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Borrador de una crítica rápida del folleto de Claudio Katz ?Bajo el imperio del capital? (1)

(1)   Este borrador crítico lo redacté a propósito de la presentación y discusión del libro de Katz que se hizo en Montevideo en 2012 y solo se lo envié a alguno de los compañeros que me habían invitado a dicha presentación. Hoy me señalan que el mismo tiene toda su pertinencia en los actuales debates sobre el leninismo y la naturaleza social de Rusia y la URSS

TEORÍA CLÁSICA  

El libro de se pierde en el análisis leninista y peri leninista del imperialismo y en el fondo no analiza el capital mismo.  En ese sentido ni siquiera se habla de que la tierra está bajo el imperio del capital sino que pareciera que lo estuviera bajo el imperio del imperialismo. Es decir que el título del folleto parece sólo un adorno y se cae en un análisis no del capital, sino del “imperialismo”

El análisis del imperialismo considera clásica a la teoría de Lenin y no a la de Marx, olvidando que para Marx el capital siempre había sido imperialista

El autor desconoce totalmente los planteos del socialismo revolucionario y de la izquierda comunista internacional limitándose a las estériles polémicas dentro del centro de la socialdemocracia internacional entre Lenin, Kautsky y Rosa Luxemburgo y considera este conglomerado como la oposición a la guerra. O dicho de otra manera sitúa la cosa en la variante democrática del socialismo y no en la revolucionaria, en la nacional imperialista y no en la internacionalista, en la frentista y parlamentarista (incluido el supuesto parlamentarismo “revolucionario”) y no en la del derrotismo revolucionario y la revolución social.

Ignora la contraposición general a la guerra llevada adelante contra el centro en Zimmerwald y Kienthal de donde surgiría la contraposición a la guerra imperialista y el desarrollo de la teoría del “derrotismo revolucionario”, a la cual Lenin terminaría adhiriendo para seguir la corriente revolucionaria pero no fue como presenta el autor quien desarrolló la posición internacionalista, derrotista revolucionaria contra la guerra imperialista.

Resulta lógico que al análisis del capital el autor haya sustituido entonces el concepto del imperialismo y principalmente toda la ideología socialdemócrata sobre el capital financiero que había desarrollado Hilferding y Hobson. La cuestión financiera es presentada como una cuestión en sí y como una etapa nueva en el capitalismo cuando en realidad existe desde el origen del capitalismo e incluso durante centenares de años anteriores al capitalismo propiamente dicho.

El autor se pierde en las contradicciones secundarias entre Lenin y Luxemburgo sin ver hasta qué punto lo que tenían de común es esa ideología de lo “nuevo” en el capitalismo que en el fondo dejaba de lado la contradicciones esenciales en el modo de producción capitalista mismo entre expansión capitalista e intereses de la humanidad, entre el mundo de la mercancía y la especie humana. Claro que con esa pérdida se pierde también que el socialdemocratismo centrista había renunciado totalmente al programa revolucionario de destrucción del trabajo asalariado y el capital y sus sustitución por un programa de nacionalización de los grandes monopolios, el capital financiero y contra la “agresión imperialista” que en realidad es una revisión total de la obra de Marx

POSTGUERRA Y NEOLIBERALISMO

Se acepta el mito de que la URSS no era capitalista, lo que conduce al autor a considerar que el capitalismo imperialista no tuvo conflictos militares como los anteriores. La tesis de que la URSS no funcionaba como potencia capitalista imperialista es claramente una ideología burguesa sin ningún fundamento histórico. Desconociendo el carácter capitalista de la URSS el autor habla de burocracia y no de burguesía aceptando las típicas construcciones stalino-trotskistas como si no hubiese existido propiedad privada de los medios de producción en dichos países e implícitamente como si la estatización de los mismos hiciera perder a la propiedad el carácter de capital y a la burguesía dominante el carácter de clase social explotadora y apropiadora de plusvalía

Por lo mismo no resulta interesante el resto del capítulo que además hace referencia a las teorías universitarias y nunca a la de las minorías revolucionarias o los grupos comunistas y sus afirmaciones programáticas que previeron la “segunda” guerra imperialista mundial entre fascismo y antifascismo y llamaron al derrotismo revolucionario como en la guerra anterior

En los capítulos siguientes en general se presenta como nuevo lo que no es. Así lo del “neo” liberalismo, lo de que el capital que es más mundial o sobre el papel de Estados Unidos…lo del sheriff del planeta. No es que siempre el capitalismo fue igual, sino que hay que denunciar al revisionismo que consiste en encontrar siempre cosas nuevas

En realidad el capitalismo es esencialmente el mismo y empieza siendo mundial (más su presuposición es la revolución en el mercado mundial que se produce entre el siglo XIII en oriente y el siglo XVI en occidente, fin de la acumulación esencialmente precapitalista!) e imperialista, su doctrina es el liberalismo lo que siempre se combina con el proteccionismo (como también es siempre monopólico en la lucha y guerra por la competencia!), es siempre financiero (en el sentido que lo usurero se hace productivo en las ciudades: producción de barcos, militarismo, casas de cambio … bancos)… El papel de sheriff internacional de lo que se habla como un invento nuevo fue ejercido por otras fuerzas en siglos anteriores (imperio chino, Vaticano, Inglaterra –con ayuda de fuerzas mercenarias Suizos…, - .) en todos estos casos se actúa como fuerza a la vez particular (en algunos casos nacional, pero no en todos) y en segundo lugar como internacional y mundial en defensa de la burguesía como clase internacional. Como en todos los casos anteriores la evolución no es nunca lineal, sino con contradicciones, guerras, explosiones…y su desarrollo es por grandes saltos cualitativos. Es esa acumulación de saltos cualitativos lo que siempre deslumbra a los descubridores de novedades, entre los cuales el autor se sitúa explícitamente. Estados Unidos como potencia imperialista muy superior a todas las demás en el mundo de hoy es impresionante, pero relativamente menos impresionante que lo que fue la Iglesia en la Edad Media que disponía de una verdadera hegemonía totalizadora y totalitaria (económica, política, ideológica y militar), disponiendo del 50 por ciento de la tierra del mundo, cuando era la tierra “el capital” más importante a escala planetaria. Eso es válido también para los poderíos militares de las grandes potencias capitalistas históricas desde la Iglesia al Estado Yanqui, incluso ahora que, la realidad del capital mundial amenaza con la destrucción misma de la vida en la Tierra.

Todas las características que el autor atribuye a Estados Unidos se encuentran esencialmente en todas las potencias en germen desde siempre, aunque podamos repetir hasta el cansancio que la última potencia es siempre la mayor de todas, la más primordial y desproporcional a escala planetaria. No es tampoco esas características imperiales que son esenciales en el capital, sino bien por el contrario es en la esencia del capital y si se quiere en cada átomo de valor valorizándose que se encuentra todo el imperialismo histórico. La esencia del valor se encuentra en la Tierra entera sometida al imperio del capital. Lamentablemente el autor elude siempre esta cuestión central y reduce su texto a una serie historicista de constataciones superficiales que no aportan gran cosa a lo que habría cambiado en el desarrollo histórico del capital.

En todos los capítulos se constata que para el autor el sujeto no es el capital y menos el proletariado cuestionándolo, sino los Estados nacionales/imperiales que se confunden demasiado a menudo con los países . Un buen ejemplo de eso es cuando se habla de Irak se mencionan como objetivos de la invasión sólo las cuestiones imperiales, pero no en el sentido de imponer el orden de la propiedad privada frente al cuestionamiento del terror de Estado efectuado por el proletariado en la región (derrotismo revolucionario masivo, liquidación de los frentes, generalización de la organización del proletariado, ejecución pública y masiva de miles de torturadores…), sino por el interés de Estados Unidos en el petróleo y la ubicación geográfica. Es decir en vez de un análisis del fondo de la cuestión se repiten las explicaciones banales y espectaculares que dio la prensa de izquierda. Lo mismo sucede con las otras regiones de medio oriente y aunque en menor grado en América Latina.

El capítulo 7 comienza así “El análisis del imperialismo contemporáneo…” En realidad salvo el título el autor no analiza el capital, sino el imperialismo (¡el interimperialismo!); no analiza la producción y reproducción del valor y la contradicción cada vez mayor con el proletariado y la vida sobre la Tierra para todas las especies…, sino como una mera cuestión puramente militar e imperial. El libro no debiera llamarse “bajo el imperio del capital” sino “lo importante en el capital es únicamente el imperio y en particular el imperialismo occidental (yanqui)”. Realmente es típico del “antiimperialismo” burgués

El capítulo 8 parecería quiere replantear algo la cuestión en términos marxistas, pero lo hace en base a las doctrinas de la socialdemocracia y luego al marxismo burgués, universitario. Así opone la competencia al monopolio y la ley del valor sólo aparece ligada a la determinación o no de  los precios. Jamás es analizada en términos de dictadura de la tasa de ganancia contra las necesidades humanas y todo se pierde en la paja terminológica sobre el neo o no del liberalismo, que desconoce la esencia del capital desde su origen. Por eso se acepta sin chistar el mito de la “mundialización neoliberal”, o la “globalización” como algo que sería una novedad.  Aunque el autor no adhiera al mito más vulgar de que todo es financiero o que la culpa es de los financieros, no pone nunca lo financiero en su verdadero lugar, como omnipresente en todo el ciclo del capital mismo desde su origen y ni en esto rompe con el revisionismo de Hilferding, Lenin, Stalin…

Más, el autor se complace, en el capítulo nueve, a lo Stalin en considerar que en relación a Marx, Lenin hizo un “gran aporte” en base a un capitalismo que lo que sería de un tipo nuevo: “imperialista”. ¡Yo pienso que esa revisión es la cara complementaria del capitalismo a la que encontró Bernstein! En ambos casos se deslumbran ante una “novedad”, que no tiene nada de nuevo, sino a una reiteración en la época de los rasgos “populares” que la prensa y los vulgarizadores consideraban espectaculares, pero que desconocían la esencia invariante del capitalismo desde su origen, que es justamente lo que lo conduce a ser una sociedad catastrófica para la especie humana.  Sintéticamente pienso que debiéramos oponer a esta ideología la vieja visión de Marx ratificada por Bordiga en aquella famosa síntesis “Mai la merce sfamera al uomo”

En realidad Katz no critica la sociedad del valor, la sociedad mercantil, sino su forma “imperialista”, “yanqui”.

Para terminar agarro el último capítulo en donde dice “el imperialismo contemporáneo difiere significativamente de su antecedente clásico en el terreno bélico, económico y político”. Para nosotros el capitalismo sigue siendo el mismo en la valorización del valor, en sus guerras, en su economía y en su política y es precisamente por esa invariancia fundamental que el capital se contrapone en forma mucho más explosiva con la vida sobre la Tierra. Todo lo que estaba en germen en los siglos pasados se ha hecho catastrófico para la especie humana, la catástrofe no es algo que le pudiera pasar al capitalismo, sino la vida misma bajo la opresión del capital en todo el planeta.

El autor dice: “la ausencia de guerras imperialistas”…, nosotros vemos la permanencia de las guerras imperialistas, su carácter sistemático y constante en cada vez más puntos del planeta en forma simultánea.

“Creciente mundialización”…, para nosotros no es creciente, sino que lo que es creciente es que el desarrollo de las fuerzas productivas no puede realizarse más sin una destrucción siempre mayor

Y la “gestión geopolítica conjunta” nos parecen lindas palabras en la línea de un utópico ultraimperialismo que pudiera indicar que el capital controla algo; nosotros sostenemos que el caos inherente al capital, el “anarquismo” propio al carácter privado de la producción (socialización post festum – como decía Marx), es EXPLOSIVO e incontrolable.

El futuro del capital es incuestionable una contradicción siempre mayor con la vida humana, con el proletariado, sujeto que el autor desconoce totalmente, por lo que mal, sus materiales, pudieran servir a la teoría de la indispensable revolución social mundial