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Conversación entre marxianos (IV)

Esto está tomado de un libro que no existe:

“Durante todo el tiempo de que se tiene noticia, probablemente desde fines del período neolítico, ha habido en el mundo tres clases sociales: Los De Arriba, Los Del Medio y Los De Abajo. Se han subdividido de muchos modos, han llevado muy diversos nombres y su número relativo, así como la actitud que han guardado unos hacia otros, han variado de época en época; pero la estructura esencial de la sociedad nunca ha cambiado. Los objetivos de estos tres grupos son por completo inconciliables ....

“Hay largos períodos en que Los De Arriba se encuentran muy seguros en su poder, pero siempre llega un momento en que ...son derrotados por Los Del Medio, que arrastran a Los De Abajo porque les han asegurado que realizarán la libertad y la justicia. Ni bien logran sus objetivos, los abandonan y relegan a su antigua posición de servidumbre, convirtiéndose en Los Nuevos De Arriba. Entonces, entonces un grupo de Los Del Medio De Antes se separa de los otros y empiezan a luchar entre ellos. ...

“El socialismo, teoría que apareció a principios del siglo XIX y que fue el último eslabón de una cadena que se extendía hasta las rebeliones de esclavos en la Antigüedad, seguía profundamente infestado por las viejas utopías [libertad, igualdad, justicia]. ...

Los nuevos movimientos que surgieron... tenían como finalidad consciente la perpetuación de la falta de libertad y de la desigualdad social. Estos nuevos movimientos, claro está, nacieron de los antiguos y tendieron a conservar sus nombres y aparentaron respetar sus ideologías. Pero el propósito de todos ellos era sólo detener el progreso e inmovilizar a la Historia en un momento dado. El movimiento de péndulo iba a ocurrir una vez más y luego a detenerse. Como de costumbre, Los De Arriba serían desplazados por Los Del Medio, que entonces se convertirían a su vez en Los De Arriba, pero esta vez, por una estrategia consciente, estos últimos De Arriba conservarían su posición permanentemente”.

TEORÍA Y PRÁCTICA DEL COLECTIVISMO OLIGÁRQUICO, EMMANUEL GOLDSTEIN

Estas son citas de un libro que nunca fue escrito. Es un libro que forma parte de una trama de ficción, en un libro que sí fue escrito: 1984, de George Orwells.

Es el comienzo de dicho libro, en el que la “Hermandad” plantea su lucha contra la dictadura del Gran Hermano. “Goldstein”, obviamente, es una alusión a León Bronstein, o sea Trotsky. De la misma forma que el “gran hermano” es el “padrecito” Stalin. Es una obra de “ficción distópica” (anti-utópica, “profecía negra”), una obra maestra en ese género. Por supuesto que las idea de Goldstein no tienen nada que ver con las de Trotsky, eso Orwell lo sabía perfectamente, y es mucho más fiel su fábula “Rebelión en la Granja”, aquí usa un parecido superficial solamente como un recurso literario en su obra.

¿A santo de qué esto?

En esta discusión sobre el “socialismo histórico” o como sea que lo llamemos, de a poco se van sumando algunos, y la cosa se complica bastante. Por suerte

Ricardo nos presenta a una nueva compañera que discute con él, Raquel, y de esta forma podemos conocer su forma de pensar, al menos en parte. Raquel y Ricardo están de acuerdo en muchas cosas, comparten ideas parecidas. De Ricardo nos consta que tiene una muy sólida formación marxista, Raquel parece ser anarquista. Pero esos encasillamientos son una tontería, no vamos a quedarnos en eso

Selecciono un fragmento de Raquel, los subrayados son míos:

El fracaso del comunismo bolchevique es algo más que el fracaso de un sistema; es, en todas sus manifestaciones, la condena aplastante del principio político en la revolución y de los métodos del socialismo autoritario. Ese fracaso ha demostrado que la aplicación de ciertos métodos, bien definidos, es inseparable del carácter de esos métodos. Existe una dictadura de los métodos; por eso, para realizar la libertad –por ejemplo– el método a emplear no es la dictadura, y por eso el Estado no puede servir para dar nacimiento a una sociedad sin Estado…

La desenfrenada violencia y el terrorismo de los bolcheviques no son, pues, sino la consecuencia de su fe supersticiosa en la omnipotencia del poder político y la última ratio de su dictadura. En todo caso, si Marx pensaba que había que revolucionar las cabezas antes de hacer la revolución, hoy, en Rusia, los marxistas blanquistas piensan que después de la revolución ¡hay que cortar las cabezas a los revolucionarios!”

Y esto es lo que dice Ricardo:

“...claro que los bolcheviques que nunca habían sido un partido revolucionario, sino un partido socialdemócrata y por lo tanto reformista, tenían una concepción estatista, jacobina, politicista de la revolución. Para ellos la “revolución” se reducía a la toma del poder político y hacer las reformas económicas. Es decir siempre tuvieron una visión burguesa, reformista de la revolución. La dictadura del proletariado nunca fue concebida como en Marx como dictadura social contra la ley del valor, sino al contrario como dictadura política del partido socialdemócrata. Su horizonte era la “revolución” política, a lo que agregaban luego las reformas. Por eso llamaban revolución al reformismo y las oposiciones bolcheviques a los estalinistas siguieron haciendo lo mismo Nunca concibieron la revolución social destruyendo el capital y el Estado en el mismo proceso”.

Lo que vemos acá es que Raquel y Ricardo comparten una visión muy negativa de la revolución bolchevique

Pero lo que nos llama mucho más la atención es otra cosa. Ambos atribuyen la CAUSA de esa condición negativa a la concepción ideológica de los bolcheviques. La revolución bolchevique degeneró en una usurpación burocrática, una dictadura de partido que era instrumento para la explotación de los trabajadores, porque los bolcheviques tenían una concepción estatista y jacobina. Más allá de alguna diferencia de palabras, ambos comparten la misma idea. Las calamidades históricas son producto de ideas equivocadas.

Me preocupa aun más el problema porque es algo muy común en estos días. Ver el conflicto político como una derivación simple del conflicto ideológico, sin tener en cuenta las condiciones objetivas en que se desarrolla la lucha de clases-

Quien expuso esa idea con más brillo fue Hegel. El proceso histórico es el desenvolvimiento del Espíritu Humano. La Revolución Francesa fue la realización de la idea de los jacobinos, de su concepción política, una visión muy parecida a la que tienen Raquel y Ricardo sobre la revolución bolchevique. En realidad Hegel tenía una riqueza conceptual mayor que estos compañeros porque si bien entienden igual que él la historia como la realización de una idea, lo ven cono algo fijo e inmutable, mientras que Hegel ve a la idea transformándose a sí misma a medida que se realiza en la historia. La realización máxima de la libertad en el ideal jacobino deviene en las feroces luchas entre sí, y en su contrario, el terror. La idea libertaria deviene en autoritarismo por su mismo proceso dialéctico, y al final Hegel, tal vez pensando en su puesto de profesor, mete la “síntesis” en la monarquía constitucional prusiana.

Hegel dice que el jacobinismo es la realización práctica de la dialéctica de la libertad en sus contradicciones. Para Raquel y Ricardo no hay evolución ni síntesis. El jacobinismo es absolutamente antilibertario, el bolchevismo también. Pero más allá de eso, lo fundamental es lo mismo: la idea política crea la realidad política y social.

Por lo tanto, cualquier realidad política y social horrible es resultado de una idea equivocada. Esto es lo que dicen una y otra vez los ideólogos burgueses. “Occidente” es la realización del “ideal democrático”. El “comunismo soviético” fue la realización de “la idea autoritaria”. El Estado Islámico es la realización del “fanatismo religioso”. Lo que ocurre hoy en Venezuela o Argentina es resultado del “populismo”, y el populismo es una idea “anti-liberal”

Según ellos la caída de la Unión Soviética fue resultado del triunfo de la idea liberal sobre la idea totalitaria, por eso Francis Fukuyama anunció entonces “El Fin de la Historia”. Después la historia siguió, pero eso sería porque todavía quedan “resabios” de autoritarismo, y eso lo van a arreglar a los bombazos. Más o menos lo mismo dijeron hace cien años cuando hicieron “la guerra que terminaría con todas las guerras”, y luego tuvimos cien guerras en cien años, y ni miras de terminar.

Más raro todavía es que en el planteo de Raquel y Ricardo las cosas malas de la historia son fruto de las ideas malas, pero las ideas buenas no tienen frutos. Han habido ideas buenas, según ellos, muchas. Pero no han fructificado en la historia real. Las explicaciones siempre caen la teoría de la conspiración. Un buen ejemplo es el de “los últimos de arriba” de Orwell.

No es extraño, porque en la cultura dominante en nuestro país, incluyendo a la llamada izquierda radical, impera el idealismo. Pero un idealismo pre hegeliano, en el que las ideas son inmutables

La filosofía clásica alemana tuvo su máximo desarrollo a fines del S XVIII y principios del XIX cuando por su atraso relativo la sociedad alemana no podía sacarse de encima la opresión, como estaba haciendo Francia. Los alemanes racionalizaban lo que los franceses vivían, y creían encontrar allí, en la filosofía, la clave de los problemas sociales. Algo parecido nos ha venido pasando a nosotros, los uruguayos, que balconeamos (salvo algunos períodos extremos) desde nuestra sociedad amortiguada los mucho más agudos conflictos del continente. Nosotros la pensamos, y pensamos que así, en el pensamiento, la arreglamos

La idea de Hegel no es estéril. Podemos tomar su explicación de los enfrentamientos internos entre los jefes jacobinos como expresión del auto-convencimiento de cada uno de expresar el verdadero ideal de libertad (derivado de su idea general de la libertad) y aplicarlo a los enfrentamientos entre los pequeños grupos de nuestra izquierda radical

Ante estas cosas alguien podría decir “mentalidad pequeño-burguesa”. Pero entonces surge la pregunta ¿y por qué hay tal predominio del estilo pequeñoburgués en nuestra política? ¿Por qué no ha logrado imponerse un “estilo proletario”? Y así, deberíamos llegar al análisis del desarrollo de las clases en nuestra formación social, el peso objetivo de cada una de ellas, las condicionantes que tienen cada una para el desarrollo de una política independiente. Pero  también nos encontraremos de nuevo con el mismo argumento: el “estilo proletario” sería la realización de una forma específica de la idea de la revolución, y empezamos de nuevo el mismo giro de noria

Evitemos ese camino circular, tratemos de comprender la conciencia social como producto del ser social y no al revés. Una revolución (o contrarrevolución, según la opinión que tengamos) no es producida por una idea revolucionaria, o reformista, anarquista o leninista. LA REVOLUCIÓN PRODUCE LAS IDEAS

En una revolución los giros de las ideas, los avances y retrocesos, las fallas, las deformaciones, las degeneraciones, las genialidades, los disparates y las locuras, reflejan los dramas sociales que está viviendo esa revolución.

Coincido con Ricardo en muchas de sus críticas a las ideas de Lenin y los bolcheviques

Por ejemplo, está muy claro que la idea original de los bolcheviques sobre la revolución rusa no era una revolución socialista sino una revolución democrático-burguesa en la cual la clase obrera sería un aliado radical del ala avanzada de la burguesía

Pero en lo que no estoy de acuerdo es en que la revolución rusa haya resultado así en los hechos. La realidad, en 1917, desbordó esa idea bolchevique y produjo una crisis en el partido. Lenin intentó una reformulación de las ideas a partir de las “Tesis de Abril”

Esa nueva conceptualización de los bolcheviques sobre la revolución en marcha nunca se completó, por una sencilla razón: La realidad cambiaba más rápido que las ideas, y los bolcheviques no se ponían de acuerdo. El conflicto se fue profundizando y terminó en un enfrentamiento abierto. Lenin murió cuando este conflicto interno estaba en pleno desarrollo

No existe una “concepción leninista” de la revolución rusa. Lo que hay es una serie de borradores contradictorios, y el intento, logrado a medias, de plantear el problema. Lenin fue responsable de muchos errores que tuvieron luego graves consecuencias, de algunos pudo darse cuenta, a veces cuando ya era tarde, de otros no

Los bolcheviques no eran unos tontos ni unos pecho frío. Sabían perfectamente que esa revolución no se ajustaba a sus esquemas previos, y también que desbordaba totalmente sus fuerzas. Si nos negamos a leer la viva polémica entre ellos (Lenin, Trotsky, Bujarin, Preobrashensky, Kollontay, Radek, Rakovsky, etc.) no vamos a entender nada

Luego, con el diario del lunes en mano, toda una generación de luchadores políticos y de teóricos y continuó la polémica, que sigue hasta hoy. Pero es evidente que para entender esto tenemos que partir de ese principio que plantea Rosa Luxemburgo (el aforismo es de Gohete): “En el principio era el hecho”

En febrero de 2010, en estas “tertulias virtuales” que tenemos, escribí una nota de la que repito aquí algunas cosas:

Las ideologías son respuestas a situaciones históricas dadas, cuando un bloque de fuerzas sociales propone de esa forma una salida a una crisis estructural, se asigna el objetivo de transformar la sociedad y formula un proyecto social diferente. Cuando triunfa, la sociedad cambia y se instala un nuevo orden. Pero este nuevo orden despliega nuevas contradicciones sociales que estaban enmascaradas en la fase en que se combatía al viejo orden, las fuerzas hasta entonces unidas se bifurcan, la ideología revolucionaria ahora traducida en poder se reinterpreta y pasa a ser una expresión retardataria. La historia sigue su rumbo y la maduración de las nuevas contradicciones llevará a otra crisis social, nuevas propuestas de cambio y nuevos enfrentamientos.

El esquema aquí propuesto describe simplemente la actitud del racionalismo ante la historia, dice Samir Amín (que es de quien saqué los conceptos anteriores, nadie piense que me los inventé yo solito), y sigue: “Nada en él es definitivo, todo cambia, y esos cambios deben ser explicados. No se trata de un enfrentamiento entre el bien y el mal, sino de la actividad de fuerzas sociales que mantienen intereses, estrategias, y puntos de vista diferentes”.

Y yo agrego: cuando el intento de cambio social es derrotado, también esa derrota deberá ser explicada. No se trata de que “el mal triunfase sobre el bien” sino de que en algún punto hubo un divorcio entre la necesidad social y la propuesta revolucionaria. Cuando las fuerzas sociales emergentes se recuperan de la derrota (porque nadie se recupera instantáneamente) las fuerzas que mantienen el poder ya habrán dado un paso más y la realidad habrá cambiado agregándose un nuevo elemento a eso de que nada es definitivo. El proyecto social revolucionario deberá ser reformulado por esas dos razones: porque tiene que aprender de la derrota pasada y porque tiene que acompañar el cambio de la realidad.

(Lo de Amín es de un capítulo de La Desconexión, Fundamentalismo o racionalismo: dos actitudes frente a la historia de las sociedades, la cita incluida en el párrafo siguiente también),

Los revolucionarios nos presentamos ante la historia como RACIONALISTAS en el sentido de que cuestionamos la irracionalidad del orden existente y proponemos una salida que es una construcción conceptual en base a la razón, y todos los elementos de la política revolucionaria (programa, estrategia, táctica, metodología, plan de lucha, etc. etc.) son apelaciones a la razón. Pero siempre tenemos la tendencia al FUNDAMENTALISMO que ocurre en toda IDEOLOGÍA DE COMBATE. La lucha exige flexibilidad y cambio, pero a “los fundamentalistas… les preocupa más la posible traición a sus principios que la explicación de la misma”. Ante estas realidades, es moneda corriente que muchos combatientes revolucionarios vean allí la traición (y así es), el apartamiento de los principios fundacionales, y que sea prioritario para ellos rechazar esto (que lo es) antes que explicarlo.

("Aclaración fundamental", PP Nº 280 10/2/10)

Hasta aquí algo de lo que escribí en ese momento.

Como podemos ver, “Goldstein” y Amín hacen un repaso a vuelo de pájaro de los mismos hechos de la historia, pero sus interpretaciones son diferentes. Orwell caricaturiza en su personaje Goldstein el pensamiento fundamentalista, pero en una versión cínica y pesimista. La traición explica todo, la traición no necesita ser explicada porque se explica a sí misma, es un hecho natural.

El “meta-relato” de Goldstein parodia intencionalmente el comienzo del Manifiesto Comunista:

"Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad , es una historia de luchas de clases. Libres y esclavos, patricios y plebeyos, barones y siervos de la gleba, maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos, frente a frente siempre, empeñados en una lucha ininterrumpida, velada unas veces, y otras franca y abierta, en una lucha que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de ambas clases beligerantes".

Mientras Marx y Engels presentan una sucesión de conflictos binarios, Goldstein presenta un esquema ternario. Pero plantea las cosas de modo tal en que el verdadero enfrentamiento es, de nuevo , siempre binario, entre los de arriba y los del medio, lo otro es simplemente aparente y los de abajo son inevitablemente siempre utilizados y luego derrotados de nuevo

Lo que hace Amin es diferente. Explica, a partir de cada conflicto precedente que se resuelve, la aparición de un nuevo conflicto, por el desarrollo de las propias contradicciones internas del nuevo bloque social ascendente

Sin embargo, la revolución rusa (y en general en el llamado “socialismo real”) es un caso muy particular. Lo que hubo acá no ha sido el desplazamiento del capitalismo por un nuevo orden social estratificado y estable, sino la aparición de un orden social estratificado transitorio, que fue revertido luego al viejo orden

Una forma de plantear esto es reducirlo a una especie de estafa histórica, ese movimiento hacia adelante fue meramente aparente. A partir del resultado final capitalista sacamos la conclusión de que la fuerza social impulsora era también capitalista. Lenin y los bolcheviques eran burgueses, más mentirosos que los burgueses corrientes. Eran esos “últimos De Arriba” de los que habla Goldstein. Una vez que la situación de excepción pudo ser salvada, simplemente se sacaron la careta y pasaron a ser, como en “Rebelión en la Granja”, unos cerdos indistinguibles de los humanos que habían sido expulsados por los animales rebeldes

“No había duda de la transformación ocurrida en las caras de los cerdos. Los animales asombrados, pasaron su mirada del cerdo al hombre, y del hombre al cerdo; y, nuevamente, del cerdo al hombre; pero ya era imposible distinguir quién era uno y quién era otro”

No vamos a entender esto simplemente a partir de las palabras de los actores, de la misma manera que no entenderemos la vida a partir del teatro. Tendremos que analizar, en una próxima nota, como fueron los hechos