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Hacéte cargo Mujica, pedazo de un viejo bocón

Que los refugiados políticos de Guantánamo, -después de todo lo que han padecido estos- estén obligados a hacer “una huelga de hambre frente a la embajada yanqui, es el ridículo de los ridículos y demuestra que clase de elencos gubernamentales tenemos.

Muestra la falsa moralidad, la perversión del concepto de solidaridad, el afán de figurar sin capacidad de ejercer lo que se dice o anuncia.

El país –que se “agringó” mal- produciendo ese “medio pelo” de la pacotilla, de la superficialidad, de la falta de seriedad cívica y moral, se muestra tal cual es, con todas sus miserias y sus llagas.

Todo esto lo comenzó “el Pepe”, el “Pepe Mujica, pero sus compadradas de feria también involucran a sus seguidores más inmediatos, el grupo parlamentario, su estructura organizativa: el EME-Pepismo, sus mesnadas de votantes. Un parte muy considerable de la ciudadanía que abarca cientos de miles. No se hagan ahora, los que “nada sabían” y “que son inocentes”

No lo son, y no vale ahora, mirar para el costado, ponerse a chiflar y mandarse “un distraído”.

Todo comenzó, con esa superficialidad que caracterizaba a Jose “Pepe” Mujica, que era también, duplicidad, doble juego, malicia (de la mala) bien criolla. Empezó…con el “humanismo” fingido, detrás se ocultaban “cálculos políticos y eventualmente económicos”.

Es, también, un regalito, de la embajadora yanqui, que cumplía –es funcionaria de su imperio- los mandatos que el Departamento de Estado le exigía. Para ello, se muñó de todos los elementos necesarios para una buena “public relationship”, carita de latina que-no-mata-una-mosca, perrita “Celeste” que hacia juego (y ayudaba) y el resto de la parafernalia. Así se vendieron mutuamente “el paquete” como buenos estafadores consientes.

Una, en su función, el otro, con un ojo puesto en el eventual “Premio Nobel” que no le salió.

Para la ciudadanía, la “gilada”, el presidente hizo el espiche “humanista” que se estila en estos casos. Discurso falluto y falso -bien lo sabía él- y, además, aprovechó la oportunidad para lanzarle a sus críticos que “eran unos almas podridas”.

Entre sus críticos, estaba la prensa “de derechas” que esta “penetrada” e “infiltrada” hasta los tuétanos –y desde hace muchísimos años- por la “quinta columna” sionista, los judíos de “la doble lealtad” que están activos y juegan su papel en la medida misma de que la situación del estado de Israel, sigue deteriorándose en el plano internacional. A esos judíos que nunca sufrieron en estas tierras progroms, ni persecuciones, no hay quién se anime a decirles, que su papel no es defender al estado “sionista y criminal” de Israel, sino defender los intereses mundanales de su colectividad (lengua, cultura e identidad religiosa) y que cualquier otro plano de actividades, no les está permitido, ni se les tolerará. Y, al que no le guste, que haga las valijas y se tome “los olivos”.

Al “humanismo” no se juega. Ni es un concepto de goma, que lo estiramos hasta abarcar otros tópicos.

En estos tiempos “pre bestiales” que vivimos, con un sistema capitalista, sin salir de la crisis económica permanente, en la que se debate, las opciones de un puñado de multimillonarios o billonarios, son obvias: pudrir todo y precipitar la Civilización entera en una catástrofe que superaría las dos anteriores “grandes guerras”. Es una opción que está allí, agazapada, en consideración, mientras se suceden presurosas y en pánico, otras opciones, todas alentadas por la crisis.

El tema de nuestro artículo, sin embargo, no es la posible futurología, de cursos que como simples mortales, si llegan, cuando lleguen, padeceremos.

Nuestro tema son los “refugiados” que no supimos y no sabemos “refugiar”. El tema, de nuestras carencias, de nuestras improvisaciones, de nuestras fallas, de nuestras falsas pretensiones.

Tuvimos, como orientales, el privilegio de ser recibidos por Suecia –monarquía constitucional- la segunda patria que llevamos y, llevaremos en nuestro corazón hasta el último suspiro. Y son, somos, miles los orientales que lo sabemos.

Salimos de las prisiones argentina, el lapso anterior, -escaso y marginal- a un exterminio generacional masivo, incruento. Aún hoy, leer en la prensa argentina, el calvario de los miles que no tuvieron nuestro privilegio –argentinos, uruguayos, chilenos y otros- es sencillamente espeluznante. De una bestialidad, que le debemos a las juntas cívico-militares del capitalismo dependiente de nuestro continente. Nuestras burguesías cipayas y los hombres del uniforme militar que les hacían el coro ejecutor.

Aún hoy, cuarenta años atrás, deben nuestras sociedades, los familiares y, sus organizaciones sociales, pelear a brazo partido, con las barreras, las cortapisas, las maniobras, que los criminales y sus testaferros ponen en el camino para salvar a los principales culpables de tanta criminalidad e ignominia.

Suecia, abrió el camino de la solidaridad europea y por la brecha abierta, se subieron “al camión” otros.

Nos tocó, como refugiados “el pasaporte azul” de las Naciones Unidas y viajando con el mismo tuvimos que soportar el racismo de los funcionarios europeos (los franceses particularmente) que empezaban a abrir sus fronteras (como otros países europeos) pero no podían abandonar sus antiguos prejuicios colonialistas.

Fuimos recibidos en lugares especiales, cercanos a ciudades de la que los mismos tomaban sus nombres: Flen, Moheda, Alvesta y tantos otros. Allí personal que hablaba nuestra lengua (en general eran españoles, mexicanos, y ciudadanos suecos que habían vivido en España y dominaban el idioma) nos introducía pacientemente, en las dificultades cotidianas que tiene vivir en un país donde no se conocen hábitos, costumbres, modos de vida.

Se nos adjuntaba una enfermería con personal especializado que hacía la ficha médica y tomaba nota de enfermedades, dolencias, y un largo etcétera. Un lisiado argentino (cordobés) recibió sus primeras muletas, un lisiado total, su primera silla de ruedas, una parturienta chilena dio a luz sus mellizos.

Se nos daba techo, comida y posibilidades de sociabilidad. Se nos daba un curso elemental del idioma, al mismo tiempo que se nos explicaba que posibilidades ulteriores de desarrollo existían. El sueco (8 millones de habitantes) no es un idioma dominante en el mundo occidental y europeo, monopolizado por el inglés, el francés, el alemán. Del español ni hablábamos porque entonces, en España, todavía vivía Franco y su dictadura fascista. Un asistente social –en nuestro idioma- nos hacía llegar información verbal y folletería escrita sobre cursos y posibilidades para los que ya tenían un oficio, de integrarse al mercado de trabajo.

Se nos adjudicaba una módica suma de dinero, que se liquidaba semanalmente, para gastos personales.

Los campamentos estaban cercanos a los bosques suecos del sur, con sus lagos refrescantes donde nos bañábamos en verano y nadábamos. Desde esa época se despertó en mí la afición a las largas caminatas en la soledad y el silencio de los bosques suecos, tan reparadora para la paz interior, los monólogos personales, la reflexión y el disfrute de la naturaleza.

Cuando terminados los cursos elementales de sueco y, el refugiado estaba dispuesto a salir a la vida común y corriente (trabajo, estudios), se nos auxiliaba en el tema de vivienda y se nos concedía un préstamo para el alhajamiento de la misma. En todas las nuevas diligencias, un asistente social, se encargaba de facilitar la adaptación, que de esa manera era un “aterrizaje suave” en las realidades de la vida cotidiana en un país extraño.

Con toda esa experiencia, que son comunes a miles de uruguayos, con todo ese caudal de conocimientos posibles, el estado uruguayo del “progresismo gobernante”, del “país de primera”, comete las injusticias y atropellos que se comenten contra hombres que han padecido en Guantánamo, diez o cien veces más, de lo que nosotros padecimos hace cuarenta años.

Porque Guantánamo desde el comienzo fue planificada –como prisión- para la destrucción sistemática de hombres humanos, con los métodos más brutales y refinados. Planificada para una destrucción que dificultara e impidiera después, una reestructura de la personalidad y dejara daños (de diferente orden) hasta el final de sus días.

El egotismo ciego del Sr. Mujica, su afán de figurar, su deseo de relumbrar manteniendo su fama de “presidente pobre”, sus cálculos ulteriores y cazurros de un Premio Nobel y sus especulaciones de eventuales concesiones económicas, están detrás de todos estas torpezas, y desaguisados.

Impulsos e iniciativas, “a lo loco”, verdadera reproducción de los antiguos “libretazos”, vigencia de la improvisación más descabellada, reino del subjetivismo personal más disociado de la realidad (enfermo, porque no es “casi”) está detrás de todo esto.

Y esta nueva cuenta del rosario –de imbecilidades- a que el personaje nos tuvo acostumbrado, debería motivar la protesta colectiva, el documento público de los antiguos refugiados que ponga las cosas en su lugar.

Y no el silencio –cómplice y también miserable- de ahora