de la nación. Quienes estamos en este Encuentro de las Resistencias no podemos dejar pasar esta oportunidad para avanzar en la articulación de los diversos referentes unitarios que se han construido en el país. Tanto los que abogan por una nueva constituyente, como los que han organizado esfuerzos del tipo asamblea nacional de Ayotzinapa o los encuentros magisterial populares, entre otros de carácter nacional y local. El consenso en torno a lo que nos une puede ser un método que nos libre de precipitaciones en este camino de sacar a los neoliberales del gobierno. Esperamos que estas líneas contribuyan a la reflexión. 

Coyuntura política, perspectivas y plataforma de lucha

La crisis política desencadenada por las masacres de Tlatlaya y Ayotzinapa, la más grave en las últimas décadas, pone en riesgo la continuidad del gobierno y la permanencia de Enrique Peña Nieto en la jefatura de la Presidencia de la república. Es una crisis doble, de legitimidad y de legalidad, que afecta al estado, a su régimen político y al sistema de dominación en su conjunto; es decir, a las formas en que empresas, estado y aparatos culturales se articulan para mantener la continuidad del capitalismo neoliberal y sus tratados comerciales y político-militares con Estados Unidos que terminaron por convertirse en un proceso de anexión neocolonial.

Aunque no es aún una crisis catastrófica o histórica del Estado o de la dominación burguesa, si es una crisis mayor porque afecta al conjunto de las instituciones estatales. Por lo mismo, su solución no depende exclusivamente de la suerte que corra Peña Nieto como titular de la presidencia; sino de la capacidad del régimen para contrarrestar el desgaste de las instituciones de gobierno y dinamizar el crecimiento económico, la generación de empleos formales y la recuperación de los ingresos de la clase trabajadora y los sectores medios. Lo cual es imposible que suceda en lo que resta del sexenio debido a la caída de los precios del petróleo, al crecimiento del costo de la deuda pública, al incremento de los impuestos y a la disminución del monto de las remesas enviadas por las y los migrantes mexicanos. Si a ello le sumamos la inestabilidad económica y política mundial y el deterioro de la hegemonía estadounidense, es prácticamente imposible que el gobierno pueda salir de la presente crisis usando los mismos expedientes empleados en otros momentos en que combinó concesiones económicas y políticas con la represión localizada. Hoy los márgenes de maniobra económica y política del gobierno y de su clase política se han estrechado de manera significativa. Su capacidad de ofertar concesiones a la población y a los partidos opositores es mínima; así, la polarización social creciente y la represión a gran escala parecen ser la única opción del régimen que ha entrado a la pendiente de lo que pudiera ser una crisis terminal. Situación que puede dar lugar a un cambio de orientación popular o a la instalación de formas de gobierno más dictatoriales. El anuncio hecho por Peña Nieto el 18 de noviembre, a nombre del grueso de la “clase política” y de las trasnacionales, ratificando su decisión de mantener el rumbo marcado por las reformas estructurales y su condena contra los desestabilizadores,  confirma su voluntad de mantenerse en el gobierno contra viento y marea y constituye una declaración guerra contra todas y todos los que luchan por salidas antineoliberales, ya sean estas moderadas o radicales.

El caos generado y administrado por el gobierno y los estrategas del neoliberalismo alentó el crecimiento de la economía criminal, la corrupción y la impunidad. La descomposición y podredumbre han llegado a tal nivel que socavan los equilibrios en que se basa la estabilidad de la “clase política” y empresarial. La crisis política devino en una crisis ética y de representación, manifestada en el desprestigio y el desgaste generalizado de los partidos del régimen,  la jerarquía eclesiástica y  la cúpula policiaco-militar y que, paulatinamente, se extiende a todo el entramado de controles culturales y mediáticos administrados por los monopolios y la intelectualidad adicta al régimen.

Por el lugar geopolítico y geoestratégico que ocupa México, por su vecindad con la principal potencia del mundo; por las dimensiones del país y el poder que concentra el Estado mexicano y los recursos con los que cuenta la “clase política”, la crisis no podrá resolverse a favor del pueblo de golpe, con una acción “contundente”; sino a través de procesos y diseños estratégicos de cerco que tengan por finalidad resolver el problema de quién gobierna, si el pueblo o el bloque oligárquico-imperialista. Para resolver el problema del gobierno, de la derrota de los neoliberales se requiere de la construcción de un sujeto social compuesto por millones de personas cuya voluntad expresa sea la de desplazar a la camarilla oligárquica que gobierna. De la unidad de las grandes mayorías nacionales, de las mujeres, las clases trabajadoras, las “clases” indígenas y las clases medias en contra del bloque oligárquico imperialista

Como ya lo manifestamos, estamos frente a una encrucijada mayor; los márgenes de maniobra de los de arriba son estrechos, su abanico de opciones “normales” es muy limitado y problemático. En tales circunstancias para el bloque dominante es muy problemático optar por personajes de la oposición que aún tienen alguna credibilidad debido al rechazo de los republicanos, de buena parte de los demócratas, de las de las trasnacionales y de las jerarquías políticas, económicas,  militares y eclesiásticas locales. Obrador o Cárdenas que son antineoliberales moderados, por el momento no son una opción aceptable para las elites neoliberales. La salida de Peña es otra opción que pudieran acompañar con cambios en el gabinete para dar la imagen de la unidad nacional; sin embargo, eso es inaceptable para la “camarilla peñista” y un sector de intereses trasnacionales, en particular las petroleras y otras empresas extractivas. Eso enfriaría momentáneamente los ánimos a corto plazo, pero la inestabilidad persistiría. La implantación de una dictadura abierta en un país balcanizado donde el “Estado fallido” es administrado por “señores de la guerra”, por narco-políticos o narco militares como sucede en Afganistán, Irak o Libia,  al servicio de los Estados Unidos y sus empresas es la otra opción que ya están evaluando Peña Nieto y sus secuaces. La invasión directa de las tropas estadounidenses es otra alternativa que no puede descartarse si la crisis se agrava y si la construcción del sujeto ciudadano popular no alcanza estabilidad y una densidad de millones. Sin embargo, esta decisión al igual que la del territorio balcanizado con sus señores de la guerra, llevaría el conflicto mexicano a las entrañas de los Estados Unidos; país que está atravesado por contradicciones nacidas de su composición multinacional y de la creciente pobreza y marginación de sus clases trabajadoras y clases medias.

Así las cosas, la marcha de la crisis política está conectada con las movilizaciones en turno pero su destino inmediato no depende únicamente de ellas. Su ritmo también está relacionado de manera muy importante con las disputas y contradicciones entre la clase política y los militares “mexicanos”; con los enfrentamientos librados entre los republicanos y demócratas en Estados Unidos por el control del gobierno de Peña Nieto y por las pugnas de las facciones del capital trasnacional que disputan los recursos derivados de las privatizaciones y la economía criminal. Al igual que el descontento y la participación política de los sectores civiles y populares “antineoliberales”, la crisis del gobierno de tiene un ritmo propio y va a permanecer aunque cesaran o disminuyeran las manifestaciones y protestas.

Esto es así, porque en el momento actual la densidad y la profundidad política de la protesta, la cantidad de manifestantes, sus estrategias y plataformas de lucha, permanecen por debajo de lo que exige la situación de crisis. En realidad a todos, incluidas las movilizaciones, nos rebasó el tamaño de la crisis; de una que ha puesto el problema del gobierno en el tapete de la discusión, no sólo como un problema teórico, sino como un asunto eminentemente práctico. No obstante, en la condición actual, tampoco debemos descartar la eventualidad de que las movilizaciones puedan transformarse en jornadas con millones de participantes. En lo inmediato esa contingencia depende de lo que suceda el 20 de noviembre y el primero de diciembre. Al calor de esas jornadas podremos tener una radiografía más completa de la posible evolución de las manifestaciones.

Empero, el problema del gobierno, de la representación nacional solo se puede abordar en toda su amplitud sí la lucha por el castigo a los culpables de los asesinatos y desapariciones en Ayotzinapa y de alguna manera en Tlatlaya, se coloca en el contexto de la discusión de un programa de lucha política que debe partir de la exigencia de que se vaya Peña Nieto, de que se vayan todos, pero que, necesariamente, tiene que incluir los elementos básicos de una propuesta de nuevo gobierno que represente a las clases nacionales y siente las bases para la refundación del estado. En ese sentido el fuera Peña y el que se vayan todos, deben ser contextualizados en el marco de una propuesta de Revocación de Mandato, Gobierno de Salvación Nacional y de una Nueva Constituyente

A todo esto, al programa para la nueva nación, debe corresponder una estrategia de construcción de un sujeto social que por su número, organización e implantación territorial pueda neutralizar la capacidad represiva del estado y del régimen que goza del respaldo directo de los Estados Unidos. Para la maduración del sujeto social o del movimiento, no bastan las marchas y acciones improvisadas que esperan resolver el problema del gobierno de un golpe sin haber construido las condiciones necesarias para una acción que pueda paralizar al país y desplazar al gobierno actual. Sin esas condiciones que incorporen a millones de personas, las iniciativas prematuras y descontextualizadas, al margen de las mayorías, sólo contribuyen a ahuyentar a los contingentes y ciudadanos y ciudadanas con posibilidades de incorporarse a la lucha. Sólo ayudan a abortar las posibilidades del despliegue de la insurgencia civil pacífica.

El contexto más propicio para el desarrollo de poderes territoriales, de frentes cívico-populares, de la generalización de la desobediencia y la resistencia civil, es la adopción clara y franca de una estrategia que ponga en el centro la construcción de una salida pacífica de la crisis actual, que de ninguna manera es una apuesta al pacifismo como malamente interpretan algunas personas. La resistencia civil pacífica abarca en el momento actual tanto las protestas individuales contra las leyes injustas, el boicot a productos y las huelgas de pagos, hasta la defensa del territorio, las policías comunitarias y la paralización del país. Sólo en un marco estratégico de este tipo podrá desplegarse la formación de un sujeto social integrado por millones de personas; sólo en ese marco podrán sortearse los planes del enemigo, represivos y de cooptación. Únicamente de este modo, un sector de las fuerzas represivas tomará partido por el pueblo y, además, ganaremos el apoyo de amplias franjas de la opinión pública mundial a nuestra causa. Particularmente al  pueblo estadounidense y a nuestros connacionales en los Estados Unidos.

A la estrategia de la salida pacífica le corresponde un programa de Salvación y Reconstrucción Nacional; que contiene las definiciones generales sobre lo que concebimos como democracia desde el pueblo y las líneas inmediatas para recuperar los controles de algunos de los pilares económicos y culturales que permitan revertir los procesos de neocolonización y ocupación integral de nuestro país. Todo ello para poner en marcha un proceso de reconstrucción de las economías populares y públicas, de recuperación del ingreso, del abatimiento de la pobreza y la violación de los derechos humanos; entre otras medidas. La realización de un nuevo constituyente en el marco de tal proceso sentaría las bases para trascender el capitalismo dependiente y semicolonial que ha caracterizado la historia reciente. Sobre ese programa en los últimos años se han producido insumos notables desde diversas trincheras que deberían retomarse al igual que las reivindicaciones particulares que enarbola cada una de nuestras resistencias.

Plan y Ruta de Acción

El plan y la ruta deben poner en el centro el tema del gobierno y el diseño de acciones que dificulten e impidan la recomposición de la clase política y de su régimen. Para ello, en la medida de las posibilidades, es indispensable partir de los procesos de movilización que ya se están perfilando. Creemos que además de retomar las jornadas de lucha ya aprobada del 20 de noviembre, 1° y 6 de diciembre y de las discusiones que se dan en torno a una huelga magisterial encabezada por la CNTE a principios del año entrante, además de las propuestas de huelgas estudiantiles y de sindicatos del sector educativo, debemos problematizar gradualmente, no necesariamente en esta primer reunión, los siguientes temas: qué hacer frente al proceso electoral de 2015; cómo procesar el que se vaya Peña Nieto: consultas, revocación, levantamiento civil, huelga política, etc.; qué Proyecto de Nación; qué tipo de nuevo gobierno; cómo visualizamos el proceso hacia un nuevo constituyente. Todo el marco de la lucha por la justicia y la presentación con vida de los 43 desaparecidos

Existen otros procesos de las organizaciones sociales y civiles que pueden articularse a las movilizaciones generales. Por ejemplo, el proceso de formación de consejos populares en Guerrero para dar paso a un gobierno popular o la formación del Frente Cívico-Social en  Michoacán, para promover una candidatura desde las organizaciones cívico-populares a la gubernatura al margen de los partidos políticos. Además de la construcción de frentes territoriales y de todas las iniciativas en defensa del territorio, la economía popular, los derechos de los pueblos indígenas, las mujeres y de los diversos géneros; la libertad de los presos políticos, los derechos de las víctimas de la violencia, por la paz y los derechos laborales entre otros.

Formas de Articulación

Conscientes de la diversidad organizativa y de las plataformas de lucha, si no es factible acordar un plan común de mediano plazo, debemos comprometernos con acciones planificadas para un periodo relativamente inmediato.

Las formas organizativas que podemos darnos en toda una primera fase se corresponderían con un movimiento de movimientos. Una coordinadora nacional que respete la autonomía de cada organización y frente territorial que opere por consenso, dejando en libertad a cada quien de emprender acciones por su parte, sin comprometer a las organizaciones que no estén de acuerdo. Es deseable no repetir las experiencias donde se decretan direcciones centrales y se forman aparatos que tienden a suplantar a las organizaciones locales y nacionales.

Asamblea Nacional de Afectad@s Ambientales; Congreso Popular, Social y Ciudadano de la Ciudad de México; UPVA 28 de Octubre; Frente Popular Francisco Villa; Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los pueblos de América Latina; Comité 68; Jóvenes Ante la Emergencia Nacional y Movimiento de Liberación Nacional