EL PAÍS DE LA MENTIRA DESCONCERTANTE – de ANTE CILIGA
(extractos) (1)
“en la Rusia actual la explotación capitalista, la opresiónpolítica e incluso la esclavitud vienen acompañados de un verdadero progreso económico” Ciliga -1937-
Presentación general
En las discusiones sobre Rusia, Cuba…., así como sobre el leninismo sigo constatando una presencia abrumadora de las tesis oficiales, es decir leninistas (lo que incluye a todo el espectro socialdemócrata, estalinista y trotskista, así como sus versiones universitarias como el althuserianismo). Por lo que la cuestión se estanca en la ideología, en el discurso y no se va a los hechos
Las fuentes citadas son siempre las mismas, por eso los contrincantes pueden permanecer en la ideología de que en esos países hubo algo de no capitalista y hasta decir, como Moyano, que no conoce nada de coherente que sostenga que Rusia siempre fue capitalista, o cree que, es carecer de matices decir que lo que instauraron los bolcheviques desde el principio fue la contrarrevolución burguesa y la reorganización del capital.
Creo que también por eso en esas polémicas se le llama socialismo al capitalismo en un solo país y se sostiene hasta que un país ¡puede haber sido socialista! En concreto sostengo que se le llama socialismo a una creación ideológica del Estado capitalista ruso.
El gran ausente en estas polémicas es sin dudas el conocer y dar a conocer otras fuentes, las de los militantes revolucionarios de la época, la de los proletarios, justamente las fuentes no dominantes, no por haber sido menos importantes en cuanto a la lucha por la revolución social se refiere, sino por haber sido reprimidas, perseguidas, desaparecidas, encerradas en los campos de concentración leninistas.
La contraposición entre unas y otras no deja dudas sobre el fondo de la cuestión: cualquiera sean los matices con que se denuncia la contrarrevolución rusa desde el principio (1917/18) se denuncia el carácter capitalista e imperialista del gobierno bolchevique y se llama al combate abierto contra las paces imperialistas y el capitalismo en Rusia.
Desde el principio la visión de los bolcheviques como “revolucionarios” que se vendió en occidente (con la complicidad de toda la burguesía mundial y la socialdemocracia mundial que los llamaba a ser “más democráticos”), fue enfrentada (hasta por las armas) por la amplia oposición interna a la Paz de Brest Listovsk y por las denuncias de los pocos delegados occidentales que lograban entrar en Rusia.
En Rusia podríamos citar los textos de los socialistas revolucionarios de izquierda que fueron la fuerza principal de toda la revolución proletaria en esa región (¡a pesar de la leyenda oficial!), así como los de los diferentes grupos anarquistas. En lo internacional los informes y posiciones del KAPD, de Otto Rhule, Pannekoek…, del Buró de Ámsterdam, de la Internacional comunista Obrera y tantos otros, que en todos los casos insisten en el carácter capitalista e imperialista de la política de los bolcheviques.
Gorter dirá sobre el carácter de clase del bolchevismo:
“La paz de Brest-Litovsk era una paz burguesa, o democrático-capitalista. Una auténtica revolución proletaria habría permanecido la enemiga de todos los poderes capitalistas, al tiempo que estaría esperando y ayudando al ascenso del proletariado en otros países…. La supresión de la independencia y la autoexpresión de los obreros era también capitalista-burguesa. Los obreros y sus organizaciones no consiguieron la dirección y el control de la industria, el transporte y la distribución. El despotismo burocrático de los dirigentes era también capitalista-burgués. La corrupción era también capitalista-burguesa. La dictadura de partido de los bolcheviques era burguesa en el más alto grado. La dictadura de partido siempre se volverá así. En la dictadura del dirigente descansa el germen de la revolución capitalista-burguesa, y en ella está la mayor prueba de que la revolución rusa era principalmente, y en su origen, una revolución capitalista-burguesa. La dictadura del partido era, en su origen, capitalista-burguesa…”
Con una claridad total sobre el carácter burgués del gobierno bolchevique esos militantes también tomaran posición condenando a la Tercera Internacional (supuestamente “la comunista”) en el Manifiesto de la Internacional Comunista Obrera (o “Cuarta Internacional”):
“El tercer Congreso de la Tercera Internacional ha ligado definitiva e indisolublemente el destino de la Tercera Internacional al gobierno actual de los soviets, es decir a un Estado burgués. Ha subordinado los intereses de la revolución internacional a los intereses de la revolución burguesa en un solo país, lo que implica quitarle toda independencia a la Tercera Internacional, poniéndola bajo la dependencia directa de la burguesía internacional”
Este tipo de bases me parecen mucho más sólidas para entender la diferencia entre los tipos de fuentes que se consultan cuando se discute sobre la naturaleza social de Rusia:
- las ideologías de que en ese país se superó el capitalismo vienen siempre de la clase dominante internacional y en Rusia del leninismo (estalinista o trotskista) es decir de la élite burguesa forjada en su gestión del gobierno y el capital.
- la posición sobre la continuidad de la naturaleza social capitalista que siempre fue la de los militantes revolucionarios en su lucha contra el capital y el poder.
En ese sentido respondo que nunca hubo una posición coherente que pudiera decir cómo se superó el capital en Rusia, que fue una pura operación de propaganda (¡tan común en la época de los socialismos nacionales y los nacionales socialistas!) sin que la misma fuera acompañada de ninguna revolución de las relaciones sociales de producción capitalista.
Presentación del libro de Cíliga
Como parte indispensable de la caracterización de la contrarrevolución leninista y capitalista Rusa, publicaremos una serie de extractos (comentados y subrayados en función de nuestra polémica de hoy) del importante libro de Ciliga sobre Rusia: El país de la mentira desconcertante que llamo al lector a leer en su totalidad, que se encuentra gratis y en español en internet.
No me extenderé aquí sobre la presentación del autor y del libro, lo iremos descubriendo poco a poco. Como en otros casos, ante la imposibilidad de publicar todo, seleccionaré diferentes extractos con aspectos centrales que clarifican el debate y los presentaré señalando los puntos más decisivos y señalando algunos límites en cuanto a lo que el autor pudo llegar a conocer. En cuanto a esto último merece señalarse que Ciliga partía de un punto de vista leninista y fue encerrado y tratado como “discrepante” dentro de la clase del poder (como él mismo lo explica en el libro), por lo cual esta fue también su fuente principal y conoció solo a través de ella a las oposiciones más proletarias y revolucionarias rusas (socialistas revolucionarios de izquierda, anarquistas, viejos maximalistas…etc.). Sin dudas también por eso salió vivo de los campos de concentración leninistas.
Creo que de todas formas quedará establecida la importancia crucial de la obra de Ciliga, que más allá de haber sido un protagonista central en toda la lucha contra la burguesía bolchevique fue el único testigo histórico que pudo contar el cuento sobre los niveles más imponentes de esclavitud al servicio del capital, por lo que su obra aparece como la mayor obra de testimonio histórico de la lucha en Rusia entre la contrarrevolución bolchevique y el proletariado.
En esta primera serie de extractos solo ponemos pedazos de las primeras ediciones en francés de sus obras, en 1937 y 1950.
Ricardo
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EXTRACTOS DEL PREFACIO A LA EDICIÓN FRANCESA DE 1950
El problema ruso conmueve a la humanidad. El mundo occidental se halla hoy frente a Rusia, frente al bolchevismo, como nunca antes había estado.
Los angustiosos horrores, la profunda injusticia que reina en la URSS por una parte, y la fuerza vital del país por otra, todo esto hoy ya lo sabe y lo conoce todo el mundo mucho mejor que hace una docena de años; y lo mismo ocurre con esa pasmosa contradicción entre las palabras y los actos, entre las teorías más avanzadas y la esclavitud más auténtica.
Precisamente es esta extravagante relación la que convierte a la Unión Soviética en el país de la mentira desconcertante. Enormes fuerzas creadoras, enormes verdades puestas al servicio y dominadas implacablemente por mentiras e injusticias aún más inmensas.
Los obreros y campesinos rusos, víctimas de los nuevos privilegios burocráticos, se dan cuenta perfectamente de cuál es el verdadero estado social y político del país, y hacen frente a la opresión burocrática con una resistencia sorda, invisible desde lejos, pero profunda.
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Apoyándose en la obra de Lenin, Stalin no ha dejado de modernizar técnicamente y de reforzar militarmente el Estado soviético, otorgándole a todo el más agudo carácter reaccionario e imperialista.
El análisis de la sociedad soviética y estaliniana, de sus recursos y perspectivas, tal y como lo presento en este libro –publicado por primera vez en 1938 con el título: En el país de la gran mentira y confiscado por los alemanes a su llegada a París–, ha sido confirmado por los acontecimientos.
Esta es la principal razón de esta reedición, que vendrá seguida de un nuevo volumen: Siberia, tierra de exilio e industrialización…
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Mis dos volúmenes sobre Rusia, en gran medida, están consagrados a la descripción de la vida de los perseguidos y deportados soviéticos, cuya suerte he compartido cinco años y medio. Al lado de los millones de “trabajadores forzados” que abarrotan los campos de concentración y el exilio en Siberia, el Gran Norte soviético, en unas condiciones que evocan tanto los campos nazis como los Trabajos
Faraónicos, en mi época existía aún un pequeño grupo de perseguidos llamados “políticos”. Estaba compuesto por los miembros de los diferentes grupos y partidos socialistas, de comunistas no-conformistas de diferentes tendencias
y de anarquistas. Disfrutaban de un reconocido estatus como “presos políticos”: era el último reducto que quedaba en toda Rusia de la democracia política de la Revolución de 1917. En sus prisiones –los aisladores políticos– y en sus relaciones recíprocas en el exilio, se valían de la libertad de expresión y de unos estudios políticos y sociales que hacían que su pequeño mundo pareciera el último islote de libertad en un océano de esclavitud. Una paradoja soviética a la que le iba llegando su trágico fin.
Eran algunos miles de hombres; en momentos excepcionales decenas de miles. Yo fui uno de ellos.
Durante las purgas que acompañaron a los Procesos de Moscú se aniquiló este último islote de libertad, junto a todos sus habitantes.
Desde entonces en Rusia ya no hay más que “trabajadores forzados” por delitos comunes; es la “reeducación mediante el trabajo universal”…
Mucho de lo que sé de Rusia, de sus problemas, viejos y nuevos, se lo debo a las especiales y privilegiadas condiciones en las que vivían los “detenidos políticos”. Por una parte, el trato especial que les daba la G.P.U., la combinación de los métodos de la presión, los privilegios, la corrupción y la “usura” de las almas, como una ducha escocesa, tenían una amplitud y un refinamiento que son desconocidos en occidente. En el libro, especialmente en el segundo volumen, doy una descripción bastante amplia de este método combinado de insinuación e intimidación; esto, en parte, podría ayudar al lector a comprender el otro extremo de la vida soviética: la actitud sumisa de los acusados en los juicios, su “preparación” psico-física por la G.P.U. “Expulsado” de la URSS por el Sr. Vyshinski –tras una lucha a vida o muerte que duró dos años y medio– algunos meses antes de los Procesos de Moscú, mi vida ya estaba a salvo.
Desgraciadamente sólo era la mía. Los miles, decenas de miles de “políticos”, mis camaradas, fueron fusilados.
Permítame el lector que les rinda aquí mi último homenaje.
París, noviembre de 1949.
A. Ciliga.
EXTRACTO DEL PRÓLOGO DE LA PRIMERA EDICIÓN
La situación se complica más por el hecho de que en la Rusia actual la explotación capitalista, la opresión política e incluso la esclavitud vienen acompañados de un verdadero progreso económico. Podríamos hallar en la historia otros ejemplos de semejante matrimonio.
Ascenso de capas sociales enteras, auténticas hazañas en la conquista del mundo material, elevación del nivel de civilización, todo esto es cierto. Este progreso rápido e incluso fulminante, unido a la explotación, la opresión, a la mentira travestida de “liquidación de las clases” y “abolición de la explotación del hombre por el hombre”, hace que la URSS aparezca ante los ojos de una Europa agotada y desesperada como un lejano salvador, coronado con una confusa aureola. El mito de la Rusia soviética es el más trágico malentendido de nuestra época.
La experiencia soviética plantea de nuevo, y de una manera más amplia, el problema del progreso, del socialismo, de los propios fundamentos de la sociedad humana.
Las páginas que se van a leer no están en absoluto destinadas a analizar ni a resolver estos problemas.
Mi objetivo no era más que describir lo que he visto y oído en las más diversas provincias de este inmenso país, a través de las diversas etapas de su desarrollo, de todas las clases de la sociedad, en libertad y en prisión.
El cuadro de la vida soviética que he pintado, a pesar de sus colores sombríos, creo que aún conserva algunas zonas de luz. A pesar de los sufrimientos de la revolución, a pesar de la degeneración final de esta revolución,
el país posee muchas ventajas comparado con un occidente (europeo) que se ahoga en el marasmo social.
Pero sería actuar con ligereza y subestimar la crisis occidental proponer a occidente el ejemplo de Rusia, como hacen quienes creen que en la URSS se edifica no se sabe qué socialismo. La emancipación del proletariado y de la humanidad exige programas mucho más atrevidos y profundos que los que puede aportar la Rusia reaccionaria que se aleja cada día más del socialismo y se reconcilia con el viejo occidente.
Las fuerzas que quieren el renacimiento de occidente, que quieren la emancipación y la transformación efectivas de la sociedad occidental, deben aliarse no ya a la clase dirigente de la URSS, sino al inmenso pueblo de los explotados y oprimidos. El Estado burocrático aún les mantiene bajo su férula, su terrible aparato de coerción impide cualquier manifestación libre de los trabajadores.
Pero en la vida cotidiana de la URSS uno se topa a cada paso con el odio mal disimulado que alimentan los obreros y los koljosianos contra el orden burocrático triunfante. Se nota en todas partes que entre las masas surge el deseo de un régimen diferente y mejor. Estas dos corrientes –la mentira oficial de los burócratas y el odio secreto de las masas– alimentan la vida soviética y llenan las páginas que el lector va a leer.
He querido plasmar fielmente mis impresiones, las cuales, por supuesto, variaron bastante durante esos diez años. Empecé a ver Rusia con los ojos de un turista extranjero consciente y algo maravillado. Pero poco a poco fui notando cómo surgía la desconfianza dentro de mí. Durante mis últimos ocho años en Rusia, me fui penetrando cada vez más de un espíritu crítico hacia el régimen, e incluso hacia Trotsky, e incluso hacia Lenin…
No pretendo en absoluto “esclarecer la cuestión de la URSS”. Sólo pretendo decir la verdad, algo esencial en una época en la que se escriben sobre Rusia tantas mentiras conscientes y adrede. Estoy absolutamente convencido de que se debe escribir sobre la URSS y sobre la revolución rusa con un espíritu absolutamente sincero, dejando de lado el principio bolchevique que consiste en deformar los hechos “en interés de la Revolución”.
La experiencia ha demostrado, estoy seguro de ello, que ni siquiera a la revolución le están permitidos todos los medios; los medios inconfesables terminan comprometiendo la mejor de las causas.
Aprovecho la oportunidad para expresar toda mi gratitud a mis numerosos amigos que me han ayudado a preparar este libro, tanto en Rusia como en el extranjero.
París, julio de 1937. A. Ciliga
(1) La presentación y selección de textos es efectuada por Ricardo