Rolando Astarita [Blog]
La nota crítica sobre la táctica de Trotsky del entrismo (aquí y siguientes) dio lugar a un áspero debate -puede verse en "Comentarios"- con un militante del PTS. Este sostuvo que mis críticas a Trotsky están tomadas de la tradición stalinista, y que son "una canallada", propia de un "charlatán", al que no le preocupa la organización de los trabajadores (esto en el marco de que el PTS me considera un "amigo del imperialismo"). De hecho entonces, nada nuevo en lo que respecta a los métodos de discusión que imperaron tradicionalmente en la izquierda, y que he tratado en otra nota (aquí). Como he argumentado antes, uno de los objetivos fundamentales que se busca con estas cosas es destruir moral y espiritualmente al oponente crítico. En esto rige la idea de que es preferible que un militante "se funda" (en la jerga, que deje de activar políticamente) a que continúe en las filas de un partido rival. O que se llame a silencio si es un crítico independiente. Esto no me lo han contado: lo escuché y vi en el PTS, allá por los fines de los años 1980. Agrego que cuando comencé a criticar estos métodos, me echaron rápidamente
Pues bien, quiero comentar ahora otra tradición, también oral (nadie se atreve a dejar por escrito estas cosas). La idea es que "todo vale" si está en juego la defensa de la línea del partido; incluso se justifica ocultar datos o mentir. En el viejo MAS (en el que milité durante más de una década) un miembro del Comité Central me lo decía con todas las letras: "la gran diferencia que tengo con vos es que, en mi caso, y si es necesario para defender la línea del partido, no tengo problema en mentir. La verdad científica en abstracto no existe; ese sería un criterio individualista. Todo debe subordinarse a las necesidades del partido, que es el arma fundamental de la revolución. Yo me considero un escriba del Comité Central". Y en tono de reproche, terminaba: "vos, en cambio, si pensás que algo es verdad, lo decís, sin tomar en cuenta si coincide con la línea del partido". Por supuesto, cito de memoria, pero doy fe de que este era el mensaje.
Más tarde me volví a encontrar con ese criterio, pero agravado: lo importante de un argumento no era su rigurosidad científica, sino si servía para atacar al partido de izquierda rival por excelencia (en un tiempo el gran "enemigo" del PTS era el viejo MAS). Por fin, la última prueba la tuve en Inglaterra, en una amable discusión con un viejo dirigente trotskista. Abiertamente me reconoció que él no podía justificar el estancamiento de las fuerzas productivas desde 1914 (estábamos en 1990), pero que nunca lo reconocería públicamente porque pondría en entredicho las bases teóricas del Programa de Transición. Cuando le señalé que el suyo no era un criterio científico, me respondió con un "admito que tengo un problema". Lo cual no le impidió escribir luego un largo artículo acusándome de "revisionista" por negar el estancamiento de las fuerzas productivas
Aclaro que no todos los grupos trotskistas tienen este criterio, Para dar solo dos ejemplos, nunca lo escuché entre los seguidores de Mandel; ni tampoco creo que sea compartido por todos los partidos trotskistas de Argentina. Sin embargo, la idea está presente en varios grupos, y tiene una larga tradición. Esto tal vez ayude a algunos a entender por qué, en ciertos casos, ni siquiera hay posibilidad de encontrar la menor lógica, o apoyo empírico, a las afirmaciones que algunos dogmáticos lanzan en una discusión. Para ellos lo único que importa es "ganar" una discusión como sea, y dejar en pie la línea partidaria (o el "texto sagrado") que defienden.
Estoy convencido de que esta es una de las cosas que habría que superar en el camino de construir una alternativa anticapitalista y socialista que llegue a la gente. El marxismo es esencialmente crítico, y la base de toda crítica es la rigurosidad, como alguna vez decía Marx, Por eso también remito, una vez más, al pasaje de la carta de Engels a Lafargue, del 11 de agosto de 1884, en que explicaba: “Marx protestaría contra ‘el ideal político, social y económico’ que usted le atribuye. Cuando se es ‘un hombre de ciencia’, no se tiene un ideal, se elaboran los resultados científicos y cuando además se es hombre de partido, se combate por ponerlos en práctica. Pero cuando se tiene un ideal, no se puede ser hombre de ciencia, pues se ha tomado partido de antemano” (ver aquí para una discusión más completa), Es claro que en estas cuestiones no estamos solo ante problemas "de forma"; en el fondo anidan concepciones político-ideológicas que están en las antípodas