Envíopostaporteñ@ nº 568

LAS TORTURAS y DESAPARICIONES en el 6to de CABALLERÍA y el coronel Walter Forischi

MÁS TESTIMONIOS AHORA en UNA CARTA de  Asdrúbal Pereira Cabrera

TORTURAS

 

El abajo firmante se dirige a Ud. solicitando publicación de la presente.

Motivan esta petición dos cartas firmadas en publicaciones anteriores por el tristemente célebre Cnel. (r) Forischi y otra en respuesta a su primera misiva hecha por el compañero Juan Ángel Urruzola.

Siempre creí que para denunciar a estos personajes no debíamos “salir a la cancha” —para hablar en términos futbolísticos—, de a uno.

Creo además que no debemos volver al “torturómetro”.

Cuando nuestro testimonio sirve al colectivo, ayuda a reconstruir la memoria, se basa en la solicitud de que se haga justicia, trata de romper el cerco de impunidad, contribuye a la sociedad para el “nunca más”, suma, fortalece a los directamente afectados, dignifica y honra haber compartido momentos de tanto dolor y sacrificio con compañeros como Juan Ángel.

Como este Juan y todas las Juanas que pasaron por las aberraciones a las que fuimos sometidos por estos “señores” que dicen dignificar al Ejército Nacional.

Hechas estas puntualizaciones es que decidí entonces aportar elementos a cuanto Urruzola dice y por mi parte doy fe en cuanto a su veracidad.

Fui detenido por miembros del 6º de Caballería el día 3 de setiembre de 1972 en una finca ubicada en el Cerro de Montevideo.

El comunicado de mi detención es el Nº 508 de la Oficina de Prensa de las Fuerzas Conjuntas aparecido en la prensa el 19 de setiembre de 1972.

Desde el momento de la detención fui encapuchado y golpeado durante el traslado y, llegado al cuartel ubicado en la calle Domingo Arena, comenzaron a torturarme por otros medios y mecanismos como ocurría “normalmente” con cualquier ciudadano.

Puedo afirmar y denuncio que:

—fui conducido a ver violar a una compañera (me reservo sus datos filiatorios), entre otros por el entonces teniente Forischi.

Durante mi presencia, colgado, mientras me “interrogaban”, violaban a la compañera alternándose, el alférez “Toby” Álvarez y el entonces capitán Vázquez hoy detenido en el mismo sitio en que estuviera ubicado el 6º de Caballería. Obviamente la compañera quedó afectada estando aún hoy bajo terapia.

—Durante las sesiones de tortura, cuando perdía la sensibilidad era tirado al piso, me mojaban aplicándome picana de manera sorpresiva para ver si tenía reacción.

Si la pérdida era de modo prolongado era conducido a una “enfermería” y reconstruido por médicos para que pudieran seguir “las sesiones”. En una de esas ocasiones, encapuchado, desnudo y esposado, pero con el oído agudizado, creí reconocer la voz del “doctor”.

Solicité me fuera retirada la capucha y examinada la cabeza que sentía destrozada. Luego de algunos cabildeos los “oficiales” accedieron retirándose (para no ser por mí reconocidos) y al quitarme la capucha la cara del “médico” se transformó pues se trataba de mi vecino Jaime “Israel” Luksenburg. Vivía entonces junto a sus padres en la calle J.A. Cabrera entre Reissigner y Enrique Clay (hoy Dr. Schinca) a escasos 60 metros de mi casa paterna en J.A. Cabrera 4174.

—En el 6º de Caballería efectuaban estas prácticas, entre otros, además de Forischi, el comandante Goldaracena, los capitanes Vázquez (hoy detenido) y Grajales; los tenientes Orlando, Cooper (que apareció en Suecia y por haber sido reconocido, se fue a Inglaterra), los alférez Flores, “Toby” Álvarez y su hermano (sobrinos del “Goyo” Álvarez), y en la tropa, particularmente por conducir al equipo de karatecas el entonces cabo Ruiz.

Como voluntarios acudían, entre otros, un oficial de reserva de apellido Rodríguez.

Según palabras de Goldaracena, en Uruguay “todos intervenían, para que no sucediera lo del ejército brasileño, que quedó dividido entre sucios y limpios”.

Estando aislado en un vagón frigorífico con otro compañero, una noche fui transferido a otro sitio dentro del mismo cuartel “para conversar de igual a igual” con el entonces coronel Queirolo. Entre otras cuestiones me planteó que “con nosotros” —se refería al MLN (Tupamaros) — “ya habían terminado” y “que ahora le llegaba el turno a todos los comunistas” incluyendo a los que “habían hecho causa común con ellos” refiriéndose explícitamente a los senadores Enrique Erro y Zelmar Michelini.

Cabe destacar que estando allí detenido, me mantuvieron incomunicado con el exterior; nunca fui conducido a un juzgado ni tuve visita alguna, de abogados y/o familiares.

En estos días, mientras la prensa sirve de caja de resonancia a reconocidos torturadores y se habla del libro basura de Leonardo Haberkorn, no hablan de los miles de torturados a lo largo del período del terrorismo de Estado que pasaron por los cuarteles y sitios clandestinos de tortura y de los cuales un porcentaje mínimo serían tupamaros y el resto miembros de toda la sociedad; de los militares torturadores del 6º de Caballería solo uno está preso.

Convencido de que la impunidad es la que hace daño al desarrollo de una sociedad madura, las demandas de memoria y justicia son las herramientas curativas para reconstruirla.

Queda a su disposición y le saluda atte.

Edición Nro. 1614 Cartas al Director 09 de junio de 2011 - Busqueda