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Argentina: Realineamiento general en la confrontación interburguesa

Derivaciones políticas de un asesinato

La Marcha del silencio implica una victoria de la ultraderecha pseudo liberal, servida en bandeja por la Presidente y las pequeñas facciones que la acompañan. Es un punto a favor de la ofensiva imperialista contra la convergencia latinoameri­cana y, especialmente, contra los países del Alba con eje en la Revolución Socialista Bolivariana de Venezuela. La coyuntura es grave. Pero nadie quiere ni puede dar un golpe de Estado. Si es posible que la pretensión imperialista por ganar más espacio del que ya tiene acorrale al gobierno y produzca una crisis de gobernabilidad y desemboque en la desestabilización política, con respuestas imprevisibles del gobierno

A cinco semanas del asesinato del fiscal Alberto Nisman, las au­toridades ejecutivas y judiciales han logrado desvirtuar a tal punto el escenario del crimen que, en el actual contexto, será imposible llegar a una conclusión certera sobre cómo, quién, e incluso cuándo, fue muerto el agente-fiscal mediante un certero balazo profesional en el cráneo.

Pero si la investigación quedó paralizada, lo contrario ocurrió con la ubicación de los sectores burgueses en pugna y sus repre­sentaciones políticas y sindicales.

Rápidos y para muchos sorpren­dentes realineamientos se produje­ron ante una certeza de la oposición burguesa: a consecuencia del pro­fundo impacto que el asesinato y la conducta oficial tuvieron sobre el conjunto de la población, Daniel Scioli, único candidato con alguna chance en el PJ conducido por el elenco gobernante, no puede ganar en primera vuelta, como algunos encuestadores bien pagados (en particular Poliarquía, escandalo­samente vendida al gobernador de Buenos Aires) aseguraron al pun­to de convencer a una dirigencia sólo capaz de pensar mediante asesores, fauna a su vez ignorante y corrompida

Para decirlo por adelantado: la burguesía establecida se convenció de que habrá segunda vuelta y allí puede ganar Mauricio Macri. El gran capital transnacional indus­trial y financiero dejó de bascular y votó por el integrante de la Inter­nacional Parda. Su co-equiper “na­cional y popular”, Sergio Massa, quedó con el apoyo de la burguesía pseudo nacional, que ahora vacila y amenaza con abandonar el respaldo a la candidatura de Massa, a medi­da que las encuestas y los medios dominantes indiquen el vuelco a favor del titular de la Ciudad de Buenos Aires

El bravo luchador Carlos Reuteman tomó la delantera (por primera vez en su vida de corredor de autos) y anunció su alianza con Macri. Otro bravo, en este caso cineasta, informó que negociaba con Massa para ser su candidato en la Capital Federal. Eso fue, claro, antes del disparo de largada de Reuteman. Ahora, es probable que Fernando Solanas lo piense mejor.

Inmediatamente luego del asesinato, Massa dio signos de querer buscar un acuerdo para ir a las Paso con Macri y la UCR (que mira todo sin decir palabra, a la espera de que algún tren al que pueda saltar se ponga en  movimiento). En cambio Macri adoptó la posición de intransi­gente alegando principios (él, el mismo que fue detrás de Massa en las legislativas de 2013) y cerró –por ahora- la posibilidad de unas Paso conjuntas.

Despedazado, Unen mira el desarrollo de los acontecimientos como la vaca al tren. Previsible­mente se comportará con igual agilidad y lucidez.

A la izquierda de este desba­rajuste, hay un rudo combate entre las huestes progresistas de Francisco y los epígonos degra­dados de Trotsky por ver quién se alzará con el 4 ó 5% de los votos que anhelan, relegando al otro al oprobio. Hay margen teórico, en efecto, para esperar un vuelco de un sector de la clase trabajadora y las juventudes a una propuesta alternativa. Pero incluso en la remota hipótesis de que aque­llos dos sectores superaran esos guarismos, no habrán dado una respuesta a la masa trabajadora y las bajas clases medias, por completo atrapadas en la trampa urdida por la burguesía, sus par­tidos y las dirigencias sindicales que les sirven.

Entre los sorprendidos por estos pases de birlibirloque no se cuen­tan lectoras y lectores de Eslabón. Hemos anticipado esta deriva, aun antes de la convulsión causada por la muerte de Nisman. Invitamos a leer o releer en particular las tres últimas ediciones 123, 124 y 125 (www.uniondemilitantes.com.ar), más un artículo firmado de noviembre 2014 (http://bit.ly/1CAM30D).

Gobierno y “Marcha del silencio”

Cristina Fernández pasó en extrañas vacaciones la mitad del tiempo posterior al asesinato. Incontables viajes a Calafate y Chapadmalal, mechados con esporádicos tuits y cadenas de radio y televisión con excusas in­sostenibles. Además del ridículo de las causas alegadas para hablar, el tono y el contenido de sus in­tervenciones lograron empujarla todavía más hondo en su caída ante la opinión nacional.

Sólo María Estela Martínez de Perón tuvo un comportamiento semejante, si bien es cierto que alternaba las residencias pre­sidenciales de Chapadmalal y Ascochinga, dado que no tenía propiedades fastuosas en el Sur. Entonces como ahora se abría un espacio insondable allí donde debe haber gobierno en acción. Basta dibujar en un mapa el itinerario de los viajes de Fer­nández desde el 18 de enero, día del asesinato, luego releer sus in­tervenciones desde entonces, para comprender que el gobierno está descabezado. Por si faltase algo, las intervenciones diarias del jefe de Gabinete Jorge Capitanich y el secretario general de la Presiden­cia Aníbal Fernández prueban la magnitud de la desorientación y el descontrol

Como era previsible, a “Marcha del silencio” tuvo una enorme adhesión. Con las limitaciones del caso, es posible estimar en alrededor de 300 mil personas la marcha en Capital Federal. Y yerra por lejos quien las compara socialmente con marchas seme­jantes sin llamado de partidos y sin políticos al frente, ocurridas en noviembre de 2012 y abril de 2013. Hubo un componente notorio de clases medias bajas, que son en realidad trabajadores con veleidades de llamarse de otro modo. Téngase en cuenta que de la marcha participó el sindicato de Judiciales y tuvo el respaldo del sector Moyano de la CGT, además de la iglesia. Pero a los manifestan­tes desde el Congreso hasta Plaza de Mayo hay que sumarle otros factores por demás significativos: las amenazas previas del gobierno (el secretario de Seguridad, mudo tras su papelón en el departamento de Nisman), alertó que podría haber disturbios. El sector que participaría no es particularmente arrojado y generoso; de modo que es presumible que esa amenaza haya menguado la participación. La lluvia fue otro factor en contra de mayor asistencia. Pero a la misma hora miles se concentraron en capitales del interior y cientos en cada ciudad del país.

Al margen los números, se trata de una corriente de sentimientos, necesidades e impulsos que em­pujan a la calle a personas no habituadas a ese ejercicio. Sin par­tidos con autoridad que convoquen formalmente. E inequívocamente capitalizada por la derecha y ultra­derecha liberales.

Otro factor altamente sig­nificativo: la medición de los programas que transmitieron la marcha aumentó de modo ver­tical en esas horas: un número no cuantificable de quienes no se movilizaron, siguieron el acontecimiento por televisión.

En suma: el gobierno y en par­ticular la Presidente recibieron un puñetazo político. Fernández ganó en 2011 con el 54% de los votos. Una porción considerable de ese porcentaje se manifiesta ahora de algún modo en la vereda de enfrente. El grueso de la sociedad está hoy contra el oficialismo (las encuestas dicen que el 70%) y responde con durísimo rechazo a Fernández por una conducta que interpreta fruto del capricho, la incapacidad y la altanería típica de los nuevos ricos.

La Marcha del silencio implica en este contexto una victoria del gran capital, servida en bandeja por la Presidente y todas las pequeñas facciones que la acompañan.

Causas del desastre en marcha

Ninguno de los rasgos de conducta mencionados le falta a Cristina Fernández. Pero no está allí la razón que explica la coyuntura, ni es la psicología la ciencia que permite interpretar la línea de acción que aplicó y, pre­visiblemente, aplicará el gobierno en los diez meses que le quedan en la Casa Rosada.

La causa está en el inevitable fracaso de una política que, con rótulos de “neokeynesianismo” y “neodesarrollismo” buscó recom­poner el Estado burgués después del gran colapso de 2001, que cerró el período abierto por Raúl Alfonsín en 1983.

Adhesión al sistema capi­talista, ignorancia e incultura inabarcables, rapaz avidez por acumular riquezas, inmoralidad sin parámetros para corromper causas y personas (en especial las que integraron organizaciones de Derechos Humanos), son las razones que explican un fracaso obvio para quien comprendiera que a todo ello se le suma la au­sencia completa de pertenencia de clase y de organización con base social de sustentación.

Hemos dicho todo esto desde el primer momento. De modo que podemos repetirlo sin la incomo­didad que muestran no pocos de quienes ahora saltan del barco.

Fernández tuvo su suerte sellada cuando la CGT le quitó el respaldo (aunque un grupo de sindicalistas más allá de toda calificación per­maneciera con ella), en noviembre de 2011. Todo lo demás era una deriva inexorable, cuya única incógnita era si la clase obrera conseguiría o no conformarse políticamente como tal, con la dirección que las condiciones permitían. No lo logró.

La conducta errática, absurda y por momentos delirante (Alberto Fernández dixit) de la Presidente equivale a la que mostraría cual­quier pequeño burgués aterrado ante la crisis. Por eso, no pocos pasos del gobierno permiten a la oposición burguesa calificarlo como fascista. De hecho, Capita­nich y Aníbal Fernández actúan cotidianamente como tales. Detrás de toda esta mala telenovela, está la gravísima e irreversible crisis eco­nómica. Volveremos sobre esto.

La amenaza que afrontamos

Presidente imputada y sus em­presas y socios (incluido su hijo) a punto de ir a proceso; vicepre­sidente procesado en dos causas; jefe del Ejército culpable probado de delitos de lesa humanidad durante la dictadura; ministros e innumerables funcionarios en ma­nos de la justicia (algunos autores indican un número superior a 300, aunque no dan los nombres).

No es éste un elenco en con­diciones de timonear una crisis política inmersa en un marasmo económico. Desde luego hay riesgo de ruptura institucional. Pero no por “golpe de Estado”, como alega Fernández. Tampoco hay nada parecido a un Partido Judicial. Más que delirio –en el que incurre igualmente el grupo de intelectuales de Carta Abier­ta- esa caracterización es prueba adicional de la filiación de todos ellos que azuzan el fantasma de los fiscales en comparación con el partido militar: exculpan a la burguesía por la dictadura y la escamotean ahora.

En ninguna de sus facciones la burguesía está interesada en un golpe de Estado. Por el contrario, a Fernández le vendría perfecto salir por esa puerta, para fugarse y aspirar a un asilo que la exima de extradición por delitos penales. Una portavoz habitual del Departamento de Estado anuncia que el golpe lo daría César Milani, para eludir juicio y condena por delitos de lesa humanidad. Pero eso es igualmente imposible. Lo único que tendría detrás el tal general sería la armada Brancaleone, conocida en estas tierras como La Cámpora, más un centenar de siglas revueltas en Unidos y Organizados, sin excluir a varias fracciones del denominado Par­tido Comunista.

Fernández no puede obtener de China el apoyo del que carece en grado absoluto en Argentina. Su debilidad social llega al paroxis­mo. Sólo un puñado de dirigentes sin base de Adimra, la asociación de pequeñas empresas metalúrgi­cas, se anima hoy a presentarse en línea de continuidad con el apoyo al gobierno. Por el con­trario, en las propias filas de las camarillas oficialistas cunde el pánico y la lucha interna. Le restan apenas socios y testafe­rros –algunos de directa filiación mafiosa. Por muy grandes que sean las fortunas amasadas en estos años por esos grupos, no significan nada en el basamento burgués del Estado y las múlti­ples instituciones del sistema.

Enfrente el panorama no es mejor. Que a falta de Partidos y dirigentes reconocidos el gran ca­pital haya debido apelar a fiscales para convocar a una marcha es indicativo del grado de debilidad e incapacidad de articulación no se diga ya de un programa de gobier­no, sino de un bloque para afrontar una coyuntura en la que tienen todo a favor. Que en la marcha misma el protagonismo principal lo haya tenido un miembro de la CGT-Moyano es lo que falta para comprender que no hay allí una herramienta válida para ellos. Por mucho que la CGT-Moyano desembocara hipotéticamente en una alianza con Macri, éste no podría gobernar con semejante base de sustentación

A la inversa, para ambas fracciones de la CGT es mal negocio asociarse a partir de ahora con Massa, a menos que se resignen a colocar algu­nos diputados en el Congreso. Y, salvo que se imponga ese mismo objetivo de mínima, pocos en el sindicalismo jugarán su apuesta a Scioli. De los tres precandidatos posibles hasta un mes y medio atrás, el gran capital tiene a la fecha uno privilegiado, pero no tiene cómo sustentarlo socialmen­te. Vapuleados hasta el escarnio en las próximas elecciones, los vástagos del elenco gobernante no podrán siquiera formar un bloque consistente de oposición: su empeño mayor será que no se les quite los fueros para así sortear juicios y prisión. ¿Quién –cabe preguntar- gobernará a Argentina? ¿Macri, falto de autoridad al punto de que Ga­briela Michetti le desobedeciera pública y ruidosamente?

Trasfondo económico

Dejamos para el final el punto que, sin embargo, está en la base de todo: el país afronta una gra­vísima situación económica. La recesión continúa y, si se mantiene la actual política, se ahondará este año. El dólar paralelo no llegó a la previsible cifra de $20 pesos por medidas de aliento a la iliquidez, aumento de tasas de interés, freno a las importaciones y posterga­ciones de pagos a importadores por compras ya realizadas. Con­secuencia obvia: más recesión. Pese a todo, no cede la inflación, acompañada de una drástica caída del consumo.

Entre la espada y la pared, el gobierno tiene dos opciones: mantener su actual línea de acción en la certeza de que agravará el frenazo a la economía y alimen­tará un desastre electoral mayor del que le auguran hoy todos los demás factores; o hacer lo inverso y correr un alto riesgo de hiperin­flación y descontrol político.

Falta agregar a esto el en­deudamiento en general y los problemas particulares de la cesación de pagos a causa del accionar de los fondos buitre. No nos extenderemos aquí. Basta repetir lo dicho: Fernández se jacta de haber pagado 190 mil millones de dólares (en realidad, la suma su­pera los 220 mil millones). El país debía 200 mil millones en 2003. Y pese a la magna tarea de derivar fondos por una deuda externa ilegal e ilegítima, debe ahora el equiva­lente a más de 250 mil millones de dólares. El saqueo es superior al sufrido durante el menemismo. Sólo que ahora, el grueso de los acreedores son los jubilados y el Banco Central. Cualquiera puede comprender qué pasará cuando no se sea posible pagar esa deuda nominal en dólares, pero con el pueblo argentino sin recursos como acreedor. A todo esto, resta saber si en lo que va hasta octubre el gobierno decidirá tomar más créditos en el exterior, a tasas más que usurarias.

Por adelantado victorioso en tér­minos electorales, cualquiera sea el candidato, el gran capital local y extranjero y sus representantes políticos no pueden permitir que le dejen una herencia ilevantable, que estallaría pocas semanas des­pués del 10 de diciembre. Hablan ya de gobierno de coalición pero su verdadero desafío es frenar y condicionar los pasos oficiales. Por tanto, también la oposición está entre la espada y la pared: si aprieta el dogal, será acusada y en buena medida vista como golpista; si no lo hace, comete suicidio a plazo fijo.

Esto recién comienza

En tanto, la clase obrera se mantie­ne quieta y muda. Habrá escarceos a partir de marzo, por las paritarias y el impuesto al salario. Pero no hay plan propio, de clase. Es imposible prever qué harán los diferentes sectores de las cúpulas sindicales que cuentan en términos electo­rales. En la desesperación no se podría descartar una presentación de algún sector (huestes nacional católicas, filo fascistas, de Francis­co) por fuera de los tres candidatos principales. Pero es seguro que ninguna de las cúpulas actuales –sea que cuenten realmente o que no) buscará encabezar un amplio bloque obrero-chacarero-popular con programa independiente de la burguesía y propósitos de refun­dación nacional.

Esa tarea queda en manos de mu­jeres y hombres revolucionarios que no incurran en el cretinismo parlamentario. Repetimos que sea cual sea el desenlace a corto y mediano plazos, la burguesía no podrá gobernar estable y pacífica­mente. Aunque en terreno difícil, habrá espacio superlativo para la acción revolucionaria.

Se trata de afirmar desde ya mismo las columnas para una acción sostenida de masas. Todo en medio de un duro contraataque imperialista, que busca rever­tir el proceso de convergencia latinoamericano-caribeña y aislar a su vanguardia, los gobiernos del Alba, para asestar una derrota de­cisiva a la Revolución continental. Venezuela es hoy centro de un accionar contrarrevolucionario lanzado por Washington con el concurso de las burguesías al Sur del Río Bravo.

También en ese terreno el gobier­no argentino tiene una enorme responsabilidad, por haber res­tado la fuerza del país a la unión regional. Eso es tanto más grave porque a la par se copian poses y hasta consignas estridentes pero secundarias o directamente vacías en la realidad argentina, para apa­rentar ante la militancia local algu­na proximidad con el gobierno de la Revolución Bolivariana, cuando en los hechos se hace exactamente lo inverso. No sólo porque no se propuso jamás dar un paso antica­pitalista. Ante todo porque –acaba de decirlo públicamente el saliente presidente uruguayo- se boicoteó la unidad latinoamericano-caribeña, eje y objetivo primero del fallecido Hugo Chávez.

Todo esto ha dado ventajas al im­perialismo y sus socios, que están a la carga en Argentina y Brasil como parte de una estrategia para recuperar el pleno control en estos dos países claves, reconquistar te­rreno perdido en la región y lanzar la ofensiva final para derrocar a los gobiernos del Alba, en primer lugar Venezuela.

La dirección revolucionaria políti­co militar de ese país está librando una batalla ejemplar. El presidente Nicolás Maduro está bajo fuego graneado de Washington y sus subordinados. Es preciso respaldar de manera enérgica con el mayor alcance posible las medidas adop­tadas por su gobierno tras desba­ratar un nuevo intento de golpe de Estado, el 11 y 12 de febrero.

Convocamos a toda la militancia a redoblar esfuerzos por difundir la verdad de lo que sucede en Ve­nezuela, mediante publicaciones, programas radiales, redes digi­tales, pero muy particularmente mediante actividades públicas donde sea posible la participación de miles de personas en un debate crucial para el futuro inmediato, también de Argentina.

Eslabón 22 de febrero de 2015- UMS